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 Se afirma que dos de los fenómenos más masivos, en América Latina, son el fútbol y las telenovelas. No cabe dudas que el primero se mantiene como el deporte de las grandes mayorías en Latinoamérica.

 

 Mientras, los productores de culebrones comienzan a buscar recursos para

mantenerlos a flote, sobre todo por la saturación de producciones mediocres.

 

Otro talón de Aquiles es la falta de guiones originales y la reiteración

de temas, que en otro tiempo tuvieron éxito. Hay consenso de que, en la

actualidad, la mayoría de los folletines son aburridos.

 

 La industria de culebrones está establecida y engrasada en no pocos países

de la región, con utilidades, en las últimas décadas, que se codean casi con

las del mercado del petróleo.

 

 De ahí la necesidad de continuar grabando culebrones para la pantalla

chica a toda costa.

 

 A veces se echa mano a elencos espectaculares para mantener el interés de

amplios sectores sociales, pero la crisis muchas veces no se resuelve ni con

la presencia de primerísimas figuras del espectáculo en los elencos.

 

La fea más bella (con buena acogida en Estados Unidos en sus versiones en

inglés y en español), se convirtió en su tierra de origen, Colombia, en

México y otras plazas centroamericanas, en un exitazo.

 

 Críticos mexicanos sostienen que ello se debió a la introducción de la

sátira y elementos de comicidad, pues ya nadie se toma en serio los dramas

sobre ricos, unos abatidos por sufrimientos y otros premiados con saltos

espectaculares a la gloria.

 

 La fea más bella, con guión original del colombiano Fernando Gaitán (Café

con aroma de mujer) batió récord en México como segundo programa más visto

en la historia de la televisión nacional, después del Mundial de fútbol, en

el verano de 1986.

 

 La mercadotecnia de la TV, ni corta ni perezosa, se percató de que la

comicidad es la clave para mantener la expectativa ante nuevos culebrones,

un elemento refrescante para paliar los avatares de la estresante vida

moderna y sus desigualdades.

 

 De ahí que Televisa, tan pronto terminó la inacabable La fea más bella (un

año a diario en el aire), tuvo listo de inmediato a Juan Querendón, la

historia de un mujeriego sólo soportable por las buenas actuaciones,

producción y, sobre todo, por su dosis de humor.

 

 El Querendón, un moderno "macho mexicano", que triunfó antes en una

compañía de    taiboleros   , por sus dotes de Hércules, ocupa hoy cada día

un horario estelar, con la pretensión quizás de repetir un éxito al estilo

de La fea más bella.

 

 La incorporación del humor a las novelas viene produciéndose desde

mediados del pasado siglo y uno de sus pioneros fue el cubano Félix B.

Caignet, autor de la radionovela El derecho de nacer (1948), que dio paso,

hasta nuestros días, a infinidad de culebrones.

 

 Algunos críticos mexicanos opinan que la era de las feas y los querendones

tambien está sentenciada, sobre todo por su falta de imaginación.

 

 Televisa, Univisión, O   Globo y otras tantas productoras de similar corte

en Latinoamérica continúan exprimiendo el género entre lagrimas y risas,

siempre que constituyan un jugoso negocio.

 

Mientras tanto, los valores y expresiones culturales más auténticos

siguen a la espera de una oportunidad en este medio de alta difusión, que

domina el mercado del espectáculo.

Fuente:  Prensa Latina

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