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20070619001026-miriam-teresita-yanez.gif¿Lloverá hoy? ¿Se producirán descargas eléctricas? ¿Es cierto que peligra el país con la perturbación ciclónica? ¿Y si se convierte en huracán? ¿Qué provincias corren más riesgo? ¿A cuántos kilómetros se desplaza? ¿Los vientos son sostenidos o aumentarán?   Esas y otras muchas interrogantes escuchamos cotidianamente en la comunidad, porque la cultura general integral se ha incrementado y con esta el conocimiento de materias científicas que antes del triunfo de la Revolución estaban vedadas para el pueblo.   Entrevistamos a Giselle Aguilar Oro y a Miriam Teresita Yánez para conocer las motivaciones que las hicieron acercarse a la meteorología, cómo enfrentan la alta responsabilidad de pronosticar y cuáles han sido los momentos de mayor preocupación y, los de alegría, en su ya larga carrera.   Giselle es la primera en hablar:   «En el Centro de Pronóstico del Instituto de Meteorología vigilamos el tiempo las 24 horas, con cuatro turnos operativos integrados por especialistas en satélites meteorológicos, meteorología marina, un investigador, quien apoya al jefe de turno en el análisis a mediano y largo plazo entre 5 y 10 días y diseña los pronósticos, así como los técnicos que confeccionan los mapas del tiempo.    «Yo soy jefa de turno y debo permanecer en mi puesto durante doce horas. ¿Cómo hacemos el pronóstico? Realizamos las variables con la tecnología que tenemos, entre estos ocho radares doping que cubren todo el territorio cubano y los mares adyacentes. También se chequea la lluvia provocada, proyecto que se desarrolla a partir de la gran sequía que existía en el país, fundamentalmente en las provincias de Holguín, parte de Las Tunas y Camagüey.   «Analizamos las imágenes del satélite, ya que contamos con una estación de alta resolución y con todos los modelos globales que se publican en Internet y otros que ya se han desarrollado en nuestro país y el análisis de los mapas del tiempo. Con toda esa información valoramos y elaboramos los pronósticos de todas las variables de lluvia, vientos, temperatura y el estado de la mar».   Miriam Teresita toma la palabra y agrega:   «También se redactan los documentos públicos y los especializados. En los primeros, se describen el estado general del tiempo de todos los sistemas meteorológicos que van a afectar el área en cuestión que comprende la región  cuatro que es la organización mundial que incluye América del Norte, América Central, las Antillas Mayores y Menores y parte de América del Sur, que es Venezuela y Colombia.    «Con la ayuda de los mapas y los radares hacemos los documentos públicos que se brindan a través de los Medios de Difusión Masiva a nivel nacional, los especializados y a todos los centros del país».   No hay un día igual a otro   Miriam Teresita Yánez explica que en tiempo de ciclones se refuerzan los turnos con especialistas del departamento de Investigación, quienes asesoran la labor del equipo del Centro de Pronóstico y también reciben la cooperación de los compañeros de satélites, igual que los de meteorología marina. Como somos parte de una Isla, el mar se torna muy peligroso para los habitantes de las poblaciones cercanas.   Destaca que este es el fenómeno más peligroso que nos afecta y siempre estamos expuestos a ellos por la propia situación geográfica.    Miriam después de concluir el preuniversitario se decidió por la especialidad de Meteorología y se graduó en noviembre de 1988 en el Instituto  Hidrometeorológico en la Ciudad de Odessa, que da al Mar Negro en lo que es hoy Ucrania, en la antigua Unión Soviética. Allí se formó como ingeniera y recibió una alta preparación en física, matemática.    Cuando empezó a trabajar en Cuba hizo la maestría en ciencias meteorológicas, pues es una apasionada de los secretos del tiempo, porque no hay un día igual a otro.   Por eso es capaz de sacrificar muchas horas de su vida a la situación meteorológica y alejarse por largas horas de la familia y del hijo, sobre todo en temporada de ciclones.   Giselle convirtió en realidad un viejo sueño   Desde pequeñita allá en su natal Ciego de Avila, Giselle soñaba con poder estudiar algo que la acercara a la especialidad de Meteorología, fue así que eligió la Geografía, ya que le permitiría conocer el mundo de los satélites, los mapas y los radares. Ella sabía que los meteorólogos se nutrían de los geógrafos, de los físicos, de agrónomos, matemáticos y cibernéticos…   Cuando egresó de la carrera y se presentó en el Instituto de Meteorología con su currículo para ver si la aceptaban. Allí inició su labor en septiembre de 1998. Ahora en sus pocos tiempos libres investiga y trabaja en un proyecto sobre las tormentas severas, que son los tornados, los granizos, los vientos lineales fuertes y ya ha tenido algunos resultados relevantes en su trabajo.   Esa idea surgió porque en la práctica toda la población conoce qué debe hacer cuando hay una tormenta ciclónica; pero no ocurre igual cuando hay un tornado, porque es un fenómeno que se produce en pequeñas áreas y a muy corto plazo, lo cual hace muy difícil pronosticarlo a pesar de que ocasiona muertes de personas y destrucción de viviendas y obras económicas y sociales. Estos sistemas adversos o severos son vigilados con exactitud en países muy desarrollados por su alta ocurrencia.   Un momento de gran definición   Miriam Teresita Yánez es la segunda jefa del Centro de Pronósticos, y asume la responsabilidad principal cuando el doctor José Rubiera no se encuentra en el Instituto.    ¿De las decisiones más difíciles? Recuerdo una Marcha del Pueblo Combatiente en la Tribuna Antimperialista. La noche anterior llovió mucho en las provincias habaneras y toda la población tenía que desplazarse hacia la capital.   «Yo quería que no lloviera, pero a la vez no podía dejar de informar que  las precipitaciones continuarían. Sabía que muchas personas se estaban mojando. «Por otro lado, tienes la presión de personalidades, dirigentes del país que constantemente te preguntan y solicitan tu criterio.   «Ese día el propio Comandante en Jefe Fidel Castro llegó al puesto de mando, para mí fue el día más emocionante y alegre de mi vida, pues lo pude ver más cerca. Me abrazó y me dio un beso.   «Un momento difícil lo experimenté en uno de los exámenes como parte de la preparación para el doctorado. En Meteorología ocurre igual que en la Medicina, hay que estar al tanto de los últimos avances y eso que estudié la especialidad de sinóptica que se refiere al pronóstico del tiempo. Esto de la circulación general de la atmósfera, el Evento del Niño, la viabilidad climática y otras materias que influyen en cuanto al pronóstico del tiempo y el clima,  hay que dominarlos muy bien. Pienso que Giselle también comparte el mismo criterio.   «También ha sido un reto muy difícil enfrentarme a las cámaras de televisión, porque he sido muy tímida y eso que en este trabajo he tenido la asesoría de Giselle. Nosotras empezamos en ese medio sin pasar ningún curso y no resulta fácil. Lo mismo me falta el aire o de pronto se me queda la mente en blanco y no sé que tengo que decir y esto disocia porque los demás están detrás de las cámaras y eso me hace perder la concentración».   La confianza en sí misma Giselle Aguilar Oro mientras su compañera hablaba de situaciones difíciles esbozaba una sonrisa porque lo que aprendió desde que se inició en estos trajines fue que la Meteorología es muy difícil y compleja, al no ser una ciencia exacta como la matemática.    Como anécdota recuerda la madrugada de un 25 de julio, no puede precisar el año. Se encontraba de guardia y como a las dos de la madrugada sonó el teléfono y por el otro lado de la línea se encontraba el  Comandante en Jefe, Fidel Castro. Al otro día se celebraría el acto central por el 26 de julio, el cual había ganado la provincia de Villa Clara. El líder de la Revolución quería saber si en la Plaza de Santa Clara a las cinco de la tarde llovería.   ¿Giselle, qué le dijiste?   «Imagínate, que existía una onda tropical transitando por Cuba, condiciones en la atmósfera superior favorables para la lluvia, humedad altísima de más del 85 por ciento. Y Fidel me preguntaba si justamente allí en la Plaza llovería a las cinco o las seis de la tarde. Yo sabía que existía una alta probabilidad de lluvia en la región central que podía cubrir todo el área o más de un 70 por ciento. Lo que no podía era decirle con exactitud si en el lugar del acto ocurriría ese fenómeno.    «Entonces Fidel me dijo ¿tú sabes todo lo que hay que movilizar ahora para pasarlo para un teatro? ¿Qué me recomiendas?   El peso y la responsabilidad que cae sobre tus hombros porque los compañeros deben adoptar decisiones muy importantes, sin contar que requieren de financiamiento y tiempo  que afectan la economía.   «Le dije, puede estar lloviendo en una cuadra cerca de la Plaza y no ocurra igual en ella. Sí le aseguro que se producirán descargas eléctricas en abundancia. Cuando vean ese cielo oscuro, cayendo descargas eléctricas cerca, las personas se pueden preocupar. Yo le sugiero que si puede y tiene la oportunidad de cambiar los planes lo haga en un teatro.   «Fue suficiente para que me pasara toda la noche preocupada y al otro día estaba el sol rajando las piedras, no había una nube por todo aquello y yo llamando desde mi casa hacia Villa Clara y preguntando si había nubosidad.   «Al final, el acto se efectuó en un Teatro. Yo no sabía si  la causa era la lluvia, pero después me llamaron y me confirmaron que había pronosticado con gran precisión y tenía toda la razón. No llovió justamente en la Plaza, pero sí en los alrededores, y sobre todo, se produjeron muchas descargas eléctricas».   El desarrollo profesional y el lugar que ocupan tanto Giselle como Miriam Teresita confirma las posibilidades que tiene la población cubana y en especial las mujeres que hoy ocupan el 66,2 por ciento de la fuerza técnica de la nación. Y aunque su origen sea campesino u obrero, pueden convertirse en especialistas y desempeñar cualquier misión por importante que sea. Fuente:   Regla Zulueta.  Título original:  CIELO EMPEDRADO… ¿SUELO MOJADO? 

Tomado de:  http://www.mujeres.co.cu/articulo.asp?a=2007&num=339&art=12

 

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