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CMBF: Memorias de la primera vez

Publicado: 26/04/2008 11:34 por Tele y Radio en Radio
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CMBF  se convirtió para mí en una escuela formadora de muchas cosas, afirma Ángel Vázquez Millares, Artista de Mérito y Premio Nacional de la Radio Cubana, al recordar la salida al aire de Radio Musical Nacional, hace 60 años

 

.....Yo tuve el privilegio de oír CMBF el primer día de su salida al aire, el domingo 25 de abril de 1948, y recuerdo que  pude escuchar completa la ópera Madama Butterfly, de G. Puccini; en una de aquellas grabaciones de los años 40 que aparecían en forma de álbumes de discos de 78 revoluciones por minuto.

 

Pienso que tendrían que emplear dos platos de tocadiscos, porque para lograr la continuidad de la obra, había que empatar o pegar el final de cada cara con el principio de la siguiente.

 

Yo tenía entonces 10 años, pero no llegué a esa inauguración de CMBF como una página en blanco.

 

Desde hacía unos años había descubierto la música clásica un Jueves o un Viernes Santo, cuando sólo se ofrecía a través de la radio música clásica, quizá porque a los dueños de emisoras les sonaba a música fúnebre, luctuosa o  “música de muertos”,  como se le decía entonces, y echaban mano a los pocos álbumes de música clásica que tenían para sumarse al duelo oficial.

 

Ese descubrimiento y la reacción  que me produjo aquella música, provocó que a partir de ese momento, me pusiera a buscar –con muy poco resultado- música clásica en el dial de la radio, y tuve que acabar conformándome con oírla en algunos islotes clásicos de media hora que se transmitían por dos o tres emisoras; y eso lo complementaba, disfrutando los temas de presentación y despedida, los puentes, las transiciones entre escenas y la música de fondo de las numerosas novelas radiales que se ofrecían por entonces.

 

Todavía recuerdo que oí por primera vez el gran tema del Concierto No. 2 para piano y orquesta de S. Rachmáninov al inicio y al final de  una novela que se titulaba El collar de lágrimas, y de ese mismo modo me identifiqué con la melodía del cuarto movimiento de la Sinfonía Desde el Nuevo Mundo de A. Dvorák en las aventuras de El Spirit, el  tema inicial de Finlandia de J. Sibelius en otra serie titulada Raffles, el ladrón de las manos de seda, el clímax de la Escena de invierno de Cascanueces en Divorciadas o El arado que rompe la planicie, de  A. Copland, en las aventuras de Leonardo Moncada.

 

Yo me sabía el catálogo de todos los temas de esas novelas, las buscaba diariamente, y aunque no me interesaba lo que sucedía en la trama,  podía disfrutar de algunos  segundos o minutos  de los momentos climáticos  de obras sinfónicas de P. I. Chaikovski, R. Strauss o N. Rimski-Kórsakov, ya que los musicalizadores de ese tiempo, pienso que con muy buen criterio, preferían para esos fines la música de los compositores románticos y ultrarrománticos.

 

Fuera de esos  contactos radiales con la música clásica, mi otra fuente de placer eran los discos, también de 78 revoluciones, que me prestaban algunos amigos y que yo oía en un tocadiscos muy rudimentario, que hoy hubiera estado en un museo, pero que para mí era un tesoro de la tecnología de la reproducción musical.

 

Con esos antecedentes no tengo que decir que el nacimiento de CMBF fue para mí una bendición. Ahí podía escuchar música clásica todo el día, con espacios dedicados a diversos géneros, y en algunos de ellos los locutores leían comentarios escritos por el primer director de la emisora, el musicólogo Orlando Martínez. Por lo tanto, recibía música y también información sobre la música, o sea, sobre los autores y las obras.

 

Por otra parte, CMBF tuvo, desde sus inicios, características que la diferenciaban de las otras emisoras del dial.  Por ejemplo, los locutores presentaban las obras y los programas, con un ritmo pausado y en un tono apacible, calmado y calmante, y no con ese estilo que llaman feriado y que se usaba en otras emisoras para presentar, por supuesto otro tipo de música y otro tipo de programas.

 

Es cierto que en muchos casos, los locutores de CMBF no pronunciaban correctamente los  nombres  de algunos autores e intérpretes, pero, en primer lugar, ellos no tenían porque ser políglotas y, además,  el error no era suyo; sino del que escribía los papeles con la pronunciación fonética para que ellos los leyeran. 

 

Otra diferencia de CMBF estaba en que los  comerciales eran muy distintos a los de otras emisoras.

 

Los productos, los establecimientos y los comercios que se anunciaban por CMBF eran, por lo común, marcas de piano, tiendas de equipos de audio, joyerías, restaurantes y cafeterías de fama y precios más elevados, y en fin, establecimientos que gozaban de cierta reputación de calidad y al que asistía una clientela de un mayor poder adquisitivo.

 

No recuerdo haber oído anuncios de cigarros, pero sí de una cerveza que patrocinaba un programa diario de media hora con música de ballet que yo siempre escuchaba, a las siete y media de la tarde-noche. Sin embargo, esos anuncios eran igualmente tranquilos, y en ellos se decían las ventajas del producto o el establecimiento pero en ese tono en que se habla en los aviones,  los aeropuertos y las terminales, o sea, sin exaltaciones, ni dramatizaciones, ni música propiciatoria, Eran, repito, comerciales diferentes, para un oyente de radio distinto al habitual.

 

Y aquí deseo abrir un paréntesis, porque no quiero que piensen que al hablar de esos anuncios para un consumidor más solvente, me sumo a ese repetidísimo criterio de que CMBF era una emisora destinada a una élite. Claro que los comerciales se transmiten para atraer consumidores, vender más y ganar más dinero, pero el carácter de esa propaganda, que sí puede estar destinada a una élite, no determina necesariamente que el oyente tenga que ser  miembro de esa élite para disfrutar la música. Los comerciales podían tener una intención elitista, pero la música y la emisora no, ya que estaba en el èter para todo el que quisiera escucharla. Y es que  los anuncios no definen el carácter de un medio radial, sino el contenido de su programación. Si esa intención comercial hubiera sido la única finalidad y función de CMBF, pues, sencillamente no hubiera seguido existiendo con ese mismo carácter de Radio Musical Nacional.

 

En mi caso, si es que sirve como ejemplo, yo no pertenecía a la élite económica y oía CMBF, y entraba al restaurante El Carmelo en el Vedado de la capital cubana, que se anunciaba por la emisora, pero sólo a tomar un refresco – no tengo por qué decir la marca- en los intermedios de los conciertos y funciones de ópera que se ofrecían en el Teatro Auditórium,  y que estaba, y está,  frente al restaurante. Yo no era cliente de El Carmelo, es más, no podía serlo, pero me gustaba y disfrutaba de la música clásica, de los conciertos, las óperas y los ballets, mientras que, quizá, los que estaban cenando en el salón mientras yo refrescaba y comentaba con mis amigos las incidencias del  hecho artístico, no conocían ni el Rondó alla turca de W. A. Mozart, ni oían CMBF, ni les interesaba la música clásica.

 

Y lo aclaro porque trato de no sacar conclusiones falsas,  absolutas o simplistas, a partir de realidades más complejas y que  requieren un análisis más profundo, y claro este no es el sitio ni el momento para ello. 

 

Y ahora sigo. ¿Qué me sucedió después con CMBF? Pues que desde su salida al aire se convirtió para mí en una escuela formadora de muchas cosas. Primero del repertorio. A través de ella recibí mi primera audición de una enorme cantidad de obras de la música clásica en condiciones ideales para la época, sobre todo cuando, muy pocos años más tarde, fueron sustituidos los discos de 78 por los del nuevo soporte en LP, pues no había que empatar las caras y tenían un mejor sonido.

 

A través de CMBF no sólo empecé  a identificar las obras por su título correcto, sino que comencé a conocer el nombre de los directores, solistas instrumentales y cantantes más importantes del mundo, muchos de los cuales pude ver dirigiendo, tocando o cantando en vivo por esos mismos años, con la Orquesta Filarmónica de La Habana o en los conciertos y temporadas de ópera de la Sociedad Pro Arte Musical. Para mí esos conciertos eran un enfrentamiento vivo y  real, con  aquellos seres ideales y casi míticos, que yo había conocido a través de CMBF.

 

Por lo tanto, de no ser por esta emisora, jamás hubiera podido tener a mi disposición, ni siquiera con la ayuda de todos mis amigos, una discoteca tan extensa para conocer un repertorio tan amplio, ni formar mi oído, ni adquirir un gusto cada vez mayor por ese tipo de música.

 

Y no tengo que decir, claro, que  desde entonces –hace sesenta años- la sigo oyendo todos los días, y ahora, para mayor felicidad,  formo parte de su personal artístico desde hace casi cuatro décadas. 

 

Fuente:  Angel Vázquez Millares, Artista de Mérito y Premio Nacional de la Radio Cubana. Director, escritor y conductor de los programas La Ópera, La Zarzuela y la opereta, y Teatro de la ópera, entre otros espacios.

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