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El mártir cotidiano de la radio

Publicado: 10/05/2008 15:30 por Tele y Radio en Radio
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Hubo un tiempo en Cuba en el cual el nombre de Alberto Luberta constituía sinónimo de mito. Escuchar su nombre durante años, casi todos los días de la semana, como artífice de las situaciones y personajes humorísticos del legendario programa Alegrías de Sobremesa, de Radio Progreso, daba la impresión de que se hablase de un semidios y no de un ser humano.

 

Pocos conocían su apariencia física. Incluso, hubo quienes pensaron que Alberto Luberta no era más que una invención, pues quizás los guiones los realizaban varios escritores.

 

Nada menos cierto. Durante más de cuatro décadas una sola persona ha estado detrás de tanta risa provocada diariamente al pueblo y a la misma hora del día.

 

Cuando se le conoce en persona, el «mito» se derrumba, pues se trata de uno de los cubanos más humildes, amenos, gozosos y atentos que pueda existir. Este año cumple 60 años de vida artística, y en su visita a Santa Clara, durante la gira realizada por el equipo de realización de Alegrías… por todo el país, era casi un pecado no entrevistar a esta leyenda de la radiodifusión de Cuba.

  

—Luberta, 42 años escribiendo de forma ininterrumpida para un mismo programa radial. ¿Será un récord?

 

—Creo que sí, y no solo en Cuba. En la Radio Cubana hay personas que han estado un buen tiempo, pero alternando con otros escritores. Sin embargo, yo lo he hecho completamente solo.

 

—¿Cómo lo ha logrado?

 

—Con dedicación, consagrado por entero al programa.

 

—¿Qué ha representado para usted Alegrías de sobremesa?

 

—Empecé a trabajar en la radio a los 16 años; no había hecho nada significativo en mi vida hasta ese momento. Nunca esperé que mi labor en Alegrías… durara tanto tiempo. Sin proponérmelo, fue creciendo, al igual que mis hijos y la popularidad del programa.

 

—En este 2007 cumple 60 años de vida artística, y si me dice que comenzó a la edad de 16, entonces sobrepasa los setenta…

 

—Así mismo es. El 27 de septiembre cumplo 76 años.

 

—¿A qué actores y actrices de Alegrías… ya fallecidos recuerda con más cariño y admiración?

 

—A todos, pero muy especialmente a Idalberto Delgado, Wilfredo Fernández y Miriam Isabel. Empezaron conmigo desde el primer momento. Los quise con mucho afecto y nos llevábamos como familias. Éramos grandes amigos.

 

—¿A cuáles personajes creados por usted les profirió mayor simpatía?

 

—Ante todo, a Paco y Rita; también a Rufino, el encargado del edificio, interpretado por José Antonio Rivero; a Perfecto Carrasquillo, el padre de Paco, por Agustín Campos; y Alejito, asumido por el actor Wilfredo Fernández.

 

—¿Y los menos logrados?

 

—Trato de que eso no ocurra. Siempre, antes de diseñar un personaje, estudio mucho al actor que va a interpretarlo. Los hago para ellos. Si no, no funcionan.

 

—¿Qué momento de la historia de Alegrías… considera el de mayor esplendor?

 

—La década del 70, porque casi todos los mejores actores humorísticos del país los tenía en el programa.

 

—Usted recibió el Premio Nacional del Humor, en el 2001, junto al inolvidable Enrique Nuñez Rodríguez. ¿Cómo lo valora como escritor y humorista?

 

—Era un magnífico escritor, un hombre de radio, y como persona, un entrañable amigo. Nos admirábamos mutuamente. Enrique fue muy ocurrente. Me llamaba «el mártir cotidiano de la radio», y yo a él, simplemente Kike.

 

—¿Qué significó el premio para usted?

 

—La realización de un humorista, el reconocimiento en conjunto de toda una vida.

 

—¿Ha pensado en Alegrías de sobremesa después de Luberta?

 

—Estoy tranquilo al respecto, pues ya tengo mi sucesor. Se llama Ahmed Otero. Es un muchacho muy inteligente y capaz, sabe escribir, y lo más importante, ha sido el único que captó mi estilo de cómo hacer los libretos. Por lo que la esencia del programa está asegurada, y creo que va a durar mucho tiempo.

 

—¿Se arrepiente de haber dedicado su vida solo a escribir para hacer reír?

 

—En lo absoluto. La profesión de humorista es la más linda del mundo, porque dibujar una sonrisa en un rostro ajeno es la mayor de las satisfacciones.

 

—¿Cómo quisiera que el pueblo lo recordara?

 

—(Se queda pensativo) Como lo que soy. Solo como Alberto Luberta.

 

FUENTE:  Francisnet Díaz Rondón.  TOMADO DE VANGUARDIA.

09 de Mayo de 2008

En la foto:  Alberto Luberta junto a su sucesor Ahmed Otero. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

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