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Cirujanos telegénicos

Publicado: 21/10/2008 13:19 por Tele y Radio en Televisión
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Ese inefable personaje que es el doctor House ya ha demostrado que la medicina puede ser un deslumbrante espectáculo. Para bien o para mal, no entraremos ahora en la tan llevada y traída polémica. Lo cierto es que las series médicas, protagonizadas por telegénicos doctores y enfermeros, ambientadas casi siempre en lujosos e impecables hospitales, han atrapado la atención de un público bastante heterogéneo: desde el que busca historias con considerables niveles de morbo, hasta el admirador de una profesión signada por la entrega y el sacrificio; pasando, no faltara más, por los sempiternos y abundantísimos amantes del melodrama, entre los que este redactor se cuenta.

Cubavisión está trasmitiendo ahora (martes y jueves, 10:00 pm) una de las más populares series de la televisión norteamericana, Anatomía de Grey, producida por la ABC a partir de 2005. Los protagonistas son ahora un grupo de jóvenes cirujanos, que comienzan su vida profesional en un prestigioso hospital de Seatle.

Somos testigos, una vez más, del abultado inventario de casos, accidentales o no, de los innumerables retos profesionales que enfrenta el equipo en cada una de sus maratónicas jornadas; todo aderezado con los conflictos personales de médicos y pacientes, sus historias de amor y desamor.

Más de lo mismo, dirán algunos y no les faltará razón: hace rato que la televisión norteamericana encontró la manera de sacarle a casi cualquier manifestación del intelecto y el trabajo humano su filón más atractivo para las cámaras. El espectáculo está en todas partes, solo hay que saber potenciarlo. Anatomía de Grey no hace más que seguir pautas probadamente eficaces en la dramaturgia y la realización. Pero el carácter industrial de su factura no le resta méritos a un producto realizado con sensibilidad, buen gusto y dominio innegable de las características del medio.

Hablar de la impecable funcionalidad de la puesta en pantalla resulta casi una perogrullada, teniendo en cuenta los estándares que deben cumplir las series norteamericanas producidas por las grandes cadenas. Aquí no hay pretensiones de experimentación formal. La fórmula es la de casi la totalidad de las series de su tipo: fotografía, edición, banda sonora están tan puestas en función de la historia, constituyen un mecanismo tan aceitado, que para el televidente medio pasan casi inadvertidas, de manera que no obstaculizan la comprensión de la trama.

La dramaturgia también es esencial, sencilla, diáfana: Anatomía de Grey rehúye de grandilocuencias estilísticas y estructuras complicadas. Cada capítulo es una unidad, que a la vez tiende puentes con otros capítulos. Es admirable el pulso con que se van desarrollando las historias de mayor aliento en la serie, sin que resten primacía a las historias y personajes circunstanciales en cada episodio.

Nadie piense, sin embargo, que estamos en presencia de un producto autosuficiente, redondo: demasiada influencia tienen en la realización de estas series los altibajos de la producción como para que puedan evitarse repentinos cambios de rumbo. De cualquier forma, la estructura del serial posibilita a los escritores manejar más de una opción a la hora de resolver conflictos y situaciones.

Aunque no hay aquí una exploración demasiado crítica en los evidentes defectos del sistema médico norteamericano, hay que reconocer que en Anatomía de Grey se plantean situaciones conflictivas, dilemas éticos, profesionales y personales que exigen de los médicos actitudes claras y decididas.

En estas series no hay malos ni buenos en el sentido más melodramático de esa dicotomía (independientemente de que podamos identificarnos con algunos personajes y rechacemos de plano las actitudes de otros); el diálogo entre personajes con virtudes y defectos, con matices, ofrece mucha tela por donde cortar.

Lo que mejor resuelve Anatomía… es el balance entre la peripecia básicamente médica (diagnósticos, operaciones, tratamiento a los pacientes) y el itinerario afectivo, psicológico de los personajes. Cada caso es, más allá de la patología, un conflicto humano. Los pacientes no son aquí carne de hospital, sino criaturas con historia que a la vez suelen funcionar como detonantes de las historias de los cirujanos.

El dinamismo de los episodios no es obstáculo para regodearse de cuando en cuando en alguna escena de amor, una mirada.

Anatomía de Grey no es precisamente una serie edulcorada donde cada capítulo tiene un final feliz: se habla de la enfermedad y la muerte sin demasiados tapujos; pero no hay muchas concesiones al morbo: el tratamiento visual a la enfermedad es contenido y discreto, sin que se renuncie al dramatismo muchas veces estremecedor de las situaciones.

Un elenco más que capaz (ya sea en los roles protagónicos o los secundarios) defiende con organicidad personajes bien concebidos y coherentes (todo lo coherentes que permite un sistema de producción en constante movimiento).

Más allá de ocasionales gazapos y muy probables exageraciones, Anatomía de Grey nos acerca a un universo complejo y de fuerte incidencia social. El ejercicio de la medicina no es en esencia ese show trepidante que nos presentan las series médicas. Pero ser médico, indudablemente, tiene mucho de aventura heroica.

Fuente:  Yuris Nórido.  Portal Cubasí

Disponible en http://cultura.cubasi.cu/DesktopDefault.aspx?SPK=160&CLK=203131&LK=1&CK=104210&SPKA=36

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