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Esta nueva obra de Rudy Mora se adentra en la Cuba de hoy y nos presenta lo polémico de esa cotidianidad. Nos propone un acercamiento a la familia y a los conflictos que genera la situación de la vivienda en la Isla

Tras varios meses de recuerdo con Las huérfanas de la Obrapía, el público espera historias que toquen su realidad y parece ser que Rudy Mora, una vez más, aprovecha lo cotidiano para crear sus personajes. Lo atrayente es cómo se adentra en la Cuba de hoy y nos presenta lo polémico de esa cotidianidad. Su propuesta, en esta ocasión, es un acercamiento a la familia y a los conflictos que genera la situación de la vivienda en la Isla.

Diana es la nueva serie que la televisión estrenará en el espacio de la novela durante los meses de verano. El título no es casual. La diana es, en este caso, el blanco al que apunta la cámara. Una cámara con pretensiones de alterar, desde el punto de vista formal, las tradicionales maneras de hacer de la TV. Y es ella, quizás, la que provocará más críticas —para bien o para mal— en los espectadores acostumbrados a un espacio que generalmente invita a relajarse, pero que esta vez solicita desprejuiciada atención. De lo contrario, es posible que los constantes movimientos de la imagen causen molestias al espectador.

Hace unos días conversamos con Rudy. Todavía le quedaban varios capítulos por concluir. Corría entre los cubículos de edición del ICRT, pero reservó unos minutos para nuestra curiosidad.

“Diana es una serie de 35 capítulos, y sin ser autobiográfica, muchas de sus situaciones se relacionan con pasajes de mi vida y de las personas que me rodean. Es una historia de Cuba ahora, pero siento que también puede ser una realidad que nos trasciende”.

El trabajo con la cámara distingue tu obra. En Diana eres aun más arriesgado que lo que acostumbras. ¿Es este un lenguaje paralelo a la temática de la serie?

“La propuesta audiovisual de Diana toma un poco la imagen del noticine de los años 60 y 70, con el estilo fotográfico de Jorge Herrera en películas como La primera carga al machete. La esencia es una cámara que penetra en una casa de La Habana para mostrar qué ocurre en su interior.

“La cámara entra por la puerta, va a un cuarto, regresa al baño, se incorpora, tropieza... Y todo ocurre paralelamente a otros sucesos en escena. Los actores le hablan como a un personaje más, es decir, hay todo un juego formal para que la cámara no sea solamente panorámica, sino participativa. Los planos secuencias son muy largos, al estilo del teatro para describir una especie de estado de ánimo. Entonces, más que paralelo, conforma el todo del lenguaje de la obra”.

¿Te arriesgas también con la música?

“La música es de Juan Carlos Rivero, director de Moncada. Retomamos ritmos tradicionales como el changüí, el chachachá, el mozambique... Casi todo es tocado en estudio. Lo novedoso y arriesgado es que se hizo contra la imagen, y aunque eso es tradicional en el cine, las fórmulas de producción de la TV no dan tiempo para ello, por lo que he tenido que trabajar muchas horas extras”.

Me hablas de una serie que desentona con estructuras predeterminadas de la TV. ¿Podrías comentarnos un poco más sobre tus intenciones y los resultados en el proceso de producción?

“La idea es sintonizar con una especie de nuevo lenguaje. Lo que sucede con las series ahora mismo en el mundo es un hecho muy interesante, porque se han convertido en una punta de lanza para el discurso audiovisual. Y además el público cubano las exige. Sin embargo, existe un vacío de producciones nacionales de este tipo.

“Diana va por ese camino, entre otras razones, porque me permite también crear con la soltura que el género telenovela no tiene. Lo que ocurre es que entronca inevitablemente con estructuras más conservadoras de producir, lo cual me llevó evidentemente a romper con determinados mecanismos institucionales.

“La introducción de la técnica fue también un reto. Es la primera vez que en el ICRT se utiliza una cámara de alta definición. Esa tecnología trae consigo una manera de trabajar diferente, que disiente de las fórmulas tradicionales. Hemos experimentado con ella sin que nadie nos diga exactamente qué se puede lograr.

“Ahora estamos en el proceso de edición y ha sido igualmente difícil, porque el procedimiento es otro. Nuestra experiencia podría servir para reestructurar determinadas rutinas de producción”.

Según las noticias, Diana goza de un talentoso elenco actoral…

“Tuve la suerte de contar con actores de mucha experiencia (Isabel Santos, Verónica Lynn, Raúl Pomares, Fernando Echevarría, Broselianda Hernández, Blanca Rosa Blanco, Daisy Granados, Kety de la Iglesia y Néstor Jiménez, y otros más jóvenes que ya han dado muestras de su calidad como Tomás Cao y Roque Moreno). Buscaba un nivel de actuación que me garantizara narrar la historia como lo había previsto en el guión. Era importante que los actores fueran capaces de resolver cualquier situación que se les propusiera, porque queríamos darle mucho espacio a la improvisación.

“Aunque los actores son muy experimentados, el equipo de realización es muy joven. Fue el primer trabajo del director de fotografía, del editor y del sonidista”.

¿Por qué el contraste?

“Para lo que yo quería hacer, necesitaba gente desprejuiciada en términos de oficio. La propuesta de Diana es muy experimental y pensé que los jóvenes son, en la mayoría de los casos, mucho más arriesgados para ese tipo de cosas”.

Siempre te sirves del horario de la telenovela para exhibir tus series. ¿Consideras que la televisión aprovecha ese espacio?

“Las series y la propia telenovela, a partir de la tradición que hay en Cuba y lo que representan para un gran número de espectadores, constituyen un espacio ideal para abordar temáticas y reflexionar sobre ellas. Este es un camino muy interesante, pero es necesario hacerlo lo mejor posible. Deberíamos hablarle al público con el lenguaje del tiempo en que estamos y esforzarnos por mejorar la calidad de las obras. En ese propósito, la responsabilidad es compartida. A veces aparecen muy buenos proyectos que no se consuman, y en esa suerte de vacío entre la pretensión y el logro, el público queda insatisfecho”.

Fuente:  Maylenis González Mirabal

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