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La teleserie Diana, que llegó a su final este miércoles por el canal Cuba Visión, suscitó la  polémica a lo largo de sus 35 capítulos.
   Resultó un producto televisivo del cual mucho se ha hablado, ya fuera a su favor o en contra.
   Es una obra de ficción que nos reflejó como la más cruda realidad; convirtió la pantalla de nuestros televisores en espejo familiar.
   Justo frente a nosotros estábamos todos: usted, yo, el familiar, el vecino, el amigo. hombres y mujeres que en viviendas como la suya o la mía ven transcurrir su rutina diaria: en el trámite burocrático que se dilata, en la cola de la bodega, en la parada de la guagua, en el agromercado con sus elevados precios.
   Puede que en ello radique parte de la animadversión ante "Diana", quizás por estar acostumbrados a usar el horario de las telenovelas para soñar la vida de otros y no para ver las nuestras, una manera muy sutil de enajenación de la realidad sobre la que alertó el Premio Nacional de Literatura Reynaldo González en su ensayo "Llorar es un placer".
   A propósito, desde el principio, su director Rudy Mora aclaró que se trataba de una teleserie y no de una telenovela.
   Otros plantean que les molestó la edición, con sus rápidos juegos de cámara que los desconcentraban. ¿Acaso no sería que no están acostumbrados a esa forma de montaje de imágenes y sonidos?  De seguro mucho influyó la instintiva reacción humana de resistencia al cambio.
   Hace unos días escuché a alguien decir que la sacaba de quicio que el protagonista era gago y, para colmo, con un tic nervioso en el que chocaba ambas manos.
   Recuerdo ahora "El Ensayo sobre la ceguera" del Nobel portugués José Saramago y me pregunto: ¿acaso los gagos, los mudos,  los sordos y los ciegos no existimos? ¿Cuántos vivimos y convivimos con nuestros propios tics? El mensaje es claro: para qué soñar el futuro si puedo vivir el presente.
   Rudy Mora nos ha retado, insertando códigos del lenguaje audiovisual en ese "tótem" sagrado de la familia cubana que son las telenovelas; códigos a los que nos fuimos acostumbrando desde la obra de nuestro Félix B. Caignet, fundadora de la radio-novela latinoamericana. Con "El derecho de nacer", los cubanos tuvimos la primera palabra.
   Cuando novedosas ideas irrumpen en el género apuntando justo hacia la diana, ahora nos toca tener la última palabra. Somos nosotros quienes decidimos si las aceptamos o no. Lo cierto es que Diana, al menos, tuvo el derecho de nacer.

Fuente:  AIN.

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gravatar.comOsmaira

saludos Alex, he puesto un enlace a tu blog desde el mío en Blogcip.

Fecha: 24/09/2009 18:08.


gravatar.comOsmaira

está en el comentario sobre la teleserie Diana
http://juanaislaymujer.blogcip.cu

Fecha: 24/09/2009 18:15.


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