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TV Cubana ¡BUEN ANIVERSARIO!

Publicado: 24/10/2009 12:58 por Tele y Radio en Televisión
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La historia de las imágenes en movimiento es reciente. Para que apareciera el cine a finales del siglo XIX tuvieron que pasar más de 1800 años de nuestra era y si se tiene en cuenta la llegada del hombre en el planeta son millares de años más.  El teatro, las artes plásticas, la literatura, la música ya eran manifestaciones artísticas consolidadas cuando nació el cine calificado como séptimo arte. La televisión, para algunos el octavo arte, estaba aún en proceso de gestación.
No son pocos los estudiosos que sitúan su origen entre 1884 y 1933 o 39. Fue un largo proceso de distintas invenciones en las que intervinieron el alemán Paul Nipkow, quien en 1884 patenta su disco de exploración lumínica, más conocido como Disco de Nipkow; el  escocés John Logie Baird, que desarrolla y perfecciona el disco de Nipkow a base de células de selenio en 1923; los norteamericanos Ives y Jenkins, quienes se basaron en Nipkow; y el ruso emigrante a Estados Unidos, Vladimir Sworykin, gestor del tubo iconoscopio.
Lo cierto es que ese aparato situado en la casa no nació de ahora para ahorita, sino que fue fruto de un largo camino, interrumpido por la segunda guerra mundial.
La década de los 40 y 50 fueron testigos de la consolidación y expansión de la televisión en el mundo. En ese contexto se inaugura oficialmente en Cuba, el 24 de octubre de 1950, con la salida al aire del Canal 4. Cinco meses después, el 11 de marzo, nace el Canal 6 de CMQ televisión.
Pionera junto con Brasil y México de las transmisiones televisivas en el área de América Latina y el Caribe, la televisión cubana tiene una larga e interesante historia. Con una producción eminentemente comercial incorporó en sus trasmisiones obras seriadas, realizadas en vivo, por supuesto, que contaron con actrices y actores de primer orden en el teatro.
Tan importante medio no podía estar ajeno a la telúrica revolución que se operaría a sólo nueve años de su fundación, con la cual vendría otra manera de hacer para la pequeña pantalla.
Comenzó una etapa —aún vigente— en la que empezó a construirse una televisión distinta a todas las conocidas. La señal ya no era propiedad privada y, por tanto, promotora de la publicidad; ni tenía que ver con las televisoras de los entonces países socialistas.
En ese afán de destruir lo obsoleto e inservible para construir lo nuevo y perdurable, como en todo proceso de ese tipo, hubo grandes aciertos y también errores.
Pronto, siguiendo la pauta de algunos programas trasmitidos en los años 50, hubo espacios para el teatro y el cuento, que llegaban a una buena cantidad de personas; aunque no como ahora, cuando ya se cubre más del 90% del territorio nacional.
Como pocos líderes en el mundo, Fidel entendió la importancia de aquella caja mágica que se convertiría en certera resonancia de la información de los cambios, las políticas, y explicaciones para millones de receptores a la vez.
Un hecho que marca aquellos años es el 26 de septiembre de 1960, cuando se trasmitió en tiempo real el discurso de Fidel durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Tamaña hazaña fue posible porque se empleó el Sistema "A través del Horizonte" —OTH, por sus siglas en inglés—, que ya se había usado para la transmisión de espectáculos deportivos y programación de entretenimiento de Estados Unidos a Cuba, y viceversa.
Para la transmisión desde la ONU, la señal se trasladó entre las ciudades de Nueva York —Estado de la Florida— Guanabo; de ahí al Edificio de la Gran Logia Masónica, en La Habana, y luego hasta el Radiocentro, donde estaba el Canal 6, CMQ-TV, última estación antes de llegar a todo el país.
Como esa gesta, son muchas más las que han signado a la televisión en Cuba. Incluso, la cotidiana: realizar programas sin los recursos necesarios y alcanzando altas cotas de calidad.
Mas, ¿todo está bien? A mi juicio, la programación amerita un análisis multidisciplinario y sobre bases científicas, para que intente satisfacer a la mayor cantidad de públicos posibles. No creo que se aprovechen en toda su dimensión los estudios del Centro de Investigaciones Sociales del Instituto  Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y de otras instituciones, que brindan válidos y necesarios datos para que los hacedores de la comunicación conozcan cómo realizar su trabajo con efectividad. Sin aplicar los análisis científicos en esta área, nunca se obtendrán los avances que se esperan.
El dictamen de la Comisión Política Cultural y Medios Masivos,  del VII Congreso de la UNEAC, aunque dirigido a todo el espectro comunicacional, centra buena parte de sus sugerencias en la TV.
En una de sus recomendaciones, con justeza y optimismo dice: “Se aspira al salto hacia una nueva industria audiovisual cubana capaz de responder tanto a las necesidades de la población cubana como a las potencialidades acumuladas. La red de emisoras radiales nacionales, provinciales y municipales, así como los canales televisivos del mismo rango, más otras infraestructuras como las del cine resultan, por supuesto, la base con la cual acometer ese salto cuyo contenido deberá procurar, al tiempo que un enfrentamiento a toda forma de reproducción colonial, también una batalla ideológica por la creación de modelos y referentes propios, sobre todo para nuestra juventud, capaces de anudar entretenimiento y cultura”.
Para alcanzar tan válidos objetivos no basta con las buenas intenciones y el talento, se necesitan inversiones que en estos momentos, dada la situación financiera actual del país, resultan de difícil acceso.
Pero mucho se puede lograr. A veces, por el camino de hacer con amenidad una conducción o, incluso, un comentario político, se llega a la banalidad más burda, en otras oportunidades por huir de lo superfluo se termina en el panfleto: tan dañina una cosa como la otra, a los efectos de la comunicación. Lo que se impone, a mi juicio, es que exista más análisis desde la misma televisión a estas propuestas.
Creo que existe razón sobrada para criticar espacios miméticos de factura nacional, y que son exponentes de una manera de decir y hacer en nada relacionada con los presupuestos que debemos sembrar en los televidentes, especialmente en jóvenes, adolescentes, niños y niñas. Esa es una responsabilidad de realizadores, escritores y directivos de la TV.
Recobrar los programas en vivo, con una funcional e indispensable escenografía, con programas donde guión, conducción y dirección sean una santa trinidad, posibilitaría, con pocos recursos, dotar a la pequeña pantalla de espacios amenos y buenos.
Mucho más se puede hacer: velar porque en busca del entretenimiento no se caiga en la frivolidad. Los espacios musicales se deben cuidar bastante de esa tendencia; y hasta, incluso, algunos informativos. Es tan banal una información mal dada, repetitiva, insustancial como la presentación altisonante de una infortunada canción.
Cuando un noticiero o una revista presentan una noticia que distorsiona la realidad, hace mucho más daño que si se omitiera el hecho. Al entrevistar a ejecutivos de diferentes rangos que sólo saben hablar a base de consignas o de "frases aprobadas", lejos de esclarecer o educar, se logra exasperar al televidente que al menos tiene noveno grado y no gusta del teque ni de las mediatintas.
El privilegio de la reiteración debe ser concedido sólo cuando la calidad lo amerite y no siempre es así: hay espacios repetidos que uno se pregunta la causa, mientras otros mejores son transmitidos sólo una vez.
Podría seguir hilvanando ideas no sólo mías, sino que son fruto de conversaciones o talleres en los que la TV ha sido el centro. Pero, no quiero acabar estas líneas sin citar un fragmento de una carta que hizo circular por la red de redes la italiana radicada en nuestro país, Anna Assenza, una televidente maniática a la TV cubana, como se autodenomina: “Me gustaría, en calidad de yuma obsoleta (obsoleta porque hace años que vivo aquí por lo tanto ya no soy una yuma, mas bien una emigrante en Cuba) y por ende aficionada televisiva cubana, o 'utente', como se dice en Italia, me gustaría, decía, echarle un cabo a la TV cubana.
Yo provengo de una sociedad donde de verdad la TV es dios, y por eso puedo decir que la televisión cubana me encanta, aunque hay algo que tendría que cambiar para hacerla menos aburrida. Yo soy una seguidora de Universidad para todos que, a veces es agotadora, pero a veces es muy interesante como, por ejemplo, las lecciones de estos días sobre la cultura musulmana. Escucho hablar al profesor (que como todos los profesores a veces te dan sueño por como hablan, pero yo lo disfruto por ser uno que sabe bastante sobre el asunto y me quedo voluntariamente despierta para no perderme las informaciones que me da, en fin no todos son Cicerone, oradores eclécticos, pero sabe mucho y nos brinda su conocimiento, ¡gracias!)”.
En otro momento dice “La televisión cubana en mi opinión es la mejor que he visto hasta ahora, y yo sí he visto bastante televisión de otros países, porque a mí ese cajón me interesa muchísimo verlo por cuestión laboral, ya que me gustaría trabajar en ella desde hace mucho”.
Y Anna concluye: “No se pueden crear Genios y después cortarles las alas, eso es cruel y estúpido para mi gusto. La Televisión Cubana es la mejor en el mundo, se lo dice una ex yuma italiana, se lo garantizo, aprovechen de todo ese material humano extraordinario que empezaron a formar desde hace 50 años, y dejen de ser egoístas. Un verdadero Maestro es aquel que tiene la sabiduría de dejar espacio a los discípulos. Lo decía Confucio también, lo aprendí de el”.
Pienso que esta carta tiene una lección: cubanas y cubanos exigimos muchísimo a la televisión, y es justo, pero también es JUSTO que reconozcamos lo bueno que tiene esa cajita mágica que nos acompaña, y  todos los que la hacen merecen por estos días una felicitación por un buen aniversario.

Fuente:  Paquita Armas Fonseca/Portal de la TV Cubana

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