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Comienza un año y es motivo de rememorar lo andado y trazar perspectivas para los trescientos sesenta y cinco días que empezamos a recorrer. Propósitos, ideas, sueños realizables, en fin, de cara al horizonte, lo cual implica ante todo aquilatar los presupuestos que motivaron las faenas cumplidas hasta hoy. La Radio, como todo quehacer social, precisa ser analizada y perfeccionada hasta en sus más pequeños engranajes.

Nuevas perspectivas y reproyecciones – que no implican la renuncia a su esencia y razón de ser – involucran riesgos que sabia y valientemente se aceptan y enfrentan. No hay labor humana, ni siquiera en el ámbito de las ciencias exactas, capaz de abstraerse al desafío del mejoramiento y el cambio. Desde hace unas cuantas décadas construimos, día tras día, una radio inspirada en ser continuamente más revolucionaria en todo el amplio y profundo sentido que el concepto define. Ser así y mantenerse, constituye el más serio y revolucionario desafío. A partir del concepto de Revolución expresado por el compañero Fidel de que “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”, precisa caer en la cuenta de que cada minuto reclama de nosotros profundizar el qué y el cómo de nuestra misión. Este concepto nos insta a proveernos de modo continuado de la indispensable sabiduría para discernir qué y cómo debemos cambiar, y cuánto exige de nosotros seguir realizando lo mismo hasta ahora, pero tal vez de manera distinta.

Hasta la fecha tenemos razones para sentir orgullo de esta Radio fiel a nuestro devenir histórico y a las más legítimas aspiraciones de la sociedad cubana en cada momento y en su más amplia perspectiva. Aun así, no constituye motivo de complacencia y acomodamiento, sino de estímulo para continuar en esa dirección, aunque métodos y estilos sean susceptibles de cambio.

El siglo veintiuno ya atravesó su primer decenio. Las nuevas tecnologías de la comunicación constituyen uno de los retos más significativos para formas y contenidos en la realización radial. La propia esencia revolucionaria de nuestra Radio viene a ser el factor cardinal que favorece la consecución de nuevas posibilidades que entrañen, a su vez, nuevos logros. Hacer en cada momento lo que cada momento exige, constituye para nosotros la brújula que pone rumbo adecuado al caudal de ideas y principios capaz de mantenernos consecuentes la inspiración revolucionaria que nos dio origen. Sobre esa base forjadora debemos entender que la contemporaneidad exige de nosotros cada día, cada minuto, una Radio cualitativamente nueva, diferente y superior.

Como reto dialéctico, el quehacer radial implica continuidad y ruptura en contenidos y formas. Desde épocas anteriores ha sido así; la Radio del siglo XX se distinguió de sí misma por su capacidad de insertarse en los reclamos de su época, y lo hizo bien. Fue una radio que inspira orgullo, tanto como la que hoy hacemos mancomunadamente todos los que de alguna manera participamos en su quehacer, aunque muchos de sus hacedores hayan sido otros compañeros con cuya presencia física ya no contamos.

Radio cambiante, transformante y renovadora son características inherentes a un medio de información y comunicación revolucionario. Los nuevos desafíos que enfrentamos proponen más compromiso y sentido de la responsabilidad a quienes los llevamos a efecto. Entre esos muchos desafíos cuenta el logro de una Radio cada vez más participativa, capaz de ceder mayor protagonismo a todos los actores sociales, quienes son nuestra principal razón de ser. 

Es tiempo de repensar, rehacer y reinventar los modos de informar y comunicar; es tiempo también de desechar patrones obsoletos impregnados de falsos y deformados tradicionalismos que con sus manidos esquemas incitan al acomodamiento inútil y apático. Es tiempo también de marcar distancia, muy alertas, con el esnobismo diletante de los ultramodernos que a menudo acechan para destruir todo lo bueno y valioso que hasta hoy se ha hecho. Estamos llamados a un rol cultural que implica lo artístico, entre otras herramientas, y se enraíza en lo más hondo de nuestro espíritu local y nacional, sin que ello implique, en lo más mínimo, la renuncia a la universalidad, entendida ésta como parte de un todo, y despojada de criterios asépticos que aletargan la existencia para despojar al ser humano de ineludibles compromisos.

Todo ello precisa una materia prima basada en la fluidez desde afuera de los medios hacia adentro, y viceversa; se trata de una correspondencia biunívoca permanente. Se trata de retos deontológicos, por cuya salud debemos cuidar que no se permeen de lo meramente lúdico y trivial que en algún caso quisiera imponerse. La época nos invita y exige a procurar un equilibrio cuya arteria nutriente sea reflejo, espejo y consecuencia de la exacta realidad.

El año 2010 hace sus propuestas; la primera de ellas, responder cada desafío en todos y cada uno de los aspectos que se irán presentando. Para lograrlo hay que seguir estudiando, reflexionando y aplicando al producto radial toda la sabiduría acumulada por generaciones de gente de nuestro medio. Sin que importen las adversidades coyunturales, fundamentalmente marcadas por el bloqueo que sufrimos desde hace décadas, así como las crisis económica y ambiental que afectan hoy a toda la humanidad. Son esas y otras, en lugar de obstáculos, motivaciones para que, satisfechos con lo alcanzado hasta hoy, sintamos al tiempo sana inconformidad con nosotros mismos, convencidos de contar con la capacidad y el potencial humano que harán todo cada vez mejor.

El valor que nos ha definido y define, hará posible lograrlo.

Fuente:  Portal de la Radio Cubana

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