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Mientras intenta huir de un lobo mañoso que la persigue por entre las malezas, una hermosa muchacha «casivestida» —o lo que es lo mismo: «muchidesnuda»— cae de un árbol y va a parar a los brazos de alguien que pinta de galán. Con este disparo de arrancada, echa andar la trama de la aventura —¿dije «aventura»?— que los televidentes cubanos, incluidos niños y adolescentes, ya están viendo de lunes a viernes, a las 7:30 p.m.

Hablo de El Internado, una serie española sazonada de ingredientes para adultos que, en su primer capítulo, nos deleitó el tímpano con estos bocados: «¿Te importaría quitar las manos de mi c…?» (dicha por la angelical belleza del inicio); «lo tiene agarrado por los h....» (frase para referir que un personaje masculino está enamorado de otro, femenino); «sus consejos se los mete por donde le quepan» (mmm, sigamos, sigamos…); «esto está en el c… del mundo» (para señalar lo remoto del dichoso colegio, en medio de un bosque), y así por el estilo.

¿Malas palabras? Bueno, tal vez sería mejor decir «mal horario». Sí, porque en España —donde ha sido un éxito—, la serie se pasa en TV cuando los niños ya deben estar roncando, al filo de las 10 de la noche. ¿Por qué aquí no se procedió igual?

Ah, no. Aquí va a la hora en que deberían recibir una ración de Salgari, o del Juan Quinquín de Feijóo, para recrear después la imaginación en cosas positivas, irse a la calle con dos palos a batirse como el Corsario Negro y Sandokan, y ganar en cultura universal.

Por cierto, ya que hablo de la hora, no se me escapa que los filmes de la noche sabatina siempre nos advierten: «Sexo, violencia y lenguaje de adultos». ¡¿Y por qué nadie se ha molestado en colocarle ese aviso a una serie que viene «sazonadita» en estas cuestiones?!

Bueno, pues el menú trae sangre a borbotones, cadáveres en descomposición, experimentos con niños, vocabulario «del bueno», ¡y mucho más! A estas alturas, ¡oh, mundo «moderno»!, y pregunto desde la indignación, ¿alguien duda de la habilidad persuasiva de la TV, de su poder para formar patrones de conducta? Las imágenes que se avecinan, ¿son las que queremos que «disfruten» nuestros hijos?

Sin muchas vueltas, solo puede achacarse tal situación a una falta de empatía. A la falta de visión de algunos para ejercitar un momentico la memoria, ponerse en el lugar de un menor, y averiguar qué preferirá: si un aventurero encapado liándose a puñetazos con un bandido pata de palo —clásica escena en la que el primero siempre vence—, o una trama de terror en toda regla.

Incluso, más allá de ponderar gustos, hay que preguntarse qué le conviene al niño. Recuerdo que una vez, con 12 años, compré la entrada «por fuera» e intenté entrar sigilosamente en el cine Acapulco para ver El hombre lobo en Londres, y perdí el dinero, pues yo no tenía ni bozo para engañar a la acomodadora. El filme era para mayores de 16, y no por gusto estaba categorizada así.

Hoy, sin embargo, los crímenes del pobre hombre lobo parecerán de Filminuto, en comparación con lo que trae El Internado, ¡que «los pequeñines de la casa», como dicen algunos melosamente en TV, estarán ya «disfrutando»!

Dicen que quien siembra vientos… Y he ahí una amarga semillita.

Fuente: Luis Luque Álvarez/ luque@juventudrebelde.cu/Tomado de Juventud Rebelde digital

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