Facebook Twitter Google +1     Admin

En la entrevista con CNN, Sean Penn se muestra molesto. Muy molesto. Le tiembla la voz. Se había pasado el día entero buscando un hospital que pudiera atender a un niño de 15 años con difteria, Oriel. Los hospitales no tenían la medicina necesaria para dársela a tiempo al muchacho, y murió. “No hay excusas”, le dijo Penn a CNN. La Cruz Roja no la tenía, y tampoco los hospitales. “Haití no está preparado para una emergencia de grandes proporciones”, dijo.

El niño había comenzado a exhibir los síntomas hace seis días. Los médicos enseguida lo diagnosticaron con difteria, pero los hospitales no lo querían ingresar porque no tenía la capacidad para evitar una infección y no tenían el medicamento. Finalmente, Penn lo llevó personalmente al Hospital General, y ahí los médicos lo aceptaron. Pero murió. Le administraron la medicina muy tarde. La difteria, dice Penn, pudiese afectar a la población que vive en tiendas de campaña y campamentos de refugiados.

“La difteria se pudiera combatir con vacunas y medicamentos, pero a pesar de que sabemos del riesgo de una epidemia no se está haciendo el esfuerzo necesario para prevenirla”, afirma el actor que lleva tres meses en Haití trabajando como un colaborador más, día tras día.

La muerte de este niño se pudiera haber evitado, dijo Penn. Esto es el comienzo de un desastre incluso más grande que el del terremoto, refiriéndose a la posibilidad del brote de difteria en los campamentos de refugiados. Pide el dinero necesario para evitar este desastre. Hay que sacar a la gente de estos campamentos ad hoc. “No habrá un Haití para reconstruir si no queda gente en Haití”.

Las declaraciones a la CNN se produce un día después de que apareciera en la televisora el siguiente reportaje, realizado por Moni Basu, y que a continuación reproducimos:

En el campamento, Sean Penn se sienta bajo la pantalla de una lámpara hecha con paquetes de comida Chef Boyardee y jala un encendedor Bic que cuelga de una cuerda.

Todavía no son las siete de la mañana y Penn ya está fumando otro Marlboro Light. Trajo parches Nicorette con él a Haití, pero pronto desistió de la idea de dejar el cigarro. Pasa sus manos por su cabello desaliñado y da otra aspirada. Descalzo y envuelto en una toalla blanca no dice hola, ni intenta cortesías.

Comienza a contar una historia desgarradora del día anterior. Buscó en cada esquina de Puerto Príncipe una antitoxina para Oriel, un chico de 15 años que contrajo difteria, una enfermedad agudamente infecciosa que se esparce a través de las gotas de saliva expulsadas al respirar.

La Cruz Roja Americana no la tenía. Tampoco ninguna de los hospitales principales. Penn incluso fue a buscarla al campamento del ejército de los Estados Unidos. Estados Unidos almacena la vacuna y la antitoxina. Pero en Haití le tomó a Penn 11 horas conseguir una dosis, aun con sus poderes de celebridad.

Estaba en un almacén de medicina y Penn tuvo que sacar de la cama a la jefe de la Organización Mundial de la Salud, quien le abrió la puerta a una hora bastante avanzada. ”Este país no está listo para una emergencia”, dice. ”Tres meses y nadie en los hospitales principales supo donde encontrar la inmunoglobulina. Ese niño confía en mí”.

Oriel fue traído a una clínica en el campamento para desplazados por el terremoto ubicada en el club de golf Petionville, al que la recién formada agencia de ayuda formada por Penn, J/P Haitian Relief Organization, ha ayudado a dirigir.

El chico empezó a sentir síntomas seis días antes de su llegada a la clínica. Los doctores pronto se dieron cuenta que tenía difteria. Ningún hospital quería admitir al muchacho, dice Penn. No tenían la capacidad para prevenir una infección. Penn lo llevó personalmente al Hospital General, el principal complejo médico de la ciudad, donde los doctores aceptaron atender a Oriel.

Penn se siente personalmente responsable por el chico, por el campamento entero y por la ciudad. La difteria podría esparcirse rápidamente por las congestionadas tiendas y viviendas pobres. Haití se enfrenta todos los años contra la difteria y otras enfermedades mortales, pero después del terremoto los doctores temían lo peor. Oriel era el primer caso de “lo peor” en el campamento del campo de golf.

Anteriormente, los Centros para el Control y la Prevención habían instado a la vacunación inmediata contra la difteria y recomendó tener la antitoxina a la mano. Penn no puede comprender por qué, abundando agencias de ayuda que trabajan en Haití, era tan difícil la prevención de este tipo de enfermedad. No esconde su enojo ni suaviza sus palabras. “Si el muchacho muriera”, dice “esto sería un asesinato”.

Una celebridad en tierras extranjeras

Penn no es alguien extraño a las iniciativas heróicas. Ha volado en el ojo del huracán al frente de las líneas de batalla. Algunos años antes viajó a Iraq e Irán y escribió sobre ambos países para el “San Francisco Chronicle”. Estuvo en Nueva Orleans después del huracán Katrina. Su brazo derecho porta un tatuaje que recuerda esto.

Su presencia en todos esos lugares y ahora en Haití provoca escepticismo e ira en aquellos que piensan que las celebridades usan las tragedias para pulir su imagen pública. Penn ha sido satirizado y caricaturizado por cineastas, escritores y conductores de programas televisivos por apoyar distintas causas. Pero él no le importa en lo absoluto todo eso. “Alguien -dice- tiene que hacerlo”.

Aterrizó en Haití una semana después del terremoto, dice, con una preocupación genuina. Él insiste en que estará aquí por largo tiempo, porque él es más que una celebridad embajadora de la buena voluntad que llegó para sonreírle a los niños huérfanos por un día. No hay atajos. No hay trucos. Su equipo dice que lo que hace es simplemente seguir su corazón.

La estrella ganadora del Óscar se ha despojado de su vida de confort y glamour por el humilde papel de trabajador asistencial. En las últimas semanas ha ayudado a organizar a 50,000 haitianos desplazados que viven en el campamento surgido en el campo de nueve hoyos ubicado en el una vez exclusivo campo de golf de la capital.

En un campamento sobre la cima de una colina que ofrece una vista de Puerto Príncipe, la estrella de películas como “Dead man walking”, “Mystic River” y “Milk” pudo haber sido un huésped aquí en años anteriores, sorbiendo ponche con ron en una tarde cálida. En estos días duerme en una tienda junto con un equipo de trabajadores. Ellos usan camisas azules con el logo de J/P HRO y responden sólo a Penn. Cansado de la burocracia común en las Naciones Unidas o en otras agencias humanitarias mayores, Penn dice que J/P HRO a menudo es capaz de hacer las cosas más rápido.

El trabajo del grupo comenzó en las semanas después del terremoto con el desembolso de ayuda críticamente necesitada. Luego Penn se dio cuenta de la tremenda necesidad en el hacinado campamento del club de golf, uno de los más grandes de la ciudad y completamente vulnerable a la lluvia y los aludes de lodo.

Penn llamó a la 82 División Aerotransportada del Ejército de EU para que ayudaran a asegurar las colinas con grava y sacos de arena. ”Pronto estábamos manejando un campamento”, dice. “Entonces encuentras que has llenado un hueco y sientes la responsabilidad de seguir adelante”.

Penn recorre la zona en un carrito rojo de golf que dice “SEAN PENN” en el frente, aunque pocos lo reconocieron cuando llegó por primera vez. Incluso ahora, algunos residentes del campamento difícilmente reconocen el nombre. ”Sí, lo sé”, dice uno. “Es el primer esposo de Madonna”.

Penn, que cumplirá 50 este año, encontró como algo liberador poder moverse sin paparazzis o admiradores pidiendo autógrafos. Era el anonimato que una vez conoció al crecer en el sur de California, antes de su destacado papel en la película de 1983, “Fast Times at Ridgemont High”.

Entonces vino su matrimonio turbulento con Madonna, una andanada de malas noticias en los periódicos y un tiempo en la cárcel por golpear a un extra que trató de tomarle una foto.

Pero no es un mal chico aquí en el club de golf Petionville. ”Él nos ayuda. Es un buen hombre”, dice el residente del campamento Junior Vital. El grupo de Penn reubicó a unas 5,000 personas en terreno más seguro en el Corail, un nuevo campamento temporal en las afueras de la ciudad, donde las inundaciones y el lodo no los amenazarán en la temporada de lluvias.

En el paisaje de la tragedia de Haití, los logros de Penn son pequeños. Pero las cosas no suceden rápido aquí. En ese contexto, los trabajadores humanitarios aquí valoran grandemente sus éxitos. ”Esta medida fue un curita”, dice Penn. “Pero significa mucho para nosotros”.

Sin embargo, reconoce que es un novato en el negocio de ayudar. Y un posible estallido de difteria no es el tipo de emergencia que un actor de Hollywood está acostumbrado a atender.

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.





Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris