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Los enamorados celebrarán hoy en muchos países del mundo, cada cual a su manera. En Japón se acercan al monte Fuji para tocar tres veces la Campana del Amor, mientras pronuncian el nombre de su pareja. De esta manera creen que su relación será más sólida y duradera.

En Corea las chicas regalan chocolates a los novios, amigos o compañeros de trabajo, y un mes después ellos responden al regalo con algún detalle.

En Latinoamérica esta fecha se celebra por todo lo alto. En Brasil, por ejemplo, se adornan las calles. Los mexicanos, argentinos y chilenos son los de más detalles, con la entrega de globos, bombones, cartas de amor y lencería.

En Gran Bretaña los niños participan de la celebración. Dedican canciones de amor a las parejas, y estas les retribuyen con dulces, regalos o dinero.

En Dinamarca se entregan, a la persona más querida, flores blancas prensadas, que simulan copos de nieve. También los hombres envían cartas graciosas a las mujeres, sin más firmas de identidad que un punto por cada letra que lleva su nombre. Si aquella que recibe la carta acierta quién fue su «Valentín», él la recompensa con un huevo de Pascua.

Para los que aman y se aman este poema de Pablo Neruda

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PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos
           árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis
          brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

El origen del Día de los Enamorados

La festividad de San Valentín es una antigua tradición que se celebra el 14 de febrero en una buena parte del mundo, mas su origen es confuso, por lo que hay múltiples explicaciones donde se entremezclan historias religiosas, costumbres y leyendas.

El obispo Valentín desposaba parejas de cristianos a escondidas del emperador romano Claudio, quien decretó la pena de muerte para quienes contravinieran su orden en contra

Se habla de varios santos con ese nombre a lo largo de la historia, pero la versión predominante es la de un sacerdote llamado Valentín nacido en Roma durante el siglo III. Allí gobernaba Marco Aurelio Flavio Claudio (conocido como El Gótico), déspota emperador romano que desarrolló una de las más duras persecuciones contra los cristianos, muchos de los cuales murieron por negarse a renegar de sus creencias. Claudio sostenía que los cristianos no debían casarse entre sí y dispuso, por decreto, la pena de muerte a quienes le contradijeran.

Fiel a su creencia de que los decretos que prohibían el casamiento eran indignos y que el pueblo debía amar a Dios y contraer matrimonio libremente, el entonces ya obispo Valentín casaba a las parejas en forma secreta, obsequiándoles una flor blanca que significaba pureza y fidelidad. Cuando lo descubrieron, fue detenido y llevado ante el emperador, quien intentó convencerlo para que se alejara del cristianismo y se sumara al imperio romano, otorgándole a cambio el indulto por haber desobedecido su orden. Valentín no aceptó y Claudio le sentenció a muerte, que consistiría en tres actos: paliza, piedras y, finalmente, la decapitación. Pero antes fue a la cárcel, y en el punto donde la leyenda se entremezcla con la historia, aparece en escena Julia, la hija del carcelero Asterius, de la cual, cuentan, Valentín se enamoró. Julia era ciega de nacimiento y muy hermosa. El sacerdote le enseñó aritmética y le habló del mundo y de Dios, todo con tanto amor que, según dicen, un día logró ver con sus propios ojos.

Finalmente, Valentín fue ejecutado un 14 de febrero (no hay certeza del año, aunque se supone que sucedió entre el 269 y el 271) y fue enterrado en lo que es hoy la iglesia de Práxedes, en Roma. La leyenda dice que Julia plantó allí un almendro con flores rosadas, árbol convertido en símbolo de amor y amistad. En el siglo IV, el Papa Julio mandó construir en la Via Flaminia (más allá de la actual Piazza del Popolo) en el lugar donde había muerto el santo, una basílica que recibió durante muchos siglos las visitas de los peregrinos que querían venerar las reliquias.

Otras versiones sitúan el origen del Día de los Enamorados en algunas tradiciones paganas del Imperio Romano. Es el caso de la fiesta llamada Lupercalia que ellos realizaban entre el 14 y el 15 de febrero en honor a Lupercus, dios de la fertilidad (los griegos le llamaban Pan o Faunus) y a Juno, diosa del matrimonio.

A mediados de febrero, los antiguos romanos se reunían en una gruta llamada Lupercal, en el monte Palatino donde, según ellos, Rómulo y Remo, los fundadores de la ciudad, habían sido amamantados por una loba. Allí sacrificaban animales en honor de Lupercus, y, al terminar, unos jóvenes ataviados con la piel de las víctimas (llamada februa, que es el origen del nombre del mes), recorrían la ciudad azotando con látigos a las mujeres que se situaban a su paso, convencidas de que el dios de la fecundidad les concedería así su gracia.

Otras costumbres populares asociadas al día de San Valentín tienen su origen en Inglaterra y Francia donde, durante la Edad Media, este día se consagraba especialmente a los enamorados, y era ocasión especial para escribir cartas de amor, enviar regalos y poesías.

La celebración del Día de San Valentín se oficializó en 1969, año en el cual el calendario católico estableció el día 14 de febrero como de recordación del sacerdote romano santificado. La combinación de las historias, leyendas y celebraciones del pasado convirtió esa fecha en el Día de los Enamorados.

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