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 Los cables cifrados de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos que le dieron la vuelta al mundo con el concurso de Wikileaks no dejaban dudas del papel que le concede el Departamento de Estado y su representación en La Habana a ciertos usuarios del ciberespacio, que se han beneficiado de la intención y los miles de dólares y euros de los fabricantes de líderes, empeñados en apostar por caras nuevas.

Las casas matrices de la contrarrevolución en territorio norteamericano o europeo, con la asesoría y fondos de agencias de inteligencia o “caritativas” de ambas partes del Atlántico se gastan cientos de miles en engordar proyectos “encubiertos” pero demasiado evidentes, que priorizan el empleo de las nuevas tecnologías en el viejo empeño del anexionismo.

Pruebas abundan de cómo dotan de todos los recursos necesarios a los escogidos, para que se ocupen después de multiplicar los mensajes convenientes a Washington.

Cuando el show macabro de las huelgas de hambre y los “presos políticos” se desinfla, cuando las noticias de los premios aburren y se desclasifica la verdad, algo había que hacer para sobrevivir, y los acontecimientos en Egipto iluminaron a los sagaces tanques pensantes del ciberespacio.

Las realidades son tan diferentes y lejanas, sin embargo quienes son por lo que les pagan y no por lo que sienten, tienden a creer que todo es igual, que se puede inventar una isla virtual, que se puede derrumbar cuando un mercenario aprieta una tecla de su ordenador teledirigido por control remoto desde lejanos servidores.

Claro que la vida de banquetes, bancos y embajadas; las ciberborracheras y los “tea party” de damas y caballeros con más billetes que cerebro tienden a corroer las almas.

Leyendo el periódico “El País” de España, el elegido hispano de Wikileaks, instrumento abiertamente contrarrevolucionario, al servicio del gobierno mundial y de sus cibermercenarios, uno no sabe si está ante el “Diario de las Américas” de Miami de los años 60, la Cubanísima WQBA de los 70 o la Voz de los Estados Unidos de América de los últimos 50 años.

La intención y los adjetivos son idénticos; atados al pasado y al anexionismo como los globos para transmitir o que se transmiten por las emisoras de la Florida.

Los autores de los trabajos seudo periodísticos a pesar de los premios, vergüenza para la Academia de la Lengua y el periodismo hispanoamericano, son presas de su vida virtual, en la vitrina del ciberespacio y las comodidades de los euros.  Viven más cerca de El Cairo que de las calles de La Habana, iluminada recientemente por miles de antorchas martianas que cantaron y marcharon en manos de la juventud rebelde y comprometida de la Cuba revolucionaria del Siglo XXI.

FUENTE:  Artículo de Juan Fernández López

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