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Dicen que la maldición de que fue víctima uno de sus primeros miembros podría durar hasta hoy

El apellido genuino es Enríquez, no Manrique. Además, son bolivianos, no colombianos. La historia de tan sorprendente linaje empezó hace casi 100 años y según parece alguno de los descendientes aún está dando guerra. Tal y como se los voy a contar.

¡Qué familia! ¡Qué negocios! ¡Cuánta invención! Así exclaman muchos incrédulos frente a los incontables y diversos avatares que llevan y traen por la vida y hacia la muerte segura a los personajes de La saga, negocio de familia, una producción que goza de gran acogida de público desde sus primeros capítulos, a semejanza de lo sucedido en los años 90 del pasado siglo con Aguas mansas, también colombiana, cuando fue proyectada en las pantallas chicas.

Frank Ramírez y María Helena Doering
Frank Ramírez y María Helena Doering, como Manuel Manrique
y Marlén. Actuaciones de primer nivel (Internet)

La saga…, emitida en las tardes y retransmitida de noche por el canal Multivisión, no es justamente una telenovela y en esencia tampoco un serial. Sin embargo, los personajes, hechos y peripecias que narra no resultan delirios o fantasías de su guionista, porque está basada en hechos verídicos. Desde el bisabuelo Tomás hasta, quizá, el mismísimo Iván Zapata. Eso sí, como en la realidad eran tantos los miembros de la casta, así como quienes orbitaban alrededor de ellos, fue preciso excluir a una parte.

Como asegura en sus crónicas el sitio web la-saga-negocio-de-familia-real.blogspot.com, Ernesto Enríquez, patriarca de tan enigmático linaje, vivió en los años 30 del pasado siglo en La Paz, la capital del país andino. Era un aristócrata venido a menos que cayó en la ilegalidad, esencialmente por asuntos de la política local de entonces. Iniciado en los pormenores del “oficio” (robos, atracos, juego ilegal, trampas, estafas y falsificaciones) cuando era casi un niño, fue no obstante su hijo Rosendo quien en verdad inauguró la historia que marcó a toda la estirpe involucrada en un negocio familiar fundado y asentado sobre todo en las apuestas.

Jugador versado y empedernido, Rosendo Enríquez (el Pedro Manrique de la producción televisiva) vivió como tahúr y consiguió afinar su “trabajo” y triunfar en el bajo mundo. Aunque afirman que se enroló en el ejército y participó en la Guerra del Chaco (que de 1932 a 1935 enfrentó a Bolivia y Paraguay por la tenencia de buena parte de la región de ese nombre ante la supuesta existencia de petróleo) y que estudió y se hizo maestro, lo cierto es que el desenfreno del juego circulaba muy vigorosamente por sus venas y le reportaba mucho dinero.

Luego cayó en el mundo de las apuestas, “especialidad” en la que inició una suerte de sociedad junto con su amigo y compañero del ejército Miguel Romano, excelente boxeador, según cuentan. Miguel ponía los puños y Rosendo se ocupaba de las apuestas.

La maldición

Diego Cadavid
Diego Cadavid se convirtió en el primer actor colombiano en
realizar tres papeles protagónicos con diferentes personajes
en una misma producción: Pedro, Manuel y Óscar Manrique
(Internet)

Como el Pedro y la Marlén de la novela, Rosendo vivió un ardiente y contrariado romance con la que fue el amor de su vida, y resultó a su vez maldecido por su compinche, al que chantajeó y traicionó por una pelea arreglada de antemano. Así, lejos de aceptar el dinero que le ofrecía Rosendo, Romano, choqueado por la traición, sufrió un ataque cardiaco. En su lecho de muerte, el boxeador lo maldijo: su familia, sus generaciones y descendientes iban a morir jóvenes. Todos los varones Enríquez iban a vivir un calvario, hasta desaparecer por completo.

El anatema sugestionó a Rosendo. Imaginaba los más extraordinarios pormenores del cruel destino que lo marcaba, también a sus hijos y a toda su descendencia. Lo más increíble es que la maldición se fue cumpliendo, escoltada por una cadena de desgracias.

Juan Carlos Vargas
Juan Carlos Vargas interpretó a Armando Manrique joven y
a Iván Zapata. Insuperable en ambos papeles (Internet)
Tuvo Rosendo varios hijos: Hermilio, Francisco, Wilfredo, Edmundo y Johnny, el menor. Por los años 70 el negocio (apuestas, contrabando, un bar y un almacén) lo tenían bajo control Hermilio y Francisco, por entonces ya respetados y hasta célebres en el bajo mundo; en la telenovela, Armando y Antonio.

Aunque un hermano no asesinó al otro, Wilfredo y Edmundo, hermanos también de los antes dicho, murieron en raras circunstancias. El primero ultimado a la salida de un bar, tal vez asesinado por competidores del ramo. Entretanto, el joven Edmundo, estudiante universitario, con ideas de izquierda y que objetaba los negocios familiares, fue liquidado justamente por razones políticas.

El Manuel y el Tito de la novela

Nicolás Rincón y Martina García
Nicolás Rincón y Martina García,
Tito y Helena en los años 80
(Internet)

En La saga… aparece otro asunto que aconteció de forma parecida, aunque de él existen dos versiones: una es que Hermilio contrajo nupcias con la viuda de su hermano Edmundo, tal como sucedió con Armando y Pilar en la ¿ficción? Según la otra, engañado y abandonado Hermilio por su esposa, con quien contrajo nupcias fue con una cuñada, la hermana de su consorte.

Frente a los dramáticos sucesos y sus pérdidas, Rosendo recordaba pesaroso que por vil dinero le había hecho perder la pelea a Romano. Por ello, aunque el negocio marchaba viento en popa, se preguntaba: ¿Hasta qué punto se cumpliría en verdad la maldición?

Y muere el propio Rosendo, todo parece indicar que asesinado, ante lo que quedan al frente del negocio sus hijos Hermilio y Francisco. Hermilio tuvo amplia y varonil descendencia: Wilfredo, Ronald, Marcos, Richard y Rodny. Aunque dicen que fue Francisco, Armando en la telenovela, quien lo fortaleció y fundó su propia familia, el que detentaba el control del negocio, al quedar los descendientes de Hermilio relegados a obedecer a sus primos, tal como en La saga… con Armando, respecto a Manuel y Tito.

Otra versión de los sucesos, reales pero sujetos a la fantasía popular, rectifica lo anterior. Que fueron los hijos de Hermilio (Marcos, Ronald y Wilfredo) quienes, junto con el hijo mayor de Francisco, José Antonio, consolidaron el negocio de familia. Si bien hubo problemas y desacuerdos entre ellos, alcanzaron a manejar una auténtica mafia en la ciudad de La Paz, bajo pretendidas labores legales.

Protagonistas de la telenovela La saga…, en los años 70
La familia en los años 70, cuando Pedro y sus hijos Armando
y Antonio funcionaban como una empresa. El papel de
Antonio corrió a cargo de Luis Fernando Bohórquez

Y en lo que casi sin duda pareciera atisbarse el cumplimiento de la maldición de Romano, justo a inicios de este siglo acaecieron decesos frecuentes y sorpresivos. Muere en el 2000 uno de los primos, Miguel Enríquez, de una embolia. En 2001 le toca a Marcos, hijo de Hermilio, y en 2002 fallece Carlos, el más pequeño y más querido de los vástagos de Francisco, lo que casi enloquece a su padre. En 2005 fallece Johnny, hijo menor de Rosendo.

José Antonio, el mayor de los hijos de Francisco, era muy joven en los años 80, cuando Adalmir, diez años menor, era casi un niño. No es hasta comienzos de este siglo que pudo entrar ya Adalmir en el negocio, aunque con solo 16 años. Aseguran que intentaron evitarlo, pero más allá de los deseos, la vida, las circunstancias, el llamado de la sangre y el destino hicieron lo suyo.

Según fuentes rastreadas en Internet, en el presente debe de estar Adalmir encargado de los asuntos familiares y quizá sea el último eslabón de esta estirpe. “Lo imaginamos —puede leerse en el mencionado sitio— orgulloso, prepotente, fuerte, valiente, osado, un asesino en potencia, incapaz de perdonar, pero capaz de querer y de amar”. Y amplía: “Vendría a ser una suerte de Manuel Manrique, osado, valiente, dueño de la situación, siempre queriendo manejar a todos. Pero se encuentra en el tiempo de Oscar Manrique, él es algo así como una unión de dos épocas distintas. Habrá que ver qué deparará el destino a esta familia, que en la telenovela desaparece, en cumplimiento de la maldición de Romano”.

Intriga sobre intrigas

Intérpretes de la familia en la telenovela La saga… en los años 80
La familia en los 80. Otra generación a cargo de los negocios.
En general, las actuaciones han sido excelentes

¿Cómo y por qué una familia que ha protagonizado muchos delitos a lo largo de cinco generaciones, y no obstante goza de impunidad, “vendió” su historia? Esa es otra gran intriga.

Todo indica que en razón de la Feria Nacional del Libro que tuvo lugar en La Paz, Bolivia, en 2004, escritores de guiones televisivos colombianos que fueron invitados a un evento colateral celebrado en la provincia de Murillo conocieron a don Francisco Enríquez, “quien tenia una novela escrita en borrador, novela que iba a ser presentada en la feria, en la sección de aficionados a la escritura”, admite el administrador de la susodicha página digital.

Añade que a los productores y escritores allí presentes les interesaba conocer historias “hechas por gente nueva, no exclusivamente por escritores renombrados”, y de todo lo visto y presentado la que se llevó las palmas fue la novela de Francisco Enríquez. “Nos pareció única, increíble, magnifica, y sin pensarlo dos veces nos interesamos por iniciar un proyecto mucho más grande que la edición de libros; nos interesó para algo más”.

Robinson Díaz interpretando a Tomás Enríquez, en los años 30
Tomás Manrique, el patriarca, en los años 30.
Lo interpretó Robinson Díaz

Acepta a las claras que en una película no se hubiera podido detallar la realidad y la magia de la historia de los Enríquez. Ocurrió entonces que Dago García y Juan Carlos Villamizar (productores de la telenovela que, como ya dijimos, no lo es propiamente) participaron del hallazgo a las escritoras colombianas Solange Acosta y Paola Arias, quienes se entusiasmaron con el proyecto y con ahondar en la historia. Querían, en fin, adaptarla a la realidad colombiana y hacer otros ajustes.

Cuando pasan por las pantallas cubanas los últimos capítulos de La saga…, nos asaltan muchas preguntas: ¿Seguirá el destino de esta familia regido por la fatalidad? ¿Cuántos más peligros les acechan? ¿Continuarán las muertes y asesinatos? ¿Hasta donde llegará el derroche de armas y violencia? ¿Habrá cesado esta suerte de martirio? ¿Podrá alcanzar la vejez alguno de los miembros de esta familia atrapada en casi cien años de maldición?

TOMADO DE BOHEMIA DIGITAL

FUENTE: MAGGIE MARÍN (inter@bohemia.co.cu)

(04 de mayo de 2011)

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