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El diario español El País, del Grupo PRISA, ha publicado un editorial donde -bajo el título “Orden de callar“- intenta convertir a su ex corresponsal en Cuba, Mauricio Vicent, en un mártir de la libertad de expresión.

El editorial acusa al gobierno cubano -que decidió no renovar  la acreditación de Vicent como corresponsal de El País en la Isla- de pretender privar de “una información veraz y contrastada” a quienes se interesan por la realidad de la nación caribeña.

Sin embargo, no ha existido mentira, calumnia o campaña mediática contra Cuba a la que Mauricio Vicent no haya aportado su firma. Precisamente, uno sus momentos estelares  este año fue el lanzamiento, sin contrastar fuentes, de la noticia “Muere disidente cubano tras golpiza policial”, que deviniera en mentira desenmascarada por médicos, testigos y familiares de la supuesta víctima, con los que aún cuatro meses después de su “veraz” artículo, Vicent no se ha tomado el trabajo de cruzar una palabra.

Pero más allá de los temas estrictamente políticos, un par de perlas permiten apreciar la información “veraz y contrastada” del señor Vicent sobre Cuba.

El pasado 11 de junio, reseñando la visita a la Isla del vicepresidente chino, Mauricio Vicent  escribió “hay planes para acometer la remodelación y ampliación de las capacidades de la refinería de Matanzas”. Asombroso, pero los más de veinte años de permanencia en la Isla no le permitieron al corresponsal de El País enterarse de que en toda la provincia cubana de Matanzas jamás ha existido una refinería.

En Agosto de 2010, a propósito de una de sus obsesiones -el morbo con la salud de Fidel- Vicent regaló una perogullada a sus lectores que revela su profundo desconocimiento de nuestro país y la carencia del más elemental sentido común: “el sangramiento fue tan severo que tuvo que ser trasladado a La Habana en una aeronave” [desde Holguín], como si lo acostumbrado fuera otra manera -en el siglo XXI y tratándose de un jefe de estado- de recorrer los alrededor de mil kilómetros que separan ambas ciudades.

Y así, podríamos seguir hasta el infinito con las hazañas periodísticas del mártir de PRISA, el Grupo Mediático que despedirá 2500 trabajadores y que cuenta en su haber con la exclusión de figuras como el ensayista Ignacio Ramonet, el escritor Alfonso Satre, el crítico literario Ignacio Echeverría, y más recientemente el periodista Carlos Carnicero.

Juan Cruz, alguien a quien se señala como responsable de la prohibición de los ecritores residentes en Cuba en el catálogo de la editorial Alfaguara -también propiedad de PRISA- y habitual recaudador de firmas en campañas contra la Isla, ha escrito en su blog sobre la labor de Vicent: “Su información ha sido vital para que entendamos el devenir social de Cuba”. Y quizás sin saberlo, Cruz nos ha dado la clave para comprender por qué hace algún tiempo él mismo cometió el dislate de confundir a Elpidio Valdés -uno de los el personajes más populares del imaginario cubano- con un vampiro. Parece que tanta lectura de los despachos de su admirado colega puede tener efectos tan divertidos como ese.

Así, gracias a una nota sin firma, el artículo de Juan Cruz, el combativo editorial de PRISA y la protesta de esa filial de la CIA que es Reporteros sin fronteras, Mauricio Vicent ha ascendido al martirologio del periodismo como lo entienden las transnacionales de la información. Por el medio, han estallado las escandalosas revelaciones de Wikileaks sobre Yoani Sánchez, el Frankenstein que Vicent contribuyó a armar y que a la larga hace ya un tiempo había venido desplazándolo de sus cada vez más escasas coberturas, y uno se pregunta si todo este escándalo no es precisamente para ocultar lo que El País -poseedor de los cables del Departamento de Estado desde fines del 2010- ya conocía hace buen rato.

Dicen que nadie sabe para quién trabaja, pero al menos Mauricio ha tenido el privilegio de enterarse, luego de haber cumplido disciplinadamente la “Orden de callar” sobre ese y muchos otros asuntos.

(Tomado de La pupila insomne)

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