Blogia
Tele y Radio

S.O.S. Academia: un espectáculo con cimientos muy débiles

S.O.S. Academia: un espectáculo con cimientos muy débiles

Escrito por  Yuris Nórido / Cubasí

Ha pasado muchas veces: la Televisión Cubana transmite algunos productos en horarios para los que no fueron concebidos. Alguien pudiera pensar que los programas son buenos o malos, independientemente de la hora en que se transmitan, pero la verdad es que los espacios condicionan de alguna manera al público.

S.O.S. Academia, por ejemplo, fue pensada para las 7:00 p.m., para la franja juvenil de la programación… y terminó ubicada a las 10:00 p.m., horario habitual de series más «serias». A todas luces, el público no es el mismo. O quizás sí, ya sabemos que las fronteras etarias y sociales suelen ser vulneradas una y otra vez. Pero lo que sí resulta indudable es que uno no espera lo mismo por la tarde que por la noche. Las «series juveniles» de las tardes pueden permitirse inverosimilitudes y descontextualizaciones que difícilmente se tolerarían en las series más «serias» de la noche. Es una ley no escrita.

No vamos a justificar las debilidades dramáticas y de concepción de S.O.S.… con este cambio de horario. También es cierto que los productos audiovisuales tienen valores y defectos que van más allá de las políticas de emisión de los canales que los transmitan. Pero está claro que la trascendencia de esos defectos (y también sus virtudes) sería menor. El público y la crítica valoran ahora a S.O.S.… como una serie nocturna, con una escala algo diferente.

Es evidente que la obra apuesta por una televisión que no se suele hacer entre nosotros. Hay una pretensión de espectacularidad, un celo con la puesta en pantalla, una vocación integradora que no abunda en las producciones nacionales. Pero al observar la debilidad de muchos de sus presupuestos, se llega a pensar que se ha querido cambiar más por pura reacción que por potencialidades intrínsecas.

¿Por qué se insiste en el contexto, si la serie lo transfigura sin mucho orden ni concierto? Constantemente se nos dice que la historia sucede en Cuba, pero es imposible que algo así ocurra en este país. No hay ni puede haber aquí compañías como esa, por varias razones obvias: la lógica del panorama de la danza y el espectáculo en Cuba no es absolutamente comercial-competitiva (siempre hay móviles más artísticos); los integrantes de las agrupaciones cubanas suelen venir del sistema de escuelas de arte, no son escogidos por casting entre aspirantes de la calle. Mejor hubiera sido que ignoraran el contexto, algo que se ha hecho muchas veces.

 

SOS-02

 

Claro, aquí también resultan inverosímiles otros aspectos más esenciales: Es imposible ensayar y tomar clases de ballet con ese vestuario casi barroco (a este cronista le parece incluso feo, pero para gustos…), con tanta tela no se pueden corregir posturas, malas posiciones; el «plan de estudio» parece más carcelario que educativo, hay un ambiente represivo que poco tiene que ver con el medio; tampoco se puede pretender que en unos pocos meses un elenco consiga un nivel de profesionalidad que lo ubique entre los mejores del país.

Algunos podrán decir que una cosa es la realidad y otra la ficción. Se puede apelar a la tan llevada y traída «abstracción», pero hasta un punto…

Los conflictos, que son presentados con mucho bombo y platillo, resultan bastante superficiales. Se arman grandes alharacas por verdaderas tonterías. Los personajes están concebidos como arquetípicos (como en el melodrama tradicional), pero terminan careciendo de matices. Muchas de las peripecias están mal calzadas dramáticamente: son simplemente consecución de actos poco enlazados e injustificados. La violencia física y verbal es por lo general banal y vacía de verdaderas implicaciones.

En los capítulos suele haber rupturas de la unidad dramática. Un personaje que está en medio de un conflicto muy grave puede aparecer en la próxima escena como si no estuviera pasando nada con él, encantado de la vida. Y a veces da la impresión de que se escamotean escenas importantes. No hablaremos mucho de las transiciones forzadas que tienen que experimentar algunos personajes.

Tampoco nos detendremos mucho en la concepción escenográfica, que está muy por encima, en la factura y calidad de los diseños, de la media de nuestra televisión. Apuntaremos, eso sí, que aquí también hay algunas incoherencias entre los exteriores y los interiores: la gran escalera del Centro Asturiano, por ejemplo, no cabe dentro del palacete de la Finca Las Delicias.

La música y las coreografías, tan importantes en la trama, no están a la altura. Se intenta hacer una serie «pop». Pero el pop de S.O.S.… luce algo viejo. No suena como el pop de ahora mismo, tiene ciertas resonancias de los años noventa. Los diseños coreográficos son también bastante planos, algo que no se puede disimular con la edición vertiginosa, el aparataje lumínico ni la cámara en mano. En fin, lo apuntábamos: se quiso transgredir, pero al final no se transgredió mucho. Hay una vocación de rebeldía que no encuentra raíces: rebeldía sin causa. Y también hay «homenajes» muy evidentes a ciertas series extranjeras: esos movimientos de la cámara en exteriores, enfocando el palacete, se parecen más de la cuenta a los de El Internado…

 

SOS-01

 

Con todos sus desaciertos, S.O.S. Academia ha demostrado de todas formas una voluntad de revolucionar una televisión sosa y bastante chapucera: esa que suelen hacer no pocos de nuestros realizadores de dramatizados. La serie está contada con buen ritmo, la puesta en pantalla es pirotécnica, el balance entre temas musicales y acción dramática está bien conseguido, la iluminación es buena, la fotografía es interesante y cuidadosa, los decorados son muy plásticos, el doblaje de las canciones es más que correcto… Es bueno ver a tantos jóvenes actores, más allá de ciertos desniveles. Está claro que algunos son más viejos que los personajes que interpretan, pero en sentido general, la selección fue acertada.

Hay espectáculo, eso está claro. S.O.S. Academia debe haber cautivado a un público que añora productos mejor empacados, más cercanos a lo bueno (y no tan bueno, pero entretenido) que se hace en el mundo. Lástima que los cimientos sean tan débiles. Se pudo haber construido un edificio más sólido.

0 comentarios