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¿En qué estaría pensando Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, cuando  en medio de un agradable paseo por la zona colonial de La Habana, entre tantas edificaciones hermosas e históricas para contemplar, optó por entrar al Salón Correo y, decididamente, someterse a un corte de cabello?

De seguro que en eso mismo, en que su cabeza necesitaba unos golpes de tijera ante tantas y tantas visitas, encuentros y entrevistas que debería sostener durante su breve estancia en la Isla. Es que si hay un hombre bien ocupado en este mundo en su afán de mediar constantemente en conflictos de múltiple naturaleza, es este hombre tan sencillo como responsable y respetado.

“Estaba algo ‘peluito’”, confiesa Josefina Hernández, una mujer con más de treinta años en el oficio, que se niega a conceder entrevistas y posee una sonrisa tan seductora (me gustaría encontrar otra palabra más fuerte) que con ello dice muchas cosas sin hablar.

Hay que insistirle a Josefina que en esos instantes le arregla el peinado a otro caballero y por la que aguardan no menos de cinco damas de la comunidad, para que cuente algo y sin asomo de burla, sino más bien de sincero y pronto piropo le hago saber que es tan hermosa como la afamada vedette cubana Rosita Fornés, en sus mejores tiempos.

Ello alegra a cualquier mujer, la enaltece. Mis compañeros de equipo ya logran arrancarle alguna que otra confesión mientras trabaja. “Por ambos lados de la cabeza estaba ‘peluito’. Le dije que si quería pelarse y me respondió que sí. Luego, al terminar, quería pagar. Le dije que no y él insistió con su secretaria que sí, que iba a pagar. Y pagó”.

En el espejo donde los clientes deben dan conformidad por el trabajo realizado, esta modesta mujer que aún creo no acaba de sopesar el momento y la acción en la que fue protagonista, tiene tres de las fotos con el Secretario General. Le preguntamos la razón de tantas risas y apunta que eran por las ocurrencias de Eusebio Leal, Historiador de la ciudad y quince títulos más.

El Salón Correo es un sitio en extremo sencillo si lo comparamos con muchas peluquerías unisex de este mundo. Posee cuatro sillones y sus empleados le rentan el local al gobierno. “Cada cual tiene sus clientes”, dice.

Minutos con muchas risas y bromas con Josefina, que las asimila y, además, las promueve. Finalmente no podía faltar preguntarle qué se hizo con el pelo de Ban Ki-moon, si alguien lo recogió y se lo llevó a casa u otro sitio. Volvió a sonreír y confirmar que nadie lo tocó, que cada vez que alguien se corta el pelo, se barre y queda limpio de nuevo el local.

¿El Secretario General de la ONU habrá de recordar este episodio en La Habana? Josefina no lo olvidará nunca. Ban Ki-moon dejó una estela de buenos recuerdos en cada sitio donde estuvo. Lo mismo encima de una tribuna en la pasada Cumbre de CELAC, que en conversaciones privadas, que con esos muchachos latinoamericanos que estudian gratuitamente la carrera de Medicina y a los que les advirtió que se trataba de la mejor escuela del mundo que él hubiera visitado.

Foto: AFP.

Foto: AFP.

Foto: AFP.

Foto: AFP.

Foto: AFP.

Foto: AFP.

Foto: AFP.

Foto: AFP.

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Salón Correo. Foto: Progreso Semanal.

(Tomado de Progreso Semanal)/ Tomado de CubaDebate

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