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Por estos días, los últimos del 2015, la cotidianidad de los pueblos y ciudades cubanas cambia, un ajetreo inusual rompe con la monotonía de los lugareños.

Muchas personas se apuran en terminar de pintar o remozar sus viviendas, mientras otras buscan los avituallamientos necesarios para las fiestas tradicionales, y no falta quienes  se trasladan a las casas de sus padres, o abuelos, bien desde otras provincias, o procedentes de distantes naciones.   

En Cuba las festividades por fin de año tienen un marcado matiz familiar, de manera general la reunión se realiza en la casa de los padres y abuelos, hasta donde llegan hijos, nietos, sobrinos, en fin una pléyade de descendientes, quienes los agasajan de manera especial.   

Durante esos días resulta frecuente que los hombres asuman la cocción de los alimentos, que generalmente consiste en cerdo asado, arroz congrí, yuca con mojo, y ensalada.   

El 31 de diciembre, como aderezo a las reuniones de familia está el cumplimiento de diversas tradiciones para augurar buenaventura en el año entrante, las que varían según las regiones del país y los intereses personales. 

Quienes desean tener mejoras económicas deben recibir el año con billetes de diversas denominaciones dentro de los zapatos.   Prácticas más específicas incluyen quemar un muñeco, esta acción supone que todos los males del año anterior se acaban.

También hay quienes suben escaleras, mientras otros lanzan cubos de agua a la calle, para “ que enero llegue limpio”,    Como parte de las raíces afrocubanas, en la última noche, muchas personas que buscan amor y compañía visten prendas interiores rojas o amarillas; no falta quienes barren sus casa de adentro hacia afuera  para botar todo lo malo.   

Aunque la familia se reúne en el hogar, luego de las 12 de la noche es común ver a los jóvenes asistir a los diversos espectáculos que se conforman por toda la geografía isleña, por doquier orquestas de alto calibre ofrecen diversión al pueblo trabajador que celebra  el nuevo advenimiento de otro aniversario de la Revolución.

Mientras la mayoría de los cubanos se divierten, una buena parte trabaja para garantizar las festividades, este grupo incluye a médicos, enfermeras, gastronómicos, y artistas de las diferentes manifestaciones.   

Un papel protagónico tienen los encargados de mantener la higiene y limpieza de los sitios dedicados al disfrute, ellos son los barrenderos, quienes escobas en mano esperan el final de cada fiesta para retribuir a la comunidad el orden y pulcritud que debe tener.   

No importa que función se realice ni en que lugar de Cuba se viva, cada fin de año es motivo de celebraciones, la alegría inunda los pueblos, las gentes ríen felices y con el brindis de media noche se besan y desean salud, amor y prosperidad para todos, es  esa una noble manera de comenzar a andar por otros 12 meses. / Marta Hernández Casas-ACN-Villa Clara.