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Gustavo Fernández-Larrea alcanzó un Caracol durante la última entrega del premio, no por su trabajo como director de ¿Jura decir la verdad?, sino por su proyecto en solitario: El selecto club de la neurona intranquila, que durante el último verano acaparó la atención de los capitalinos. Las noches de domingo en el Canal Habana ya no fueron las mismas cuando el paquete de 13 programas tocó a su fin. El retorno se produjo ahora en Cubavisión, al alcance de todos los cubanos.

—¿Por qué un programa de participación como proyecto personal?

—Me interesa demostrar que se puede ser una persona inteligente, dueña de conocimientos, sin estar reñido con la diversión. Conocía, gracias al trabajo del Centro de Investigaciones Sociales de la Radio y la Televisión, que el público estaba ávido de programas de competencia, humor e inteligencia. Y comprendí que mi proyecto venía como anillo al dedo...

—¿Cómo entra el humor en El Selecto club de la neurona intranquila?

—El club... es un ajiaco, hay de todo. Pero una de las consecuencias de la inteligencia es la risa. El humor se sostiene sobre el conocimiento. Si es una competencia de conocimientos, en que se juega más que todo con la inteligencia, pues tiene que haber humor.

—Los programas de participación tienen una larga y tortuosa historia en la televisión. ¿Qué hace la diferencia en El club...?

—No creo que hay nada nuevo. Las formas de expresar son las que pueden ser novedosas. En El club... se trata de quitarse el traje y la corbata y ponerse una camisa más fresca, los tenis, el pitusa... Despojarse del academicismo y conseguir un nivel digno de conocimiento e inteligencia. Entonces la diferencia está en el modo de decir, de abordar los temas.

—Asombra el nivel demostrado por los competidores de El club...

—No aceptamos que ninguna institución nos imponga un competidor. Baudilio y yo confeccionamos un cuestionario que no solo mide los conocimientos de los muchachos, sino también la chispa, el sentido del humor. Divulgamos la convocatoria en las escuelas, a través de amistades. Por eso los participantes son estudiantes en su mayoría. Son increíbles los resultados que obtuvieron algunos. Gente muy joven, con una vasta cultura.

—El club... abarca un espectro am-plio dentro del conocimiento humano. ¿Cómo eliges los temas y consigues la información necesaria?

—El escritor Ernesto Santana confeccionó muchas preguntas para la sección final. Las demás secciones las diseñé yo mismo. Otras fueron apareciendo por casualidad. Hay secciones donde se hacen juegos de palabras, se varían los nombres; pero el juego llega hasta un punto y luego se da al televidente toda la información. Siempre respetándolo y situándolo a un nivel que le permita sentir que conoce lo que se está tratando. Algo interactivo, para que el espectador pueda participar desde su casa.

—El programa, que ahora ha pasado a Cubavisión, no mantiene las mismas características...

—El nuevo proyecto se reduce a 27 minutos, de 45 que tenía. Hay que concentrar todo el volumen de información en media hora, lo cual obligó a eliminar cosas. Las dos primeras secciones se sacrificaron: «Vestir al modelo» y el «Puzzle». También se redujo el tamaño de otras. Uno de los dos conductores desapareció, Andy Vázquez, porque en el paquete inicial tenía una historia que ya completó su ciclo. El selecto club de la neurona intranquila seguirá siendo un plato diferente y con los condimentos necesarios para que quede sabroso.

—¿Crees que el espacio obtiene el mismo resultado en el resto del país?

—La inteligencia no es privativa de Ciudad de La Habana, ni de ninguna región específica, está en todas partes, como una neurona extendida... Y en todas partes hay gente con sentido del humor.

—Más allá de las diferencias formales, ¿existen vínculos entre ¿Jura decir la verdad? y El selecto club de la neurona intranquila?

—¿Jura...?, a pesar de que a veces flirtea con una suerte de humor popular-inteligente, no tiene mucho que ver con el humor de El club..., más pensado desde la inteligencia y el conocimiento. Claro, se puede hablar de un desprendimiento en el sentido de que, tanto Baudilio como yo, provenimos de ¿Jura...?

«Otros miembros del elenco participaron también, como es el caso de Hilario Peña y el propio Ulises, que vinieron como invitados. Desde ese punto de vista, y dadas las relaciones humanas, sí hay vínculos».

—¿Cómo y por qué surge la colaboración con Baudilio Espinosa?

—Yo andaba buscando un conductor que fuese un humorista muy suelto, y que tuviera un nivel cultural adecuado. Entonces me percaté de que Baudilio era mi hombre. Él es filólogo, tiene una cultura amplia, además de poseer un exquisito sentido del humor...

—Háblame del Caracol...

—Nunca he perseguido premios. En los jurados suelen predominar los gustos personales. Pero haber sido elegido no deja de ser satisfactorio. Y si al Premio Caracol le sumas la respuesta popular que ha tenido El selecto club de la neurona intranquila, puedes colegir que el jurado no estuvo desvinculado de la apreciación de los televidentes. Eso me llena de satisfacción y me compromete mucho más con el trabajo.

Fuente:  Leopoldo Luis, publicado en Juventud Rebelde.