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Antonio Moltó y el encanto de la radio

Publicado: 17/06/2009 08:11 por Tele y Radio en Radio
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Una taza de café acompaña la conversación. A simple vista podríamos suponer que Antonio Moltó Martorell es una persona común. Sin embargo, descubro al hombre flexible, de gran capacidad, con oído presto a escuchar y, sobre todo, con una inmensa fábrica donde forja esperanzas: el corazón.

Tiene un talento especial: la palabra. Ha dedicado 41 años de su vida a crear un periodismo crítico, responsable de detectar problemas y de abordar la realidad, para defender lo que la Revolución ha hecho en Cuba.

Un espacio pequeño, convertido en oficina, lleno de innumerables tesoros y recuerdos acumulados en el devenir del tiempo, es el lugar donde nos acercamos al oficio del Periodismo.

Un santiaguero que añoraba descubrir los misterios del cielo, piloteando aviones. ¿Por qué renunció a ese sueño para convertirse en periodista?

Mira, en realidad nunca me propuse ser periodista. Vino como llegan algunas cosas en la vida, de imprevisto. Yo había sido seleccionado para cumplir una nueva tarea de la Revolución, prepararme para piloto. A punto de partir, recibí una noticia sobrecogedora: mi padre había muerto, eso cambió completamente el camino escogido, abandoné la aviación.

Quien me acercó al periodismo fueron los Comités de Defensa de la Revolución, desde su dirección empecé a comunicarme con las masas, esa etapa la recuerdo como una increíble escuela para comprender el alcance de la palabra.

Como periodista y constructor de la realidad, ¿dónde fueron sus inicios?

Mis primeros pasos fueron en las emisoras CMCK y Radio Revolución, en Santiago de Cuba. En esa etapa creé un grupo de corresponsales y un noticiero móvil, íbamos por todos los pueblos captando y transmitiendo las noticias más importantes. Siempre el trabajo en la radio debe tener cierto espíritu de renovación, si no pecaremos de aburridos. En relación con esto tengo un principio: diversificar estilos para no perder interés.

En Radio Rebelde dirigió Haciendo Radio y actualmente tiene un programa de opinión.  ¿Por qué Hablando Claro?

Mientras trabajaba en el semanario Tribuna de La Habana, la radio captó mi atención nuevamente, entonces es cuando nació, hace ya 14 años, este espacio, cuyo nombre muestra claramente su objetivo: decir lo justo sin regaños. El pueblo puede expresar sus problemas, reconocer errores tanto propios como los que no le pertenecen y tiene confianza en la utilidad del programa, que busca soluciones, aunque de manera indirecta.

¿Qué hace diferente a la prensa radial?

Para mí el encanto de la radio está en la inmediatez y en la incorporación de elementos de novedad.

Su permanente labor en la radio y su entusiasmo por este medio, ¿indica alguna preferencia?

No, todos para mí son iguales, cada uno tiene características propias, cuyas posibilidades se comprueban cuando se hace buen periodismo.

¿Cómo asume, desde su posición de Vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la representación de los profesionales de la prensa?

Es el más grande compromiso, dedico mucho tiempo a servirles, aunque no siempre con un discurso complaciente, aporto mi experiencia de trabajo, trato de descubrir las causas de nuestros fenómenos y estimulo los espacios de superación. Promuevo un periodismo “incómodo”, de ese que molesta a la burocracia, los encoleriza, sin confundir, como diría Alfredo Guevara, burocracia con los funcionarios que son funcionales.
¿Cómo define usted a la UPEC?

Es una organización de periodistas revolucionarios, solo comprometidos con la verdad y con el pueblo del que forman parte. Tiene entre sus objetivos generales y obligaciones defender a sus afiliados en el ejercicio legal y ético de la profesión, así como el acceso a las fuentes de información.

Nosotros sabemos qué lugar nos corresponde en la Revolución donde, aparte del apoyo político del Estado y del Partido, hace falta virtudes humanas como el valor, la honradez y la decencia, y capacidades profesionales para defender la verdad.    

La creación es un reto esencial para los que trabajan en el Periodismo. La Unión de Periodistas de Cuba  es una organización noble y útil, edificante y hermosa que se ha constituido para dar el apoyo necesario a los periodistas. Cuando puedo ayudar a mis compañeros siento que he cumplido con mi deber como miembro del Comité Nacional  y Vicepresidente  de esta.

¿Cuál es su apreciación de la prensa cubana en el contexto mundial?
 
Tiene las particularidades de un país distinto, el único bloqueado por el imperio durante décadas y que apuesta todo en defensa de su soberanía, soportando las penurias más grandes. Esto condiciona un periodismo diferente, en el cual ocurren cosas buenas y otras no tanto. Lo bueno: nosotros decidimos lo que publicamos; y lo muy malo: el síndrome de plaza sitiada que a veces hace se fragmenten o dañen determinados procesos de comunicación por el control demasiado riguroso.

La prensa en Cuba es propiedad social, su política informativa y contenido se rige por esta característica y principios vinculados con la formación y el entretenimiento.

¿Considera completa su obra en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí?

Quiero despedirme con el regocijo de hacer algo digno en el lugar donde consagro actualmente mi esfuerzo. El Instituto absorbe todo mi tiempo, disímiles son las cuestiones que a diario debo atender, muchas de índole administrativo, que me distraen de mi objetivo principal, a pesar de estar alerta. Desde aquí espero lograr muchas cosas buenas, pero no podría hacerlo sin ayuda. El periodista debe apreciar el valor del trabajo en colectivo, nosotros no trabajamos solos.

¿Qué son para usted las escuelas de Periodismo y sus estudiantes?

Nuestros estudiantes para mí son sagrados. Dotarlos del caudal de conocimientos y experiencias acumuladas por lo mejor de nuestra profesión y de habilidades y medios técnicos para enfrentar el periodismo del siglo XXI es imprescindible. Todo lo que pueda hacer por ellos es como si lo hiciera por un hijo. Fundar las escuelas en Santiago de Cuba, Holguín y Las Villas significó una batalla ganada para los jóvenes, ellas son el instrumento perfecto para alcanzar una formación académica adecuada.

En la actualidad, el objetivo es ampliar las matrículas, obtener la literatura necesaria y el sueño de un laboratorio para prácticas radiales y televisivas.

El Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda la vida es otorgado anualmente a un profesional de reconocido prestigio, usted lo recibió en el 2008. ¿Cómo lo valora?

Honor altísimo que me compromete con el futuro. Sin embargo, creo que muchos compañeros debieron recibirlo antes que yo.

Además de este premio, máximo reconocimiento a su quehacer periodístico, ¿qué otros ha recibido?

El Juan Gualberto Gómez (2001), que distingue el trabajo excepcional de un año en la prensa escrita, radial y televisiva, y el de Periodismo Económico (2002) por una serie de artículos acerca de desviaciones de carácter económico que se veían venir. Todo momento donde se premie el trabajo se convierte en un instante maravilloso.

Del futuro y el periodismo cubano…

Nuestros ciudadanos tienen alto nivel de instrucción y reciben la influencia y el impacto de una apreciable cantidad de medios de comunicación; algunos, incluso, orientados a dañar el proceso revolucionario, y otros con contenidos que difieren de nuestras prioridades sociales, culturales y éticas. Es creciente el número de personas que acceden a productos comunicativos colocados en el ciberespacio con  diversidad de opciones, que provienen de todo tipo de tendencias, algunos de gran utilidad y otros distantes de la realidad en Cuba.

Las nuevas tecnologías reclamarán de nosotros mejoras en cuanto al desarrollo del mensaje. Para mí, la prensa cubana estará  obligada a un crecimiento en profundidad y en extensión, porque se vislumbran avances en los nuevos medios de comunicación, de máxima utilidad para su público. Esto exigirá una mejor preparación de los profesionales en formación, asunto donde se pondrá todo interés.

Moltó, en el plano personal, ¿qué noticias le han causado mayor impacto?

Sin dudas, las condiciones de la muerte del Che fue uno de los acontecimientos más dolorosos e impactantes, tanto para mí como para todos los revolucionarios. El fracaso de la Zafra de los Diez Millones, porque tuve una gran confianza en ese plan y falló a pesar del esfuerzo y sacrificio del  pueblo. En el plano de la reflexión, el discurso de Fidel Castro en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, evento de magnitud trascendental, donde con sus expresiones nos aclaró  por qué “somos nosotros los que podemos destruir la Revolución”.

Si le pidiera una palabra para definir al periodismo, ¿cuál utilizaría?

Mi misión. Vale la pena entregarle todo lo que uno posee, si se asume el periodismo desde la sinceridad, el deber, el compromiso, la honestidad y la capacidad para recomponerse, porque a veces la vida nos pone trances y debemos imponernos, sin dejar atrás estos valores. No considero el periodismo sin el permanente diálogo, es la relación natural, no fingida, entre los seres humanos, hasta llegar a amarse.

Fuente:  Linet Perera Negrin, Estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, en el Portal de la Radio Cubana.

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