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Este pudiera ser un mensaje para ti mismo, un mensaje portador de las cosas  que no tuvimos tiempo de decirte. Aparecías siempre con la sonrisa en punta y, cuando menos lo pensábamos, nos estabas formando en grupos aunque no para ponernos a cantar sino para gozar como un muchacho detrás de tu cámara, dejando constancia de mil y una coincidencias en toda conmemoración, en cualquier homenaje a tus colegas, a los que no te permitías dejar de asistir por nada del mundo.

No vayas a pensar que pasabas inadvertido. Hemos estado comentando la misma cosa en estas horas tristes. Nos habías malcriado, acostumbrándonos a pensar que una sola persona podía con tanta carga, casi con toda la carga. Como previendo el peligro de olvido contra el que tú te armaste caballero, fuiste –has sido y serás– un monumento vivo a la constancia en esa labor de rescate dedicada a enaltecer y conservar la fábula del entra y sale de voces que ha matizado, coloreado y pulido a nuestros dúos, tríos y cuartetos a lo largo del más reciente medio siglo.

Ese que fuera tu paso tenaz por la vida nos convocó este miércoles, a cada cual con una promesa de no fallarte y a todos con una enorme necesidad de abrazar fuerte a tu dama. Tu ejemplo se hizo música, al compás de la inexplicable certeza de que no vamos a volver a tropezarnos contigo cualquier tarde. A partir de la noche en que acudimos a rendirte el último tributo, nos hemos convertido en el coro gigante de susurros azorados que, sin proponértelo, fuiste capaz de formar.  Larga vida a los papeles que juntaste, a las páginas que escribiste, a los empeños que marcaron tus días y que te harán memorable. Descansa en paz.

Almendares, 21 de febrero de 2010

Fuente:  Marta Valdés, Palabras, publicado en www.cubadebate.cu

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