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Por Charly Morales Valido, PL.

La actriz cubana Yuliet Cruz dice, medio en broma medio en serio, que algún día escribiría un profundísimo ensayo sobre cómo interpretar 25 papeles de prostituta sin repetirse. Su exótica belleza y la crudeza sexual de algunos de sus primeros papeles hacen que muchos la encasillen, pero a Yuliet simplemente le interesa trabajar, encontrar matices y crecer como profesional.

Una mirada más justa y desprejuiciada a su palmarés desmiente que sea una actriz unidireccional, aunque ella carece de prejuicios al respecto, y encima defiende la complejidad de tales personajes.

Por sus intensas interpretaciones ha recibido dos premios Adolfo Llauradó como Mejor Actriz y por Actuación Excepcional, más dos premios Caricatos de teatro y cine, respectivamente.

Prensa Latina conversó con ella a propósito de su reciente filme (Se Vende, de Jorge Perugorría) y la puesta de Fíchenla si pueden, de la compañía Argos Teatro, dirigida por Carlos Celdrán.

Sobre su experiencia en las tablas, donde sentó cátedra con Aire frío, Yuliet se confesó feliz y sorprendida por la respuesta de público a esta versión del clásico La ramera respetuosa, de Sartre.

"No tuvimos en cuenta la magnitud del tema que tratamos, y cuan cercano y necesario es para la gente hablar sobre racismo y los mecanismos de poder como te presionan", aseguró.

Estima que la retroalimentación con el público le corroboró a la compañía teatral que funciona su método de profundizar en las causas y azares de los personajes, de escarbar en sus almas y entenderlos.

"La gente se guarda menos sus opiniones, es más transparente al señalar las imperfecciones de la sociedad, sea racismo, machismo, religiosidad". Hay identificación con nuestras propuestas, y el teatro propicia esta brecha para hablar de todo", estimó.

Aunque se divierte tremendamente haciendo comedias, nos confiesa que se desgarra al interpretar a personajes que sufren, pues no logra desprenderse de ellos como si de una máscara se tratara.

"Sufro mucho cuando abordamos temas universales, porque sabemos que aunque pongamos ciertos asuntos sociales sobre el tapete, los problemas permanecerán siempre. Y me duelen porque tengo referentes que no me son ajenos y me son dolorosos", reconoció.

Temas como la emigración y el racismo son tremendamente dolorosos para ella, y como profesional se siente comprometida a expresar sus puntos de vista sobre asuntos sociales, políticos y humanos.

Niega que exista algún divorcio entre la Yuliet que presenta cada semana en un programa juvenil que roza la frivolidad, y la Yuliet que habla del compromiso social del artista cubano.

"Aún quedan muchos prejuicios, y la sociedad tiene que avanzar para dejarlos atrás. Hay que juzgar a las personas por sus actos, por cómo se proyecta ante determinadas coyunturas, que al final es lo que las define, no el aspecto", comentó.

Agregó que ella responde a su programa, y lo seguirá haciendo sin importarle que la llamen frívola: "Hay que liberarse de esquemas y dejar que la vida sea quien juzgue a cada cual", acotó.

A propósito, consideró que Pilar, su personaje en Se Vende, es un modelo sobre este tipo de libertad individual, una laboratorista que trabaja y tiene una vida sexual sin inhibiciones de ningún tipo.

"Hay muchas mujeres como Pilar en Cuba, que no son ni remotamente putas. Son sencillamente mujeres decididas a vivir la vida a tope porque es única, y saben que es aquí y ahora. A plenitud", concluyó.

(*) El autor es periodista de la Redacción Cultura de Prensa Latina

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