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Esta noche, vigilia y reclamo de los jóvenes por la justicia

Esta noche, vigilia y reclamo de los jóvenes por la justicia

Las nuevas generaciones de cubanos, representados por cientos de estudiantes y jóvenes capitalinos, protagonizarán esta noche una vigilia patriótica y revolucionaria, en espera del 6 de octubre, Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado.

Conmemorarán en Cuba Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado


En el Monte de las Banderas de la Tribuna Antimperialista José Martí, desde las 10:00 p.m. y hasta la medianoche, tendrá lugar este tributo a los miles de cubanos muertos o que quedaron incapacitados para siempre, víctimas de la política de terrorismo de Estado auspiciada contra Cuba por autoridades de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos.

También se exigirá el fin de la injusticia cometida contra Gerardo Hernández, Fernando y René González, Antonio Guerrero y Ramón Labañino, y la liberación y regreso inmediato y sin condicionamientos a casa de esos Cinco Héroes cubanos, prisioneros en cárceles de EE.UU. por combatir el terrorismo e impedir atrocidades como esas.

La radio y la televisión cubanas transmitirán el inicio y el momento final de la vigilia.

Nueva campaña por René y sus compañeros este 5 de octubre

Nueva campaña por René y sus compañeros este 5 de octubre

Un comunicado del Comité Internacional por la Liberación de los Cinco insta a todos los amigos que apoyan la causa de los combatientes cubanos para que se comuniquen con la Casa Blanca este 5 de octubre.

Cuba responsabiliza a EEUU de lo que ocurra con René González

Madre de René González espera por visa para viajar a Estados Unidos

La demanda de que René González, uno de los cinco antiterroristas cubanos presos en Estados Unidos, pueda reunirse con su familia en Cuba tras su liberación, centra una jornada de solidaridad este 5 de octubre.

Un comunicado difundido por el Comité Internacional por la Liberación de los Cinco y reseñado por PL insta a todos los amigos que apoyan la causa de los combatientes cubanos para que se comuniquen con la Casa Blanca este 5 de octubre.

La convocatoria solicita que se le envíen correos electrónicos, faxes y se hagan llamadas al presidente Barack Obama «para demandar no solo el inmediato regreso de René González a su patria, sino que además libere a los Cinco cubanos ahora».

El texto recuerda que el confinamiento de René en una prisión federal llegará a su fin el 7 de octubre, «pero debido a una decisión»  del Gobierno estadounidense este no podrá regresar a su hogar y a su familia.

La jueza Joan Lenard, del distrito del Sur de la Florida, rechazó el 16 de septiembre una petición presentada por René González que le hubiese permitido regresar a Cuba, junto a su esposa, sus hijas y sus padres.

«En una decisión sin precedente se la ha ordenado a René permanecer en Estados Unidos por tres años bajo libertad supervisada», destaca el comunicado.

¡Tu voz cuenta!

¡Tu voz cuenta!

Este 6 de octubre, hace 35 años, 73 personas murieron víctimas del TERRORISMO al explotar en pleno vuelo un avión de Cubana de Aviación en Barbados. El crimen continúa impune. Los autores, libres y protegidos en Estados Unidos. Si eres de los que te opones al terrorismo publica este post en tu blog en señal de duelo y como protesta pacífica contra el TERRORISMO en cualquiera de sus formas: Apoya nuestra causa. Ese día comparte este banner en tu bitácora. Difunde este mensaje. ¡Tu voz cuenta!

El Nuevo Herald: La mentira como exclusiva

El Nuevo Herald: La mentira como exclusiva

El colmo del desprestigio es que El Nuevo Herald utilice su propio ridículo como noticia de primera plana

La mentira ha sido, históricamente, la principal estrategia editorial del periódico de la contrarrevolución cubana en Miami El Nuevo Herald. Durante décadas, dicho libelo le ha tomado el pelo a sus lectores con infundios de todo tipo, especialmente aquellos relacionados con la Revolución y la realidad cubana.
Últimamente sin embargo El Nuevo Herald, a falta de profesionales dignos de una publicación medianamente seria, se dedica a repetir los rumores de las redes sociales, o simplemente a inventar represiones contra mercenarios que solo existen en las computadoras de su redacción.
Una prueba de las crisis de objetividadl que sufre esa publicación son las dos mentiras publicadas la semana pasada que han recibido sendos desmentidos.
La primera fue la relacionada con el ingreso urgente del mandatario venezolano a una clínica debido a su critico estado de salud, que el propio Chávez se ocupó de desmentir, guante y pelota de softbol en mano, y la segunda, la de la prohibición del cantante Pablo Milanés en la radio y la tv cubana que el cantautor acaba de calificar como falsa.

Chávez descubre nuevas mentiras de El Nuevo Herald (+ VIDEO)


Milanés desmiente a El Nuevo Herald: «Esa noticia es absolutamente falsa»

Entrevista de Paquita Armas a Waldo Ramírez: “Debemos aspirar a una televisión creíble”

Entrevista de Paquita Armas a Waldo Ramírez: “Debemos aspirar a una televisión creíble”

Lo conocí cuando su cola de pelo lacio, siempre bien recogida, no tenía una sola cana. Acababa de llegar de la televisión Serrana y venía a dirigir el Canal Educativo 2. Waldo Ramírez de la Ribera trató de insuflar el aroma de la Sierra Maestra al nuevo medio televisivo. Ya era un reconocido artista del medio audiovisual con decenas de premios, incluidos varios caracoles y un coral a su vasta e interesante obra documentalística que también ha sido laureada en el extranjero.

Es de los creadores que no necesita un cargo para tener un nombre, sus piezas hablan por él. A su quehacer detrás de la cámara ha unido siempre otros haceres de importancia estética y social, ser desde el año 2005  Profesor Instructor de la Facultad de los Medios de Comunicación Audiovisual del ISA, donde imparte la asignatura Teoría y Práctica de la Realización Documental y presidir durante los años 2006 y 2007, la Muestra de Nuevos Realizadores organizada por el ICAIC. Aceptó ser vicepresidente del ICRT en tiempos nada fáciles, pero es un hombre que sigue soñando con las estrellas aunque el cielo esté nublado y no haya luna a la vista.

 ¿A qué jugabas de niño y dónde pasaste tu infancia?

De niño jugaba los juegos tradicionales infantiles, las bolas, la gallinita ciega, el cogío, los escondidos, empinaba papalotes, los pistoleros, el ladrón y el policía, jugar trompos, etc., también aprendí a montar patines, carriola, velocípedos y luego bicicleta.

En aquel entonces era muy común hacer chivichanas. Utilizábamos las ruedas de los patines; al principio eran los llamados patines de hierro, luego eran plásticos, empezaron a venderse procedentes de los países socialistas. Hacíamos el esqueleto o estructura de madera y las ruedas eran o los patines divididos en su parte delantera y trasera o, sencillamente, cajas de bola o rolletes.

Pasé mi infancia en el reparto Juanelo del municipio de San Miguel del Padrón de La Habana, lugar donde nací. La cuadra donde viví hasta los 13 años, de la calle Ulacia, era la primera naciendo de la Calzada de Güines y constituía una pendiente. Esta geografía era ideal para los juegos en patines, carriolas, velocípedos, triciclos, bicicletas y chivichanas. Allí durante gran parte de mi infancia, hacer caravanas de niños loma abajo con todo tipo de artefacto rodante, fuese original o fabricado por nosotros mismos, fue una de las principales diversiones.

Juanelo es un barrio obrero, allí vivía originalmente mi madre, aunque no precisamente procedente de una familia obrera. Más bien mi abuelo paterno, de origen español, quiso mantenerse a la altura de gastos inferiores a los de sus reales ingresos. Según la historia familiar era dueño de dos cines de barrio cercanos a la casa y tenía acciones en la Ruta 84 Habana-Santiago. Mi madre ejerció el magisterio público y en algún tiempo tuvo su aulita particular.

Algo que aprendí en Juanelo, además de cierta cultura de participación popular en todo cuanto necesitara el barrio, fue cierta capacidad y disposición para actuar de acuerdo a las reglas de ese grupo. En este caso quiero decir las reglas del grupo de niños que nos reuníamos, jugábamos, hacíamos maldades juntos y en más de una ocasión pusimos en aprietos a nuestros padres; todo esto aunque yo no haya sido un niño bellaco, según recuerdan bien mis mayores.

En edad temprana, si no me traiciona mi memoria estando en 3er o 4to grado, con unos 8 años, aprendí la técnica del papier maché. Me incorporé a un taller comunitario que se organizó en la Zona de los CDR, como se le decía por todos a un local tipo nave de madera a unas dos cuadras de casa donde radicaba la dirección zonal de los comités. En ese taller aprendí a hacer de todo en esa técnica. Además de construir-modelar las figuras de animales, plantas, objetos, etc., montábamos exposiciones que en más de una ocasión fueron noticia pública.

A ese taller me incorporé por mi madre; tanto ella como mi padre eran activos vecinos de todo cuanto se gestaba a nivel barrial. Este taller lo dirigía una mujer a la que todos conocían como Ñica, recuerdo que cojeaba de una pierna; vivía al doblar de casa, en la calle Piedra entre Ulacia y Guadalupe.

Con el tiempo, con mis estudios universitarios, etc., supe que esa Ñica era la gran artista cubana Antonia Eiriz. Siempre guardaré en mi memoria haber tenido el honor de ser, de algún modo, su alumno. Cada vez que disfruto de una de sus piezas, sobre todo cada vez que me paro delante de esa profunda inmensidad agónica que se percibe en la sala del Museo de Bellas Artes, donde se exhiben, recuerdo mi barrio; recuerdo mi niñez, por suerte para bien.

Durante mi infancia tuve también contacto con la vida rural. Mi padre es médico veterinario. Era entonces profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria ubicada en Carlos III e Infanta y fue fundador del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (ISCAH). Entonces yo frecuentaba casi de manera semanal, la Finca El Guayabal, en San José de las Lajas, donde existía una Unidad Docente de la facultad. En ese entorno aprendí a montar a caballo, a lidiar medianamente con animales de corral, a caminar dentro de una vaquería y a trabajar en el campo, pues mi padre siempre me llevó (y a mis hermanos también), a los trabajos voluntarios agrícolas de recogida de papas, etcétera.

Todo lo anterior, unido a que asistí a un Círculo de Interés de Café en el Palacio de Pioneros Che Guevara durante dos cursos, visto a la luz de mis años venideros, es como si hubiese sido una preparación premonitoria para algunas de las realidades que a partir de mis 13 años viví: me mudé a Bayamo; estudié Historia del Arte en la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba; me enrolé en un proyecto de trabajo comunitario en la Sierra Maestra, y me dediqué por entero al mundo del audiovisual en su vertiente de realización Documental.

waldo-ramirez-de-la-rivera_television¿La chivichana era un sueño infantil o un objeto de competencia?

No creo que fuese ni lo uno ni lo otro, pero evidentemente me llamó más la atención por el recuerdo de mi infancia. Este recuerdo infantil llevaba implícito, por supuesto, el hecho competitivo.

Después de los 12 o 13 años no volví a montar en chivichana. Tal vez sí lo hice viviendo ya en Bayamo, pero lo cierto es que la zona donde se encuentra mi casa de entonces, no es práctica para esto. Claro, los muchachos juegan en chivichanas toda vez que se empujan los unos a los otros.

Cuando conocí de la historia que luego conté en mi documental, me fascinaron muchas cosas; pero sobre todo aquello de deslizarme loma abajo. Durante la filmación, más de una vez, monté en una de ellas; más de un plano del documental me tiene como piloto-extra.

Antes de realizar ese documental que hoy es casi objeto de culto,  ¿cómo llegaste a la televisión serrana?

Corría el año 1992 y yo estudiaba para graduarme de Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de Oriente. Estudié en dicha universidad porque iniciados los estudios secundarios me mudé por motivos personales familiares a la ciudad de Bayamo, como antes ya apunté.  Al concluir el preuniversitario y pasar a la enseñanza superior, esta era la universidad que por cercanía me correspondía.

Entonces en 1992 ya se construía en San Pablo de Yao un centro de Televisión con el apoyo de la UNESCO, la participación y apoyo del gobierno local y nacional y, por supuesto, el ICRT, que como organismo del estado cubano rectoró los pasos de gestación y consolidación del proyecto hasta nuestros días. De esto tuve noticias por Rigoberto Jiménez, quien posteriormente también se integraría al proyecto de TV Serrana y para entonces estudiábamos juntos en dicha universidad.

Mi colega y amigo Rigoberto averiguó los pormenores, y al concluir nuestra carrera (julio de 1992) nos presentamos juntos a los exámenes que se harían en la ciudad de Bayamo para optar por plazas de estudio en un Curso de Habilitación que formaría a los futuros realizadores de este proyecto. Recuerdo perfectamente que se presentaron muchos interesados, estoy seguro de que más de cien personas, creo que Rigoberto y yo fuimos los últimos en incorporarnos al proceso de selección. Muchos de los interesados llevaban meses preparándose, algunos hasta habían cursado un taller impartido por el mexicano Virgilio Caballero, hombre experimentado en comunicación comunitaria que contribuyó en la formación académica preliminar.

El día de los exámenes fue como una especie de juego de azar. Me encomendé a lo que sucedería y confieso que no esperaba ser seleccionado. Las respuestas de mis exámenes estuvieron marcadas básicamente por lo conocimientos recién aprehendidos en mis estudios universitarios; el estudio de la historia del arte me había permitido conocer del uso de los colores, la composición, texturas, perspectiva, etc., y también me habían dado muchos elementos en materia de apreciación cinematográfica y cultura general.

Ante la disyuntiva de tener que optar por una de las especialidades en convocatoria, pedí Fotografía. Me sentía más cómodo en ese campo como para atreverme a incursionar, pero lo cierto es que los profesionales que evaluaron mis exámenes consideraron que yo había dado respuestas con lógicas para la Dirección. Ni por asomo lo tenía claro, así que una vez más me dejé llevar y comencé a optar por una plaza en esa especialidad. Al final quedé seleccionado en un total de unas 35 personas, y luego de alguna que otra gestión entre los organizadores y la dirección de trabajo de la provincia, fui autorizado a incorporarme al curso y a continuar mi servicio social en dicha experiencia, de llegar hasta el final.

En enero de 1993 comencé, aún como estudiante del curso de Dirección de TV que había iniciado desde septiembre de 1992 en la Filial del ISA de Holguín, en la TV Serrana. Debíamos cumplimentar un semestre de práctica laboral antes de la decisión definitoria de quienes serían los que engrosarían la plantilla de dicho proyecto. Esto ocurrió en mayo de 1993, por lo que en junio siguiente ya era un trabajador oficial de la TV Serrana. 

¿Qué te aportó aquella aventura además de adentrarte en el mundo audiovisual?

En principio fue justo eso: una aventura. Desde el 3er año de la carrera universitaria había formado parte de un Grupo de Promoción Cultural integrado por estudiantes de especialidades de humanidades y ciencias, quienes implementamos un sistema de prácticas laborales por término de 45 días en la zona del municipio de Guamá, en Santiago de Cuba. Este es el municipio montañoso costero que incluye pueblos como Chivirico, Uvero y Ocujal del Turquino.

La experiencia de promoción cultural en esta zona fue muy importante para mi vida. Me aportó elementos no solo de carácter físico en tanto habilidades para escalar montañas, pescar, remar, hacer largas caminatas etc., sino que además me mostró una zona del país bien desconocida para mí. En este período tuve la oportunidad de escalar dos veces el Pico Turquino, cuestión que ya había realizado al mudarme a Bayamo con solo 13 años como miembro de una Columna Nacional que celebraba la sede del acto central por el 26 de Julio en Granma; era 1982 y yo era Vanguardia Provincial de la Organización de Pioneros José Martí.

En estas andanzas serranas aprendí a conocer gente muy humilde, pero muy sincera, colaboradora y agradecida del proyecto revolucionario. Eran los años en que se desmembraba el campo socialista y comenzábamos el llamado período especial (entre 1989 y 1992).

Aquella zona, como básicamente toda la ruralidad aunque el impacto mortal haya sido a todo el país, sintió con mucha fuerza los embates de la crisis. Dicha experiencia me ayudó a entender que solo en los propios seres humanos están las fuerzas necesarias para sobreponerse a cualquier situación por difícil que sea.

También por aquellos años comprendí tempranamente algo que luego la TV Serrana me ayudaría a desarrollar: el trabajo de promoción cultural comunitario no podía ser una invasión, ni la implementación de un módulo tipo, repetitivo de lugar en lugar, de comunidad en comunidad. El trabajo cultural comunitario debía ser en esencia un aprendizaje mutuo de promotores y actores comunitarios; debía ser un puente de cruzamiento de informaciones, mediaciones, saberes, esencias culturales. Un promotor cultural lo primero que tenía que tener claro era que debía acercarse a la comunidad a aprender de ella y en esa aprehensión de conocimientos poner a funcionar los de él en aras de aportarlos y provocar crecimiento mutuo.

En esencia esa fue la experiencia precedente de la cual por supuesto he sacado conclusiones posteriormente. Al igual que en mis inicios en la TV Serrana, viví esos años de universitario como una gran aventura que a lo sumo se podía traducir en un profundo sentido  humanista.

Luego llegó la TV Serrana. Ya era un graduado universitario y tenía 23 años. No me apetecía en lo absoluto trabajar en el Centro Provincial de Artes Plásticas de mi ciudad, al que había sido destinado. Esto lo digo con toda sinceridad y sin que signifique en lo absoluto menosprecio al lugar o a la actividad que allí tendría que haber realizado si no hubiese tenido esta otra opción. Lo cierto es que mi trabajo estaba destinado a la labor de curaduría de artes plásticas en una ciudad del interior del país en pleno período especial.

Por eso y con la carga de mi experiencia universitaria, el aire aventurero volvió a soplar y hasta la Sierra Maestra no paré. Siempre me dije, aquí estaré un par de años, luego veremos; al final estuve 12 años.

La necesidad de aprender a dominar las herramientas del audiovisual y en específico las de realización del documental, hicieron de los primeros años en la Sierra un lugar casi de películas. Desde allí conocí el país, desde allí frecuenté los principales festivales nacionales, desde allí estudié en más de cinco talleres internacionales en la EICTV y desde allí también tuve mis primeras experiencias internacionales. Todo un primer período de mucho aprendizaje que en menos de tres años comenzó a dar sus primeros frutos colectivos.

Pero la TV Serrana desde el primer día fue más que eso. Por un lado fue un espacio donde aprendimos a respetar la creación y a los creadores; un espacio que nos permitió pensar y debatir; un espacio que se nos abrió a la posibilidad del pensamiento; un espacio para opinar y discutir no solo nuestra obra, sino todo lo que nos rodeaba y golpeaba como realidad local y nacional y sobre todo, nos permitió hacerlo desde la premisa de que la total libertad implicaba un mayor compromiso y responsabilidad con la obra creadora y con la obra social en la que estábamos inmersos. En la TV Serrana aprendí a valorar el papel social del arte y la necesidad de que los artistas se comprometan socialmente con lo que hacen.

Por otro lado y en paralelo, o sea, como proceso que se gestó a la par de lo anterior, la TV Serrana significó desde el primer día el respeto a la sabiduría campesina, el respeto a la cultura del campesino. Si algo trascendental, sin autosuficiencias, se le pudiera adjudicar al proyecto de TV Serrana (más allá de sus reconocidos méritos audiovisuales) es haber abierto un espacio para la participación ciudadana de los campesinos de ese entorno. Dicho espacio partió siempre del reconocimiento a sus valores, a su cultura; de ahí la necesidad de que los campesinos fuesen los actores activos de dicha obra.

Para finalizar esta pregunta agrego que la TV Serrana me permitió conocer y aprender del sonidista y realizador Daniel Diez, quien fue el padre, el gestor de dicho proyecto. Desde su ejemplo cotidiano supo transmitirme todo lo que anteriormente he dicho y contribuyó a forjar, de modo muy especial, lo que hoy soy.

Otro elemento y no por mencionarlo al final menos importante, es que la TV Serrana me significó y significa mi universidad de la vida. Allí me hice el ser humano que soy, con mis muchos defectos, pero cargando encima las muchas virtudes que gente sencilla y humilde me supo aportar en esa carrera por la honradez que día a día llevan consigo: Tina, Abel, Pucha, Pedro, Gía, los Polanco, los Tassé y tantos otros.

Además, allí conocí y profundicé la amistad con quien hoy son mis amigos. Allí conocí a mi esposa; allí nació y creció mi hijo hasta sus ocho años. Con esto quiero decir que allí forjé mi familia, la afectiva y la carnal. En ese lugar me armé del cariño de mi esposa para el futuro; mi hijo aprendió a gatear, a caminar y correr; le vi mezclar su sonrisa, entre los rostros de niños serranos en una digna escuelita de montaña. Allí, como diría Daniel Diez, aprendí la diferencia entre la “esperanza” y el “salta montes”.  

Dentro de esa propuesta televisiva, o telecentro especial, ¿diste vida a algún proyecto de intercambio o de estudios?

Dentro de la TV Serrana creamos el Centro de Estudios para la Comunicación Comunitaria, nuestra pequeña escuela para formar jóvenes campesinos en el uso del video y en las técnicas del documental.

La gestación de esta escuela, que tuvo como documento programático de su política el texto de José Martí que habla de los “maestros ambulantes”, es quizá el mayor proyecto gestado dentro de la TV Serrana. Esta escuela nos permitió abrirnos al mundo de la formación de los que aspirábamos fueran los verdaderos realizadores: los campesinos.

Fue en 1996. Parecía muy temprano como para empezar a formar a otros; teníamos solo tres años de experiencia. Lo cierto es que aunque nos habían augurado solo tres meses (los enemigos o los amores cobardes, como diría Silvio), ya a tres años de fundados nos lanzábamos a lo que considerábamos una necesidad.

En los objetivos fundacionales del proyecto de TV Serrana se hablaba de transferencia tecnológica y eso había que lograrlo con capacitación. Para ello creamos todo un movimiento de captación de jóvenes a los que les mediamos nivel preuniversitario y disposición al trabajo con la comunidad. De los primeros talleres impartidos salieron los primeros jóvenes serranos que se incorporaron a nuestro grupo creativo. Luis Guevara, el fotógrafo de La Chivichana, es uno de estos jóvenes y ese documental su primer trabajo como camarógrafo después de casi tres años de trabajar como asistente general.

Con esta escuela desarrollamos un movimiento posterior del que surgieron los Grupos Alternativos de Creación Audiovisual. Dichos grupos se constituyeron como colaboradores para investigar temas de interés en sus comunidades y trabajarlos de conjunto con nuestros equipos de producción. Así se dio vida al Grupo del municipio de Bartolomé Masó, al del Municipio Buey Arriba y posteriormente a un Grupo en el municipio de Guisa. Estos tres territorios son el grueso de la zona de montaña de la provincia de Granma.

Como no podíamos abarcar toda la geografía ante nuestros ojos, estos grupos facilitaron mucho el trabajo en zonas distantes a nuestra sede. Más de un documental de TV Serrana lleva el sello de este tipo de formación con los  jóvenes campesinos. La Chivichana es también un ejemplo de ello.

Fue el Grupo Alternativo de Creación Audiovisual de Bartolomé Masó el que presentó a TV Serrana este proyecto. Entonces como era la regla, se designó a un “Tutor”. El designado fui yo y comencé con ellos los trabajos de investigación que luego dieron lugar a un “guion colectivo” como parte del taller que en sí mismo se convertía cada trabajo concreto. Posteriormente los integrantes del grupo, tres jóvenes campesinos, participaron del proceso de grabación y edición bajo mi dirección. Con el tiempo, dos de ellos pasaron a engrosar la lista oficial de trabajadores de la TV Serrana.

Con el tiempo también, todos los integrantes del Grupo de Creación de la TV Serrana llegaron a ser los jóvenes captados de los diferentes talleres de nuestra escuela. Hoy día todos estos jóvenes, además, son graduados de la Especialidad de Licenciatura en Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, por la Filial de FAMCA en Holguín. A 18 años de fundado el proyecto, la transferencia a que aspirábamos se logró y hoy el equipo de trabajo se refunda y consolida desde la perspectiva de “los campesinos realizadores”. La única excepción es el director Carlos Rodríguez, holguinero que llegó a la Sierra cuando más lo necesitábamos.

También desde la TV Serrana se ha dado vida a un Proyecto de Colaboración e intercambio permanente con la EICTV, gracias al cual nuestros creadores participan de los talleres internacionales de esta prestigiosa institución y además tienen la posibilidad de participar de la asesoría al ejercicio de documentales de cinco estudiantes de la escuela de cine que anualmente se realiza en la Sierra.

De igual forma la TV Serrana abrió una puerta de comunicación con proyectos similares en América Latina y Europa. La participación de creadores de la Sierra en intercambios con Escuelas de Cine, Escuelas de Periodismo, la FAMCA del ISA en La Habana y Holguín, y hasta la más reciente Gira de Documentales de TV Serrana por 17 Universidades de los EE.UU., es una muestra de cuanto ha avanzado y se consolida el intercambio entre esta institución y otras con similares objetivos.

Dichos intercambios se han hecho extensivos a otras zonas de la creación artística con plataformas políticas similares a las nuestras. En este sentido puedo mencionar el intercambio permanente con artistas de la plástica, con trovadores, actores y músicos en general. Y particularizar mencionando la relación con el Grupo de Teatro Callejero Andante, radicado en Bayamo; el Grupo de Teatro de Los Elementos, radicado en el Escambray cienfueguero y la Escuela de Cine y Teatro Viento Sur, en Sevilla, España, por solo citar los ejemplos que más se han consolidado.  En el caso particular de Los Elementos, TV Serrana ha abierto una puerta que ha permitido la realización de producciones documentales en esa zona del país y ha trabajado en la capacitación de personas, pues al final nunca hemos descartado ninguna de las dos instituciones que Los Elementos incorporen un Grupo Audiovisual a su concepto artístico.   

¿Por qué te seduce la comunicación comunitaria?

Para ser sincero, lo que me seduce es el trabajo en las comunidades. Quiero decir con esto que nunca pensé en términos teóricos en comunicación comunitaria cuando me acerqué a ese proyecto; de hecho era la zona más vaga de mi formación académica. El sentido de ese tipo de comunicación, o empezar a construir nuestro propio discurso, surgió después; al menos en mí y creo que en gran parte del equipo. Por supuesto, un hombre como Daniel Diez, periodista de formación, sí tenía muy claro lo que quería desde un inicio.

El trabajo de conceptualización de Daniel sobre el proyecto impactó en todos nosotros. Recuerdo en los primeros años las visitas internacionales que recibimos; recuerdo el intenso intercambio con experiencias diversas de Latinoamérica y otros lares; recuerdo mi participación en el Festival Internacional de TV Comunitaria de América Latina y el Caribe en Quito, Ecuador en 1995, donde me compré una camiseta que decía: “no queremos medios de comunicación, queremos enteros”.  Todas estas experiencias en las que uno comenzó a permearse de una manera de hacer, de comunicar y también, por supuesto, de un andamiaje teórico sobre el tema, hicieron que poco a poco la praxis concreta nos(me) sedujera.

Cuando en 1993 Daniel Diez nos mostró un documento que estimo como el texto teórico fundacional del Proyecto -del cual no recuerdo el título-, y en este se planteaba que “… las carreteras que se habían construido en la Sierra y que servían para subir, un día servirían para bajar si no se le daba una dimensión cultural al desarrollo…”, entendí todo.

Supe entonces el sentido de la necesaria participación, de la aportación sincera, del valor de cada cosa y de cada quien. La sabiduría que se escurre en forma de sudor, entre los surcos de los rostros campesinos, dice mucho de las esencias culturales que hay que dimensionar desde esos parajes. La comunicación comunitaria es participación, activismo, diálogo. Me sedujo ser puente.

Con un año de experiencia en 1994 creamos la “Cruzada Audiovisual”. Digo creamos porque aunque no dudo que acciones así no hayamos sido los primeros en realizarlas, puedo asegurarte que para nosotros es una creación.

La Cruzada Audiovisual, que hoy día se sigue haciendo y este año recién ha concluido en el municipio costero de Guamá, en la vecina Santiago de Cuba, es un proyecto de trabajo cultural comunitario que implica diferentes acciones a la vez.

En principio se parte de escoger una zona geográfica alejada de nuestra sede en el poblado de San Pablo de Yao, municipio de Buey Arriba de la provincia de Granma y hacia ella dirigirse con el objetivo de realizar muestras de video, debates de los materiales que se exhiben en las muestras, pequeñas funciones de teatro para niños producidas por los propios realizadores e investigar y filmar temas de interés que den como resultado documentales. Todo lo anterior genera un ambiente cultural en torno a las realidades de cada sitio.

Con estas cruzadas comenzamos a poner en práctica conocimientos teóricos sobre la comunicación comunitaria. Más de un tema complejo ha sido abordado ensayando mecanismos de obtención de testimonios, proyección de los mismos a otro grupo social similar, obtención de nuevos testimonios como resultado de lo que un grupo opina de lo que dice el otro y así sucesivamente. Recuerdo haber aportado mucho con estas técnicas a los debates campesinos en torno a la problemática cafetalera, la crisis con los fertilizantes, las técnicas tradicionales, la lógica oposición entre la visión científica y el empirismo en estas lides, la carencia de transporte mular y la pérdida de las cosechas, las plagas del café, etcétera.

También con técnicas similares desarrollamos ejercicios para incentivar el sentido de pertenencia a un lugar, a un grupo, elevar la autoestima, sentirse útil desde el aporte sencillo de cada quien.

Poco a poco fuimos viendo como se construía ante nuestros ojos el reconocimiento del hombre en su propio entorno; en miles de ocasiones he podido disfrutar de “rostros-poemas” cuando un niño, un anciano, una mujer, un hombre rudo, se reconoce a sí mismo en la pantalla o, sencillamente, identifica que esa gallina que está viendo, es su gallina. El primer documental que se produjo, a solo unos días de estancia en la Sierra, se llamó Pura imagen, lo realizó Daniel Diez y consistía en un montaje al ritmo de un tema de Adalberto Álvarez del mismo nombre, con imágenes del pueblo y su gente.

Cada paso avanzado, con los años, fue consolidando conceptos. Recuerdo perfectamente y así se puede comprobar por cualquiera que haga un visionado cronológico de nuestra obra, que comenzamos realizando, básicamente, documentales de personajes únicos. Por lo general, personajes clave de la comunidad, personas que tenían cierta ascendencia sobre el grupo, por supuesto porque o algo le aportaban o porque se distinguían; de algún modo eran “líderes de opinión” o “emergentes grupales”.

Así Tina, la madre espiritual de la comunidad, tuvo su documental. El anciano Pedro Gómez, campesino trabajador incansable, tuvo el suyo. Pucha, la mujer sola que cuidaba a su esposo inválido y labraba la tierra y lo hacía todo, tuvo el suyo y así sucesivamente. Era una técnica que además nos permitía ser reconocidos dentro del grupo social, pues estábamos valorizando, al distinguirlos en una obra audiovisual, a personajes con ascendencia sobre la comunidad. A su vez, desde la exposición de experiencias personales que trasladaban valores esenciales de la savia campesina, se contribuía a educar sin ningún fin didáctico, cuestión esencial es este tipo de comunicación afectiva, incluyendo la exposición de casos dramáticos por oposición, como el caso del documental El ángel de la Jiribilla, que cuenta la historia de Alcides, el hombre más bailador del pueblo, el más fiestero, el más alegre que envuelve con su alegría, la gran tristeza de su alma sola por motivos familiares.

Sin un desarrollo lineal, sino como la propia vida que entreteje hechos, vinieron luego y a la par, documentales con personajes grupales, como Las cuatro hermanasJon de la Loma, documentales sobre leyendas, mitos, sabiduría popular, tradiciones, como CagüeyrosAl compás del Pilón,  documentales sobre creencias religiosas como Santa Cruzada, documentales sobre los diferentes oficios y sus niveles de especialización como Para ir a ver a la noviaSierra de AireOficios de hombre, documentales sobre los problemas sociales que más impactaban negativamente en el colectivo como el río contaminado en SOS Verde La despulpadora, el embarazo precoz, los problemas de transporte, las deficiencias en los servicios que se ofrecen al pueblo, etc., hasta llegar poco a poco a obras más introspectivas, más analíticas, más simbólicas y cuestionadoras del interior de las serranías y sus esencias culturales como La tierra conmovidaComo una gota de aguaLos ecos y la nieblaHomenajeFredy o el sueño de Noel, etc., hasta las producciones más recientes como Barrio nuevoA dónde vamosPapalotes.

Otro ejemplo muy válido de mencionar es el Video Carta, modalidad que Daniel Diez implementó y luego diseminó por América Latina como modelo de comunicación para el intercambio entre grupos sociales. El Video Carta no es otra cosa que un registro audiovisual donde un grupo de personas, por lo general lo hacemos con niños, cuentan sobre su vida, su entorno, sus familias, sus sueños, sus dilemas, sus aspiraciones y a su vez interpelan al que recibirá el video sobre temas particulares que desea conocer de este. Este material se hace llegar al grupo de destino y este genera otro como respuesta. Así la TV Serrana interconectó comunidades serranas distantes, niños de la ladera norte de la Sierra, que nunca habían visto el mar, con niños de la ladera sur que viven a sus orillas, niños de la Sierra con niños de El Vedado y niños de la Sierra y de Cuba, con niños de Latinoamérica y África.

Todo lo anterior tiene en esencia un mismo concepto, realizar el trabajo comunitario desde dentro. Quiero decir, vivir en la comunidad, trabajar desde ella y con ella, gestar ideas y proyectos a partir de lo que la misma comunidad aporta. No ser invasivo. Reconocer el protagonismo haciéndolo valer por sí mismo y no una participación que acompaña a un elemento exógeno que viene a descubrirte o peor aún, a auxiliarte porque tú solo no puedes. Estos criterios responden un poco a algo que el Académico chileno Valerio Fuenzalida nombra con el término “agonal”. Pretendemos, por encima de todo, ver la cultura como dimensión de la vida.

¿Qué te llevó a abandonar un proyecto que te hacía feliz?

No creo que lo abandoné; de hecho nunca me he ido, y no es metáfora, y es verdad. No me he alejado nunca de la TV Serrana y a ratos siento que debo volver, aunque solo sea para respirar aire puro y lanzarme al río (de hecho lo hago cada vez que tengo algún día de vacaciones).

Llevaba unos ocho o nueve años en la TV Serrana, cuando la dirección del ICRT me instó a colaborar en otros proyectos nacionales desde la capital. Ya era el año 2000/ 2001 y yo estaba a cargo de la dirección del equipo. Entonces no tenía del todo claro si me inspiraba irme a La Habana o no. El proyecto serrano me seguía seduciendo.

Aunque lo cierto es que desde que a los 13 años me mudé a Bayamo, siempre les dije a mis padres que al final regresaría a la capital. Cuando me fui de La Habana no fue por mi decisión personal. Siempre me sentí de otro lugar, tal vez por haber pasado tantos años de sitio en sitio, quiero decir secundaria urbana en Bayamo; preuniversitario becado en el campo; universidad en Santiago; años en la Sierra Maestra; en fin, tengo muchos recuerdos lindos de Bayamo y a esa ciudad le debo también gran parte de lo que soy, pero me sentía de muchos lugares y anclado en los recuerdos capitalinos.

Luego, ya con 11 años en la TV Serrana, se me pidió colaborar en la fundación de lo que luego sería el Canal Educativo 2. Aún me sentía seducido por el proyecto y hoy día lo estoy todavía. No obstante, me tentó el hecho fundacional. Un año después, ya con el canal “al aire”, me fui definitivamente a La Habana.

¿Fue el Canal Educativo una nueva escuela?

Toda obra que se inicia, enseña. Por eso, el Canal Educativo 2 también se convirtió en una escuela. Allí tuve que sortear otros derroteros: gestar una programación, insertarme en las dinámicas de la programación televisiva en vivo y la producción de televisión en estudios; dirigir un equipo de trabajo que triplicaba en número a mi pequeña guerrilla serrana (la cual había dirigido desde el año 2000 cuando Daniel Diez se trasladó a La Habana para ocupar el cargo de Vicepresidente del ICRT); reencontrarme con mi ciudad natal ya no como visitante, sino nuevamente como residente y La Habana ya había cambiado mucho respecto a 1982 cuando me mudé a Bayamo, etc. En fin, de nuevo se abrió el reto y la carrera contra reloj por ir venciendo metro a metro la cuesta.

El Canal Educativo 2 también significó otro escalón en mi formación profesional como creativo y directivo de un medio de comunicación. Además, y siento que ha sido lo más importante, me sirvió para profundizar mis estudios sobre comunicación y dentro de esto los principios y valores que rigen lo que se conoce como televisión educativa, mensajes educativos, sentido didáctico del medio, etc. Cuestiones en las que confieso he tenido que despejarme muchas dudas sobre la marcha y de las que creo profundamente hoy, que ha primado mucho voluntarismo y poca implementación práctica de conceptos elementales para ese tipo de comunicación que se gesta o pretende gestarse, desde nuestra televisión educativa.

Cuando llegué a La Habana y me incorporé al equipo que ya venía proyectando lo que sería el canal, no creo que estuvieran bien claros los conceptos que fundarían esta señal. Eran los años de gestación de los proyectos de la Batalla de Ideas, el Comandante en Jefe había dado vida propia a la Universidad para Todos, ya existía al aire el Canal Educativo y teníamos la encomienda de sacar una nueva señal cuyos fines era también “educativos”.

Empezamos a moldear el camino para seguir. El canal asumiría de algún modo formatos audiovisuales de teleclases, pero en esencia se pretendía que explotara más los diversos formatos. En el slogan que acuñamos para esta señal, encontré la esencia de lo que consideraba debíamos aspirar: “por los caminos del saber”.

Debíamos lograr que lo “educativo” no fuera precisamente “didáctico”, de ahí que incorporáramos programas musicales como Música Maestro, Proyecto Digital, devenido luego Contexto Digital, un programa de comunicación más que de tecnología, Letra Fílmica, espacio cinematográfico para transmitir obras literarias versionadas a la pantalla, Paréntesis, espacio dedicado a la obra artística de los jóvenes creadores, Pantalla Documental, segmento dedicado al documental de autor y así, como otros muchos que lograron su cometido y otros que no nos han quedado bien.  

¿Cuántas canas te han salido en la lidia constante que tienes como vicepresidente? ¿Puedes dormir a piernas sueltas cuando sale al aire un espacio que provocará decenas de llamadas esa misma noche o a la otra?

Las canas que me han salido prefiero asociarlas a mis 42 años; no voy a culpar a nadie de lo que solo yo soy responsable, haber accedido a un cargo de tamaña complejidad. Nadie tiene la menor idea.

Cuando la vida te lleva por los caminos que ha transitado la mía, evaluar el sueño como tranquilo, o simplemente sueño, es algo difícil. Es voluble el sentido de las cosas, depende de las circunstancias en las que te encuentras.

En la Sierra Maestra no recuerdo insomnios, pero puedo asegurarte que no siempre dormí tranquilo. A veces un plano que no cuajaba en una estructura, no me dejaba cerrar los ojos en toda la madrugada. A veces era todo lo contrario: encontrar el sentido ideal a un plano determinado y saber que había hallado su ubicación exacta en la estructura que conformaba, era el motivo especial para tampoco dormir y saltar de la cama al cubículo de edición, para pasar la madrugada entera armando y montando ideas. Muchas veces, al amanecer y entrar la editora al cubículo (por cierto, mi esposa), me busqué más de un regaño y un reclamo, pues casi, sin querer, usurpaba sus funciones de trabajo (con el tiempo aprendí las técnicas de la edición y me daba placer hacerlo).

Hoy me pasa más o menos lo mismo, claro, las circunstancias son otras. Con el tiempo uno aprende a catar las situaciones, las coyunturas; uno aprende a tratar de no despertarse, aunque te puedo asegurar que no siempre se consigue.

Me preocupan más que las llamadas, la falta de perspectiva que a ratos nos circunda; la escasez mental para digerir los cambios; la actitud de avestruz; el alma vendida al diablo de la banalidad y la superchería; la nefasta desideologización real y aún peor, aquella solapada que pretende y aplaude loas y a la vez, como si tuviese vidas paralelas, disfruta lo más vulgar de Hollywood. Todo esto afecta más mi sueño que el timbre del teléfono, aunque preferiría a ratos que no sonara.      

¿Es nuestra televisión una consecuencia de los problemas financieros o se unen otros factores?

Son muchos los factores que se unen. Por supuesto, los financieros tienen un gran peso, pero no está en dichos problemas la causa principal de las deficiencias. Esa es mi opinión y no me refiero a que los recursos de los que disponemos den abasto, me refiero a una gama de causas que nos impactan negativamente y que van desde la desprofesionalización real, hasta el facilismo oportunista.

En última instancia, es nuestra televisión una consecuencia de la carencia de conceptualización sobre lo que queremos. Me refiero a la no claridad del modelo de comunicación que queremos construir. Cuba, por revolucionaria, debía ser el país de la reinvención eterna. Con esto te digo que debimos haber intentado reinventar la televisión, aunque a algunos, esto les suene disparatado, autosuficiente o utópico.  

¿Qué sería para ti una buena televisión? ¿Cómo crees que se conseguiría?

Definir una buena televisión es tan difícil como que cada persona a la que le hagas la pregunta, te dará un concepto diferente; su concepto. Depende, reitero, del modelo de comunicación que asumas, del tipo de televisión que quieras construir, de para qué quieres la televisión. A todo caso me atrevería a mencionar aquellos elementos que considero no debe dejar de tener una televisión en un país como el nuestro.

En primera instancia descartaría asociarme a un modelo particular de comunicación e intentaría buscar en la hibridez, según nuestra propia cultura e idiosincrasia, los rasgos asimilables y definirlos bien.

Por tanto, sería útil una televisión que actúe sobre la sociedad, señalando todo aquello que no está bien. Por supuesto para ello, debe ser una televisión que conozca a sus públicos y estudie sus necesidades, de modo tal que no solo señale lo que socialmente está errado, sino que además lo haga facilitando la participación ciudadana en lo que hay que cambiar. Participar es ser protagonista.

Lo anterior redundaría en negociar lo transmisivo con lo dialógico. Desde cada punto hay razones y verdades, hay que buscarlas incansablemente y ponerlas en el mismo tablero a conversar. Además, debemos apostar siempre por que la civilidad se construya de la mano de lo racional y lo emotivo. A la televisión le hace falta razón y le urge lo lúdico-afectivo en justo balance, desafío imperioso al exceso tanto de tutoría, como de didactismo y banalidad.

No podemos olvidar que al responder nuestro modelo social a necesidades de servicio público que se pautan desde el estado y la guía ideológica de nuestro Partido, la televisión debe acompañar dicha gestión estatal en cualquier rama y contribuir a hacer perfectible nuestro modelo. El mejor modo es conciliar la agenda del medio con los intereses de los públicos. El medio es sus audiencias; transformarlas significa conocerlas y no traicionarles. Para ello debemos aspirar a una televisión creíble.

Hacia dentro, o sea, hacia nuestros propios creadores, algo similar hay que tener en cuenta. Tendríamos que construir nuestro discurso, nuestros mensajes, nuestro interés institucional, siempre de la mano negociadora con los artistas y periodistas hacedores de dichos mensajes.

Por último y no por ello menos importante, habría que tener claridad de que la televisión no es solo divulgación y mucho menos solo propaganda. Circunscribirla a esto es una manquedad intelectual imperdonable. Por tanto hay que concebirla como un espacio de producción cultural y con esto quiero decir, un espacio de vasos comunicantes entre la información, lo educativo, la expresión artística y la experimentación y, por supuesto, desde el entretenimiento como condición sine qua non. Un espacio de beligerancia ideológica que entronice la autocrítica, aprecie sensiblemente y promueva los logros sociales y a su vez, exprese la diversidad.

Atreverme a decir cómo conseguir todo lo anterior sería muy autosuficiente de mi parte. A lo sumo creo fervientemente que se puede lograr desde el más profundo sentido de arraigo a la cultura nacional en sus esencias éticas y humanistas, el más profundo sentido del deber y, por supuesto, trabajando. 

No faltan quienes dicen que en ti queda poco de aquel joven de melena recogida que buscaba siempre la mejor forma de hacer un documental y que ahora solo eres un funcionario que ha perdido sus dones artísticos. ¿Qué crees tú de tales opiniones?

Debo respetar a quien lo diga, sabrá por qué lo dice. No obstante creo que no me ha mirado bien. Si lo hace se percatará de que ahí está la melena recogida aunque ciertamente menos joven (la melena). Si me mira a los ojos, se dará cuenta de que lo reto a cualquier debate. No ando por la vida buscando que me cataloguen como funcionario o como artista. Yo sé lo que soy. El que lo dude, si es honesto, tendrá el deber de acercarse a mi obra artística, ella hablará por mí. Sobre mi trabajo como directivo, solo puedo decirte que dirigir es también gestar una obra; nadie lo dude. Las obras, del tipo que sean, no son perfectas. Cuidado con los que piensan así. 

¿Por qué si producir programas televisivos es un dolor de cabeza te metiste a hacer En vivo, una revista digital e impresa, que está pariendo la editorial homónima y representa otro tremendo dolor de cabeza?

Por la sencilla razón de sentir la necesidad de expresarme artísticamente.  EN VIVO es un modo de hacerlo. En cada línea están mis aspiraciones y mi compromiso como creador, de contribuir modestamente a generar pensamiento en la sociedad.

Además, en la TV Serrana aprendí algo muy importante para mi vida, conocer a Martí. Esto se lo debo por supuesto a Daniel Diez, quien hurgaba a diario en el pensamiento martiano, quien libró más de una batalla de la mano de los pensamientos del Apóstol. No creo que conozca la obra martiana lo suficiente como debía, pero me siento impregnado de las esencias de su espíritu, lo llevo conmigo y también en más de una ocasión, me ha ayudado a librar batallas.

Martí fue en esencia un educador, un forjador de pensamiento. Insistió mucho en la necesidad del conocimiento, en la necesidad de educarse y en el deber de educar.

Creo fervientemente en la necesidad de fomentar un ser humano que se exponga ante el medio de comunicación como ciudadano, no como consumidor. Modestamente aspiro a que EN VIVO contribuya a ello, a que trabaje por la necesidad de fomentar un pensamiento crítico en los públicos.     

En noches claras, con o sin estrellas, ¿sientes nostalgia por la Sierra?

Siempre. Es una nostalgia “telúrica”. Tal y como un día, hace ya más de 15 años, Cintio Vitier catalogó nuestra obra en TV Serrana.

(Tomado de La Jiribilla)

 

¿Por qué Cuba ha tenido que acudir al “Estado de Necesidad” para protegerse?

Por estos días, nuestro país rememora aquel monstruoso acto que hace 35 años conmovió al pueblo cubano con la voladura en pleno vuelo de un avión civil de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo.

Uno de los asesinos murió recientemente en Estados Unidos como protegido de las autoridades, pese a que nunca renunció al ejercicio de la violencia terrorista. Orlando Bosch Ávila, como Luis Posada Carriles y otros muchos personeros de la mafia cubanoamericana gozaron de la absoluta impunidad para agredir al pueblo cubano.

Orlando Bosch se puso en contacto con la CIA desde principios de los 60, como esa propia agencia de inteligencia lo ha reconocido y no pocas fuentes lo ubican dentro del grupo que llevó a cabo el magnicidio del presidente John F. Kennedy en la ciudad de Dallas (estado de Texas) el 22 de noviembre de 1963.

Desde 1963 está inmerso en actividades de bombardeos sobre centrales azucareros cubanos. Según la prensa de Miami de aquella época, Bosch se jactó de haber lanzado unas 5 000 cápsulas de sustancia de fósforo vivo sobre territorio cubano y al final, a propósito de esta acción, declaró a los medios de comunicación: "Si tuviéramos recursos, ardería Cuba de un extremo a otro".

El 16 de septiembre de 1968, Bosch se trasladó al puerto de miami y lanzó un proyectil de bazooka contra la nave polaca Polanica, en pleno puerto de Miami, como antes lo había hecho ya contra otras embarcaciones y dirigió amenazas escritas al Presidente de México, al Jefe de Estado español, general Francisco Franco, y al primer ministro británico, Harold Wilson, pretendiendo causar daños a barcos y aeronaves de aquellas naciones. Fue condenado a 10 años de cárcel.

Allí se conoce de que tanto en Cuba como en el exterior, fomentados principalmente desde Miami y Nueva York, el grupo de Orlando Bosch ha colocado más de 100 bombas contra objetivos en más de 30 países en los dos últimos años.

Con la anuencia de algunas autoridades norteamericanas comenzó en 1972 un proceso para tratar de ponerlo en libertad. Así, por ejemplo, el entonces gobernador de la Florida, Claude Kirk, en una cena promovida por la Cámara de Comercio Latina que está dominada por la mafia cubana, declaró: "Cuando pienso en los hombres libres que buscan libertar a su patria, necesariamente tengo que pensar en el doctor Bosch. Estoy trabajando, efectivamente, para que lo suelten, y creo que dentro de poco veré los resultados".

Orlando Bosch sale en libertad condicional, sin ninguna condicionalidad, de inmediato reinicia sus actividades terroristas, viola su estatus y se marcha del país, hacia Venezuela, y luego hacia Chile, donde establece un programa de cooperación con la dictadura de Pinochet. En mayo de 1976, una larga audiencia del Subcomité Judicial del Senado de Estados Unidos, discute el tema del terrorismo en el área de Miami. Ahí comparecen funcionarios de la CIA, del FBI y de otras instituciones norteamericanas, donde se asegura que Orlando Bosch es el terrorista más activo.

En esta audiencia senatorial, oficiales federales aseguran que "Bosch está bien financiado por unos pocos exiliados ricos de Estados Unidos que apoyan sus intentos extremistas", y que "la política de Estados Unidos con relación a Bosch cambió porque el gobierno no quiere gastar dinero en su extradición, procesamiento y encarcelamiento", dijo una fuente del Departamento de Justicia.

En 1976, crea el CORU, Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), que ejecutaría en ese año y en los siguientes decenas de acciones terroristas contra entidades cubanas y de otros países latinoamericanos y europeos.

La primera acción del CORU se realizó el 10 de julio de 1976 contra la línea aérea Cubana de Aviación en Barbados; el 11 contra Air Panamá en Colombia; el 23 fue asesinado Artagñan Díaz Díaz, funcionario del Instituto Cubano de la Pesca en Mérida, Yucatán, México, cuando intentaron secuestrar al cónsul cubano en esa ciudad. Y así suceden muchas más hasta el 6 de octubre, que es destruido en pleno vuelo el avión de Cubana de aviación en Barbados, plan largamente soñado por el terrorista Orlando Bosch.

Con el apoyo de Otto Reich y la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) regresa a Estados Unidos. Es detenido y tras una investigación, el Procurador General adjunto Interino estadounidense Joe D. Whitley, determina que debe ser deportado ya que "Bosch es un extranjero inadmisible porque hay motivos razonables para creer que probablemente se dedicará, después de su ingreso, a actividades que estarían prohibidas por las leyes de los Estados Unidos relativas al espionaje, el sabotaje y el desorden público o a alguna otra actividad subversiva para la seguridad nacional".

Según el New York Times del 17 de agosto de 1989, la congresista de origen cubano Ileana Ross-Lehtinen, con el apoyo de Connie Matt y Jef Bush, negoció personalmente con el entonces presidente George Bush, padre, la liberación de Bosch.

En la conferencia de prensa que siguió a su liberación en 1990, Bosch describió abiertamente el "arreglo" que acababa de firmar, minutos antes con las autoridades norteamericanas, como "ridículo" y una "farsa". Añadió el terrorista con su arrogante ironía: "Compraron la cadena pero no tienen el mono".

Y así, reinició sus actividades contrarrevolucionarias y hasta fundó el llamado Partido Protagonista del Pueblo sin ser molestado por las autoridades norteamericanas. Bajo esa pantalla creó la corporación no lucrativa "El Gran Operador", para recaudar fondos y enviar medios y recursos bélicos a sus seguidores en Cuba bajo el lema "Mezcla para los Albañiles".

Bosch tendría el cinismo, en una entrevista televisiva, de designar sus víctimas de la aeronave destruida, como "cuatro o cinco negritas".

Por estas cosas, Cuba tuvo que acudir al "Estado de Necesidad", para proteger a nuestro pueblo e infiltrar a hombres como nuestros Cinco Héroes en las organizaciones terroristas para monitorear sus actividades.

TOMADO DE GRANMA

Carta de Antonio Guerrero a René González

Carta de Antonio Guerrero a René González

Queridos amigos:

Dentro de una semana René estará terminando su injusta sentencia.

Un juez, normalmente, debía haber unido el tiempo de cumplir las condenas por los dos cargos en los que un jurado, de la ciudad donde jamás podíamos encontrar imparcialidad, lo declaró culpable. Bajo su discreción, la jueza Lenard, de la misma manera insólita con que a Gerardo, a Ramón y a mí nos impuso las cadenas perpetuas, no solo le dio a René el máximo de tiempo en cada cargo, sino que le sumó las dos sentencias, lo que hizo el total mayor posible de 15 años.

Ahora, esperábamos todos que se le dejara regresar a casa. Como explicó el abogado Richard Klugh, no hay precedentes para negarle el regreso a su familia, en un caso como este. Pero, una vez más, la decisión se toma en la Corte de Miami, donde todo ha sido siempre contrario a nosotros y donde la "tormenta perfecta" sigue influyendo con su poder y con su terror sobre cada resultado.

Había escrito una Breve carta a René, en versos, que compartí con ustedes, en la que le decía:

Hermano nuestro: cuando ya estés en casa...

Por estos días, mientras caminaba en el patio de la prisión, meditaba sobre la cruel negativa de mantener a René por tres años en una probatoria innecesaria y riesgosa para su vida, cosa de la que ha de estar muy consciente la propia jueza Lenard, quien pudo escuchar de lo que son capaces los terroristas que se albergan en Miami y otras partes de la Florida, a los que ella misma menciona en las condiciones adicionales que redactó para esta absurda continuación de la sentencia de nuestro hermano.

Y en medio de mis meditaciones brotaron otros sentidos versos que vuelvo a compartir con ustedes.

SEGUNDA CARTA A RENÉ

Hermano:
Los que te impiden regresar a casa,
esos que se alimentan de sus tretas
para tratar de hundir a nuestra patria
usando sus inútiles recetas,
si pudieran, imponiendo su saña,
de nuevo te pondrían entre rejas
o, incluso más, te borraran del mapa
con terroristas en todas sus letras.
Si pudieran tus principios, al menos,
harían se esfumaran, como el humo
que se pierde sin huellas a lo lejos.
Con el poder que tienen, en su mundo,
pudieran bien intentar lo primero.
¡Jamás podrán alcanzar lo segundo!

Llegue con esta líneas nuestro eterno agradecimiento a todos los amigos en el mundo por todas las muestras de apoyo y por la constante batalla en aras de lograr no solo el regreso pronto de René a su casa, sino el de los cinco.

Cinco abrazos.

¡Venceremos!

Antonio Guerrero Rodríguez
30 de septiembre de 2011
FCI Florence

TOMADO DE GRANMA

René González tiene un sueño para su libertad

René González tiene un sueño para su libertad

Ahora que su hermano mayor está a punto de dejar atrás las rejas después de 13 años de injusta prisión, Roberto González rememora una vida de complicidad entre ambos. Asegura que para Rene lo fundamental es seguir siendo útil, hacer por los otros Cuatro, y por su país

Alina Perera / perera@juventudrebelde.cu
 
Esta es una de las entrevistas más bellas y cómodas que he hecho en mi vida. Así lo sentí desde que la grabadora empezó a andar y Roberto González, hermano del compatriota René y parte del equipo legal que defiende la causa de los Cinco, comenzó a responder un montón de preguntas, ahora que Rene (así sin acento en la segunda e, como suele nombrarlo mi entrevistado) saldrá pronto de prisión.

Hablo de belleza por el tema esencial del diálogo: un hombre aporta detalles sobre su hermano mayor, y así nos muestra a un ser humano de paz, que no constituye peligro para sociedad alguna. Y hablo de comodidad porque a Roberto lo conozco desde que era recién graduada, desde los días en que Sarita Cotarelo, su esposa y novia de la adolescencia, se mostró ante mí en un pasillo de Juventud Rebelde —adonde, como yo, pertenece—, y con su gran bondad de siempre me invitó, en calidad de psicóloga y colega, a trabajar juntas en largos y apasionantes trabajos sobre la espiritualidad del cubano.

En una noche calurosa de La Habana, acompañado de sus dos hijos varones —que por cierto se llaman Roberto y René—, disfruto a un interlocutor que coloca cada palabra con precisión de relojero, y que busca en su memoria todo cuanto le pido en aras de dibujar la estirpe de una familia de la cual solo han podido salir hombres buenos.

—Te escuchaba hablar del momento en que nació René. ¿En qué año?

—En 1956. Soy el segundo. Nos llevamos un año y diez meses.

—Es poco tiempo…

—Por eso quería tener dos hijos del mismo sexo y que se llevaran poco tiempo. Por mi experiencia con René.

—Podían tratarse entre sí como hermanos gemelos…

—Prácticamente. A estas alturas de la vida nuestros padres se siguen enterando de cosas sobre nosotros que no supieron nunca.

—¿De niños nunca René abusó de ti por ser el mayor?

—Jamás.

—¿Dónde nacieron?

—En Estados Unidos. Chicago.

—Remóntate, por favor, a tus primeros años…

—Me es muy difícil. Sí recuerdo bromas que Rene me hacía. Pero de Estados Unidos lo que más recuerdo es un incendio que hubo en el barrio.

—¿Quiénes vivían en la casa?

—Los viejos y nosotros.

—¿Por qué en Chicago?

—Ahí fue donde papi consiguió trabajo, en la industria del acero. Nos asentamos en un pueblecito llamado Indiana, en un apartamento pequeño.

—¿René y tú tienen personalidades diferentes?

—Creo que él siempre fue más noble que yo.

—Te conozco. En ti hay mucha nobleza.

—Pero no conoces a René. Cuando lo conozcas me vas a dar la razón. Siempre ha sido mi protector. De niño era realmente muy cómodo ser su hermano menor. Él era fuerte, grande. Le gustaba el deporte, el buceo. Es una persona que sabe nadar muy bien, que tiene mucha fuerza.

—¿Cómo era la relación al interior de la familia?

—Nosotros dos quizá seamos de los pocos hijos de padres divorciados que no nos traumatizamos. Tuvimos, y tenemos, una relación muy bonita con nuestros padres. Cuando ellos se divorciaron nos sentaron a los dos, y conversaron mucho con nosotros. Recuerdo ese día perfectamente bien.

—¿Qué edad tenías?

—Unos siete años. Recuerdo que yo lo entendí. Nunca vimos problemas entre nuestros padres. Hubo una separación momentánea antes del divorcio, como casi siempre pasa, un distanciamiento de meses. Nos fuimos con mami para casa de unos tíos. Ese fue el preludio del divorcio.

«A René el divorcio le afectó más que a mí. Por eso te digo que es más noble. Yo lo entendí y lo vi natural, y nunca sentí necesidad de que mis padres volvieran a unirse. Pero Rene sí».

—Se criaron con Irma, una madre y mujer especial.

—En verdad nos criamos con los dos. Papi siempre estuvo cerca. Vivir con mami era un privilegio para cualquier hijo, pero salir con papi a trabajar un fin de semana también lo era. Es igual que Rene.

—Tu hermano iba más adelante si de cursar estudios hablamos, por la edad. ¿Te mirabas en él como ejemplo?

—Nosotros, los dos, no éramos modelos para nadie. Éramos estudiantes medios; no nos interesaba el cien; no estábamos en eso de ser el mejor del aula o ser los primeros.

—¿Y qué decían que querían ser cuando fueran adultos?

—Lo primero que Rene dijo que quería ser era piloto. Porque tuvimos dos primos pilotos, pero sobre todo uno que fue el de la infancia y que murió en la aviación, en un accidente aéreo. Mi hermano probó la aviación con cinco años de edad, y eso lo marcó para siempre. Dondequiera que él divisaba un avión se volvía loco.

—Y estudió aviación…

—El camino no fue tan rápido ni tan directo sino bastante azaroso. Entró a los Camilitos con la idea de hacerse piloto, pero en octavo grado cogió hepatitis y estuvo como tres meses sin ir a clases. Cuando regresó al aula, suspendió Matemáticas y resultó baja académica. Entonces se incorporó a la Secundaria en la vida civil. Vivíamos en el Cerro. En ese momento lo llamaron del Servicio Militar por una resolución de las FAR, una orden según la cual todo el que fuera baja de los Camilitos tenía que pasar el Servicio.

«Ya él cursaba el décimo grado, y lo habían convocado para que se incorporara al Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce, como profesor de Física. Allí se enamoró de la carrera. Se sentía a gusto, tenía muy buenos alumnos, daba muy bien las clases, siempre le gustó mucho la Física y lo relacionado con la lógica, con la concatenación de hechos.

«Por eso se fue muy disgustado para el Servicio Militar. Casi hubo que darle terapia de psiquiatría. Mami y papi hablaron mucho con él, porque ya estaba dentro del Destacamento, hasta una escuela tenía asignada en Alquízar.

«Por suerte, estando en el Servicio Militar, se enamoró del tanque. De hecho nosotros fuimos en bicicleta hasta Guanajay a buscar piezas para ese tanque…».

—Los dos…

—Tremendo día ese. Buscar la pieza en Guanajay para llevarla hasta Colinas de Villa Real. Es una gran distancia. El tanque suyo tenía luces interiores, cojín en el asiento. Aquello era una belleza. Lo tenía como si fuera un carro para pasear a la novia. Siempre estaba buscando los detalles.

—Y cuando termina el Servicio…

—Entramos en la etapa de las misiones internacionalistas. Y para Rene eso fue un propósito muy fuerte. A él le dan la baja en el Servicio, y estando en ese proceso movilizan a su unidad. Entonces se reincorpora, y se va para Angola, por dos años.

—Como tanquista…

—Y yo a querer irme con él.

—Regresó de la guerra…

—Vino de Angola. Si le dices que regresó de la guerra te dirá que es mentira porque no estuvo en la guerra: él ha escrito sobre eso. No tiró un tiro; y nadie le tiró a él. Estuvo en un lugar donde simplemente se estaba preservando la integridad de un territorio, pero nadie entró a arrebatar esa integridad.

«Regresó, y ahí empezó de nuevo su lucha con la aviación. Cuando estaba en el proceso de baja del Servicio, contactó con gente de la aviación, en el aeropuerto. Recuerdo que a un compañero le llamó mucho la atención la insistencia de René, y después que él se fue para Angola, ese hombre lo buscó en casa, pues se había desocupado una plaza en el aeropuerto. René le había dicho que si se desocupaba cualquier plaza él la quería, aunque fuera limpiando cristales.

«Buscaba estar cerca de las convocatorias de la Escuela de Aviación. Siendo trabajador de Cubana de Aviación tendría prioridad. Cuando regresó de Angola vio que la convocatoria de la Escuela de Aviación demoraba unos meses, y entonces fue a 27 y M, en el Vedado, al Centro de Aviación Agrícola, cuya escuela estaba en San Julián, provincia de Pinar del Río.

«Tenía que esperar unos meses y se puso a trabajar de estibador en la fábrica de detergente que está en la calle Manglar, cerca de Cuatro Caminos. Cuando se presentó la convocatoria él fue, hizo los exámenes, y así entró en la Escuela de Aviación.

«Ahí, por primera vez, se convirtió en un ejemplo: era el mayor del curso; ya había pasado el Servicio Militar; tenía más años que los demás; ya había estado en Angola. Se esforzó de verdad y logró ser el primer expediente. El curso duró tres años. Se hizo piloto y lo ubicaron en San Julián».

—Estaba realizado…

—Decía que no trabajaba, que le pagaban por divertirse.

—Y mientras tanto tú…

—Casi me hago piloto. Porque lo acompañaba en su afán de repasar y aprender la lista de chequeo de un avión. Se trata de una acción mecánica, que hay que saberse de memoria. Yo cogía la lista de chequeo; él la enumeraba y mi papel era decirle dónde se había equivocado para que volviera a empezar.

—Estudiaste y te hiciste abogado.

—Hubiera sido psicólogo, médico o abogado. Siempre quise una carrera vinculada a la posibilidad de ayudar a las personas.

—Nadie podía imaginar que cuando estudiaste Derecho, años después ibas a ser tan necesario en un momento difícil de René. ¿Cuándo tuviste claro que entrarías en una batalla para ayudarlo?

—Nunca he estado en esta historia para ayudar a mi hermano. De hecho, en ninguna reunión de abogados, en 13 años, he hablado de mi hermano. Hablo siempre del caso de los Cinco. ¿Prioridad?: Gerardo. Es lo que más me interesa.

La ida

«René se fue de Cuba en diciembre de 1990, en una avioneta de fumigación. Había ido a trabajar a San Nicolás de Bari como instructor de aviación», recordó Roberto.

—¿Cómo llega la noticia?

—Me llama su esposa. Estaba yo trabajando en la microbrigada. La noticia era: «Aquí estuvo un compañero para decirnos que René despegó al mediodía y no aparece». Eran las siete de la noche.

—¿Y qué pensaste?

—Que se había matado.

—¿No te pasó por la mente que se había ido del país?

—No.

—¿Cuándo confirmas que está en los Estados Unidos?

—Ese fue el fin de semana más negro de mi vida. Empecé a exigirle a los compañeros de las FAR la búsqueda de René. Pensé que se había estrellado contra una mata, o contra una loma. Eso fue un sábado a las siete de la noche. Fui para casa de mi cuñada. Él le había dejado a ella un dinero guardado en una revista Bohemia, y en la página donde ese dinero estaba había publicada una canción de Pablo Milanés. Pensé: ¿Qué hace eso justamente ahí? Pero yo tenía la respuesta: mi hermano no es traidor ni a jodidas, me dije.

«Nos pasamos el fin de semana esperando. Papi dijo: “Bueno, tengo que conservarme bien para cuando él regrese…”».

—Eso dijo el viejo…

—Así mismo. Todos reaccionamos igual. Hicimos un pacto de familia. En el fondo no creíamos nada de lo que estaba pasando. Cuestión de tiempo, dijimos. Entonces el lunes por la mañana se confirma, por una entrevista que da René a la emisora subversiva Radio Martí, que se había ido para los Estados Unidos. Cuando escuché aquello sentí que no era René. Habló de cosas que no tenían sentido, que no concordaban con la educación que nos habían dado.

«Además, si tú tienes una niña de seis años y una esposa y la situación económica se pone compleja, cómo te vas a ir, es al revés. Te debes quedar. Eso fue lo que nos enseñaron en la casa: que uno no abandona a la familia. Porque no se trata de mandar 20 o 40 pesos: el día que la niña tenga fiebre hay que estar ahí. Esa historia de la partida no encajaba. Él y yo habíamos dormido cabeza con cabeza, de modo que no me creía esa historia».

—Son almas gemelas…

—¿Sabes cuál es el secreto entre dos buenos hermanos?: que cada uno piense que el otro es el mejor.

—¿Él piensa eso de ti?

—Sí. Él ve mis virtudes. Y yo las de él. Fuimos muchachos normales. Una vez tuvimos una discusión por un juguete, y mami nos lo quitó y se lo dio al primer niño que pasó por la calle. Nos dijo que si no sabíamos jugar con un solo juguete, que si íbamos a ser infelices con algo que ella había comprado para que fuéramos felices, pues no habría nada.

«Y la última discusión creo que la tuvimos cuando tenía yo 13 años. Al unísono los dos paramos de discutir, nos miramos y nos preguntábamos por qué era aquello. Nos dimos la mano y dijimos: “última discusión”. Y así fue. Sabemos usar juntos lo mismo una bicicleta que un automóvil.

El arrestro, y la batalla

—En 1998 es el arresto, ¿se comunicaron entre 1990 y ese momento?

—Casi no hubo relaciones. Olguita, la esposa, se fue en 1996. En 1998, una persona en La Lisa, vio la noticia de que Rene había caído preso. Cuando la información llegó a la casa, ahí dije: «ese sí es mi hermano». Y pensé entonces que había un gran problema, y que iba a ser muy difícil de resolver. Así se lo expresé a mami: “esto es complicado”».

—¿Cómo te sumerges en la historia desde tu oficio?

—Soy abogado de un bufete internacional. Tengo relaciones con embajadas de otros países a partir de haber defendido varios casos. Soy ciudadano americano, hermano de René. Tuve ciertas facilidades, y conté con el apoyo de mi oficina que ya había trabajado asuntos como el de los terroristas que vinieron a Cuba a poner las bombas.

«Actualicé los documentos pertinentes, entre ellos, la certificación de nacimiento en Estados Unidos que me mandó René en una de las pocas veces que tuvimos contacto, junto con una cachimba, y una nota: “Esto es por si tu hijo se decide a venir a verme”. La pipa era la de la paz».

—¿Cuándo lo viste por primera vez en los Estados Unidos?

—Ya estaba preso en una prisión de Miami. Fue en febrero de 1999. Antes él me había estado preparando psicológicamente. Hablamos por teléfono y me dijo que entraría esposado, que entre ambos habría una reja. Le dije que sabía lo que era una cárcel, que las conocía por mi trabajo, que no se preocupara. En el momento del encuentro no me sentí impresionado con nada. Él tampoco. Fue como si nos hubiéramos visto el día anterior.

—En todos estos años de prisión de René, ¿en qué has sentido que cambió?

—Si algo uno puede decir de René es que no ha cambiado. Siempre dijo que él tenía que salir de la cárcel más fuerte y más inteligente, y que si lo lograba habría ganado la batalla. Y sí: saldrá más fuerte y más inteligente.

La sentencia

«Las acciones que no favorecen a los acusados sino que los perjudican, que van contra las costumbres, contra lo normal, contra lo general, evidentemente son acciones políticas, no legales. Y René y su familia están pagando, por fundamentos políticos, un precio muy alto», reflexionó Roberto.

«Ha estado todos estos años sin ver a su esposa por ejercer el derecho a defenderse, que es un derecho constitucional, porque en el acuerdo inicial que le propusieron debía reconocer culpabilidad para no ir a juicio, y ya estuviera en libertad, hace mucho tiempo, si hubiera firmado el acuerdo. Pero él dijo que iba a juicio. Debía reconocer una cosa que no había hecho, decir que estaba cometiendo un delito contra los Estados Unidos.

«La sentencia de René no debió ser nunca de 15 años de privación de libertad. A él lo sancionan por dos delitos: ser agente de un Estado extranjero sin notificarlo al Fiscal General de los Estados Unidos, ante lo cual defendimos al acusado con la teoría de la justificación y necesidad para la lucha contra el terrorismo, algo que la Corte no aceptó. El otro delito es de conspiración, consistente en haberse puesto de acuerdo con alguien para cometer un delito contra los Estados Unidos.

«René se puso de acuerdo con el Gobierno de Cuba para ser un agente del Estado cubano, sin decírselo al Fiscal General. Ese es el delito: no decírselo al Fiscal General, solo que si se lo decía no hubiera descubierto un solo hecho contra Cuba por estar tratando de descubrir acciones de gentes protegidas y apoyadas por el Fiscal General.

«Por el delito de agente te pueden sancionar a diez años de cárcel. Por el delito de conspiración, a cinco años, pero a la vez que tú eres agente ya conspiraste, porque el delito de conspiración es ponerse de acuerdo con alguien, y a la vez que tú decides ser agente de alguien ya te pusiste de acuerdo.

«Entonces el delito de conspiración está metido dentro del delito de agente. La ley dice en esos casos que la sanción se pone de manera concurrente. A él debieron haberlo sancionado, de aplicarle la sanción máxima (porque están la posibilidad de menor tiempo, e incluso una multa), a diez años de privación de libertad. En las regulaciones de prisiones hay 52 días de beneficio de libertad por cada año que transcurre con buena conducta. Por eso es que René sale a los trece años y un mes, porque se fueron rebajando 52 días de cada uno de los años, y eso da ahora trece años y un mes, tiempo en que puede René cumplir su sanción por ese beneficio.

«Pero lo que estamos hablando es en base a 15 años, cuando en la regla lo que está estampado es que sean diez. La jueza decidió que fueran 15 porque el Gobierno se lo pidió. René debió salir a los ocho años de cárcel si la jueza hubiera aplicado la regla correctamente, si lo hubiera sancionado a diez años al ver la concurrencia de los delitos.

«El Fiscal había dicho que a René había que haberlo condenado a cien años; que era el peor de todos. Lo tomó como un asunto personal: por el tema de la ciudadanía norteamericana, por su alegato, por la forma en que habló, y por el daño que les hizo en la defensa de Gerardo: como piloto, cada vez que asistía a juicio un experto del Gobierno y René le decía al abogado de Gerardo “pregúntale tal cosa”, los fiscales se recomían el hígado».

—¿Qué momento fue el más difícil para René en todo este tiempo en prisión?

—La impotencia por no poder hacer algo en la lucha por Elián González. Él siente que si hubiera estado en la calle, se hubiera puesto de inmediato en función del niño.

—El pasado 16 de septiembre la jueza Joan Lenard, del Distrito Sur de la Florida, rechazó la moción presentada por René González en la que solicita que se le permita viajar a Cuba y residir aquí, en lugar de pasar la etapa de su «libertad supervisada» en territorio norteamericano. ¿Qué implicaciones podría tener para él salir de prisión y tener que permanecer en los Estados Unidos?

—René no está limitado a un territorio. Lo estuviera si él no tuviera casa, si no tuviera una elección. Esa «libertad supervisada» no tiene que ser en Miami, no tiene que ser en la Florida. Él puede irse a Chicago, o a otro lugar. El riesgo para su vida no se puede limitar a Miami. Si te pones a ver dónde un proyectil ha alcanzado a un cubano, ha sucedido en Puerto Rico, y en otros puntos geográficos.

«No se puede asegurar que haya personas pensando en hacerle daño a René, pero lo cierto es que el peligro es una posibilidad real».

—¿Se puede revertir la negativa de la moción?

—La moción, según lo escribió la propia jueza, no es definitiva. La argumentación de la jueza para negar a René el regreso a Cuba es que se trató de una petición extemporánea, porque fue antes de tiempo, y que no puedes pedir que te modifiquen la condición de «libertad supervisada» impuesta cuando la sentencia, sin haber empezado a cumplir esa «libertad supervisada». René puede hacer su petición después, cuando salga de prisión.

La libertad

—¿René ha hablado sobre cómo asumirá la nueva etapa que vendrá?

—Lo fundamental es hacer por los otros Cuatro todo lo posible, ser útil. El principio fundamental de la vida de René es la utilidad. Es la educación que ha recibido.

«Él tiene un propósito; lo está cumpliendo hace un tiempo en esa estrategia de salir más fuerte y más inteligente: está estudiando Economía hace dos años. Incluso una de las cosas, según me cuenta, en la cual se está entreteniendo para no pensar en la salida, es en el estudio de la Estadística. Dice que lo está golpeando, que está fuerte».

—¿Cómo habla de su estancia en Cuba?

—Habla de seguir trabajando. Le gustaría conversar con los vecinos, o ponerse a «mecaniquear» un carro en la calle… Él tiene en mente un proyecto agrícola, de autoabastecimiento. En eso anda. Y yo pienso acompañarlo.

—No dudo que él lo haga; y no dudo que tú lo sigas…

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