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En Villa Clara y en otras provincias entra en su recta final la telenovela brasileña Suave veneno (TV Globo, 1999), que primero trasmitió el capitalino Canal Habana en su espacio de teleseries habituales. A golpe de peripecias, astucia e ingenio, se ha echado a buena parte del público en el bolsillo.  Tele Y Radio cede su espacio a este comentario de Yuris Nórido, quien –como siempre-  da en el clavo con su análisis profundo y diáfano.

 

Cuando presentó su telenovela Suave veneno, Aguinaldo Silva, uno de los más populares escritores de la televisora Globo, pretendía hacer una versión televisiva (todo lo fiel que puede ser una versión televisiva en clave de telenovela) de una de las grandes tragedias de la dramaturgia universal: El rey Lear, de Shakespeare.

 

El proyecto sonaba bien, pero algo falló: al público no pareció interesarle demasiado el rumbo que tomaba la trama y a Silva no le quedó más remedio que cambiar sus coordenadas. Echó mano entonces a los ingredientes de siempre y puso sobre la mesa un folletín con todas las de la ley. Eso sí, muy bien aderezado con golpes de ingenio que aportaron singulares notas de color a un libreto que no daba descanso al televidente.

 

A pesar de todo, la telenovela no alcanzó cuotas demasiado altas de audiencia, algo que en buena medida se explica por la trasmisión en un canal competidor de un programa con un presentador muy popular. Paradójicamente, esa circunstancia benefició la calidad de la teleserie, pues Silva se empleó a fondo para conservar el segmento del público que había logrado atrapar.

 

El resultado es la historia galopante, siempre en movimiento, que los habaneros pudieron disfrutar en el Canal Habana y luego fue trasmitida por otros telecentros.

Suave veneno se ha echado a los espectadores en el bolsillo por la eficaz combinación de una dramaturgia y una puesta convencional apuntaladas por astutos golpes de efecto, frutos de la incansable imaginación de Silva y su colectivo de escritores.

 

Es tal la concentración de peripecias, que al autor se da el lujo de presentar, desarrollar y hasta cerrar nuevos conflictos en casi todos los capítulos, sin que la historia se resienta por la fragmentación o la incoherencia.

 

A Suave veneno, obviamente, se le ven las costuras del producto hecho a la medida de los vaivenes del mercado: aquí y allá son evidentes las correcciones de rumbo, la matización o hasta supresión de subtramas (la intempestiva muerte de Clarisa, por ejemplo) o la preponderancia variable de algunos personajes.

 

Pero el oficio del escritor minimiza los costos: la originalidad de algunas soluciones, la frescura y brillantez de los diálogos y el dinamismo del tempo liman las rupturas.

 

El nivel de elaboración y sugerencia de algunos bocadillos (particularmente los de María Regina, la principal villana) hablan de la extraordinaria capacidad de Silva para mover la historia desde la palabra, sin necesidad de recurrir a demasiados alardes “coreográficos”.

 

La puesta en pantalla tampoco privilegia los grandes despliegues escenográficos. La dirección de arte no trasciende la funcional corrección. Todo el éxito de Suave Veneno hay que buscarlo en su libreto y en las excelentes interpretaciones de buena parte del elenco: una Gloria Pires que deslumbra por su habitual organicidad, un José Wilker que ofrece una clase magistral de suficiencia de recursos…

 

Pero Leticia Spiller, vistiendo la piel de María Regina, es la actriz más afortunada del elenco, pues le ha tocado uno de los personajes más ricos y explotables de la serie: una villana que por momentos pareciera peligrosamente cerca de la caricatura, pero que revela una singular complejidad de matices, admirablemente asumidos por la intérprete. A juzgar por la casi constante presencia de María Regina en la trama, pareciera que fue el personaje que más disfrutó Silva.

 

Está más que claro que las telenovelas no funcionan precisamente como tribunas para las reivindicaciones sociales, pero Suave Veneno, entre oleada y oleada de melodrama, aborda algunos temas de fuerte impacto en la sociedad brasileña contemporánea, como los alarmantes niveles de contaminación ambiental que originan algunas empresas y las difíciles condiciones de trabajo de muchos obreros. Son algunos guiños a la más acuciante realidad que los productores permiten, siempre y cuando no obstaculicen demasiado el espectáculo. Porque una telenovela tiene que ser, sobre todo, espectáculo. Suave veneno es un ejemplo destacado.

Fuente:  Yuris Nórido en www.cubasi.cu

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