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Entre los años 80 y 90 hubo en el ICRT una mujer camarógrafa. Era alta, sólida, mulata y se llamaba Paulina Sayas. Era única. Los que la conocieron - Paulina murió no hace mucho, aún joven - la definen como una presencia afable, llena de compañerismo y en extremo competente. Sin embargo, bajando la voz como suelen hacerlo los que quieren compartir un secreto vergonzoso, la mayoría concuerda en que Paulina quedó varada tras la cámara de los espacios informativos, aún cuando quería asumir programas dramatizados más complejos, sólo por su condición femenina. ¿El pretexto? Las pesadas cámaras de hasta hace unos pocos años eran difíciles de ser manejadas por una mujer.

Si algo de aleccionador y de inquietante tiene la historia de Paulina, no está en su singularidad, sino en la reflexión que su destino mueve acerca de los supuestos "topes" que las mujeres van encontrando en el trayecto de sus carreras, y ante los que bien pueden rendirse o crecerse. Y la televisión cubana, en este sentido, ha funcionado como terreno movedizo.

Por un lado existen nombres emblemáticos, incuestionables y prestigiosas figuras femeninas que surcan transversalmente décadas de quehacer narrativo (Y conste que hablo de ese plato fuerte que son, y han sido siempre, los dramatizados): Cuqui Ponce de León, recientemente fallecida, pionera, vinculada a la radio, al teatro y a la consolidación de los espacios unitarios en la televisión; Loly Buján, directora de inevitable referencia, Maité Vera, guionista incansable, con prestigio bien ganado en el universo de las series y las telenovelas, y otras veteranas aún activas y muy conocidas por varias generaciones de televidentes: Lolina Cuadras, Consuelo Elba y Xiomara Blanco.

Han sido, por décadas, las hacedoras, los ojos indiscutibles de la ficción dramática en el ICRT hecha por mujeres. Sin desdorar a otras, guionistas algunas (recuerdo a Silvia Pérez Llera, a Lucía Chiong), productoras en abundancia, maquillistas, peluqueras, diseñadoras de vestuario, otras, las más... Hay un nombre que no puede pasarse por alto, otra excepción de los viejos tiempos: Teresita Ordoqui, que con una película de sólo 60 minutos, obligado referente dentro de la historia del nuevo cine cubano, Te llamarás Inocencia, marca la segunda ocasión en que una mujer dirige ficción en nuestro país. Te llamarás inocencia fue producida en 1988 por los Estudio Cinematográficos de la Televisión Cubana, lamentablemente hoy sin flujo productivo. Te llamarás inocencia representa ese otro cine, también con valores estéticos notables, realizado por instituciones que no son el ICAIC y que merecería estar dentro de la historia del mejor cine cubano.

Sin embargo, en los últimos años, las polaridades entre realizadoras (y léase directoras, directoras de fotografía, guionistas, directoras de arte...) y sus homólogos varones han encontrado un nuevo equilibrio en la televisión. Mundo difícil pero no tan cerrado a la mujer, a diferencia de otros - y cito a Mayra Vilasis, que dijo una vez que en Cuba era más fácil para una mujer ser piloto de avión que directora de cine -, la televisión de estos últimos años se ha convertido en un terreno propicio a la expresión creativa de muchas realizadoras, algunas con la vieja frustración del cine que no pudieron hacer, otras, más jóvenes, decididas a hacer del medio tribuna y espacio para sus inquietudes, maneras, y estéticas.

Definitorias han sido la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA, que anualmente prepara y gradúa alumnas con notable desempeño en todas las especialidades relacionadas con la realización, y también la democratización que las tecnologías digitales, más asequibles y ligeras, han significado para el mundo audiovisual. Y aunque el soporte digital quizás no sea el ideal, la televisión, que hizo de este su sustento, ha abierto un camino sólido para una competente y novísima generación de directoras de fotografía, que, desde detrás de las cámaras, aportan a la obra dramática la sensibilidad y el enfoque del ojo femenino.

En opinión de Danae Diéguez, profesora de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA), "cuando hablamos de cine de mujeres en Cuba no podemos quedarnos solamente en la mirada de la industria del ICAIC, porque las realizadoras se han movido en ese y en otros espacios de realización". Y en este sentido, la televisión constituye un terreno oficial indiscutible.

Y esto no quiere decir que la mujer directora en la TV cubana no tenga todavía que enfrentar presiones, dificultades y retos. La relación con el equipo de trabajo (predominantemente masculino) muchas veces está cargada de tensiones y recelos. Muchas de nuestras realizadoras todavía perciben que la necesidad de prestigiarse con los resultados de trabajo es mayor para las mujeres que dirigen, y que debe probar antes que todo el dominio de los fundamentos tecnológicos, etc. Para otras, lo difícil es luchar contra el miedo al gheto de la mujer: demostrar que todos los temas pueden pasar por una mirada femenina, sin hacer "foco" sólo en las mujeres y sus conflictos propios. Algunas realizadoras sienten que si un proyecto requiere de un toque "sensible" en general se le recomienda a una mujer, pero no se piensa en ellas a la hora de llevar a cabo otros géneros, como acción, thrillers, etc.

No obstante, no se puede hablar de una conciencia feminista o de género en la televisión, aunque haya un cambio de perspectiva pero no cabe duda de que nuestras realizadoras, incluso las menos jóvenes, aún sin esta conciencia generalizada, transmiten una percepción propia de su género. Hay, o al menos pretendemos, una transición hacia un audiovisual diferente. Y es que muchas mujeres de nuestro medio están comprendiendo que los medios de comunicación son uno de los agentes de socialización más importantes hoy en día, cuyo discurso reproduce los planteamientos androcéntricos y sexistas que han estado presentes en discursos que utilizaban o utilizan otro tipo de soporte físico. Esto nos dice a las mujeres realizadoras que debemos aprender a mirar de manera diferente con el fin de descubrir los mensajes que la pequeña pantalla es capaz de transmitir y aprovechar nuestra mirada, ya sea femenina o declaradamente consciente de los enfoques de género, para reflejar lo que somos, y reconfigurarnos como protagonistas de nuestras historias.

La televisión tiene hoy un buen momento para encontrar mujeres realizadoras contando historias de mujeres e historias de hombres. Otro tipo de mirada. O la intención de otro tipo de mirada, que también eso vale. Parafraseando a Teresa de Lauretis, realizadoras y creadoras que "viven sus propias historias" y que no se conforman con "aparecer insertas en las historias de otros".

La lista de las mujeres que dirigen, escriben o participan en importantes aspectos artísticos del audiovisual dramatizado de ficción (dirección de fotografía, dirección de arte, edición, sonido) podría ya no ser tan corta. Muchos de estos nombres están avalados por premios nacionales e internacionales. Y detrás de la cámara, es frecuente encontrar hoy día un ojo de mujer, con toda la sensibilidad que ello implica. Los tiempos de Paulina están, por suerte, quedando atrás.

Fuente:  Elena Palacios, destacada directora de la TV cubana actual/ Tomado del sitio de la TV cubana