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Tele y Radio

¿TV o no TV?

¿TV o no TV?

Los expertos en salud recomiendan que los padres deben ser firmes y mantener la televisión fuera de la habitación de sus hijos.

 

Al parecer hay buenas razones para ello. La última investigación, publicada en la edición de abril de Pediatrics revista oficial de la estadounidense Academia Americana de Pediatría, muestra que tener un televisor en la habitación no solo conduce a verla más, sino que también los jóvenes pasen menos tiempo con la familia, menos tiempo dedicados al ejercicio, que consuman menos frutas, verduras, más bebidas dulces, y a que tengan calificaciones más bajas en la escuela.

 

Un estudio a gran escala halló que los niños entre los 8 y 18 años pasan más de tres horas cada día frente al televisor. Se ha evaluado el efecto de la televisión sobre los niños pequeños; pero las investigaciones realizadas sobre la televisión en la habitación y los adolescentes son escasas.

 

Barr-Anderson y sus colegas reunieron información sobre la presencia de la televisión en la habitación y las características sociodemográficas, conductuales y personales, por medio de un cuestionario que se envió a 781 adolescentes de 17 años como edad promedio.

Los resultados fueron semejantes a los de estudios anteriores. Casi las dos terceras partes de este grupo tenía televisión en la habitación. Tener una televisión personal duplicaba el riesgo de que un adolescente viera de forma regular más de cinco horas de TV todos los días, en comparación con los adolescentes que no tenían el receptor en la habitación.

fuente:  Periódico Trabajadores

En el aire, por Cubavisión, nueva telenovela cubana Polvo en el viento, con dirección general de Xiomara Blanco

En el aire, por Cubavisión, nueva telenovela cubana Polvo en el viento, con dirección general de Xiomara Blanco

Un olor, un sabor, alguien amado que muere, una canción, la juventud... Todo es como polvo en el viento: lo que ya se perdió y no se podrá recuperar, a pesar de que permanezca en nuestra memoria, en nuestro subconsciente. Y eso hace recordar a la vida, a esa que Silvio Hernández quiso apresar en la próxima telenovela que, con dirección general de la experimentada Xiomara Blanco, ocupará el espacio de Historias de fuego, y comenzará a transmitirse a partir del próximo lunes, por Cubavisión.

 

Protagonizada por Yory Gómez, María Karla Fernández, Lieter Ledesma y Rodolfo A. Faxas, Polvo en el viento, codirigida por José Luis Mederos, vuelve a escudriñar la Cuba de ahora mismo, una inquietud perenne de su guionista, quien asegura que, aunque le gusta investigar nuestro pasado, solo le interesa escribir sobre la actualidad. «Esa es mi responsabilidad social: abordar en mis textos algunas problemáticas sociales, pero no de otra época ni de otro país».

 

Y al parecer, Hernández lo ha sabido hacer muy bien, según consideran los timoneles de esta nave, Xiomara y José Luis, quienes coinciden en que tuvieron en sus manos un libreto excelente. «Silvio escribe magníficamente bien y diseña personajes de mucha fuerza, los cuales dialogan con mucha soltura. Mira, te voy a decir lo malo de esta telenovela: le faltan 20 capítulos más, pero Silvio no quiso seguir», apunta la directora de Tierra Brava, El naranjo del patio y Destino prohibido, pero el autor de La maja desnuda y La Atenea está en San Miguel, expone sus razones:

 

«Sucede que la historia de Polvo en el viento está concebida con una estructura cerrada. Es decir, en cada capítulo aparecen tres o cuatros eventos que comienzan, detonan, se desarrollan y terminan, aunque los personajes siguen evolucionando —pero no son episodios monotemáticos. Esa ha sido la causa fundamental, porque es muy difícil escribir así, con ese requerimiento.

 

«Esta novela no se detiene, no hace concesiones con demasiadas reiteraciones. Es bastante ágil, no por el ritmo, sino por la trama, que no se paraliza», explica Silvio, mas aclara que «es una trama de ficción y, por tanto, habrá cosas verosímiles y otras no. Lo que no escaseará es la polémica —sucedió por allá por el año 2000 cuando Polvo en... se transmitió por la radio—, y también habrá temas muy discutibles, pues ubico a los personajes en situaciones límites, los cuales muchas veces reaccionan de una manera inesperada, lejos del destino ya establecido para el galán o la damita joven. O sea, que, en aras de establecer el debate, “traicioné” al público».

 

Juan Lozada, asesor de Polvo..., aprovecha para esclarecer que esta nueva propuesta, la cual no es exactamente igual a la pasada ya por la radio, «es una mezcla entre la telenovela clásica (la de pasiones fuertes), y las series que intentan profundizar en temas de interés social. Al mismo tiempo, quisimos trabajar determinados aspectos que no son comunes en los guiones que normalmente se hacen para la televisión, como la utilización de las grandes elipsis, algo que resultó un verdadero reto».

¡Pero que chévere!

 

Polvo en el viento es el regreso a la pantalla de Xiomara Blanco después de Destino prohibido. Durante 50 días, con esta telenovela la también guionista convertirá en visitantes habituales de los hogares cubanos a excelentísimos actores y actrices que la han acompañado en otras ocasiones: María de los Ángeles Santana (actuación especial), Zelma Morales, Mariela Bejerano, Eslinda Núñez, Odalys Fuentes, Amada Morado, Nieves Riovalles, Enrique Molina, Rogelio Blaín, Jorge Martínez, Rolando Núñez, Serafín García..., a quienes se suman Ariana Álvarez, Yadier Fernández, Enrique Bueno, Herón Vega, entre otros.

 

«Como si fuera poco, dice, pude reunir a un magnífico equipo de trabajo: Mederos, graduado del ISA, que me aportó además de sus conocimientos y talento, calma y juventud; Eddy Quintero, en la dirección de una fotografía de lujo; Loly Atencio en la producción general, cuyo único defecto es que nunca se cansa; José Jáuregui en el diseño de una muy decorosa escenografía...

 

«No puedo dejar de mencionarte a dos personas que, tristemente, no podrán ver el resultado de su destacada labor: Milagro Duquez (editora grabadora) y Enrique Almirante, quien estuvo con nosotros grabando hasta el 11 de agosto y un mes después lo perdimos. A ellos dedicaremos un programa especial este lunes, antes de que la telenovela inicie oficialmente el miércoles 21».

 

Con casi media vida en el ICRT —la mayor parte de esos casi 24 años como camarógrafo y director de fotografía (Cuando yo sea grande)—, José Luis Mederos se estrena en grande en la dirección con Polvo en..., si bien antes había conducido las riendas del último documental que se le hiciera a Dora Alonso y de la versión en inglés de la cartilla de alfabetización Yo sí puedo.

 

«Fue una experiencia única. Realmente me sentí muy cómodo trabajando con este grupo de profesionales. Desde un principio me enganché con el guión, pero el premio mayor fue compartir la dirección con Xiomara, con quien aprendí mucho, como antes con los maestros Iraida Malberti y Silvano Suárez. Ella confió mucho en mí y nos compartimos las escenas. Todo fue muy chévere».

En otras pieles

 

 

Perdí el respeto al mar, gracias a Polvo en el viento, dice Lieter Ledesma.

Haberle perdido el respeto al mar está entre las tantas cosas que agradece a Polvo en el viento el popular actor Lieter Ledesma, quien protagoniza por vez primera una telenovela después de descubrir el espacio de la mano de Eduardo Moya en A pesar de todo. «A raíz de este papel tuve que pasar un curso de buceo, aunque en la filmación no bajamos a grandes profundidades, y lo que más se verá es la manipulación de algunos equipos en tierra. Y es que Javier es biólogo marino. Ahora esto es parte de mi vida y cada 15 o 20 días hago mis inmersiones», confiesa el Juan Andarín de La sombrilla amarilla.

 

Con siete películas en su haber (Camino al Edén, Mañana, Viva Cuba, Sap, Ma tante Aline...), Lieter, que acaba de prestarle su voz a Meñique, esperado proyecto de los Estudios de Animación del ICAIC, señala que «aunque interpreto un rol esencialmente positivo, Javier me atrajo porque no es el héroe inmaculado de las telenovelas, sino que es como cualquier persona. A la hora de enfrentarlo traté de hacerlo sobre todo humano. Será muy polémico por las cosas que a veces hace, pero tiene una base de bondad, de buena persona».

 

No es solo Ledesma el que cree que su rol desatará la polémica en esta historia de encuentros y desencuentros. Rodolfo A. Faxas, que ve a este como su verdadero debut televisivo, piensa que su David no lo será menos. Alumno por dos años del maestro Raúl Egurem, asegura que su mayor preparación la encontró en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, gracias a su participación como actor, durante tres años, en las tesis de graduación de los estudiantes.

 

Cuenta Faxas que a pesar de no haber hecho un casting muy bueno —al menos así lo cree—, Xiomara vio en él algunas potencialidades.

 

«Me llamaron para otro papel, pero hubo dificultades con uno de los protagonistas y Xiomara me propuso ese rol. No te niego que tuve tremendo miedo, pero creo ha quedado bastante bien, aunque la última palabra la tiene el público. David, también biólogo marino, es un hombre muy espiritual, con muchas ganas de vivir, pero la vida le juega una mala trastada y lo vuelve todo al revés», dice este joven actor que se negó a adelantar más, al igual que María Karla Fernández, a quien quizá antes que finalice Polvo en el viento podremos apreciar también en Los tres Villalobos.

 

«Xiomara tuvo la gentileza de invitarme para que interpretara a Liuba, una muchacha triste y solitaria como la de La otra cara de la Luna, pero al mismo tiempo diferente, pues no es madre, ni estuvo casada por 15 años... Ella, profesora universitaria, se enamora locamente, pero...», y se detiene para evitar decir más, mientras invita a los televidentes a seguir esta corta telenovela, «pero concentrada y con sustancia. No ver un capítulo será perderse una parte importante de la trama».

 

Con la gran actriz Amada Morado, que en estos momentos ensaya para el teleplay Choque, sucederá idéntico que con María Karla, pues también forma parte de Los tres Villalobos. «Marcia es una ama de casa que ha dedicado su vida a cuidar de una familia, donde escasea la comunicación: dos hijos llenos de conflictos (la propia María Karla y Yadier) y un esposo (Rogelio Blaín) poco solidario y muy intolerante. Es una mujer que está constantemente enfrentándose a disímiles dilemas».

 

Por su parte, la estelar Zelma Morales confiesa que enfrentó a su Odalis con temor. «Es una mujer atractiva pero alcohólica. Imagínate, yo que soy casi abstemia. Estoy muy expectante con este personaje, primero de este tipo que interpreto en mi carrera. Por lo tanto me siento con el nerviosismo de una debutante».

 

En tanto, Enrique Bueno, el Leroy de La cara oculta de la Luna, no cree que esta sea su gran actuación, pero sí está supercontento por la oportunidad. «Mi rol dará de qué hablar. Mientras que mis compañeros lo ven como negativo, a mí no me lo parece. Tengo mucha fe en él y lo disfruté sobremanera. Fue un reto que me puso Xiomara en las manos y se lo voy a agradecer siempre, porque me permite mostrar la otra cara del actor Enrique Bueno».

 

Fuente:  José Luis Estrada Betancourt. Fotos Martha Vecino Ulloa, de Juventud Rebelde

 

Correo: joselestrada@jrebelde.cip.cu

Recuerdan surgimiento en 1953 del canal Telemundo

"Desde este sitio se realizó la primera transmisión de televisión del Canal 2, el 18 de febrero de 1953. En honor a todas las personas que materializaron este sueño", dice la tarja que acaba de ser fijada en la fachada del edificio de P y 23 desde donde actualmente transmiten los canales educativos 1 y 2 de la Televisión Cubana.

 

Eva Rodríguez y José Ramón Artigas, a nombre de fundadores de este medio presentes en el lugar, develaron la pieza de bronce, similar a las colocadas tiempo atrás en las sedes de otros dos canales fundacionales de este medio en el país: Mazón y San Miguel (Canal 4, Unión Radio Televisión, 24 de octubre de 1950) y RadioCentro (Canal 6, CMQ TV, 18 de diciembre de 1950).

 

Telemundo, cronológicamente el tercer canal cubano —se recordó en el acto— nació con una programación típicamente comercial, que varió en octubre de 1960, al fusionarse con el canal 4 para constituir CMBF Televisión Revolución, y luego, en 1968, sus estudios comienzan a realizar teleclases de Secundaria Básica y Preuniversitario para afrontar el crecimiento de la matrícula en esas enseñanzas.

 

Fuente:  Antonio Paneque Brizuela, tomado de Granma

paneque.b@granma.cip.cu

Efectúan premier de telenovela cubana Polvo en el viento

Vivir cada día y hacer todo el bien posible es la moraleja que para la realizadora Xiomara Blanco pretende dejar su Telenovela Polvo en el viento, cuya premier tuvo lugar en La Habana.

 

Ernesto López, presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y Waldo Ramirez, vicepresidente para la Televisión, asistieron a la proyección, en el Centro Internacional de Prensa (CIP), al igual que actores y equipo técnico del material programado para la próxima semana.

 

El guión, del joven Silvio Hernández, narra los encuentros y desencuentros de tres personajes, que derivan en grandes conflictos capaces de poner a prueba sus actitudes y valores frente a la vida, la amistad., la familia y el amor.

 

La obra, que consta de 50 capítulos de más de 45 minutos de duración cada uno, y sustituye a Historias de fuego que finalizó este miércoles en el espacio de la telenovela del patio, tiene un elenco encabezado por figuras noveles y otras consagradas, entre ellos Yoraisi Gómez, María Karla Fernández, Rodolfo Faxas, Eslinda Núnez, Odalys Fuentes, Enrique Almirante, Enrique Molina y Jorge Martínez.

 

Otros intérpretes son Herón Vega, Yadier Fernández, Rolando Nuñez, Amada Morado, Estela Gutiérrez, Rogelio Blaín, Enrique Bueno y la actuación especial de María de los Angeles Santana.

 

Para el próximo miércoles se programa el primer capitulo de este dramatizado, con música de Edesio Alejandro, la dirección fotográfica de Eddy Quintero, la cual Xiomara Blanco calificó de preciosa, el diseño de vestuario de Elio Vives y el escenográfico de José Jauregui.

 

Blanco dijo que espera que este producto dramatizado guste y llene las expectativas de la teleadudiencia, porque una finalidad ha sido tratar de transmitir que hay que vivir cada día haciendo un mayor bien posible a sus semejantes.

Fuente: AIN.

Salidas del candelero, titula Joel del Río su acercamiento crítico sobre la telenovela cubana

Salidas del candelero, titula Joel del Río su acercamiento crítico sobre la telenovela cubana

Un grupo de lectores molestos me exige, con algo de razón, afrontar la telenovela cubana con el mismo rigor exhibido en estas páginas ante la brasileña Mujeres apasionadas. Aparte de las tenues similitudes entre ambas, habida cuenta de que las dos se dedican a la contemporaneidad de sus respectivos países (y el hecho totalmente fortuito de compartir horario y teleaudiencia), son demasiado distintos los contextos culturales, económicos y sociales, como para pedirle al crítico el mismo rasero ante dos fenómenos audiovisuales realizados con muy distintos propósitos, alcances y estilos. Sería como obligarnos a comparar, y a decidir quién es mejor, entre Silvio Rodríguez y Chico Buarque. A ver, ¿por qué razón se le asigna a la crítica, o alguien se cree con la potestad, de dirimir con justicia «oposiciones» y jerarquías tan innecesarias y artificiales? Mi casi total contrariedad ante la mayor parte del seriado carioca, explicada en su momento, no puede ni debe condicionar la opinión y reflexión que merece Historias de fuego, «la novela de los bomberos», como familiarmente se la conoce. 

Hace poco, en Ciudad Libertad, se incendió un laurel de esos que majestuosamente rompen las aceras. Algún fumador desaprensivo debe haber lanzado una colilla encendida, y tuvieron que venir los bomberos a apagar los restos del todavía hermoso árbol. Cuando llegaron en su carro rojo, fue imposible contener la algarabía de los niños, cuyas clases no habían terminado, pero que se amontonaban en las ventanas gritándole su admiración a los bomberos, les preguntaban por El Guajiro, y muchos cantaban la canción de Buena Fe que le sirve de tema a la serie, como una manera de estimular y rendir homenaje a los valientes jóvenes que controlaron, en un dos por tres, el siniestro amenazante. Veinte años se demorará el árbol en retoñar, pero los bomberos cubanos de ahora mismo están recibiendo el cariño agradecido de mucha gente, gracias a la serie que les ha conferido mayor visibilidad a su extraordinaria labor.

 

Esa capacidad mitologizadora que tiene la televisión, utilizada esta vez a favor de una noble causa, no significa que debamos callar las numerosas imperfecciones, ambigüedades, errores de tono y de puesta en escena, problemas flagrantes de edición (excesos y dilaciones en momentos anodinos, mientras se precipitan hasta hacerse invisibles los de medular dramatismo) con que nos castiga la propuesta cubana de horario estelar. Precisamente lo estelar del horario nos condiciona a todos nosotros, espectadores insatisfechos con nuestra programación dramatizada, a exigirle grandes compensaciones a la serie cubana que ocupa tan privilegiado espacio.

 

Y tal vez estas Historias de fuego eran más adecuadas para otro horario, con capítulos más extensos, donde no molestara tanto la larguísima presentación y despedida. Pero eso ya no tiene remedio, y quedará la discusión, si acaso, para próximos seriados cubanos. Ojalá pudiéramos tener más de uno al aire; qué más quisiéramos que colocar un título cubano en la marea de series norteamericanas (la mayoría excelentes) que ocupan los horarios de la alta noche y la madrugada.

 

A pesar de los muchos pesares y entuertos, no obstante los evidentes errores en la designación del elenco histriónico, las torpezas narrativas o el diseño superficial de algunos personajes —problemas amplificados por una edición que parece interesada en lesionar a toda costa la historia, en lugar de preocuparse por reforzar los momentos climáticos, la fluidez y el ritmo de la acción— se aprecian valores como el dimensionado diseño de algunos personajes (particularmente los de Rubén Breña y Heydi González, cuyo desempeño sorprende agradablemente), la voluntad concreta por apresar con honestidad ciertos fragmentos de nuestro entramado psicosocial (los problemas de comunicación padre-hijo, la corrupción administrativa, la prostitución, las envidias y competencias profesionales, etc.), algunos momentos de brillantez histriónica (en los cuales sobresale el propio Breña, Alina Rodríguez, Ketty de la Iglesia), al tiempo que merece encomio cierta frescura humanizadora en el tratamiento de los héroes, y aunque creo pudo profundizarse mucho más en la vida de un cuartel, en la psicología del recluta, y en la mentalidad militar, el intento es uno de los primeros en nuestra televisión que mira en los costados cotidianos de la vida marcial, más allá de las facetas estoicas.

 

Aunque el chivo expiatorio de todos los problemas de la serie ha sido el guión (según los comentarios que he leído, ojalá que al interior de la televisión predomine un análisis más profundo), las ineficacias de la serie hay que buscarlas también en otros terrenos. Nadie está interesado en negar la falta de profundidad psicológica, e incluso de conflictos poderosos, en los bomberos a los cuales se consagra la serie. Aparte de Aniceto-Breña y de su competidor más joven (a cuyos dilemas amorosos e intentos de cambiar los métodos directrices del cuartel pudo sacársele mayor provecho dramático), los demás bomberos son tratados cual deportivos figurantes, gente sin conflictos cuya presencia, y diálogos, apenas alcanzan peso específico en la dramaturgia. Además, toda la subtrama del solar y sus habitantes enrarece el tono dominante —que a todas luces se aproximaba al melodrama de costumbres y al género de aventuras— y altera los propósitos principales de la obra con pinceladas de folclorismo vernacular, o de farsa, que colorearon el conjunto con los indeseables matices de la inoperancia y la ridiculez.

 

Cada vez que un actor declara, o sugiere, en radio o televisión, para miles de espectadores, que los problemas de una obra radican por completo en el guión, yo invitaría en la siguiente emisión de ese programa a los guionistas, para que relataran la cantidad de escenas, bien o regularmente escritas, que puede estropear un actor o actriz cuando no entiende el personaje, no logra concentrarse, el director no le explicó el modo en que se le podía dar vida a equis situación, o simplemente no entra en el rango de lo que ese intérprete puede hacer desde la verosimilitud y la organicidad. De todo ello hay un poco en esta serie donde demasiados actores y actrices recitaron sin ninguna intención sus parlamentos y recurrieron a los vicios más extraviados y a los lugares comunes más desalentadores de la actuación contemporánea.

 

Hay capítulos que debieran emplearse, en nuestras escuelas de arte, como ejemplos de lo que algún actor jamás debe hacer delante de una cámara televisiva. Me ahorro los nombres porque la crítica no ha de ser paredón para fusilar la autoestima profesional de nadie, pero la redacción de dramatizados, en pleno, debiera sentarse a revisar el modus operandi que sigue a la aprobación de un guión, es decir, a la producción de una telenovela. No basta con llenar el hueco en el horario. Hay que hacerlo con el más alto sentido de sacar al aire una producción decorosa y profesional.

 

Los jóvenes actores y actrices no alcanzaron a sorprender tan agradablemente como en ¡Oh, La Habana!, porque los insertaron a casi todos en una dicotomía de buenos-serios-pesados y malos-gozadores-antipáticos, que apenas les permitió destacarse a los más diestros. Además, en cuanto al cuadro adulto, no se entiende muy bien qué criterio se siguió a la hora de arriesgar la pegada de buenos personajes con actores incapaces de conferirles vida, cuando tenían a otros en el reparto (Fernando Echevarría, Alberto Pujols) tan notables como siempre y condenados a la brevedad de sus apariciones.

 

Una combinación de pésimas actuaciones, mala dirección y errores de edición (como escenas importantes picoteadas sin ninguna necesidad, y otras abrumadoramente largas, donde parece no llegar nunca el próximo corte) malogró muchos episodios, sobre todo los segmentos melodramáticos, básicamente referidos a la trama que rodea al doctor, su hijo desviado, la ex esposa que prefirió a un empresario extranjero, el padre bombero recién descubierto, y la amante-colega que no entiende muy bien el lugar que ocupa. A pesar de que esa línea dramática jamás consiguió articularse de manera natural con los bomberos, estos resultaron convenientemente ennoblecidos por lo bien realizado de la mayoría de las secuencias de incendio y de calamidad (que eran excepción, por supuesto), sobre todo teniendo en cuenta el nivel precario, por consabidas razones, de la truca, las escenas de acción y los efectos especiales en nuestra televisión. Con imaginación y acertados criterios en los movimientos de cámara solucionaron lo que parecía irrealizable, y pulsaron con acierto una de las claves fundamentales del cine de aventuras: héroes enfrentados a peripecias que requieren extraordinario coraje, en pro del bien colectivo.

 

En fin, que los bomberos ya tienen su telenovela. Falta ahora que los cubanos todos dispongamos de un reflejo estable, dimensionado, complejo y plausible en la pequeña pantalla. Y si el fuego se sale del candelero, a sofocarlo para que no cause mayores desmanes, que todo se cura cuando se alientan nuevas obras y uno es capaz de aprender con los escollos que tuvo el camino. Ojalá que esta invitación sea transferible y alentadora para la directora debutante Noemí Cartaya y también, cómo no, para los jóvenes guionistas Serguei Svoboda y Felipe Espinet. Estoy seguro y convencido que funcionará mejor, así tendrá que ser, la próxima teleserie donde se alisten los técnicos y actores que intentaron convertir en algo memorable estas Historias de fuego, porque fuerza, talento, inteligencia y sudor jamás será lo que falte en este país. La obra no quedó todo lo bien que se esperaba, pero tampoco puede permitir uno que los errores se conviertan en abrigo de la inercia o el pesimismo. Y a comenzar de nuevo, como decía aquel precioso tema de una grandiosa telenovela.

 

Fuente:  Joel del Río, Juventud Rebelde.  Foto:  Martha Vecino.

Seis premios caribeños para la Radio Cubana

Seis premios caribeños para la Radio Cubana

BRIDGETOWN.— Seis premios conquistó la Radio Cubana en el certamen que anualmente convoca la Caribbean Broadcasting Union (CBU) para estimular las más destacadas realizaciones de ese medio en la región.

 

Lázara Acevedo (Radio Llanura de Colón) con el documental El sueño de Bolívar y Martí; Carlos Luis Molina (Radio Güines) con el testimonio Estorino al descubierto; y Caridad Martínez y René Marín (Radio Progreso) por la versión de la obra teatral La casa de los soles truncos recibieron tan apreciados galardones.

 

A ellos se sumaron Abel Rosales (Radio Ciudad de La Habana), autor del programa juvenil Sin límites; José Antonio Manso (Radio Güines) por el musical Cecilia Valdés; y Litza Quesada (Radio Cadena Habana) por el infantil Quiero saber. (SE)

El mártir cotidiano de la radio

El mártir cotidiano de la radio

Hubo un tiempo en Cuba en el cual el nombre de Alberto Luberta constituía sinónimo de mito. Escuchar su nombre durante años, casi todos los días de la semana, como artífice de las situaciones y personajes humorísticos del legendario programa Alegrías de Sobremesa, de Radio Progreso, daba la impresión de que se hablase de un semidios y no de un ser humano.

 

Pocos conocían su apariencia física. Incluso, hubo quienes pensaron que Alberto Luberta no era más que una invención, pues quizás los guiones los realizaban varios escritores.

 

Nada menos cierto. Durante más de cuatro décadas una sola persona ha estado detrás de tanta risa provocada diariamente al pueblo y a la misma hora del día.

 

Cuando se le conoce en persona, el «mito» se derrumba, pues se trata de uno de los cubanos más humildes, amenos, gozosos y atentos que pueda existir. Este año cumple 60 años de vida artística, y en su visita a Santa Clara, durante la gira realizada por el equipo de realización de Alegrías… por todo el país, era casi un pecado no entrevistar a esta leyenda de la radiodifusión de Cuba.

  

—Luberta, 42 años escribiendo de forma ininterrumpida para un mismo programa radial. ¿Será un récord?

 

—Creo que sí, y no solo en Cuba. En la Radio Cubana hay personas que han estado un buen tiempo, pero alternando con otros escritores. Sin embargo, yo lo he hecho completamente solo.

 

—¿Cómo lo ha logrado?

 

—Con dedicación, consagrado por entero al programa.

 

—¿Qué ha representado para usted Alegrías de sobremesa?

 

—Empecé a trabajar en la radio a los 16 años; no había hecho nada significativo en mi vida hasta ese momento. Nunca esperé que mi labor en Alegrías… durara tanto tiempo. Sin proponérmelo, fue creciendo, al igual que mis hijos y la popularidad del programa.

 

—En este 2007 cumple 60 años de vida artística, y si me dice que comenzó a la edad de 16, entonces sobrepasa los setenta…

 

—Así mismo es. El 27 de septiembre cumplo 76 años.

 

—¿A qué actores y actrices de Alegrías… ya fallecidos recuerda con más cariño y admiración?

 

—A todos, pero muy especialmente a Idalberto Delgado, Wilfredo Fernández y Miriam Isabel. Empezaron conmigo desde el primer momento. Los quise con mucho afecto y nos llevábamos como familias. Éramos grandes amigos.

 

—¿A cuáles personajes creados por usted les profirió mayor simpatía?

 

—Ante todo, a Paco y Rita; también a Rufino, el encargado del edificio, interpretado por José Antonio Rivero; a Perfecto Carrasquillo, el padre de Paco, por Agustín Campos; y Alejito, asumido por el actor Wilfredo Fernández.

 

—¿Y los menos logrados?

 

—Trato de que eso no ocurra. Siempre, antes de diseñar un personaje, estudio mucho al actor que va a interpretarlo. Los hago para ellos. Si no, no funcionan.

 

—¿Qué momento de la historia de Alegrías… considera el de mayor esplendor?

 

—La década del 70, porque casi todos los mejores actores humorísticos del país los tenía en el programa.

 

—Usted recibió el Premio Nacional del Humor, en el 2001, junto al inolvidable Enrique Nuñez Rodríguez. ¿Cómo lo valora como escritor y humorista?

 

—Era un magnífico escritor, un hombre de radio, y como persona, un entrañable amigo. Nos admirábamos mutuamente. Enrique fue muy ocurrente. Me llamaba «el mártir cotidiano de la radio», y yo a él, simplemente Kike.

 

—¿Qué significó el premio para usted?

 

—La realización de un humorista, el reconocimiento en conjunto de toda una vida.

 

—¿Ha pensado en Alegrías de sobremesa después de Luberta?

 

—Estoy tranquilo al respecto, pues ya tengo mi sucesor. Se llama Ahmed Otero. Es un muchacho muy inteligente y capaz, sabe escribir, y lo más importante, ha sido el único que captó mi estilo de cómo hacer los libretos. Por lo que la esencia del programa está asegurada, y creo que va a durar mucho tiempo.

 

—¿Se arrepiente de haber dedicado su vida solo a escribir para hacer reír?

 

—En lo absoluto. La profesión de humorista es la más linda del mundo, porque dibujar una sonrisa en un rostro ajeno es la mayor de las satisfacciones.

 

—¿Cómo quisiera que el pueblo lo recordara?

 

—(Se queda pensativo) Como lo que soy. Solo como Alberto Luberta.

 

FUENTE:  Francisnet Díaz Rondón.  TOMADO DE VANGUARDIA.

09 de Mayo de 2008

En la foto:  Alberto Luberta junto a su sucesor Ahmed Otero. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Confieren a Fidel máxima distinción de la radio en Holguín

Confieren a Fidel máxima distinción de la radio en Holguín

El Micrófono de la Dignidad, máxima distinción del sistema radial de la provincia de Holguín, fue conferido hoy al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

 

La distinción es una réplica del original utilizado precisamente por Fidel durante su primer discurso pronunciado en la nororiental ciudad después de la victoria del Ejército Rebelde, cuando habló desde el balcón de La Periquera el 26 de febrero de 1959.

 

Nicolás de la Peña, el presentador del Comandante en Jefe en aquel suceso, entregó la réplica a Tubal Páez, presidente nacional de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

 

De la Peña, ya jubilado, reflexionó acerca de la necesidad de una mejor autopreparación, como primer paso hacia una integralidad profesional requerida en pleno siglo XXI.

 

Moisés Anazco, reportero de Radio Progreso, recordó que las nuevas tecnologías y su impacto en la labor de periodistas demandan un producto comunicativo capaz de satisfacer al público receptor.

 

Entre los representados en el foro estuvieron los telecentros de los municipios de Mayarí y Banes, inaugurados recientemente como parte de la ampliación de los medios de difusión hacia toda la provincia.

 

Los delegados eligieron Roberto Ortiz del Toro como presidente de la institución en Holguín, donde están afiliados 210 trabajadores de la prensa.

 

En este proceso previo al VIII Congreso de la UPEC, que acontecerá del tres al cinco de julio venidero, la cifra en toda Cuba la conforman tres mil 680, casi un millar más de los existentes en 1999, en ocasión de la cita precedente.

 

La asamblea estuvo presidida por Miguel Díaz-Canel, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y primer secretario de esa organización política en la provincia de Holguín y por Alberto Alvariño, vice jefe del departamento ideológico del Comité Central del Partido.