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Tele y Radio

Cuba dispondrá de un nuevo canal de televisión

Cuba dispondrá de un nuevo canal de televisión

El Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) anunció la próxima salida al aire de un nuevo canal con 24 horas de programación.

 

Ese medio televisivo se destinará a la difusión de la producción de canales de otros países, informó Luis Acosta, vicepresidente del ICRT, ante delegados al VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

 

Entre los productos que serán transmitidos se incluirán segmentos televisivos de una decena de naciones, precisó el directivo cubano.

 

El tema de la calidad de los contenidos elaborados en tiempos recientes por el ICRT ha figurado entre los focos de atención del evento, en el cual participan unos 400 intelectuales.

 

Acosta ofreció detalles sobre el plan de inversiones previsto para el año en curso en ese sector, ascendente a unos 15 millones de dólares y 204 millones de pesos en moneda nacional no convertible.

 

El plan incluye compra de equipos con tecnología de punta, microondas, medios de computación y climatización, archivos y vehículos de transporte, así como el mejoramiento de estudios e instalaciones de emisoras de radio y televisión.

 

El funcionario reveló que varias de las acciones para adquirir esos recursos han encontrado obstáculos introducidos por el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por el gobierno de Estados Unidos a la Isla.

 

El proceso inversionista incluirá la construcción de los telecentros de las orientales provincias de Granma y Camagüey y la ampliación de los existentes en Isla de la Juventud y Matanzas.

 

Además, la construcción o reconstrucción de varias emisoras provinciales y municipales y los locales del nuevo canal, en la Ciudad de La Habana.

 

En los últimos diez años el ICRT incrementó sus radioemisoras en 28, hasta alcanzar la cifra de 91. En 1998 existían en Cuba solo dos canales de televisión y en este momento hay cinco.

 

Acosta precisó que la puesta en marcha del canal está prevista para el primer semestre de este año.

(Fuente PL /Cubasí)

Enfoque crítico sobre medios de comunicación en congreso de la UNEAC

El VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) sometió a un severo análisis crítico la producción de la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión nacionales.

 

El objetivo de esa acción es la búsqueda de una interacción entre la definición conceptual y la práctica de la política cultural trazada en el país y su aplicación en los medios citados, según indica el informe de la comisión de trabajo dedicada al tema.

 

Entre las reflexiones de delegados se incluyó la de “buscar niveles superiores de eficiencia en la promoción de la ideología de la Revolución cubana”, asunto que consideraron de vital importancia.

 

Igualmente se pronunciaron por “crear una auténtica industria audiovisual cubana” en consideración a que “mucha de la programación que difundimos no es nuestra”, según apuntó un representante del municipio especial Isla de la Juventud.

 

El VII Congreso de la UNEAC sesiona desde ayer en el Palacio de las Convenciones de La Habana.

 

Otros tópicos a debate son la proyección del arte y la literatura, la relación con los jóvenes escritores, la proyección internacional de la cultura, la relación de ese sector con el turismo, la enseñanza artística y el trabajo cultural comunitario, entre otros.

 

El realizador Daniel Díaz Torres reclamó “una política cultural única en los medios” y el establecimiento de diferenciaciones en las “aproximaciones a zonas complejas de la realidad cubana” que no necesariamente tienen que aparecer en la televisión y sí en el cine.

 

Omar George, de la delegación de la UNEAC en la central provincia de Cienfuegos, criticó la reiterada reposición de los llamados “programas enlatados” y las “formas de producción coloniales ajenas a los paradigmas de la identidad cubana”.

 

De su lado, Luciano Castillo expresó desacuerdo con los “cortes” de censura de planos fuertes –como los de homosexualismo- en telenovelas y películas que se exhiben en el ámbito nacional.

 

El conocido actor Alden Knight propuso destinar un canal de televisión nacional a la transmisión de programas realizados en todas las provincias del país.

fuente: Prensa Latina/2 de abril de 2008.

La Radio y sus siete vidas, ponencia de Lázaro Sarmiento debatida en el XXX Festival

La Radio y sus siete vidas, ponencia de Lázaro Sarmiento debatida en el XXX Festival

Ahora mismo, a 4 mil millones de Kilómetros de la Tierra, una nave espacial lleva a bordo un conjunto de grabaciones de nuestro planeta: el canto de las ballenas, una partitura de Mozart, la música de los Beatles, el llanto de un bebé... Si mañana, los extraterrestres hicieran contacto con esa embajada tecnológica tendrían en sus manos, en su antenita o ventosas, algo muy parecido a un programa de radio. Entre tanto, cada noche astrónomos en diferentes observatorios de la tierra tienen la esperanza de escuchar mensajes originados en lejanos puntos de la galaxia. En las cabinas de sus potentes radiotelescopios ellos esperan esas señales tal vez con la misma emoción con la que nuestros abuelos aguardaban las voces de novelas de María Valero, Carlos Vadía y Xiomara Fernández.

 

UN CORTE DIRECTO

 

Por supuesto, no estamos aquí para referirnos a contactos con seres fuera del Sistema Solar. EL Caracol convoca a tener los pies en la tierra y responder una pregunta sobre nuevas formas de la radio cubana: ¿Al ritmo de la vida? Primero, vamos a citar casi un lugar común: la radio parece tener siete vidas como los gatos. Lo demostró cuando la televisión, el video casero, los discos compactos, el DVD, las computadoras, Internet y los archivos MP3 entraron en la vida cotidiana de la gente. Este medio ha tenido suficiente astucia para adaptarse al vértigo de montaña rusa de las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Busco una convivencia que le ha garantizado hasta ahora una respetable cuota de influencia mediática.

 

NO HAY QUE PARECER PEDANTES

 

1979: El grupo británico Buggles canta una canción donde el video mata a la estrella de la radio. 1993: Surge Internet Talk Radio y desde entonces las radio online se multiplican por miles. Avanzan la digitalización y ya algunos países han fijado una fecha para el fin de las transmisiones analógicas. En el baile participan los satélites con sus estaciones a la carta, y más recientemente los podcasting, que superan en todo el planeta, calculadas en torno a las 44 mil. Y desde su entrada en el mercado en octubre de 2001, los iPod no cesan de robarle oyentes a la radio. Pero no parezcamos pedantes. Estos datos, fáciles de encontrar en Internet, solo constituyen la parte más glamourosa de una realidad cuyas aristas comienzan a ser visibles en nuestro entorno. A la par, una buena parte del mundo permanece al margen, o retrasado, de muchos de los beneficios que reportan estas tecnologías. La humilde radio comunitaria, acosada en ocasiones por grandes cadenas comerciales, aún tiene por delante una tarea valiosa. También la radio tradicional con sus formatos de toda la vida seguirá siendo por largo tiempo un medio buscado por cientos de millones de personas.

 

AL ENCUENTRO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

 

Más de un millón de cubanos se graduaron en cursos de computación y electrónica en los últimos veinte años en los Joven Club de Computación. Las escuelas del país contaban al finalizar el 2006 con 88 mil 49 computadoras. De ellas 34 mil 846 con acceso a Internet. Y 2 millones 482 mil 861 estudiantes utilizaban computadoras. Hay que sumar los que usan máquinas instaladas en los hogares y en numerosas instituciones como el Ministerio de Salud Pública, muchas conectadas a la Red. El fenómeno incluye a los equipos reproductores de audio e imagen, los videojuegos y el intercambio de soportes. El creciente número de cubanos que manejan una considerable cantidad de información los convierten en oyentes más exigentes. La experiencia con medios digitales influye en la manera en que las jóvenes audiencias se relacionan con la radio. Si de nuevas formas hablamos en nuestra radio supongamos que éstas tienen en cuenta, en primer lugar, al destinatario familiarizado con las Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones.

 

LO APARENTEMENTE SENCILLO

 

Ya hay canciones que se hacen sin llegar a los programas de radio. La gente dice “este tema musical está sonando por ahí”, y este modelo adverbio de lugar abarca toda una gama de canales: desde la bocina del vecino, los amplificadores de la discoteca, las reproductoras de los vehículos y los minúsculos auriculares de un MP3. El acceso a equipos de audio y video y formatos multimedia permite una independencia de la radio y la televisión imposible de imaginar hace diez o quince años. Estas ventajas para un significativo número de personas representan un desafío para creadores y ejecutivos de la radio y establecen las reglas para una competencia saludable. Los especialistas insisten: “Las innovaciones han dado paso a nuevos formatos mediáticos con nuevos modelos de difusión, consumo y uso de información. Las demarcaciones tradicionales entre público e instituciones mediáticas se entrecruzan”. Lo aparentemente sencillo no lo es. Para mantener el ritmo de la vida hay que continuar rediseñando esquemas de programación, dinamitar conceptos dinosaúricos y plantearnos metas bien definidas como: - profundizar en la diferenciación de perfiles y poner el acento cuando sea necesario en la especialización temática - analizar cómo la experiencia compartida por medios digitales influye en lo que sabemos y en la manera de cómo lo sabemos - convertir los destinatarios pasivos en oyentes activos - aumentar los espacios de participación con multiplicidad de criterios - mejorar la calidad y recepción de la información. - Utilizar el espíritu competitivo para estimular la creación. - dejar de sobrevalorar el dato referido al número de temas transmitidos y campañas desarrolladas, y valorar el grado de recepción de los mensajes para no correr el riesgo de hacer una radio al gusto de realizadores y programadores. - olvidarse de ciertas camisas de fuerza y permitir que los géneros se mezclen - diseñar formatos más dinámicos y entretenidos. - elaborar una estrategia musical coherente y eficaz, respetuosa con el gusto paro audaz en la intencionalidad. - y –sobre todo- conquistar una mayor cantidad de jóvenes a través de formatos y contenidos que los representen en su diversidad.

 

LANZAR LA FLECHA Y DAR EN EL BLANCO

 

No basta con lanzar la flecha. Lo importante es que se clave en el receptor. La radio cubana tiene otro desafío que engloba a los ya citados: que el ritmo de la vida no se quede en la frase retórica. Hacen falta más programas de música, ciencia, tecnología y medioambiente, y de debate que abordan nuestros deberes como ciudadanos de una pequeña comunidad, un país y un planeta. Por suerte, en nuestros dramas radiofónicos no existen jovencitas pobres que buscan el Príncipe azul de melena rubia que las suban a un Ferrari. Tampoco sufrimos la fórmula extendida en las estaciones de más de medio mundo de “música-noticias-tandas comerciales”. No abundan las tertulias basadas en los latidos más frívolos del corazón y las noticias light. Y no caigamos en la trampa de la nostalgia. Muy difícil que se repitan las audiencias de Cumbres Borrascosas, El Derecho de nacer o Nocturno. Los códigos son otros. Ahora los jóvenes oyen las radionovelas con un mundo de referencias diferentes. Los niños de hoy ya no escuchan los cuentos de “Había una vez”, como se contaban hace tres décadas. Su percepción cambió.

 

 EL FUTURO

 

Mientras en otras esquinas del planeta se piensa en públicos robotizados, en Cuba hablamos de audiencias a las que la radio proporcione herramientas para disfrutar mejor una obra de teatro, una película o comprender el origen de las especies. Pudiera ser que este empeño genere un perfil de oyentes cada día con menos tiempo para escuchar la radio. Si es así, habrá valido la pena. Y si en otros lugares del Universo seres extraterrestres monitorean las transmisiones de la Tierra, sería deseable que no fuera el spot de una MacDonald el sonido que captaran sus radiotelescopios. Hay que apostar por el mensaje inteligente.

 

Fuente:  Lázaro Sarmiento, realizador de la radio habanera.  Esta ponencia fue presentada en el evento Caracol 2007 de la UNEAC y se debatió en el XXX Festival Nacional de la Radio Cubana. 

Tomada del Portal de la Radio Cubana www.radiocubana.cu

Dos Grandes Premios para Villa Clara en el Festival Nacional de la Radio

Dos Grandes Premios para Villa Clara en el Festival Nacional de la Radio

El Gran Premio de programas musicales lo obtuvo Roberto Reyes Entenza, de la emisora Stereo Centro, de Santa Clara, mientras el Gran Premio de Periodismo Radial Orlando Castellanos correspondió a Alexander Jiménez Díaz y Emma Rodríguez Aguilera, de esta CMHW, por el radiodocumental El Gran monarca, dedicado a José Martí.

 

El XXX Festival Nacional de la Radio selló sus sesiones en Santiago de Cuba con la entrega de 19 grandes premios en distintas categorías y un balance de resultados que situaron a las provincias de La Habana, Camagüey y Santiago de Cuba, respectivamente, en los tres primeros lugares de esta edición.

 

La emisora Radio Rebelde resultó una de las más laureadas, entre otros, por el programa informativo Haciendo Radio (Ismael Rensoli); la narración del choque de voleibol Cuba vs Brasil en los Panamericanos de Río; y un tercero sobre los Cinco Héroes.

 

En dramatizados seriados recibieron grandes premios Desde el fondo del alma (novela original, María E. Hernández, CMKC); La rebelión de los lucumíes (Néstor Camino, Radio Progreso); y en dramatizados unitarios La casa de los soles truncos (Caridad Martínez, Radio Progreso).

 

En las categorías de variados merecieron esos máximos lauros Una clase especial (educativo, Yusiván López Suárez, Radio Artemisa); Huellas, la radio en la memoria (histórico, Harold Santana Gainza, CMKC); y De cara al sol, (sobre Martí, Yusiván López, Radio Progreso).

 

Otras obras premiadas fueron El piloto del tirano (géneros periodísticos, Pedro Martínez Pires, Radio Habana Cuba) Al lado del camino (musicales, Roberto F. Reyes, Stereo Centro, Villa Clara); y Temor (Propaganda, Xiomara Valentín, Radio Sancti Spíritus).

 

 

En infantiles, ganó Fiesta de corazones (Dailyn Martínez Montoya, Radio 8 SF); y en página web Radio Cadena Agramonte, mientras el Gran Premio de Periodismo Radial Orlando Castellanos correspondió a Alexander Jiménez Díaz y Emma Rodríguez Aguilera (CMHW) por Gran monarca.

 

Sobre el tema de los Cinco Héroes, fueron otorgados cinco grandes premios: La luz en la oscuridad (Radio Rebelde); Entre nosotros (Geysi Rosell, Radio Cruces); En el fondo del hombre (Yamilet Fernández, Radio Cadena Agramonte); Cuando la justicia se llama libertad (Andy Duardo, Radio Güines); y Penélope en estos tiempos (Radio Enciclopedia).

 

Esos últimos lauros fueron dados a conocer en el histórico II Frente, en presencia de Magaly Llort, madre de Fernando, y Olga Salanueva, esposa de René, a quienes les fue entregado allí el sello conmemorativo Aniversario 50 de Radio Rebelde.

 

Fuente Antonio Paneque Brizuela, del periódico Granma

Antonio Moltó Martorell: “Ni prebendas ni amenazas: vocación de servicio patriótico”

Antonio Moltó Martorell:   “Ni prebendas ni amenazas: vocación de servicio patriótico”

Acabo de regresar de las provincias de Guantánamo y Santiago de Cuba. Mi condición de Vicepresidentes de la UPEC me ha permitido participar de los debates del VIII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, en medios de prensa provinciales y municipales: periódicos, radioemisoras, telecentros. Y en todas he sido testigo de la discusión franca acerca del papel de la prensa en Cuba socialista.

           

Antonio Moltó (izq.), durante el programa Hablando claro, de Radio Rebelde, junto a los colegas Herminia Rodríguez y Luis Sexto. (Foto JAMP)

 

Pero, me pregunto, cuándo no ha sido así, cuándo los periodistas no hemos debatido sobre el papel que en Cuba le asigna a la prensa la Constitución de la República y la plataforma programática del Partido gobernante. Habitualmente, tanto los periodistas como los políticos más influyentes en Cuba les han exigido a los medios y sus trabajadores un papel crítico, previsor, de alerta. Recientemente, el Buró Político del Partido Comunista aprobó un documento donde reitera su política acerca de la eficacia de la prensa, en un acto que fue la continuidad de momentos similares en tiempos pasados y recientes.

 

Los tres pilares que sostienen el Octavo Congreso de los periodistas, que celebra ahora sus sesiones de base, son, precisamente ese último documento en que se nos convoca  -incluyendo a organismos del Estado y organizaciones de masas- a la realización de un periodismo abierto y militante, crítico y responsable, comprometido con los valores más humanos y revolucionarios de la sociedad cubana. No se no ha convocado al silencio, no se nos ha recomendado la pusilanimidad. Al contrario, la Revolución, cuya perdurabilidad los periodistas, junto con la mayoría del pueblo, trabaja por garantizar, exige una prensa capaz de influir con sus enunciados informativos y sus percepciones reflexivas.

 

Junto a nosotros, en nuestras asambleas -a veces apasionadas porque la convicción implica también el calor que atiza los argumentos y exalta la verdad- están también los últimos discursos de Raúl, cuya claridad manifiesta, sin ningún resquicio para la duda, la continuidad histórica de sus ideas y valoraciones y las de Fidel.

 

¿Cómo sería posible el discurso del 26 de julio de 2007, en que Raúl habló de la necesidad de aplicar ciertas readecuaciones en la sociedad cubana, sin aquella clarinada del 17 de noviembre de 2005 cuando Fidel advirtió que los revolucionarios, con sus errores, podíamos hacer con la revolución lo que no habían podido los Estados Unidos en 40 años de hostilidad? Pero más atrás, en el año 2000, Fidel definió la revolución como el proceso que, entre otros significados, implica también cambiar cuanto tenga que ser cambiado para mejorarla.

 

Es decir, Cuba, su pueblo, su sociedad, el socialismo están viviendo hoy un período de mejoramiento en estructuras y métodos, estrategias y tácticas como le ha sido consustancial desde 1959. Eso explica porqué ha podido sobrevivir a tanta guerra con fuego y a tanta campaña basada en mentiras e infundios mediáticos que intentan manipular la opinión dentro y fuera de Cuba.

 

El tercer pilar, es, como ya he insinuado, la presencia de Fidel y su pensamiento.

 

Los periodistas cubanos sabemos qué lugar nos corresponde en este proceso. Sabemos, además, que aparte del apoyo político del Estado y el Partido dirigente, hace falta virtudes humanas como el valor, la honradez y la decencia y capacidades profesionales para defender la verdad y el gran ideal nacional de justicia e independencia, con altura, precisión, y dominio de las formas.

 

No nos sentimos hoy particularmente alentados. Estamos seguros que hoy es igual que ayer. Sabemos que hemos gozado de confianza y respeto. Sabemos que nuestra profesión en Cuba no puede responder a dineros y prebendas ni amenazas, sino que ejercemos una vocación que se consagra a defender los valores más limpios que trajo a Cuba la Revolución de Fidel y Raúl, juntos ayer, como juntos hoy en la gran causa de la nación.

 

Si algo hemos aprendido los periodistas cubanos ha sido a enfrentar la realidad, incluso a detectar nuestras deficiencias y debatir para corregirlas. Hoy, repito, no es distinto a cinco, diez o 20 años atrás. ¿Desde cuándo no peleamos por ejercer un periodismo militante y creador? Muchos de nosotros éramos jóvenes cuando pretendíamos ocupar el lugar que la Revolución nos asignaba. ¿Cuándo, pregunto, Fidel no nos estimuló a cumplir con esa herencia legada por Martí de hacer un periodismo que  no fuera aprobación bondadosa ni ira insultante, sino examen, consejo? Todavía en Cuba seguimos contando con Fidel. Todavía vemos en nuestras páginas el respeto que profesa a los medios usándolos como espacio de sus colaboraciones y firmando como uno de nosotros: como el compañero Fidel.

 

Uno se pregunta a qué tanta alharaca en medios del extranjero sobre los trabajos escritos, hablados, televisados de periodistas cubanos que enjuician con madurez y libertad la obra de todos. ¿Tengo que repetirlo? Ninguno de nosotros cree que vivimos un momento excepcional, único.

 

Quien esto escribe, que ha pasado 41 años de su existencia dedicado a trabajar en los medios, siempre ha utilizado en su labor una óptica crítica, dentro de las leyes y las reglas de Cuba. Dirijo y modero desde hace casi tres lustros el programa Hablando Claro, surgido a mi modesta iniciativa en 1993, en Radio Rebelde. El título es una declaración de principios y de fines: hablar claramente, abordar los problemas. Hoy decimos sin mordazas cuanto creemos que es justo y atinado. Nadie nos regaña, nadie nos dice que no digamos eso que todos los días, de lunes a viernes, miles de cubanos, incluso, oyentes en el extranjero, escuchan a las 12 y 15 del mediodía. Hoy decimos, sea reiterado, como dijimos ayer. Nada ha cambiado. Hemos sido los mismos y los mismos han sido nuestros criterios constructivos, reconociendo el mérito y criticando el demérito o el desvalor. Hemos tenido como divisa central en nuestro espacio crítico aquella recomendación de Fidel de apelar siempre a la vergüenza del ser humano.

 

Por ello, no creo que ninguna aviesa campaña de manipulación mediática quiebre nuestra unidad, ni las distorsionadas interpretaciones que se difunden en algunos medios del exterior amengüen nuestro ímpetu y nuestra vocación de servicio popular. Seguiremos haciendo lo que solo nosotros los cubanos, y los cubanos honrados, solidarios, enemigos de cualquier intento de someter a Cuba a caducas dependencias, podemos hacer en Cuba.

 

Ninguno de nosotros, los periodistas que en Cuba vivimos y trabajamos en medios cubanos, cobramos por mentir; ninguno de nosotros recibe un salario por volver los ojos al Norte,  a ese Norte que según Martí, siempre nos ha despreciado. No hay periodista independiente, esa es una verdad que la práctica y la teoría ya han desmentido. Siempre vamos a depender y nos diferenciará básicamente el tipo de dependencia. Unos dependerán del dinero que les paguen por  la servidumbre, la manipulación informativa, por  pasar mentira por verdad. Pero los periodistas cubanos, que hoy debatimos, hablamos, escribimos y estimamos que cuanto hacemos puede hacerse mejor, dependemos y servimos a los ideales de igualdad, libertad, independencia que nos viene como una tradición heroica desde principios del siglo XIX y que la Revolución, en 1959, renovó con la unidad nunca desmentida de Fidel, Raúl, Camilo, el Che y todo el pueblo, nutrida con la sangre de miles de cubanos de todas las generaciones.

 

En verdad, depender de esa causa y de esos valores, nunca será una deshonra.

 

Fuente:  Cubaperiodistas

Afirma el crítico Joel del Río que con Mujeres apasionadas de tanto y de tan poco devendrá cansancio

Afirma el crítico Joel del Río que con Mujeres apasionadas de tanto y de tan poco devendrá cansancio

En los primeros 15 o 20 capítulos no sabía qué ocurría, si era la telenovela o era yo quien patentizaba una flagrante incapacidad para la comunicación plena. Me parecía cansona y predecible, superficial y bobalicona, aunque confiaba en que el decursar de los episodios me conquistara de algún modo. Luego, mi opinión ha empeorado al punto de que apenas puedo echarle un vistazo para ver por dónde se va empantanando el cauce sembrado de interminables meandros. Lo peor es que, a juzgar por la presentación y la despedida, por el título, y por la amplitud de clases, razas, situaciones y tendencias sexuales incluidas, se aspira a presentar un mural abarcador de la mujer, y de la familia, brasileña de hoy día.

 

Hace cuatro o cinco capítulos comprendí de una vez que esta intención demagógicamente abarcadora, y el denonado esfuerzo por hostigarnos con eso que llaman «lo eterno femenino» viene a ser lo que más me molesta en tanto espectador. Me fastidian las atroces simplificaciones del mundo femenino (girando en torno al romance o a las urgencias vaginales), como si no hubiera otro modo de concebir los personajes femeninos, en esta suerte de melodrama con bocanadas sociológicas y pretensiones sicologistas. (Si bien debo aclarar que no están escritas para eso, las anteriores palabras son de las que provocan airadas cartas de los lectores, proponiéndole al director mi expulsión del periódico, pues algunos asumen la crítica a la telenovela como si se tratara de ofensas directas a su familia más querida. Calma, que no pretendo molestar ni ofender a nadie, sino tratar de compartir ideas que, ojalá, no resulten demasiado consabidas).

 

Las telenovelas brasileñas, las contemporáneas al menos y más las exhibidas en horario estelar, sobresalen sobre todo por la habilidad de los guionistas para que el espectador sienta, piense y reinvente las paradojas de la existencia individual. Debe divertir, sorprender, hacer pensar sobre la vida cotidiana, generar emociones fuertes, y en todo ello juegan principalísimo papel los actores. Buen guión y estrellas de probado brillo garantizan el éxito, independientemente de puestas en escena diseñadas más para endosar lo espectacular que para alimentar lo artístico. Aquí, el principal escritor (el muy famoso Manoel Carlos de Por amor, Lazos de familia y Felicidad, entre otras), junto con sus tres o cuatro colaboradores, operan por acumulación horizontal, pues no se profundiza verticalmente en ningún personaje o subtrama. Asegurar que la validez de la telenovela consiste en su enumeración somera de problemas cotidianos sería como asegurar que un maestro dio clases luego de entrar en el aula y solamente pasar la lista.

 

Cabe la posibilidad de que mi lector esté ahora mismo entusiasmado con Mujeres apasionadas, pero de seguro la ocasional apoteosis devendrá cansancio —son nada menos que ¡¡¡180 capítulos!!! en su versión original— y el cansancio se disipará luego con unos cuantos golpes de efecto, la mayoría forzados y con algún tipo de «mensaje» molesto por su extrema obviedad. Después del golpe de efecto sobrevendrá casi el hastío con tantos cambios de pareja y secretos de alcoba, hasta que lleguemos todos a la gran final, ya sea boda, cumpleaños, o fiesta de graduación (como es el caso). Allí, en unos minutos, toda oveja encuentra su pareja, en tácita comulgación con el más tranquilizador e insolente de los happy end, porque no hay tiempo para más, y habrá que recolocar corriendo, y sin traumas, los afectos y «apasionados» deseos, deberán empatarse forzosamente todos con todos, para no dejar en solitario a ningún personaje simpático, se resolverán en un pestañazo los infinitos tríos o cuartetos presentados, con la simple recolocación de los vértices, como si se tratara de pura aritmética y no de sentimientos humanos, como pretenden hacernos creer. Y a esas alturas, comprenderán que han perdido muchas horas quienes esperen de las telenovelas algo más que entretenimiento evasivo y taciturno.

 

Pero para llegar a tales epifanías conclusivas, nos restan decenas de episodios en este cuento cuasi infinito, colmado de cenicientas, blancanieves, bellas durmientes, Gretel, Alicia y rizitos de oro, y otras heroínas de ensueño, nada que ver con mujeres en quienes uno pueda adivinar la carne y el hueso, la inteligencia y el aliento de mujeres reales, como aseguraba la propaganda de O Globo en su momento de inicio promocional. Mujeres apasionadas estremeció el rating brasileño porque, oh, milagro, la telenovela de horario estelar se permitía aludir a problemas y conflictos reales, algo bastante inusual en Brasil, que no en Cuba, independiente de las muchas manquedades que caractericen nuestro audiovisual. No soy capaz de adivinar las causas de tanto éxito, pues las historias o relatos principales, por muchas vueltas que les doy, me parecen opacos, lentos, monótonos e irritantes, sobre todo en cuanto a su eje central: ruptura de Helena (Christiane Torloni, inexpresiva, solemne, casi siempre impasible) con su marido casi angelical (Tony Ramos, tan dúctil y profesional como siempre, aunque le sobren algunas caritas de santurrón medio gratuitas) y su retorno, aparentemente «estremecedor», con su antiguo enamorado, el médico (José Mayer, todo el tiempo distante, externo, como si estuviera obligado a desempeñar un papel de galán otoñal que no le gusta por su falta de contenido dramático).

 

Para que no existan malentendidos fomentados por la publicación de una sola opinión, por muy profesional o «autorizada» que esta sea, corresponde insistir en la auténtica suerte que representa el disfrute de lo mejor producido, actuado, escrito (lo más popular), de la telenovela brasileña contemporánea, fórmula audiovisual idónea para la construcción y el fortalecimiento de una identidad cultural nacional, e incluso latinoamericana. Pero esta verdad tiene su reverso: me parece una catástrofe intelectual que tanta gente malgaste tantísimo tiempo, y energía, en aprenderse los nombres, esclarecer los conflictos, sufrir y alegrarse con un escuadrón de mujeres presentadas solo en su faceta romántica, histerizadas por sus deseos de amar y ser amadas, obnubiladas por la irrealización de sus hormonales idilios.

 

Si el lector se cuenta entre aquellos que la ven todos los días, y alcanzan a nombrar completa a esa comparsa de personajes, para comprobar que no me equivoco del todo dedíquese a contar cuántas de estas mujeres representan la feminidad circunscrita a la simplonería romanticoide de yo-amo-no-me-aman, como si una mujer, un ser humano, incluso un personaje de ficción telenovelero, estuviera imposibilitado para trascender semejantes límites.

 

Y no le estoy reclamando yo a la telenovela que se convierta en un tratado verista sobre cómo ser mujer y no morir en el intento, ni que aborde de frente verdades brasileñas, y universales, como la exclusión social, la discriminación sexual y racial, la corrupción, pero muy bien le hubiera venido a este dramatizado —si las pretensiones realistas y sociológicas hubieran llegado más allá de la propaganda— un mayor detenimiento en las aristas profesionales, sociales, culturales, conductuales y psicológicas.

 

Es cierto que parece rebosado el inventario de situaciones problemáticas (relaciones envejecidas, diversidad de edades en la pareja, posesividad y celos, relaciones difíciles con los ancianos, alcoholismo, violencia contra la mujer, lesbianismo, prostitución, el amor por un sacerdote), pero el tratamiento de cada uno de estos asuntos es trivial y bosquejado, cuando no didáctico o sensacionalista, y el conjunto termina siendo bastante desabrido, papilla sentimentaloide que nos lanzan a la cara en inmensas porciones. Apenas se transmiten otros conflictos, problemas, ideas o preocupaciones que no provengan del mundo romántico y sentimental, cuyo peso en la vida no solo de la mujer, sino también del hombre, no pretendo negar para nada, pero molesta, incluso irrita, el fariseísmo de maquillar, y aplicarle cirugía estética a temas que merecían otro tratamiento, más allá de la desfiguración aligerante y embellecedora.

 

El escritor Manoel Carlos opina que las telenovelas no deben ser mero entretenimiento, sino que deben informar de problemas reales y criticar la sociedad. Supongo que tales preocupaciones se pondrán en práctica tal vez en su próxima propuesta, porque aquí construye una suerte de catálogo, alcanza atraer a todo tipo de público por la sola mención de múltiples y delicados problemas, pero nunca se afrontan con rigor y profundidad, ni mucho menos espíritu revelador y anticonformista. ¿No será que en el fondo se pretendió solamente ofrecer un producto comercial que pudiera motivar, como ocurrió, a casi todas las mujeres brasileñas, de cualquier raza, edad o clase social? ¿De verdad que Manoel Carlos y sus colaboradores creerán que las vecindades turísticas de Leblon, Ipanema y Copacabana funcionan para simbolizar un país como Brasil? ¿Por qué no se aprovechó la riqueza conflictual inherente a universos profesionales tan «cargados» como una escuela o un hospital? ¿Acaso es el triángulo amoroso el único modo efectivo de reactivar el melodrama? Y si todos sabemos ya que no es así, ¿por qué el 95 por ciento de los personajes están metidos en alguna situación de triángulo, o incluso de figuras geométricas con mayor número de vértices? En fin, ¿por qué tenían que ser tan irremisimiblemente pesadas, egoístas, irresponsables, incoloras, víctimas o victimarias nada simpáticas, la mayoría de las mujeres presentadas?

 

Personaje de la telenovela brasileña: Mujeres apasionadasPersonaje de la telenovela brasileña: Mujeres apasionadasTodas mis reservas no significan que sea yo insensible a la nómina de fotogenias, bellezas, gracia y elegancia, masculina y femenina, que despliega Mujeres apasionadas. Con un elenco de 104 actores con texto, sobresalen en el conjunto la graciosa veteranía de Susana Vieira (Lorena) (que hace casi siempre el mismo papel, pero en verdad no lo hace, lo borda, lo vive); los galanes de Rodrigo Santoro y Marcello Antony (Diogo y Sergio, el primero confiriéndole amplio margen de naturalidad y humor a su personaje, el segundo envarado, hierático, pasivo); Carolina Dieckmann y Regiane Alves (Eduviges y Doris, ambas bellísimas, una repitiendo su muchachita cándida y pobre, la otra, una malvada de antología capaz de cualquier villanía). Notables Giulia Gam (Heloísa) y Vera Holtz (Santana) como la celosa y la alcohólica, entre otros muchos intérpretes que pudieran destacarse en un elenco multiestelar, como ya es costumbre.

 

Aseguran algunos teóricos que la telenovela latinoamericana contemporánea evidencia una fuerte tensión entre elementos de novedad y la repetición, pues el público disfruta lo diferente cuando se le suministra dentro de un esquema narrativo familiar, conocido, predecible. Mujeres apasionadas representa el calco enésimo, saturante y monocorde de una serie «matriz», casi ancestral, atávica, que pudo llamarse Más de lo Mismo, por mucho que consiguiera satisfacer las demandas del público mayor, cumpla con eficiencia los principales requisitos del entretenimiento audiovisual y hasta mantenga una cierta dignidad técnica y artística. A mí me abruma, me aturde y, además, me deja siempre esperando más. Pasa igual con las ensaladas cuyo exceso de aliño no consigue disimular el irremediable desabrimiento de la verdura primordial.

 

Fuente: Joel del Río, en Juventud Rebelde digital.

Delegación de Villa Clara asiste al XXX Festival Nacional de la Radio Cubana

Delegación de Villa Clara asiste al XXX Festival Nacional de la Radio Cubana

Este lunes partió hacia Santiago de Cuba la delegación villaclareña que asistirá al XXX Festival Nacional de la Radio Cubana, con sede en esa ciudad del Oriente de Cuba desde el martes 25 al sábado 29. En esta edición compitieron 715 obras de las más de

3 000 presentadas desde los eventos de base en emisoras municipales y provinciales.

 

Al más importante evento de la radiodifusión nacional asistirán alrededor de 250 creadores y durante sus sesiones se rendirá especial tributo a Salvador Wood, Renaldo Infante, Julián Ercilio Navarro y Noel Pérez, todos ellos santiagueros.

 

El Portal de la Radio Cubana (www.radiocubana.cu) tiene publicados los premios, menciones y los lauros a las individualidades otorgados en este certamen, cuyo jurado sesionó con antelación en Bayamo, capital de Granma.

Aunque todavía no se han dado a conocer los Grandes Premios ni las provincias y emisoras ganadoras, nuevamente CMHW, la Reina radial del Centro de Cuba, y las plantas municipales se alzaron con importantes galardones, que la ubican en una posición de vanguardia en el quehacer radiofónico del país.

 

Con premios, en esta edición del Festival, están Dalia Reyes Perera y el colectivo del Noticiero W por el resumen La semana en treinta minutos, y Abel Falcón, por el comentario Dilema de la energía.

 

Igualmente, obtuvo premio Roberto Reyes Entenza, con su programa Al lado del camino, con el que ganó el lauro a la mejor dirección de programas musicales.

 

Entre los galardones individuales también destacan Idania Pina, mejor asesoría de programas infantiles, por Pañoleta azul, y Ana Menéndez, asesora del teatro La diva que murió de amor. Por su parte, Yoel Rivero, de CMES, Radio Sagua, ganó la mejor dirección de espacios variados por La oportunidad de cambiar.

 

Premio especial le fue otorgado, además, a la novel página web de CMHS, Radio Caibarién, por la mejor interactividad.

 

Por otra parte, CMHW ganó numerosas menciones en este Festival, por ejemplo en Géneros periodísticos, por el radio-documental Resurrección en Santa Clara, de Dalia Reyes Perera, quien obtuvo junto a Enma Rodríguez otra mención por la información Presentan por primera vez prueba de ADN de los restos del Che Guevara.

 

Integran la nómina de las menciones las alcanzadas en Infantiles Variados, por Pañoleta azul; por el Teatro La diva que murió de amor; por el reportaje de Abel Falcón Monumento a la chapucería, y por el Dramatizado unitario El azul que nos corona. El espacio educativo de Radio Sagua, Duelo de palabras, ganó MENCION.

 

Además de los ganadores de premios y lauros individuales, la comitiva villaclareña al XXX Festival Nacional de la Radio Cubana la completan el director provincial de nuestro medio, Enrique Suárez Torres, los periodistas de CMHW Alexander Jiménez y Enma Rodríguez; Ileana Fernanda, editora de la página web de Radio Caibarién y la directora de esa planta municipal, Rafaela Pérez Lara.

Fuente:  editor de Tele y Radio... 

Televisión entre las llamas, titula Pedro de la Hoz su crítica a la telenovela cubana de turno

 

 

Nada nuevo digo al afirmar que el ejercicio más arriesgado de la programación dramática de la TV Cubana siempre resulta aquel donde la ficción trata de apresar las coordenadas de la realidad contemporánea.

 

La Cuba que es y no es, contradictoria y desafiante, en perpetuo movimiento, se nos ha presentado, en los últimos tiempos, esquiva en la pantalla doméstica, unas veces por defecto, otras por exceso, lastrada en ocasiones por pretensiones sociológicas generalizadoras o menguada por concesiones populistas.

 

Esto, por suerte, no parecía ser el caso de Historias de fuego, la telenovela de turno en Cubavisión. Un segmento de la Isla debió asomar desde una perspectiva particular: la mirada interior hacia un destacamento de bomberos, esos héroes que solo recordamos cuando la sirena hiere los oídos y nos preguntamos cuáles vidas salvarán o qué bienes protegerán de un desastre casi siempre provocado por la irresponsabilidad.

 

Sin embargo el peso de las subtramas —necesarias, por demás, en una propuesta dramática seriada de larga duración— no solo amenaza con alterar por momentos la ecuación, sino también pecan por abarcadoras, sociologizantes y generalizadoras, como si los guionistas tuvieran la obligación de tomarle todo el peso a los avatares de las cubanas y cubanos del medio urbano de hoy.

 

Otros motivos apuntan, además, al alto riesgo. Porque en la relación entre el reflejo épico de los caracteres y las circunstancias en que transcurren sus vidas se corre el peligro de trazar esquemas, desvirtuar perfiles psicológicos, desbordar virtudes y amanerar la cotidianeidad.

 

Tales escollos no siempre se sortean en Historias de fuego. El primer atentado contra la verosimilitud lo sufrimos en el mismo primer capítulo, con el insólito manejo del conflicto familiar desatado en torno a la posibilidad de que un médico vaya a cumplir misión internacionalista en Sudáfrica, y el último, el pasado lunes cuando los afanes arribistas de la secretaria Leticia fueron calzados mediante la burda estratagema de encerrarse en un sanitario con el señor Jaume en una situación más próxima a la astracanada que al humor popular.

 

Al menos el eje central permanece incólume: el drama profesional, ético y vivencial del teniente coronel Aniceto (cuidadosamente matizado por el desempeño decisivo de Rubén Breña) que se contrapone al proceso de iniciación de los jóvenes bajo su mando. La densidad dramática que permea la relación entre el veterano bombero y su esposa (otra vez Alina Rodríguez con pleno dominio de sus instrumentos expresivos), a pesar de que por la duración de la serie se nos presenta exacerbada vale por toda la novela, junto a la variante más original, el ímpetu de esa joven oficial (Ketty de la Iglesia exigiéndose a sí misma contención y credibilidad) que aspira a más en un medio tradicionalmente masculino.

 

Honestamente, esperaba menos convenciones y más atrevimiento en dos guionistas jóvenes como Serguei Svoboda y Felipe Espinet. La dirección de Nohemí Cartaya apenas rebasa la medianía funcional, con cuentas pendientes en el control de la calidad del sonido y el tono actoral de ciertas escenas donde el sabor popular se desliza hacia el cliché vernáculo.

 

Los bomberos siguen esperando su novela.

 

Fuente: PEDRO DE LA HOZ, en Granma digital.

pedro.hg@granma.cip.cu

foto: Foto:MARTHA VECINO