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Lo afirma Bohemia: éxito en Cuba de Prison break

Lo afirma Bohemia:  éxito en Cuba de Prison break

 Fuga de la prisión (Prison break, 2005-2007), que desde la programación de verano exhibiera Cubavisión en la madrugada, ha tenido entre nosotros el mismo éxito que en Estados Unidos, en este septiembre se inició allí la exhibición de la tercera temporada, y también en España. Relata, en una Norteamérica muy similar a la de hoy, la historia de Lincoln Burrows, condenado injustamente a muerte por un asesinato que nunca se cometió.

En realidad, es la víctima de un complot en el que están involucrados la vicepresidenta, la CIA, el FBI, el Servicio Secreto y el Consejo de Seguridad Nacional, que no vacilan en matar testigos, abogados, gobernadores o cualquier persona molesta a sus intereses.

Con un alto nivel de realización y un excelente manejo en la dirección de actores, protagonizan la serie los ingleses Wenworth Miller (Scofield), a quien vimos recientemente en Underworld (2005), aquel filme sobre vampiros contra hombres lobos, y Dominic Purcell (Lincoln). Después de lo ocurrido alrededor del asesinato de Kennedy y las recientes revelaciones sobre el 11 de septiembre, a uno le queda la duda: ¿estamos viendo en Prison break una simple ficción o una especie de profecía, de anticipación de lo que puede ocurrir, y tal vez ocurra, con esta demencial administración Bush? (P.A.G.)

 

Tomado de Bohemia.  Sección Ver, Oir, Escribir

Título original:  ¿Ficción o anticipación?

 

Disponible en http://www.bohemia.cubaweb.cu/2007/10/04/cultura/5-voe.html

  

Caso Mala leche: cambios sí, y para bien

Caso Mala leche:  cambios sí, y para bien

La más reciente producción de Nassiry Lugo es una notable marca de madurez. No niego que antes, en varios trabajos discográficos y en temas sueltos, se sabía del talento de Nassiry Lugo y su alineación Moneda dura. Los fans coleccionan canciones y discos en donde la urgencia de compartir ideas interesantes sobre el mundo contemporáneo, la inteligencia de las composiciones, y por qué no, la jovialidad y el altísimo grado de comunicación de Moneda dura, le fueron granjeando un sitio privilegiado en el gusto de la juventud cubana. Pero es consenso en la crítica que Alma sin bolsillos (producción 2007, de Alejo Stivel y EGREM) constituye la marca de madurez en el trabajo de la agrupación. También por lo estrictamente musical (mayor sutileza en las armonías, al contravenir y matizar la linealidad de las melodías; mejor empleo del efecto loop, etc.), pero sobre todo por la contundencia, la actualidad y la hondura de la mayor parte de las letras que incluye el volumen. Alma sin bolsillos inserta hermosos temas, como Los ojos de Aitana, una tierna canción que dedica Nassiry a su hija; Yo soy el rey, donde una historia de desamor sirve de pretexto para profundizar en las relaciones sociales; Háblame de amor, tema que aboga, desde la belleza de su idea y la dureza de su rap, por el diálogo de los cubanos; incluso una balada convencional, bien compuesta, como Al sudeste, que lleva meses pegada en la radio. Ahora, del disco, dos surcos me parecen particularmente relevantes: Y no hago nada y Mala leche. Y no hago nada es una balada intensa, mucho más peculiar que Al sudeste. En ella, Nassiry aborda la impotencia de algunos jóvenes —y no tan jóvenes— que crecieron un día con atención a un grupo de valores, y seguirán creciendo en virtud de esos valores, pero se encuentran en la calle, de pronto, que el amor puede costar cinco, diez y quince dólares, por lo bajito. La letra es sencillamente espectacular. El sujeto de la balada no puede sino compartir su desazón y su impotencia. Él la adora, pero ella se marchará. Se marchará tras mensajes de amor de curso legal, como hubiera dicho Serrat. Escuchamos en Y no hago nada: Pero mi amor no puede pagarte un avión/ Mis manos no alcanzan tu ilusión/ Tan solo te miro y te dejo seguir, y no hago nada/ Y es que mi amor es ciego y tu estómago no/ Mi amor en el tiempo se perdió/ Tan solo te tengo y te dejo vivir/ Y no hago nada... Mi reino por esa balada. Cuánto expresa el desconcierto que muchas veces experimentamos todos aquellos que priorizamos los valores espirituales de la gente, y la realidad, en no pocas oportunidades, no nos acompaña. Y no hago nada es un bellísimo testimonio de la época. Como lo es, a su modo, Mala leche. En Mala leche, habría que distinguir entre los accidentes de la letra, y el espíritu y la filosofía profunda que anima el tema. La letra comenta, desde la gracia del humorismo y el poder desalienante de la parodia, decenas de contrariedades en la vida del cubano de ahora mismo: la guagua que no llega, los apagones (ya menos, a Dios gracias), la cuenta de la electricidad que se dispara, etc., etc. Todo eso, además de puntualmente cierto, resulta secundario, al lado de la idea primordial: a los problemas sociales, a los huecos negros de todos los días, no les añadamos el mal trato, el atropello, la mala leche. Se invoca la mejor tradición del cubano, en lo tocante a la solidaridad, la fraternidad, el desprendimiento: Venimos de una estirpe única en el mundo/ Si somos el calor que quema desde lo profundo/ Dime, por qué no nos tratamos como hermanos... Para finalizar con un verso emotivo, que alcanza a explicarlo todo: Me late el corazón cuando me dicen cubano. También este verso resulta un testimonio del sentir de miles de cubanos en este minuto: conscientes de que solo la crítica honesta y profunda puede mejorar la sociedad, sin complacencia, sin triunfalismo, fajados y parados de punta para que nadie nos pisotee la cabeza; pero aquí, con los nuestros, compartiendo la suerte y el destino de Cuba, que es nuestra enfermedad y nuestra ilusión, un amor que lo trasciende todo. El videoclip para Mala leche no hace más que visualizar ese espíritu. Nassiry aparece como un showman, en el lugar de esos conocidos cantautores que se transforman una y otra vez en sus videos. Auxiliado por no pocos efectos visuales, en un esmerado trabajo de posproducción, el clip comenta, con enorme simpatía y un copioso juego de referencias culturales, las muchas situaciones alucinantes que describe el tema. Y termina enfatizando lo que era preciso enfatizar: ¡No a la mala leche! Este video llega a ser, por la inventiva de su imaginería y la seriedad de fondo que supone su planteo, el mejor trabajo audiovisual de Nassiry Lugo. Sería pueril ocultar la candente discusión suscitada por Mala leche. Varios compañeros consideraron que se trataba de un video impropio, excesivo, incluso por estimaciones como esta: «Desde el propio título de Mala leche, hay vulgaridad». Por mi parte, no me explico hasta dónde va a llegar el fantasma de la vulgaridad; hasta cuándo vamos a seguir negando la legítima fuente que representa el habla popular, las expresiones del cubano de a pie en el día a día (por cierto, en el caso de esta, bastante extendida en todo el mundo hispano). Aunque, desde luego, no fue ese el criterio que llegó a desautorizar el video, sino la incomprensión alrededor de la voluntad de profilaxis y de crítica social que obviamente asiste al tema. Pareciera haber dos actitudes posibles: ocultar, sumergir los problemas; o discutirlos con transparencia y con firmeza. No voy a abundar en las razones que descalificaron, en su día, a Mala leche. No las comparto ni por asomo, pero las respeto. No se trata de invertir las exclusiones, ni mucho menos del menor revanchismo. Los compañeros que no gustan de Mala leche, tienen todo el derecho del mundo a esgrimir y defender también sus criterios. En lo que sí deseo detenerme es en la legitimidad del procedimiento que consiguió, en este caso, que el video se pasara, se analizara y se debatiera con total naturalidad. A diferencia del antro de libelos y de baraturas en que se ha convertido Internet a propósito de otras discusiones, que terminan con alusiones personales, revanchas políticas, y desmesuras de todo tipo, el foro digital que suscitó Mala leche en la Intranet se caracterizó, desde el inicio, por la franqueza, la limpieza, la honestidad intelectual. Desde el primer comentario, firmado por un joven realizador (titulado, con emoción, «¿Por qué cubanos?»), hasta las declaraciones de otros prestigiosos directores, como Lester Hamlet, Ian Padrón, Pavel Giroud, Orlando Cruzata, et. al., más decenas de mensajes de solidaridad expresados por altas personalidades de la cultura cubana, este debate se distinguió por su clase, su contenido genuinamente cultural, su altura ética. Siempre hay algún desmesurado que forma lo suyo, pero no fue la norma. Resultado: la efectividad de la reflexión, la continuidad de la discusión abierta y sincera en importantes instituciones de la cultura cubana y, finalmente, la transmisión de Mala leche, en el lugar de cualquier otro video interesado en pensar nuestra realidad. El caso Mala leche significa un punto indicativo de varias cosas: una, no hay que callarse y bajar la cabeza ante todo; dos, hay que saber discutir, con responsabilidad y con cultura, con actitud de contribución, con ética. Y tres: hay cosas que definitivamente están cambiando en este país, y debemos estar atentos a esos cambios. Atrás quedaron los tiempos en que la defensa del proyecto de soberanía se convertía en coartada para impedir los cambios necesarios. Lo que pone a riesgo el proyecto de la soberanía es la mentira, la irracionalidad, el engaño del sinflictivismo. Creo que hoy somos muchos más los que defendemos la soberanía desde la necesidad y la pertinencia del cambio: No el cambio que destruye logros y hace retroceder en el camino, de forma festinada y carnavalesca, sino el cambio que abre puertas, que dinamiza la mentalidad del cubano, que aspira a una sociedad más participativa, donde todo el mundo se escuche con respeto. El cambio que lucha contra la mala leche que nos impide adelantar los trechos. 

Cambios, sí; cambios para bien.

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Fuente:  Tomado de Juventud Rebelde digital

Autor:  Rufo Caballero Correo: cult@jrebelde.cip.cu 27 de octubre de 2007 00:11:40 GMT

Disponible en: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2007-10-27/cambios-si-y-para-bien/

 

Video clip cubano: ¿Es preciso vivir delimitando vanguardias?

Video clip cubano: ¿Es preciso vivir delimitando vanguardias?

Cuánto quisiera, de verdad, compartir el entusiasmo positivista de los colegas que aseguran, categóricos y absolutamente convencidos, que el videoclip se ha posicionado en la vanguardia del audiovisual cubano. Alrededor del programa de Lucas, a lo largo de diez años, se ha generado todo un movimiento creativo que puja por conferirle validez cultural, y artística, a estos musicales brevísimos, concebidos siempre bajo la égida de la publicidad y de la promoción embellecedora del intérprete, y de su fonograma más reciente.  Dentro de ese grupo ya considerable de creadores (destacan no solo los realizadores sino también, y sobre todo, fotógrafos y editores) hay unos pocos, realmente una decena a lo sumo, entre los cuales abundan aptitudes, ímpetu innovador, búsqueda y apropiación de lo más actual y sugestivo del lenguaje audiovisual, pero cuando uno conversa con ellos, se entera de que hay muy pocos, si acaso alguno, que pretenda convertir tres minutos de imágenes en homólogos de Lucía y Memorias del subdesarrollo; la mayoría de los jóvenes creadores aseguran públicamente, y sin pudor alguno, que instrumentalizan este vehículo promocional de las disqueras como fuente de ingresos personales (algo absolutamente válido, en tanto no solo de valores espirituales y artísticos nos sostenemos todos), y a manera de entrenamiento en producciones más asequibles que otros empeños mucho más complejos, ya sean en cine o digital, de corto o largometraje, documental o de ficción.  Hay muchas otras razones y argumentos que me impiden identificar la vanguardia en los dominios del videoclip (quién sabe dónde esté la vanguardia, si es que algún espectador entendiera pertinente, o imprescindible, demarcar sus emporios semana tras semana) sin ningún prejuicio, lo digo, pues muchas veces estas páginas, y muchas otras, las he dedicado a ponderar las virtudes de un puñado de obras y sus autores. Y empleo el término «autor» en la acepción de quien tiene la mayor responsabilidad creativa en una labor, porque tampoco creo que en el momento actual de nuestro videoclip sea propio hablar de autores en el sentido de poética, cosmogonía o estilística inalienable, de la manera en que se hablaba de un cine «de autor» pensando en las inconfundibles películas de Ingmar Bergman, Andrei Tarkovski, Humberto Solás o Pedro Almodóvar, entre muchos otros. No veo ya verticalidades comparables en nuestro entorno audiovisual. Perdón por la miopía, rayana en ceguera, pero no las veo.  No digo yo que sea imposible apreciar trazos distintivos, conceptuales y formales, en los videoclips de un grupo (pequeño) de realizadores, cuyos nombres enriquecen las nóminas de nuestro panorama cultural y audiovisual. Seguramente que se me quedan nombres en el tintero, pero me vienen a la mente los del binomio Orlando Cruzata y Rudy Mora, X Alfonso, Santana, Fundora y Bilko Cuervo. Hay muchos otros que han logrado impactar en el modo de exponer y manufacturar esta modalidad, cine-teleastas que momentáneamente la cultivan, como Pavel Giroud, Lester Hamlet o Ian Padrón, quienes decidieron «refrescar» su bio-tele-filmografía con varios clips francamente memorables.  Pero reconozcámoslo de una vez con la misma sinceridad con que lo hacen la mayoría de los jóvenes realizadores: casi ninguno de ellos hacen sus obras obsesionados por merecer tal o más cuál premio Lucas , ni mucho menos con el fin de revolucionar el audiovisual del país, o tampoco con el propósito de granjearse el aplauso inflamado de los críticos y periodistas, quienes integramos paradójicamente el jurado que otorga estos galardones. Creo que al videoclip cubano le toca, porque se lo ha ganado, mayor atención y cuidado por parte de las instancias productora y promotora (es decir, las disqueras, la televisión, los productores) y debiera ocupar una serie de espacios que todavía pretenden desconocerlo injustamente. Además, va siendo hora de que se estabilicen definitivamente los días, horarios, retrasmisiones y canales de salida al aire del programa matriz y de los sucedáneos.  Acabo de ver la sucesión prácticamente inacabable de los propuestos este año para ser elegidos, luego, como nominados y triunfadores. Lo primero que salta a la vista es el parejo y considerable nivel profesional, de hechura, en la mayoría de los videos en liza. Pero falta, en mi opinión, algo que se detectaba fácilmente en otras ocasiones: las dos o tres obras cuya acumulación de méritos resulte tan incuestionable como para establecerla como ganadora indiscutible. Cuando las calidades son tan parejas, o faltan las obras de particularidad descollante, a uno, en tanto jurado, le tiembla la mano cuando jerarquiza en uno, dos, tres, cuatro y cinco (el número de escaños que confiere la boleta de Lucas para elegir los mejores del año) y puede temblarte el pulso cuando escribes los nombres de los ganadores, y te asalta el temor a la inequívoca injusticia que significa asumir las reglas de hipódromo, implícitas en poner a competir productos culturales como si fueran caballos de carrera, o de juzgar indistintamente las calidades de un videoclip roquero, otro reguetonero, un tercero de canción, y el de más allá de música popular bailable.  En términos de representación y contenido, me dio la impresión de que este año se observa un alejamiento de la barriada y el solar (salvo algunas apreciables excepciones como El revólver, de Gerardo Alfonso-Alejandro Gil, y Dominó, de X Alfonso), en pos de entornos más «selectos» (hoteles cinco estrellas, suntuosas mansiones, regios y añejos automóviles, fosforescentes salones de baile) o paradisiacos e idílicos contextos, principalmente playeros o bucólicos. Estamos revalidando nuestro título de paraíso tropical, inundado de exuberante flora, imprescindibles cocoteros, y las todavía más imprescindibles mulatas ligeritas de ropa, meneando la pelvis al son de la timba fascinante o el reguetón sensual. Y nada tengo yo en contra de esa imagen chulísima, colorista y hasta parecida por momentos a lo que hemos sido, pero somos mucho más, y el videoclip muy bien que puede y debe mostrarlo, aunque sea epidérmicamente.  Impera la idealización rumbera respecto a la fiesta innombrable que significa habitar la isla mayor de las Antillas, sin cuestionamiento alguno a las oscuras praderas que nos convidan, por aludir solo dos metáforas lezamianas. Y el espectador, que se había aburrido de tanta cuartería y sordidez, termina extrañando la rigurosa intención documental de algunos clips de aquellos, mientras ahora se aburre con esta elegancia estandarizada de anuncio champucero, con su garbo remilgado y quimérico, y se hastía de tanto glamour impostado, totalmente inalcanzable para el común de los televidentes. Anímese y pase revista en cualquiera de las emisiones de Lucas (aunque debe reconocerse que se intentan programas en cada emisión desde el punto de vista de la variedad formal y genérica) y comprobará cuántos videoclips de este año representan al sujeto, el o la intérprete, o el grupo, a manera de estrellas y astros inalcanzables, reyes de las multitudes, individuos que están por encima del gentío por su gracia y belleza excepcionales, y por tanto merecen el tratamiento VIP que les ofrendan, y ocupar las primeras páginas de los periódicos, y los estelares de la TV, mientras los persiguen o escoltan las fanáticas ávidas de cualquier contacto con sus relucientes ídolos. ¿De qué hablan? ¿De Cuba? ¿Cuándo fue que adoptamos en este país los recursos del star system hollywoodense para promocionar, o revalidar, el talento de nuestros músicos y cantantes? ¿Presentar al intérprete con una grandeza y popularidad de las cuales carece por completo, contribuirá a promocionar su imagen de manera eficaz y funcional?  Tal vez el videoclip deba permitirse, también, la recreación de estos universos concupiscentes y alejados de lo común. Seguramente a muchos espectadores los seduce esta suerte de utopía frívola, ensueño «sinflictivo» en que han derivado demasiados videoclips de este año, y de entregas anteriores también. Ocurre que en esta ocasión mayorean, sobre todo, pero no solo en la categoría de música popular bailable. El caso es que, vanguardia o no vanguardia, junto con algunos filmes y documentales notables, el videoclip nos había acostumbrado a recrear otros espacios narrativos y representacionales, y muchos estábamos satisfechos con el hecho de que esta variante del musical televisivo asumiera ciertos temas y personajes, a veces omitidos por la prensa, el cine, los dramatizados de televisión e incluso los noticieros.  Después de la semidescarga, que los encargados del programa y los realizadores saben que pueden contar conmigo como partícipe opinante, jamás como cómplice ciego, llegamos a la parte de las congratulaciones. Diez años celebraremos todos con Lucas, y los felicito de todo corazón por haber construido, prácticamente de la nada, un proyecto cultural: Merecen toda suerte de felicitaciones sus hacedores por haber izado los mástiles de nuestras músicas e imágenes por encima del horizonte trazado por unos cuantos tópicos típicos. Y lo mucho bueno que han hecho, junto a la marea de productos adocenados, ornamentos cursilones, picotillo de planos vertiginosos que nada muestran, intrascendentes en fondo y forma, prosaicos hasta la chabacanería, o presumidos y narcisistas hasta provocar la irritación del televidente más conformista, debieran propiciar la elusión de los dos extremos más frecuentes relativos al expediente Lucas y al videoclip cubano contemporáneo: la pomposa (auto)sobrevaloración de unos y el injustificable o prejuiciado desdén de los otros.  Muy pronto sabremos los nominados de este año. No espero coincidir esta vez con los criterios mayoritarios de mis colegas respecto a cuáles son los mejores del año, ni tampoco he podido convencerme de que esté en presencia de la vanguardia audiovisual cubana (ya quisiera yo que para cosechar valores bastara con imaginarlos). Debe ser torpeza mía, pero no la veo y a lo mejor ellos ni siquiera necesitan semejante elogio. Llegue de todas formas mi felicitación calurosa al espacio, mi admiración expedita a la labor competente y pertinaz de muchos hacedores de videoclip, y a prepararse para el fiestón por los diez años. Que sobran razones para celebrarlo, aunque no entienda muy bien yo, y a ellos los deje totalmente indiferentes, la etiqueta que les cuelgan (aquella de la vanguardia) y les asignen el carril de la competitividad extrema, y los metan en la dinámica de las jerarquías inflexibles. Son las reglas del juego. Lo tomas o lo dejas. Aunque quizá valga la pena, a la altura del año once, comenzar a repensar el proceso, mejorarlo, quitarle los matices de hipódromo, suprimir los caprichos de Oscar subdesarrollado, de Grammy hablado en cubano.    Fuente: Juventud Rebelde Digital     Por: Joel del Río   31 de Octubre, 2007      

Premio Caracol jerarquiza obras del cine y la TV

Premio Caracol jerarquiza obras del cine y la TV

La telenovela ¡Oh!, La Habana obtuvo la mayoría de los premios en la categoría de obras seriadas de televisión y video en el Concurso Caracol 2007, que convoca la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), clausurado el fin de semana último en esta capital. Los lauros concedidos a esta realización de la Televisión Cubana fueron los de dirección (Carlos A. Medina y Humberto Hernández); edición (Pavel Ramírez); dirección de fotografía (Rafael García); diseño escenográfico (Gastón Joya); diseño sonoro (Omar Montaña y Aliosca Morejón); y diseño de vestuario (Anayce Figueroa y Mandi Morgado). Otra creación multipremiada fue, en cine, el largometraje "La edad de la peseta", que triunfó en dirección (Pavel Giroud); en edición (Lester H. Veira); en fotografía (Luis Najmías); en diseño de vestuario (Liz Álvarez); y en maquillaje y peluquería (Magdalena Álvarez y Ricardo E. Durán). "La edad de la peseta" obtuvo igualmente el Premio Único de Música Original, por la composición de Ulises Hernández, apartado en el que ¡Oh!, La Habana recibió también mención por el trabajo melódico de Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán. La Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños obtuvo cinco premios a documentales producidos allí: en dirección ("Adiós a Cuba", Fabio Augusto Meira de Sousa) y ("Model Town", de Laimir Fano); en dirección de fotografía ("Pucha vida", de Nazly Maryith); en edición ("Fábrica", de Juan S. Calero) y en diseño de banda sonora ("Fábrica", de Marco A. Toledo). El filme "Mañana" ganó en guión (Alejandro Moya González); en banda sonora (Alejandro Moya González y Esteban Vázquez); y "Madrigal" lo hizo en dirección de arte (Erick Grass). En cortometrajes de ficción, "El Año del Cerdo" fue reconocido en dirección (Claudia Calderón) y en guión (Claudia Calderón, Fernando de Peña y Leopoldo Joe Nakata); "El jardín de los expósitos", en dirección de fotografía (Ana Virginia Bojórquez); "La cura", en edición (Rodrigo D. Álvarez y Oriol Estrada); y Solaris, el premio especial (Jorge Molina) y el de diseño escenográfico (Jorge Charón Martínez). El premio Caracol Violeta Casal de conducción en televisión fue para Julio Acanda, por el programa "Somos Cuba", y el de narración para Marino E. Luzardo, por el documental "Tsunami" de la costa oeste, y César M. Arredondo, por la serie documental "La epopeya de Angola". Ese mismo lauro, pero en narración para radio, fue obtenido por Samuel O. Urguía (emisora CMHW) por "Cuerpos desnudos"; el de conducción, por Mercedes Posada Muñoz (Radio Güines), por "Un poco de todo"; y, el de locución, por Virgen M. Ojeda por Flor y canto de América. El premio Caracol de crítica José Manuel Valdés Rodríguez fue para Carlos Figueroa, por "La Radio Cubana: mitos y decadencia". Fuente: Granma Digital  Por: Antonio Paneque Brizuela   30 de Octubre, 2007     

  

Diez personalidades con el Premio Nacional de la Televisión

Diez personalidades con el Premio Nacional de la Televisión

El Premio Nacional de la Televisión 2007, que se otorga por la obra de toda la vida, fue entregado a diez personalidades del medio con una extensa y variada hoja de servicios y un amplio reconocimiento popular.  Durante una ceremonia en el teatro Amadeo Roldán recibieron la distinción los actores Marta del Río Rodríguez, José Corrales Martínez, Mercy Aguilar González de Piñera, y Baldomero Peláez Gómez, todos caracterizados por su dedicación y entrega a la actuación en ese sector. También les fue conferido al coreógrafo Francisco (Pancho) González López, los directores Juan Vilar Díaz, Rafael G. González (diseñador y guionista) y José Ramón Artigas; al escenógrafo Pedro J. Campanería; y al artífice del grupo operativo del organismo Demetrio A. Castellano García.  

Fuente: Granma Digital 

 Por: Antonio Paneque Brizuela   

25 de Octubre, 2007 

Dianelis Brito, el rostro imponente de la televisión

Dianelis Brito, el rostro imponente de la televisión

Cada vez que Dianelis Brito aparece en televisión con su rostro imponente en el que resaltan dos detalles: una mirada expectante y una boca ávida, de Sibila trashumante, le viene a la mente a este reportero que uno de los ganchos inexorables para un actor, es tener una buena faz mediante la cual el espectador se anime a soñar.

La descubrimos en la teleserie Pasión y prejuicio y nos enamoramos de esa imagen, de esa voz que destilaba bondad, femineidad, dulzura. La hombradía, dicho sea de paso, en su carrera hacia lo imposible, llegó a odiar o imitar, de puro celo, a su partenaire en esa saga, el actor Riny Cruz.

Dianelis caló hondo y dejó una obra a la que debemos volver todos los años, como aquel pintor que percibió una imagen de mujer en la calle y día a día debía reproducirla en el lienzo para no perderla.

Aquí les presento a Dianelis Brito en entrevista para CubaSí.

P: En los últimos tiempos me ha tocado en suerte entrevistar a tres actrices de imponente rostro, me refiero a Larisa Vega, Blanca Rosa Blanco y usted. ¿Considera que con una cara agraciada se tiene la mitad de la pelea ganada?

Mira: la televisión es imagen, no es menos cierto que la gente agradece los rostros agradables, pero si detrás de eso no hay una actriz, mejor te dedicas a modelar. Sí pienso que cuando está todo junto, el paquete es completo.

P:- Existe una falla en algunos de los realizadores que la han dirigido. Pienso que ellos no explotaron a plenitud, salvo Eduardo Macías, el mantenimiento de tomas largas centrada en la emotividad de su rostro, algo que logró, por ejemplo y genialmente el cineasta chino Zan Zhimou, con su actriz fetiche Gong Li en Sorgo rojo. ¿Por qué no exige buenas tomas?

Eso es algo complejo. Es difícil decirle a un director cómo hay que fotografiarte. Yo pienso que ellos deben saber qué es lo que mejor funciona de cada actor, no me corresponde hacer el papel de director de fotografía, aunque sí sé, porque son muchos años viéndome, cuáles son mis mejores tomas.

P: ¿Cómo ha sido la vida de Dianelis Brito después de Pasión y prejuicio?

Pasión... ha sido de las cosas que se quedan siempre. Indiscutiblemente hay una Dianelis antes y después. Trabajar con Macías fue una de las mejores cosas que me han sucedido como actriz, además de estar rodeada del super elenco que me acompañó.

P: ¿Cómo la ha tratado el cine, se siente satisfecha?

De cine no puedo hablarte mucho, realmente no ha llegado la oportunidad que todo actor ansía de alguna manera, pero la televisión me ha dado la oportunidad de ser la actriz que soy y tener la experiencia que hoy tengo. Pienso que cuando se trabaja de verdad y con entrega una crece cada día con cada personaje. Todo en la vida tiene su momento.

P: ¿Por qué parece preferir la televisión?

Esta pregunta está un poco respondida ya. No se trata de preferir. Mis oportunidades me las ha dado la televisión y es ahí donde he trabajado más. Si mañana aparece el cine, pues a trabajar.

P: ¿Cómo se siente en papeles secundarios?

A la hora de elegir un personaje, no importa qué categoría tiene, si no qué me aporta y qué tiene de interesante, eso es lo que decide.

P: ¿Qué puede decir de su papel en La cara oculta de la luna?

La cara oculta de la luna ha sido una teleserie que llegó profundamente por su tema. Asumí el personaje pensando siempre en que la historia de amor entre Lucía y Leroy era la base para que el mensaje llegara de la manera que llegó, hacerla creíble fue mi mayor reto y así se lo planteé al director. La entrega es fundamental a la hora de la interpretación. Si no te lo crees, nadie te lo va a creer.

P: ¿Haría el rol de una mujer nada agraciada como el personaje de Laura de la Uz en ¡Oh! La Habana ?

Ser agraciada no es lo más importante para mí como actriz. Lo que cada personaje que uno enfrenta tiene para dar y enseñar es lo que importa. Por supuesto que lo haría, sin pensarlo dos veces.

P: ¿Con cuáles colegas se ha sentido más a gusto?

He tenido la suerte de trabajar siempre con excelentes actores, eso es importante, te hace crecer. Es difícil elegir porque cada uno ha significado algo en cada momento. Lo que me interesa es que haya química y que las cosas fluyan.


Fuente: cubasi. Por: Jorge Smith Mesa

03 de Octubre, 2007

Disponible en: http://www.cubarte.cult.cu/global/loader.php?cat=actualidad&cont=showitem.php&canal=7&tabla=entrevista&seccion=Letra%20con%20filo&tipo=&id=5495

Festival de la Radio Cubana: EN EL REVERSO DE LOS PREMIOS

Festival de la Radio Cubana: EN EL REVERSO DE LOS PREMIOS

A la radio cubana no le faltan voces, pero no hay peor sordo que el que no quiere oír. Tal vez, obnubilados por los premios de cada año, el Festival de la Radio se ha resistido a ver el reverso de sus propios galardones. Y lo peor, pretende erigirse en el Top-Ten de la programación radial en el país.

Esa consideración ha viciado el objetivo del Festival y es la causa de tanto desaguisado.

Treinta Festivales son suficientes para el análisis.

Comencemos por las bases. En ellas se establece que los programas a concursos deben haberse transmitido en una fecha determinada, pero ahí está la primera trampa. ¿Quién controla que efectivamente sea así? ¿A quién le interesa apegarse a esas bases? ¿En la práctica, es posible hacerlo en las mil y una categorías convocadas?

Muchos programas ganadores (¿quien lo ignora?), son resultado del “laboratorio”, de largas horas en los estudios buscando la perfección. No han sido transmitidos en el lapso señalado, incluso algunos no han sido transmitidos en absoluto, sino que se les acomoda en una fecha, a discreción.

En un concurso de prensa escrita, por ejemplo, esto no pudiera pasar: la obra quedaría descalificada. Ningún autor podría enmendar lo ya publicado y luego enviarla a concurso. En la radio, evaluados y evaluadores cumplen un pacto de silencio: En las convocatorias a nivel de emisoras, municipio, provincia y nación, todos se hacen de la vista gorda.

¿El Festival se ha olvidado del carácter efímero de una puesta en bocina? Tal vez, sus caminos poco prácticos, son los responsables y generan en sí la burla de sus bases.

Si se admite que la práctica es el criterio de la verdad… ¿Por qué no se cambian sencillamente las bases y se termina con tanta incongruencia? ¿Por qué no se convoca a la participación de programas transmitidos o no?

La propia concepción del Festival propicia la trampa.

¿Habrá que buscar la espada para desatar el nudo?

Y es que el Festival de la Radio pretende formarse un juicio de la programación real transmitida en las emisoras, con los programas presentados a concurso, ignorando que varios de ellos no son los programas que se radiaron, aunque se llamen de la misma manera y en la ficha entregada, en el papel, cumpla “estrictamente” con las bases emitidas. He ahí, a mi entender, un error de procedimiento

Podrán decirme que no son todos, que los espacios dramatizados y algún que otro tipo de programas, han sido tomados de la transmisión efectiva… pero a estas alturas, desafortunadamente, la tendencia es otra: las emisoras liberan a sus realizadores de cualquier compromiso diario en pos de fabricar el posible programa ganador. Pregúntese a conciencia y se sabrá.

Digo más: el gigantismo de las convocatorias, insufla a esta fabricación de programas, en el afán de ganar un premio.

La paradoja toma el batón: a veces, no se convocan tipologías de programas que ya tienen arraigo, y sin embargo, se da espacio a temas especiales que “invitan” a la creación de programas, mas para complacer la convocatoria del Festival, que para responder a la necesidad de la audiencia.

¿Acaso es pecado querer presentar a concurso la mejor obra posible? No, de ninguna manera; mas el pasar gato por liebre, en materia de concurso, hablando en cubano, no tiene otro nombre que engaño (un autoengaño sin sentido, un engaño múltiple), aunque venga “envuelto” en no sé cuantas consideraciones.

Si se entiende un premio de la radio como el reconocimiento a un colectivo de realización, va mi aplauso.

Cada premio obtenido honra, y lo hace doblemente, cuando se ha conseguido a base del talento y entrega, a contrapelo de las carencias materiales, con la ayuda de una emisora vecina, pero…tomar los resultados del Festival de la Radio para evaluar, o acaso, aquilatar de una u otra forma la programación habitual es un dislate. Clasificar a toda una emisora o a una provincia, por el valor de los premios es, cuando menos, un exceso.

Es hora de buscar otros mecanismos (¿monitoreos más efectivos, nominaciones por territorio?...) que quiten al Festival ese peso extra que amenaza con hacerle zozobrar, que sacude el deseo de muchos de participar en él. Y lo dejen en la médula, un encuentro de arte radial.

Hay reticencia a admitirlo, pero lamentablemente así sucede.

El Festival se ha vuelto un agobio, una presión para realizadores y directivos. Quizá sea hora de revalorar su frecuencia anual. Se le ha dado tal relevancia que eclipsa al resto, al trabajo diario y consagrado de algunos… que no reciben premios.

Todo no acaba ahí.

El Festival de la Radio no debe confundirse con una gala de premiaciones; debía ser esa fiesta prometida; y sobre todo, un instante ideal de intercambio, de reflexión para mirar la radio por dentro, para mirarse. Mucha falta que hace.

El Festival de la Radio apostó a un bando inequívoco en la larga discusión de la radio esencialmente vista como arte o canal. Sin embargo, algunos han tomado el Festival como un pico, como un fin y no como una consecuencia, una derivación natural de lo que se hace cotidianamente.

No se ha creado ningún espacio que a nivel nacional transmita los programas ganadores (a menos de gestiones personales y eventuales) a pesar del viejo y justísimo reclamo de la gente de la radio y del seguro beneplácito de la audiencia. Eso vale más que un trofeo, un diploma o una cantidad de dinero.

Entonces, el Festival ganaría en coherencia y seguramente, de buena gana, muchos más quisieran estar representados en sus sesiones y concursos.

¿Y qué decir de la memoria? Se repite la necesidad de archivar los mejores programas. Sé que hay pasos, pero aún tímidos y aislados. A mi modo de ver, va faltando más recursos; pero también conciencia.

Es hora de dejar las lamentaciones sobre pérdidas irremediables y establecer pasos concretos para conservar lo mucho de valía que producen las emisoras cubanas. Es una tarea pendiente para todos, desde el nivel municipal hasta el nacional.

¿Habrá que seguir soñando con las radiotecas?

Si para algo debiera servir el Festival de la Radio, es para eso. Para discernir cuales son los espacios modélicos a seleccionar, sin que sean los únicos candidatos al archivo que los salve. Las nuevas tecnologías, seguramente simplificarían este proceso, sin pensar que todo está en la mano.

Vale recordar que aunque los concursos estén muy de moda (mediado más de uno por razones comerciales), la apreciación de una obra de arte tiene un carácter subjetivo; por lo tanto, el jurado somete la obra en cuestión a su arbitrio. Y ha de asumirse cada premio como una consideración, no como una regla.

Por otro lado, un asunto a reconsiderar, son los dictámenes de los programas no ganadores por parte del jurado del Festival Nacional. La mayoría, son personas prestigiosas, avaladas por un sólido trabajo en el medio, pero….¿hasta dónde será efectivo someterlos a estas consideraciones, en medio de largas sesiones de escucha?

Verdad es que se han buscado fórmulas para el festival, mas cada localidad tiene sus características y sus números. Eventualmente, estimular la competición por territorio puede tornarse desleal y hasta absurda. Un festival no es una carrera de cien metros planos.

El Festival de la Radio puede ser una guía; pero no debe imponer la dinámica a la programación radial cubana. En todo caso, ha de devenir de esa programación de manera natural.

Es hora de que el Festival de la Radio Cubana se detenga a observar el reverso de sus premios, so pena de formalismo, de irse desinflando y ser una caricatura de sí mismo.

Autor: Reinaldo Cedeño Pineda
Fuente: la isla y... LA ESPINA
Weblog de Reinaldo Cedeño Pineda... dedicada a la opinión... además literatura y temas de cultura general.
http://laislaylaespina.blogspot.com/search?q=festival+radio


Armas mediáticas para reforzar la guerra económica contra Cuba

Armas mediáticas para reforzar la guerra económica contra Cuba

En fallido afán por derrocar a la Revolución y extinguir el ejemplo que irradia su sistema de igualdad y beneficios sociales, la actual administración de Estados Unidos no escatima en gastos propagandísticos y emplea sofisticadas armas mediáticas para reforzar su bloqueo económico contra Cuba.

Desde que en 1985 fue creada la Office of Cuba Broadcasting (OCB) en Estados Unidos, mucho más de 500 millones de dólares fueron destinados allí para diseñar y progresivamente intensificar las agresiones radiales y televisadas contra la Isla a través de las mal llamadas Radio y TV Martí.

Este año los gastos de ambos medios han superado los 37 millones, según lo establecido en el Plan Bush.

Se trata de engendros cuya intención mediática declarada es desestabilizar a la nación caribeña. Se valen de la difusión de calumnias arropadas con lentejuelas de sensacionalismo y mala intención, sobre todo cuando insuflan veneno, aprovechando en ocasiones dificultades objetivas creadas por los propios Estados Unidos.

En la práctica, las citadas emisoras han constituido una fuente de enriquecimiento para elementos pertenecientes a la contrarrevolución anticubana radicada en el sur de la Florida, y otros cercanos al clan Bush, beneficiarios todos de presupuestos multimillonarios que costean los contribuyentes, ajenos al destino de su dinero.

Aunque esa es una verdad conocida por los altos niveles de la política estadounidense, voceros de la mafia, encarnados en los hermanos Díaz-Balart e Ileana Ross-Lethinen, representantes federales por la Florida, y otros influyentes aliados de los Bush, se desgañitan y rompen lanzas contra quienes denuncian la corrupción manifiesta en torno a la OCB.

Cuando uno de esos especímenes, Salvador Lew, se vio precisado a renunciar como director de la Office, después de denuncias por corrupción, W. Bush lo reemplazó por Pedro Roig, cuya hoja de servicios evidenciaba "aptitudes" que superan a su predecesor en el arte de aprovecharse del dinero ajeno.

En 2006 alquilaron un avión militar por 10 millones de dólares para intentar lo que todavía no logran: invadir las pantallas de televisión de Cuba con la señal emponzoñada de TV Martí, ilegal y violatoria de las normas mundiales de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), y trasgresora de numerosos instrumentos internacionales sobre la materia.

A pesar del fracaso manifiesto, el negocio de la TV que no se ve continúa, habida cuenta los muchos que se benefician del abundante presupuesto.

Como no les basta con ese ridículo, los estrategas de la guerra mediática contra la mayor de las Antillas asignaron 182 mil 500 dólares para comprar espacios en la llamada Radio Mambí de Miami, y 195 mil más para Azteca América, otra desprestigiada emisora, vinculadas ambas con la mafia anticubana que, como se puede apreciar, se beneficia por diferentes vías.

La reiterada violación del espacio radioeléctrico cubano forma parte consustancial del Plan Bush dirigido a derrocar al gobierno cubano, aprobado en mayo del 2004, y que en julio de 2006 especificaba su intención: "Acelerar el fin. Transición, no sucesión", seguido de un anexo secreto que se niegan a revelar.

Paralelamente, se inflan nóminas de plumíferos que escriben contra Cuba o cacarean el mensaje que les dictan en medios de difusión de Miami y otros sitios de la Unión Americana y del Mundo.

Son realidades de la doctrina de gobernantes norteamericanos para apoderarse de Cuba, que data desde antes de que los antillanos lograran la independencia de España, reforzada mediante el bloqueo tras el triunfo armado de la Revolución en enero de 1959 y recrudecido por la actual administración de George W. Bush.

Contra esa realidad de opresión y maldad, anualmente se ha pronunciado la comunidad de naciones a través de la Asamblea General de la ONU, de manera casi absoluta.

(Fuente: Servicio Especial de la AIN)
Autor: Roberto Pérez Betancourt