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Tele y Radio

Asegura Eusebio Leal que Enrique Almirante permanecerá vivo en la memoria del pueblo

Asegura Eusebio Leal que Enrique Almirante permanecerá vivo en la memoria del pueblo


La Habana, 1 oct (AIN) Con aplausos, que es el mejor homenaje a un

artista, despidió hoy el pueblo de Cuba a Enrique Almirante,

protagonista por más de medio siglo de las artes escénicas del país, y

quien falleció este domingo en esta capital.

Antológico intérprete de la pantalla chica, donde alcanzó gran

popularidad en el espacio de Aventuras, Almirante se desempeñó también

en el cine, la radio y el teatro, y ocupó hasta su muerte el cargo de

Director de la Agencia de representación artística Caricato.

Durante la despedida del duelo el doctor Eusebio Leal, Historiador

de la Ciudad, afirmó que el actor siempre supo demostrar el sentido del

deber en su trabajo con el público y sus colegas, por lo que se ganó el

privilegio de tener infinitos amigos.

Como galán absoluto de la bella palabra será recordado por sus

colegas y tantas generaciones de cubanos que han disfrutado de su arte,

agregó.

Leal aseguró que Almirante permanecerá vivo en la memoria del pueblo

ya que en él se cumple ese pensamiento martiano: "Empieza, al fin, con

el morir, la vida".

Multitud de admiradores y compañeros, junto a las numerosas coronas,

entre estas una a nombre del Comandante en Jefe Fidel Castro,

simbolizaron el reconocimiento popular.

Declarado Artista de Mérito por el Instituto Cubano de Radio y

Televisión, la impronta de Almirante es imborrable de la escena cubana,

donde su imagen se aprecia en la telenovela Oh! La Habana que se

transmite actualmente.

elc ipp 07 16:37

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Consternación popular por fallecimiento de Enrique Almirante

Consternación popular por fallecimiento de Enrique Almirante

 

La Habana, 1 oct (AIN) Inmediata repercusión popular tuvo en Cuba la noche de este domingo, el fallecimiento en la capital del actor Enrique Almirante.

 

Con una sólida trayectoria artística, en el cine, la radio, la televisión y el teatro, dedicó 56 años al arte, y al morir ocupaba el cargo de Director de la Agencia de representación artística Caricato, labor que desarrolló hasta que sus fuerzas se lo permitieron.

 

En una reciente entrevista concedida al periódico Juventud Rebelde, confesó que la televisión fue el medio que marcó en mayor medida su labor, le dedicó mayor tiempo e hizo papeles diametralmente diferentes, con las mejores satisfacciones.

 

Sencillo y afable en su trato, admirado por sus compañeros, Almirante surgió como actor primero en la radio, después en la televisión, como extra o secundario, hasta convertirse en galán, y más tarde, protagonista sistemático en el espacio de las series juveniles de aventuras.

 

En el cine, Almirante estuvo en filmes como Jíbaro, El bautizo, Mella, Aquella larga noche y Río Negro, y rodó películas en Perú, México, Venezuela y Colombia.

 

Muchos de los espacios dramáticos en los más de 50 años de existencia de la televisión cubana contaron desde su fundación con la impronta de Enrique Almirante, a quien hoy se sigue apreciando con su actuación en la telenovela Oh, La Habana, en la que interpreta al entrenador de boxeo.

 

Reveló en la citada entrevista que ese personaje lo moldeó inspirado en el gran actor y amigo Alejandro Lugo, quien fue también boxeador, y en él, dijo, se resume la experiencia, el carisma, la exigencia, la amabilidad.

 

Querido por el pueblo cubano, Enrique Almirante lega más de medio siglo de quehacer muy vinculado a sus colegas, a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) donde desarrolló diversas tareas y al Instituto Cubano de Radio y Televisión, que le declaró artista de mérito.

Ulises Toirac: ¿Jura decir la verdad? estará hasta que la gente quiera

Ulises Toirac:  ¿Jura decir la verdad? estará hasta que la gente quiera

La confrontación de ideas garantiza la calidez de la propuesta humorística del programa televisivo

Cada fin de semana del mes de septiembre, el teatro Karl Marx, el mayor del país, ha visto llenas sus 5 000 capacidades ante la presencia de uno de los equipos humorísticos de mayor preferencia entre los cubanos. El proyecto ¿Jura decir la verdad?, que acumula cuatro años en la pequeña pantalla, una vez más ha presentado a su público una fina muestra de ironía...

 

Ulises Toirac, actor y director de este grupo, confiesa que «aunque nunca le pasó por la mente ser humorista, y mucho menos galán de telenovela —no podía faltar su dosis de sarcasmo— siempre supo que su destino estaría ligado a hacerle pasar buenos momentos a la gente encima de un escenario». Y como él mismo afirma, cualquier sueño que haya tenido en su infancia sobre lo que sería cuando fuera grande, lo ha cumplido con creces. «A mí la vida me ha llevado súper bien. Yo soy de esos tipos que van por el mundo como en un cuento de hadas».

 

Así lo demostraría desde su etapa universitaria cuando se vinculó al movimiento de jóvenes aficionados, pasando por el grupo Onondivepa y llegando a personajes como Matute y Yudmila en el muy recordado Sabadazo de inicios de la década de 1990. Posteriormente, en 1999 su carrera dentro del humor cubano ampliaría su espectro cuando dirigió su primer programa humorístico televisivo, ¿Y tú de qué te ríes? Actualmente, su quehacer artístico alcanza el clímax con la dirección de ¿Jura decir la verdad? y la actuación del pícaro Chivichana.

 

Sobre la acogida exitosa que ha recibido la presentación teatral, Ulises nos comenta que era de esperar, debido al crédito que se ha ganado ¿Jura...? en la teleaudiencia. «Sabíamos que la gente estaba esperando otra propuesta como la que hicimos hace poco más de un año. En la calle siempre nos preguntaban por eso.

 

«El público siempre está predispuesta favorablemente cuando subimos al escenario. Nuestra experiencia en teatro puede solventar cualquier tipo de problema que surja en el escenario y en el montaje. Para nosotros, la puesta en escena es una parte importante, porque ahí se terminan de pulir detalles que no nos quedan claros en los ensayos. Lo interesante es que la respuesta del público completa el montaje con sus opiniones. Eso siempre nos ha sucedido en las dos etapas».

 

—¿Cuál fue el origen de esta nueva propuesta?

 

—Este es un espectáculo donde tocamos el tema de la doble moral, que se puede expresar en varios aspectos de la vida de las personas. Escogemos la falsa religiosidad como símbolo en el show, y a partir de ahí desarrollamos una idea humorística que atraviesa por varios aspectos en los que se puede ver la doble moral.

 

—¿Cuánto ha madurado el ¿Jura...? de la primera etapa hasta la segunda, e incluso hasta esta nueva propuesta teatral?

 

—¿Jura...? es una suma de muchos talentos. Ha logrado como muy pocos proyectos, según mi conocimiento, aunar en un mismo núcleo a varias personalidades importantes para el humor cubano, y que con su experiencia le dan una madurez adicional. Está Geonel Martín, Zajaris Fernández, Ángel Ramis Alexéis Rivera, Hilario Peña, Baudilio Espinosa, Carlos Vázquez. En este corto período podemos decir que somos un grupo que trabaja con bastante efectividad el humorismo en la televisión, que es algo muy difícil en nuestro país.

 

«Creo que no todos los proyectos televisivos de humor han dado con una fórmula que les garantice una calidad estable a través del tiempo. Aunque pueda parecer autosuficiente, pero es la verdad, la gente que compone el equipo de ¿Jura...? sabe de antemano, con un mínimo margen de error, lo que va a suceder en el set televisivo, en el escenario del teatro o en el del cabaret, porque tenemos mucha experiencia de trabajo en esos tres medios».

 

—¿Cuáles son los secretos que tiene el equipo, que le garantizan siempre una entrega tan exitosa?

 

—Participación. Desde el punto de vista de la dirección, yo le doy mucha participación a todo el mundo. Lo único que hago es decidir qué se hace al final, después que han mediado muchas discusiones en las que cada integrante del equipo pone sus criterios sobre el tapete. No importa la experiencia que se tenga en el humor, sino los criterios que cada cual desea expresar. El resultado de esta discusión conjunta ha sido el encuentro de soluciones cada vez más rápidas y efectivas. ¿Jura...? no es resultado de un deseo, sino de todos los deseos.

 

—¿En alguna medida el hecho de que ¿Jura...? se nutra de las situaciones cotidianas le garantiza esa conexión con el público?

 

—Pienso que si hay algo que caracteriza a ¿Jura...? no es precisamente que convirtamos las situaciones cotidianas en el eje de la presentación, como sí sucede evidentemente con Mentepollo, sino que nos valemos del artificio humorístico que reside en llevar esas situaciones al escenario, las cuales forman parte de una leyenda, de un tema. Primero existe esa leyenda y después las situaciones cotidianas se van adhiriendo a ese camino.

 

«Lo que sube al público al carrusel es el aire desenfadado. De eso me doy cuenta perfectamente porque la gente tiene la impresión de conocernos, y eso es gracias a la frescura de imagen y la “ligereza” con la que trabajamos. Por ejemplo, “Lo que usted no vio” refleja a la persona tal y como es. Por eso muchas veces al público se le confunden los personajes con los actores».

 

—¿Atenta la improvisación contra la calidad de un guión humorístico y sus objetivos?

 

—Todos los excesos son graves. Lo que hay que alcanzar es un equilibrio, el cual, para nosotros, está en lograr un programa que tenga una dramaturgia donde el aire festinado y ligero esté presente en todo momento. Nosotros a veces tenemos ratos de improvisación improvisada en el escenario cuando estamos grabando, pero la mayoría de las veces eso está calculado, y ensayado.

 

«El problema del espacio está en lograr que, aunque esté ensayado, se vea como si fuera improvisado. El exceso de improvisación mata el humorismo de la misma manera que lo hace el exceso de camisa de fuerza. Un programa donde el humorista solo siga el curso del guión está perdido —salvo en muy raros casos que lo hacen con mucha maestría. Hay que lograr que el programa sea simpático, alegre, pero sin violar las estructuras dramáticas concebidas, ni se pierdan los personajes, lo cual ocurría con mucha frecuencia en Sabadazo».

 

—¿Ha sentido alguna vez que la diversidad de guionistas y escritores de ¿Jura...? impide la unicidad de un objetivo?

 

—Ensayamos cada guión entre ocho y diez veces, no es como otros espacios televisivos donde con dos ensayos se va al set. Cuando ensayas los guiones tantas veces con un mismo colectivo, no importa de dónde vengan. Al final es muy difícil discernir si es redactado por una persona u otra, porque el mismo equipo los ensaya todos. Sobresale una misma idea.

 

—¿Jura...? tiene su base en La Tremenda Corte, que tuvo su debut en la radio. ¿Llegará algún día el programa a este medio?

 

—Realizarlo en la radio daría muchas posibilidades a varios guiones que no podemos materializar en la televisión porque el problema material lo impide. Es un medio muy atrayente —yo mismo nací profesionalmente allí—. Pero de cualquier manera, esta fue para La Tremenda Corte lo que es hoy la televisión para ¿Jura...?, porque en aquella época la radio era lo que más se seguía y oía, y en la actualidad lo que más se ve y se sigue es la televisión».

 

—Se tiende a decir que los años 60 y 70 fueron testigos de una depresión del humor televisivo en Cuba...

 

—El humorismo es de todas las artes la que con mayor urgencia e inmediatez refleja a la sociedad, porque sale de los contenes de los barrios, de las salas de las casas. A veces eso me sorprende mucho. No es como la literatura que tarda en encontrar una expresión válida para su época, o como la música que necesita un proceso para encontrar la rítmica o la poesía que lleva.

 

«A finales de lo años 70 y principios de los 80 se gestaron en Cuba muchos fenómenos socio-económicos que desencadenarían, posteriormente, un boom de todas las artes. Esa es la época en que surge Virulo (Alejandro García), quien se hizo famoso con Génesis, obra con un marcado interés intelectual. Por ese tiempo, la gente iba a ver teatro, gustaba de la música de cámara, disfrutaba muchísimo con cosas elevadas, porque la sociedad cubana tenía una especie de bonanza económica.

 

«A finales de los 80 surgió, asimismo, una serie de humoristas (Seña del Humor, grupo Monigote, Onondivepa, Churrisco y otros importantes de ese período) que fueron el resultado, por un lado, de la labor de Virulo, y por otro, de visitas como Les Luthiers y de la graduación de muchos universitarios, en medio de un contexto económico a punto de colapsar con la caída del Muro de Berlín. Justo cuando nos encontramos en ese minuto, el humorismo se llenó de figuras que empezaron a cuestionarse una serie de fenómenos sociales armados de la intelectualidad que habían obtenido en sus estudios universitarios.

 

«En la medida en que la crisis económica se profundiza, el cubano empieza a alejarse de esa elevada vida cultural, y se recoge en sus necesidades materiales más inmediatas. Entonces, el humorismo se volvió más banal, materialista, falto de vuelo, poco ingenioso hasta que llegó el principio de los 90 y apareció Sabadazo, al que muchos culparon del cambio del humor en el país. Y yo digo que este programa ejemplificó ese cambio, porque unió el final de los 80 con el de los 90, cuando se evidenció el humor más pedestre que ha tenido el país y que ha llegado hasta inicios de este siglo, en el que quienes lo protagonizan no son los universitarios, sino gente que de pronto asalta los escenarios y se ponen a hacer cuentos, llevados, además, no por una necesidad espiritual, sino por una necesidad material y ven el arte de hacer humor como una forma fácil de ganar dinero. Por eso se ha llegado al absurdo de pensar que es más ganancioso hacer cabaret que teatro o televisión».

 

—¿Y qué le falta al movimiento humorístico cubano actual para lograr una propuesta conceptual y estilística superior?

 

—Un momento económico más solvente, que además de mejorar la vida del cubano, propiciaría un humor mucho más interesante, sobre todo porque los humoristas de estos momentos —quedan muchos de los que empezaron en los 80— haríamos un humor con las apetencias intelectuales de antes, pero con la experiencia materialista de estas dos décadas. Eso sería tan fenomenal que no pudiera creer lo que sucedería con el humor cubano en esos tiempos.

 

—¿Hasta cuándo el proyecto piensa estar vivo?

 

—Hasta que quiera la gente. Eso lo decide el público.

 

Fuente:  Juventud Rebelde digital

Por: Jorge Luis Rodríguez Gonzáles

 

Correo: jorgeluis@jrebelde.cip.cu

 

29 de septiembre de 2007 00:00:03 GMT

 

Foto: Jape

 

Radio: ¿Lloga versus Festival?

Radio:  ¿Lloga versus Festival?

 

 A no dudarlo. La radio sigue siendo un medio entrañable para oyentes y creadores de las más disímiles edades, 85 años después de que fuera montada la primera planta radial en Cuba y que la 2LC (iniciales del pionero, Luis Casas Romero, y de Luis Casas Rodríguez, su hijo y principal colaborador) transmitiera, el 22 de agosto de 1922, un parte meteorológico en la voz de Zoila Casas Rodríguez, descendiente del notable músico cubano, lo cual la sitúa como la primera mujer locutora de América Latina.

Si décadas atrás, figuras de la talla de Félix B. Caignet, Alejo Carpentier, Jesús J. Gómez y Antonio Lloga —nombre que prestigia el recientemente finalizado Taller Nacional y Concurso de Radio Joven con 18 ediciones en Santiago de Cuba—, se ocuparon y preocuparon por hacer de la radio mucho más que un emisor de música y noticias, hoy junto a los consagrados permanecen los creadores que, abrazados por la Asociación Hermanos Saíz, se empeñan en que esta permanezca como una fiel, instruida y atractiva amiga de la familia cubana. Lo evidenciaron quienes se reunieron en la capital del Caribe entre el 17 y el 21 de septiembre pasados. Para ellos tan importante era la competición, la búsqueda del necesario reconocimiento o la escucha y análisis de los programas en concurso, como dialogar sobre lo que todavía puede y debe ser cambiado.

 

Por la profundidad y riqueza de los debates y por la calidad de las obras llegadas de casi todas las provincias del país, el Lloga in Memoriam demostró ser el más significativo entre los eventos y festivales de su tipo organizados por la AHS que se desarrollan en la Isla. Lo avala también el hecho de que la Dirección Nacional de la Radio haya estado representada en el mismo, un reclamo de los jóvenes del medio en otras citas del interior del país. Y, sin embargo, tengo la impresión de que todavía no se tiene plena conciencia de lo esencial de que quienes son responsables de la toma de decisiones estén aun más cerca de aquellos que en buena medida son el hoy y serán, sobre todo, el mañana de una radio que deberá parecerse con mayor frecuencia a estos tiempos de Internet, DVDs, mp3... ¿Será imprescindible entonces una invitación oficial de la AHS a la Dirección Nacional de la Radio para que esta se vea estimulada a participar en estos encuentros, si debería ser una prioridad? Creo que no, como tampoco me parece lógico que un director vete la asistencia de sus jóvenes trabajadores cuando a todas luces es un espacio genuino de superación, máxime en momentos en que han surgido tantas emisoras de nueva creación, cuyas plantillas obedecen en ocasiones a las emergencias.

 

Por otra parte, idear la obra que desde la experimentación logre conectarse de un modo eficiente con los diversos auditorios es un sueño que se ha transformado en pesadilla para algunos, quizá más interesados en encontrar lo supuestamente «novedoso», pero que a veces se alejan de lo principal: intentar ser émulos del filósofo Descartes por aquello de pienso, luego existo, lo que en este caso se podría «traducir» como: comunico..., algo que al parecer no tienen muy en cuenta, en ocasiones, quienes se afanan en crear programas para certámenes al estilo del Festival Nacional de la Radio, los cuales enamoran a jurados pero poco tienen que ver con lo que radian las emisoras, además de que en raras ocasiones se transmiten.

 

Por esa y por otras razones, el mencionado festival estuvo varias veces en el tintero. Y es que, al decir de los presentes, este no despierta muchas ilusiones y sí presión sobre los creadores con tal de quedar bien y que no se dificulte la emulación. Es así como aparecen los inevitables programas «in vitro», sin que nos preguntemos dónde está la causa de tal rechazo. De igual manera, el quehacer de los asesores fue objeto de debate, a partir del peligro que puede representar el hecho de que el salario que se perciba por esta ineludible labor esté sujeto a la cantidad de programas analizados.

 

Una vez más estos jóvenes reclaman que los programas galardonados en este o en otros concursos sean difundidos de oriente hasta occidente, para lo cual se podría seguir el ejemplo de la televisión, que pone en pantalla las más válidas propuestas de los telecentros en los cuatro canales nacionales, sobre todo en el verano.

 

Así, las emisoras nacionales podrían programar, por ejemplo, la serie documental Huellas, de Harold Santana Gaínza (CMKC, Santiago de Cuba) y Voces: el color de la voz, de Arilis Barbán Leyva (Radio Camoa, La Habana), ambos Gran Premio Lloga. Asimismo, solicitan que reaparezca la desaparecida beca de creación Diámetro (o alguna similar) dirigida a los realizadores radiales, quienes con frecuencia desconocen también que existe un premio como el Tomás Gutiérrez Alea, el cual incluye a la radio en su convocatoria.

 

Por la pasión que desbordó cada jornada de un Santiago siempre hospitalario es evidente que todavía la radio ocupa un lugar determinante en el día a día de los cubanos, y se ha convertido en el centro de estos jóvenes creadores ansiosos por llegar a convertirse en ese hombre o mujer radio, empeñado en hacer nacer un producto radial que, explotando todos los recursos del lenguaje del medio, se aproxime más al arte y no pase inadvertido; un producto que nos atrape y nos recuerde que escuchar también es un placer.lenguaje del medio, se aproxime más al arte y no pase inadvertido; un producto que nos atrape y nos recuerde que escuchar también es un placer.

 

Título original:  Comunico, luego existo

 

Por: José Luis Estrada Betancourt

 

Correo: joselestrada@jrebelde.cip.cu

Disponible en: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2007-09-26/comunico-luego-existo/

 

De la Mil Diez salió todo el mundo

De la Mil Diez salió todo el mundo

Poco antes de morir, el compositor boricua Tite Curet Alonso, autor de la Tirana y Puro teatro, cantadas por La Lupe, visitó a Cuba. En conversación con este reportero evocó su visita al cementerio de Colón “para depositar flores en las tumbas de mis amigos Roberto Espí y Pacho Alonso”. También recordó a una emisora hoy olvidada la Mil Diez: “Que nos ayudó mucho a todos”, dijo.

 

Transcurre 1943, cuando surge ese medio de información masiva con el rótulo de Canal Libre Internacional. Faltan dos años para que termine la Segunda Guerra Mundial y algunas fuerzas de ideología marxista hacían coalición con los gobiernos en el poder, como fue el caso del Partido Socialista Popular (Comunista), eso dio un respiro, eso dio Mil Diez y el periódico Noticias de Hoy.

 

La actriz Gladys Zurbano, con solo 17 años de edad era estrella naciente de la Corte Suprema del Arte, un concurso como Operación Triunfo que dio a conocer a talentos que luego engrosarían el altar de la cultura nacional como Rosita Fornés o el ex Van Van, Pedrito Calvo.

 

Ella sería una de las fundadoras de Mil Diez y de eso trata esta entrevista.

 

-¿Podría hablarnos de su relación con esa emisora?

 

-Yo trabajaba en Teatro Popular a petición del gran dramaturgo, actor y animador cultural cubano Paco Alfonso (1906-1990), uno de los más importantes de la isla, que montaba la pieza satírica Tururé Ñan Ñan, del escritor Carlos Montenegro (1900-1980).

 

"La presentamos en la Sociedad de Torcedores, una explanada cerca de donde está hoy el Hospital Hermanos Ameijeiras y el Teatro Martí. El objetivo era recaudar dinero para Mil Diez que tomaría ese nombre por los kilociclos, en el mismo centro del dial".

 

"Ya después contaría con un rating tremendo en base a sus temas, artistas y los políticos que iban allí".

 

-¿A qué artistas recuerda en su nómina?

 

-A Olga Guillot, esposa del locutor y director Ibrahim Urbino, que era el mejor cotizado de Cuba antes de hacerse cargo de Mil Diez. También me acuerdo de Benny Moré, Celia Cruz, Bebo Valdés, el padre de Chucho, el de Irakere, Bebo fue pianista de la emisora, Elena Bourke, Omara Portuondo, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Frank Emilio, Raquel Revuelta, Ricardo Dantés, Bellita Borges, Elvira Cervera… Eran muchos y muy valiosos. ¡Ah! Harold Gramatges, González Mántici, Adolfo Guzman, Julio Cueva...

 

"También escribían o andaban por allí escritores de gran prestigio como Nicolás Guillén, Félix Pita Rodríguez, Carlos Montenegro, Manuel Navarro Luna".

 

-¿Qué recuerda de Olga Guillot?

 

-Muy bonita, tremenda voz, algo vulgar.

 

-¿Y de Celia Cruz?

 

-Era guarachera, pero muy decente. Déjeme decirle, no comprendo cómo la gente puede cambiar tanto y negar lo que una vez fueron. Se trata de algo que me duele íntimamente.

 

-¿Cómo era la vida en la Mil Diez?

 

-Los espacios eran disímiles. Dramatizados, musicales, noticieros, política, creo que tenía un excelente balance y por eso fue una radio muy popular.

 

"Contaba con escritores del prestigio de Félix Pita Rodríguez, Carlos Montenegro, Marcos Becaras, maestros como Enrique González Mántici, Félix Guerrero, Adolfo Guzmán y Obdulio Morales".

 

"En Mil Diez nació el grupo Loquibambia con Frank Emilio, Omara Portuondo, José Antonio Méndez, el cantante Leonel Bravett que imitaba a Nat King Cole, el guitarrista Alberto Menéndez".

 

"Hacían música americana y filin. Esos muchachos eran pobres y no tenían donde ensayar y por eso la emisora era un refugio para que estuvieran haciendo su música hasta altas horas de la madrugada. Casi todos pasaron a la historia de Cuba".

 

"Manolo Ortega, el famoso locutor, bautizó artísticamente a Omara como Omara Brown".

 

-¿Conoció a los políticos?

 

-Sí a Blas Roca, Marinello, Lázaro Peña y la esposa, Tania Castellanos, Salvador García Agüero y Jesús Menéndez que era muy elegante y estaba casado con una prima de Elvira Cervera.

 

"Recuerdo de Lázaro su voz, las pausas geniales aquellas, sus consejos".

 

-¿Qué significó la Mil Diez para usted?

 

-Para mí y todos los artistas negros fue un refugio y una escuela. En Cuba había mucha discriminación que incluía la burla en los medios y el teatro. Mil Diez dignificaba la raza, estaba dirigida por marxistas que querían acabar con todo tipo de explotación de raza, sexo y clase.

 

"Yo trabajé mucho ahí con mi esposo, el actor Amador Domínguez, el famoso Bartolo, de la televisión".

 

"Amador trabajó en Garrido y Piñeiro y Chicharito y Sopeira. Murió en Cuba, prematuramente a la edad de 50 años".

 

 

Fuente: CubaSí  / Por: Jorge Smith Mesa 

Disponible en:  http://www.cubarte.cult.cu/global/loader.php?cat=actualidad&cont=showitem.php&canal=7&tabla=entrevista&seccion=Letra%20con%20filo&tipo=&id=5399

 

Alberto Pujol: “No habrá más Tabo”

Alberto Pujol: “No habrá más Tabo”

Bruce Willis en Hollywood, Albertico Pujol en Cuba.

 

Pujol dota a sus personajes de una idiosincrasia en la que imperan la reciedumbre, el carisma y una valentía casi existencialista soportada por una savia humana muy “del arroyo”, que en la isla quiere decir “de la calle”.

 

A finales de los 70 del siglo XX pasó casi un lustro por la TV de la isla un programa que se llamó Para bailar. De ahí emergieron actores y animadores de la talla de Néstor Jiménez, Cary Ravelo, Carlos Otero, Lily Rentería y Albertico Pujol.

 

Este último, hijo y sobrino de cantantes dividió su corazón entre la música y la actuación. Trabajó junto a Sergio Correri en el grupo Teatro Escambray. Estudió en la Escuela Nacional de Arte y posteriormente actuó en los filmes Guardafronteras, Sueño Tropical y Los pájaros tirándole a la escopeta, que supuso un Premio de actuación en el Festival de Cine de Cartagena de Indias.

 

Sin embargo, toda la gloria vendría por la teleserie Su propia guerra, que narraba los trabajos y los días de un agente policial que como Vidoq, el francés, escaló del bajo mundo a un sitio entre los polizontes de la historia de la televisión.

 

El Tabo, (tal es el nombre del personaje), caló en el pueblo y en la hora de su trasmisión podía sentirse el aletear de las mariposas aflorando de la tierra.

 

Pujol no para de trabajar y ahora actúa con éxito en el seriado Tras la huella de la televisión cubana, su última hazaña actoral. Solícito y amable respondió al cuestionario de Cubasí.

 

P:- ¿Por qué ya no hace El Tabo?

 

-La “muerte” de El Tabo comenzó en la segunda parte de la serie, cuando arrancó el período especial y el personaje que yo encarnaba dejó de cazar delincuentes y criminales y comenzó a detenerse en gente que vendía hamburguesas o chicas descarriadas. El Tabo no era, digamos, un político sino un hombre comprometido que nunca se separó de su familia ni del contexto social en que creció.

 

"Creo que El Tabo no se corresponde a esta época ni yo físicamente podría asumir eso. El otro día volví a ver la serie después de mucho tiempo y había una escena en la que El Tabo se subía a un camión en marcha, eso ahora ya no puedo hacerlo".

 

P:- El período especial ha traído formas de corrupción más sofisticadas. ¿El Tabo no podría erigirse en un cazador de estos delincuentes de cuello y corbata?

 

-El Tabo es un hombre muy primario e instintivo y el delito de hoy en día está digitalizado. Verdaderamente no lo veo de empresario o cazador de empresarios corruptos.

 

"En todo caso jugaría un papel de estratega, por su sentido común, la astucia y una inteligencia natural.

 

"Quiero decirle que El Tabo (la serie) ha sido la de más rating después del triunfo de la Revolución, incluso por encima de En silencio ha tenido que ser".

 

P:- ¿Cómo combina su carrera actoral con la musical?

 

-Donde me siento verdaderamente libre es en la música. No soy músico de academia sino de corazón. Llegué a experimentar hasta con la secuencia y me sentí bien.

 

P:- ¿Tiene prejuicios de hacer un rol de homosexual?

 

-Los cobardes no son los actores, sino los directores. Sería un orgullo para mí hacer un papel diferente. Que me hayan encasillado no es mi culpa. Sin embargo me queda aquello de que he interpretado a diversos personajes en la imaginación.

 

"Quizás físicamente esté limitado. La gente llega a estigmatizarte cuando no cumples los cánones físicos y yo tengo pocas posibilidades de bajar de peso".

 

-¿Qué personaje real le gustaría interpretar?

 

-A Beethoven. Me fascina su conflicto con la sordera. Él le quitó las patas al piano para poder oír su música. A mí me conmueve mucho su música sobre todo las Apassionattas, la quinta y la novena sinfonías. Con esos bríos de él me identifico.

 

"También me habría gustado hacer el Cheíto León que distinguió a Reynaldo Miravalles, o los personajes de Germán Pinelli y Vicente Revuelta en Los sobrevivientes, de Titón o el Lenin, de Mario Balmaseda".

 

P:- ¿Cómo recuerda pasado el tiempo a Los pájaros tirándole a la escopeta?

 

-Estaba ahí muy flaco. No me cambio por el hombre que soy hoy (sonríe). Esa película me trajo muchas alegrías, fui el primer actor joven (23 años) que ganó el India Catalina.

 

P:- ¿Qué puede decir de su estancia larga en Colombia?

 

-La televisión colombiana es seria. Posee una alta producción porque se trata de un país muy grande y de grandes recursos.

 

"Allí hice diez novelas y el personaje de mi vida: Rito Perilla, de la serie La Momposina, que significó otra nominación para el India Catalina".

 

P:- ¿Por qué no hace más animación?

 

-Ya no tengo el interés. En todo caso me gustaría hacer animación bajo mi criterio y sin hacer concesiones. Sigo en contra de que los programas musicales se hagan en el estudio 10 y no en el Focsa, por ejemplo, donde hay un espacio más grande para emplear coreografías y otros recursos.

 

P:- ¿Le gustaría ponerse detrás de una cámara?

 

-Quisiera, pero el problema estriba en que no existe el mecanismo y en todo caso te exigen que pases por ser asistente de dirección. Pero mi interés no es dirigir mediante la técnica, sino dirigir actores. En esto no hay nada de petulancia.

 

P:- ¿Qué puede decir de Tras la huella, el serial que ahora rompe audiencias?

 

-Después de tres años ha ganado espacio por su frecuencia, la gente la espera. Se trata de una teleserie que no tiene héroes, en todo caso si existe uno es la ciencia criminal. Posee un sentido didáctico.

 

"En el Tabo (Su propia Guerra) estaban las actuaciones, aquí más bien las conductas. El cómo no se ve jamás. Pero creo que le falta un hilo común que une a delincuentes y policias, que es la cubanidad. Eso es lo que extraño de esa serie".

 

 

 

Fuente: CubaSí 

  

 

Disponible en: http://www.cubarte.cult.cu/global/loader.php?cat=actualidad&cont=showitem.php&canal=7&tabla=entrevista&seccion=Letra%20con%20filo&tipo=&id=5428

 

 Por: Jorge Smith Mesa

 

Omar Alí: En la televisión y el cine el éxito depende de la historia

Omar Alí:  En la televisión y el cine el éxito depende de la historia

Los lunes, miércoles y viernes en la noche muchas cubanas, y cubanos también, debaten sobre la veracidad de uno de los principales personajes del culebrón televisivo de turno ¡Oh!, La Habana. Edgardo a veces asombra con sus acciones, aunque quizá algunos encuentren exagerado o extinguido su machismo.  El actor Omar Alí Pérez, quien caracteriza a este hombre de la época actual, admite que el tema ha generado polémica social, «algo imprescindible en la actuación», señala.

 

Graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1982, diplomado en Dirección de Televisión, y profesor adjunto de la especialidad en el Centro de Capacitación de la Televisión Cubana, Alí asegura a Juventud Rebelde que gusta de los personajes malos, ricos en matices y posibilidades histriónicas.

 

Aunque confiesa que en sus inicios «no tenía el bichito del arte, a pesar de que algunos en mi familia se dedican a la actuación, como mi tía Paula y mi hermano Jorge.

 

«Cuando entré a la ENA, Jorge ya cursaba el último año. Me decidí más por embullo que por otra cosa. Pero después me fui metiendo en ese mundo gracias a la escuela y me entregué a esta profesión que llevo hasta el sol de hoy. Así de sencillo, porque no nací desde el vientre de mi madre queriendo ser actor».

 

—¿Cómo ves profesionalmente a Paula y a Jorge? ¿Influyen en tu carrera?

 

—Paula es un ejemplo. Es de esas actrices laboriosas. Se ha ganado un espacio y que nadie piense que con facilidad; ha sido con mucho sacrificio y demostrándolo. Verla en el teatro, cómo se desenvuelve y la energía que transmite, es impresionante.

 

«Jorge es un actor muy versátil. Ha tenido mucha suerte y ha demostrado que es talentoso —porque en esta carrera no todo consiste en tener talento, también son importantes las oportunidades para manifestarlo—. Tiene capacidad histriónica y una carrera sólida, aunque ha tenido momentos de baja, como todos, pero ha sabido cuidar el estatus profesional.

 

«En mi caso, trabajar es mi meta. Creo que un actor debe tener siempre en cuenta que es imposible tratar de hacer buenos personajes, porque no siempre se ofrecen; pero esos que te den, aun siendo mediocres, de cuarta o quinta categoría, los defiendes con profesionalismo».

 

—¿Personajes mal escritos o malas actuaciones?

 

—Hay una frase muy usada, cuyo autor no recuerdo, y dice: «No hay pequeños personajes, sino actores pequeños». Pienso que la sentencia se refería en su momento al actor en el mundo del teatro. En ese tiempo no hacías personajes estúpidos ni tontos, ni que sobraban en la historia. Actualmente no siempre en esos libretos, e incluso en los de teatro, encuentras personajes buenos, mas los hay.

 

«Cuando el artista llega al guión debe tener de qué asirse. Si lo que vas a representar es insustancial, no dice, no transmite, o al personaje no le pasa nada. ¿Qué crees que va a hacer un actor?

 

«He visto actores hacer de un pequeño personaje un trabajo visible, positivo y bueno. Yo he tratado de hacerlo también, algunos muy buenos, otros realmente una estupidez. Trato de asumirlos, no como lo que están concebidos. Les doy importancia y busco, ya en el mundo de la televisión y en concordancia con el director, introducirles algún conflicto para que esa interpretación gane en sustancia. No siempre se logra eso. Hoy hay personajes que aun con un buen actor interpretándolos no se pueden salvar.

 

«Respeto a las personas que escogen a sus personajes. Ese lujo no me lo puedo dar. Trabajo y lo necesito, trato de hacerlo lo mejor posible. Aunque es una realidad: no te encuentras con buenos personajes con asiduidad. Creo que el tema es complejo y lleva un análisis muy profundo».

 

El Edgardo que encarna Omar Alí no está muy distante de la realidad, aunque algunos encuentren exagerado o extinguido su machismo.

 

 

 

—Quizá el análisis deba llevarse a las historias que contamos actualmente.

 

—En mi opinión lo que estamos contando, y en la manera en que lo hacemos, no funciona; al menos, de la forma que esperamos. No es común encontrarse historias bien contadas, aunque las hay. A veces en varios de estos proyectos dramáticos, los actores tienen que darse a la tarea de reescribir, una ocupación que no les corresponde, ni al director tampoco, porque es algo previo. Cuando la obra llega a nosotros debe tener las herramientas para trabajar.

 

«Las historias hoy tienen muchas limitaciones de tipo creativo; o sea, tú notas que las cosas se escriben a medias, y no se llevan hasta las últimas consecuencias. En ocasiones lo que contamos es banal y no solo me refiero a las telenovelas —que como género rozan mucho con ello, aunque no tendría que ser así—, incluso es un fenómeno que observas en películas para televisión y cine.

 

«¿Qué aportan? ¿Qué dejan? Son preguntas que siempre me hago. Cuando me interrogan sobre una obra siempre trato de dar mi opinión; digo que nuestros guiones tienen que mejorar, pero deben hacerlo con urgencia.

 

«Nuestro trabajo poco a poco se va haciendo más deficiente, e incluso se evidencia en los premios (que han decaído en su nivel de exigencia al evaluar las propuestas dramáticas). Eso es síntoma de que no somos contundentes en lo que hacemos.

 

«Creo que los actores estamos necesitando de buenas historias y buenos personajes para poder crecer como profesionales. Esta es una labor colectiva y se depende del audio, la cámara, la dirección... en fin, del ambiente en el que se realiza. Si uno de esos factores no funciona, lo tuyo es afectado».

 

—¿Cómo valoras la inserción de las nuevas generaciones de actores en los distintos medios?

 

—Los jóvenes están siendo más perspicaces que nosotros. No se les ve solamente arraigados a la actuación. Ellos expanden su gama de posibilidades a la conducción, la locución y como cantantes. Me parece muy inteligente, porque el trabajo hoy es escaso o no es el suficiente para la cantidad de profesionales que se gradúa cada año. Resulta significativo el hecho de que se preparen y abran su espectro.

 

«Sin embargo, me preocupa que cuando he conversado con algunos de ellos, desconocen la terminología y herramientas del actor, que si no las sabes no eres un profesional completo. Hay muchos que han iniciado su carrera sin tener todos estos aspectos —a pura intuición—, pero después comenzaron a “leer”, porque tener la técnica es mucho más útil.

 

«Las escuelas de arte deben retomar programas de estudio muy completos que existían y se fueron perdiendo; tienen que reprogramarse, aunque tengo entendido que se están renovando unas cuantas cosas. El actor debe saber actuar en todos los medios, no solo en la pantalla chica o en películas con un micrófono mediante, pues en los escenarios teatrales haces Otelo y la voz debe proyectarse hasta llegar a la última luneta.

 

«Muchos creen que el actor es un tipo bonito, de buena figura y voz. Eso indica que las exigencias han depreciado un poco otros aspectos».

 

—¿Qué personajes te han marcado?

 

—Uno es conocido por lo que ha hecho en televisión, pues es un medio de audiencia masiva. Vivo orgulloso de lo que he hecho, pero los personajes realmente complejos los he hecho en el teatro, a pesar de que no he regresado a las tablas en seis años.

 

«Recuerdo con mucho placer trabajar con Héctor Quintero. Imagínate, ver los teatros Mella o Karl Marx llenos por aquellas obras populares de Héctor como Contigo pan y cebolla (donde primero hice Anselmito y luego El Vendedor), Te sigo esperando, Esperando el lunes y El lugar ideal. También me resultaron gratas las piezas, significativas en la historia del teatro, que hice con Vicente y Raquel Revuelta.

 

«En la tele mi primer personaje fue en el espacio Horizontes. Intervine en El tiempo joven no muere, que dirigió Juan Vilar y en la que entró al medio una generación completa. Un personaje que me marcó mucho fue El condesito de La acera del Louvre. Me gustó interpretar el bobito de la serie Día y Noche, el teleteatro La avería, de Alejandro Gil; y Propietarios del Alba, que contó con un excelente guión de Ernesto Daranas».

 

—¿Es Edgardo real y palpable, o un hombre del pasado?

 

—Edgardo inicia otra faceta de mi trabajo. Estoy feliz por el éxito del personaje. Cuando leí el guión me dije: «Este tipo es irreal, no existe en Cuba». Tengo algunos puntos de contacto con él, pero realmente en lo que lo hace más contundente no, porque no soy machista, apoyo la emancipación.

 

«Traté de, en complicidad con el director, acentuar lo positivo, porque lo malo ya estaba. Buscamos derrumbarlo y ser víctima de la madre y de la relación con la esposa. Comentaba hace poco que sería bueno que hubiese un debate sobre el tema. Algunas mujeres en la calle también me han dicho que han tenido parejas como esas. Otras me han confesado que nombran a su marido así.

 

«También varios hombres me han dejado entrever que los he embarcado, pues sus esposas reconocen en el personaje rasgos que los asemejan. Lo cierto es que todavía estamos rodeados de estas actitudes. Es importante para el trabajo del actor que lo que hagas pueda utilizarse como catalizador, revelar a personas reales y crear un debate en quienes lo reciben».

 

—¿Crees que ¡Oh!, La Habana cumple con los conceptos para las propuestas dramáticas?

 

—Creo que tiene un nivel de realización artística muy rico, en cuanto a banda sonora, fotografía, escenografía y actuación. Respeto el trabajo de dirección de actores jóvenes que se hizo en la telenovela, con una calidad tan pareja y que para mí es uno de los grandes méritos de la novela. Eso me parece que Charlie Medina lo manejó muy bien.

 

«La gente no se imagina que las escenas en interiores de las casas y oficinas fueron hechas en estudios del Focsa. Incluso están claras las diferencias económicas y sociales en los hogares, y los ambientes están muy bien recreados. Pero sucede que el gran público no reconoce esas cosas. Por eso vuelvo a que hacen falta historias. La historia es el éxito, lo otro es lo que la disfraza, la conforma».

 

Fuente: Por: Yelanys Hernández Fusté

 

Correo: yelanys@jrebelde.cip.cu

Disponible en: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2007-09-23/en-la-television-y-el-cine-el-exito-depende-de-la-historia/

 

Comparece Fidel Castro en la televisión cubana

Comparece Fidel Castro en la televisión cubana

El diálogo con el periodista Randy Alonso, se produjo a propósito del artículo 'Mentiras deliberadas, muertes extrañas y agresión a la Economía Mundial', la más reciente reflexión del Comandante en Jefe.

La situación económica mundial y la creciente crisis energética, así como el peligro que significa el uso de la alta tecnología con fines militares, fueron algunos de los temas tratados por el mandatario cubano

 

El Presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, compareció este viernes ante las cámaras de la televisión cubana, en una entrevista que concedió al programa radio televisivo Mesa Redonda Informativa.

 

El diálogo tuvo lugar a tenor del interés despertado por el artículo 'Mentiras deliberadas, muertes extrañas y agresión a la Economía Mundial', las reflexiones más recientes de Fidel publicadas en la prensa cubana, donde comenta algunas de las circunstancias que rodearon la caída de la URSS, a tenor de las confesiones de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher en sus Memorias, y de los libros En el abismo: Historia de un protagonista de la guerra fría, de Thomas C. Reed, exsecretario de la Fuerza Aérea de EE.UU; y La era de la turbulencia, del ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan.

 

Visiblemente recuperado luego de la dolencia que le alejó de sus tareas cotidianas como Jefe de Estado desde agosto de 2006, aunque no está inactivo, Fidel Castro dijo que su texto fue un ejercicio de memoria histórica sobre un periodo crucial de la humanidad.

 

Sobre el uso de la ciencia en la consecución de los intereses militares y hegemónicos de Estados Unidos, como se evidencia en los hechos comentados en su artículo y la revelada penetración del sistema de seguridad de la extinta URSS mediante elementos computadorizados llenos de virus, el líder cubano dijo que la ciencia avanza a un ritmo increíble, pero ya en otro tipo de armas y combinaciones. No hay idea de eso, apuntó, y reiteró: la ideología es una de las armas.

 

Interrogado acerca de lo que más le impresionó de los libros consultados, Fidel confesó que le resultaron «muy irritantes las Memorias de la Thatcher», quien se hace cómplice confesa —apuntó—, de los acontecimientos atroces que tuvieron lugar en la Unión Soviética cuando violan el Gasoducto, como resultado de aquella penetración de los sistemas computadorizados soviéticos.

 

Siguen entonces adelante con el plan de sabotear la economía soviética, pero sabotearon la economía mundial, subrayó Fidel. Entonces había barras de oro que garantizaban a todo portador de un billete, entonces había un límite de la cantidad que podían imprimir, pero hoy no, apuntó en alusión al inflado sistema financiero norteamericano luego de Bretón Woods. Hoy el mundo paga eso; paga hasta las campañas políticas, agregó.

 

El Comandante en Jefe no descartó que el crudo hoy se siga encareciendo, sobre todo, si hay una invasión a Irán.

 

 

(Fuente: Juventud Rebelde/ Radio Cadena Agramonte)