Blogia
Tele y Radio

Televisión

Entrevista de Paquita Armas a Waldo Ramírez: “Debemos aspirar a una televisión creíble”

Entrevista de Paquita Armas a Waldo Ramírez: “Debemos aspirar a una televisión creíble”

Lo conocí cuando su cola de pelo lacio, siempre bien recogida, no tenía una sola cana. Acababa de llegar de la televisión Serrana y venía a dirigir el Canal Educativo 2. Waldo Ramírez de la Ribera trató de insuflar el aroma de la Sierra Maestra al nuevo medio televisivo. Ya era un reconocido artista del medio audiovisual con decenas de premios, incluidos varios caracoles y un coral a su vasta e interesante obra documentalística que también ha sido laureada en el extranjero.

Es de los creadores que no necesita un cargo para tener un nombre, sus piezas hablan por él. A su quehacer detrás de la cámara ha unido siempre otros haceres de importancia estética y social, ser desde el año 2005  Profesor Instructor de la Facultad de los Medios de Comunicación Audiovisual del ISA, donde imparte la asignatura Teoría y Práctica de la Realización Documental y presidir durante los años 2006 y 2007, la Muestra de Nuevos Realizadores organizada por el ICAIC. Aceptó ser vicepresidente del ICRT en tiempos nada fáciles, pero es un hombre que sigue soñando con las estrellas aunque el cielo esté nublado y no haya luna a la vista.

 ¿A qué jugabas de niño y dónde pasaste tu infancia?

De niño jugaba los juegos tradicionales infantiles, las bolas, la gallinita ciega, el cogío, los escondidos, empinaba papalotes, los pistoleros, el ladrón y el policía, jugar trompos, etc., también aprendí a montar patines, carriola, velocípedos y luego bicicleta.

En aquel entonces era muy común hacer chivichanas. Utilizábamos las ruedas de los patines; al principio eran los llamados patines de hierro, luego eran plásticos, empezaron a venderse procedentes de los países socialistas. Hacíamos el esqueleto o estructura de madera y las ruedas eran o los patines divididos en su parte delantera y trasera o, sencillamente, cajas de bola o rolletes.

Pasé mi infancia en el reparto Juanelo del municipio de San Miguel del Padrón de La Habana, lugar donde nací. La cuadra donde viví hasta los 13 años, de la calle Ulacia, era la primera naciendo de la Calzada de Güines y constituía una pendiente. Esta geografía era ideal para los juegos en patines, carriolas, velocípedos, triciclos, bicicletas y chivichanas. Allí durante gran parte de mi infancia, hacer caravanas de niños loma abajo con todo tipo de artefacto rodante, fuese original o fabricado por nosotros mismos, fue una de las principales diversiones.

Juanelo es un barrio obrero, allí vivía originalmente mi madre, aunque no precisamente procedente de una familia obrera. Más bien mi abuelo paterno, de origen español, quiso mantenerse a la altura de gastos inferiores a los de sus reales ingresos. Según la historia familiar era dueño de dos cines de barrio cercanos a la casa y tenía acciones en la Ruta 84 Habana-Santiago. Mi madre ejerció el magisterio público y en algún tiempo tuvo su aulita particular.

Algo que aprendí en Juanelo, además de cierta cultura de participación popular en todo cuanto necesitara el barrio, fue cierta capacidad y disposición para actuar de acuerdo a las reglas de ese grupo. En este caso quiero decir las reglas del grupo de niños que nos reuníamos, jugábamos, hacíamos maldades juntos y en más de una ocasión pusimos en aprietos a nuestros padres; todo esto aunque yo no haya sido un niño bellaco, según recuerdan bien mis mayores.

En edad temprana, si no me traiciona mi memoria estando en 3er o 4to grado, con unos 8 años, aprendí la técnica del papier maché. Me incorporé a un taller comunitario que se organizó en la Zona de los CDR, como se le decía por todos a un local tipo nave de madera a unas dos cuadras de casa donde radicaba la dirección zonal de los comités. En ese taller aprendí a hacer de todo en esa técnica. Además de construir-modelar las figuras de animales, plantas, objetos, etc., montábamos exposiciones que en más de una ocasión fueron noticia pública.

A ese taller me incorporé por mi madre; tanto ella como mi padre eran activos vecinos de todo cuanto se gestaba a nivel barrial. Este taller lo dirigía una mujer a la que todos conocían como Ñica, recuerdo que cojeaba de una pierna; vivía al doblar de casa, en la calle Piedra entre Ulacia y Guadalupe.

Con el tiempo, con mis estudios universitarios, etc., supe que esa Ñica era la gran artista cubana Antonia Eiriz. Siempre guardaré en mi memoria haber tenido el honor de ser, de algún modo, su alumno. Cada vez que disfruto de una de sus piezas, sobre todo cada vez que me paro delante de esa profunda inmensidad agónica que se percibe en la sala del Museo de Bellas Artes, donde se exhiben, recuerdo mi barrio; recuerdo mi niñez, por suerte para bien.

Durante mi infancia tuve también contacto con la vida rural. Mi padre es médico veterinario. Era entonces profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria ubicada en Carlos III e Infanta y fue fundador del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (ISCAH). Entonces yo frecuentaba casi de manera semanal, la Finca El Guayabal, en San José de las Lajas, donde existía una Unidad Docente de la facultad. En ese entorno aprendí a montar a caballo, a lidiar medianamente con animales de corral, a caminar dentro de una vaquería y a trabajar en el campo, pues mi padre siempre me llevó (y a mis hermanos también), a los trabajos voluntarios agrícolas de recogida de papas, etcétera.

Todo lo anterior, unido a que asistí a un Círculo de Interés de Café en el Palacio de Pioneros Che Guevara durante dos cursos, visto a la luz de mis años venideros, es como si hubiese sido una preparación premonitoria para algunas de las realidades que a partir de mis 13 años viví: me mudé a Bayamo; estudié Historia del Arte en la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba; me enrolé en un proyecto de trabajo comunitario en la Sierra Maestra, y me dediqué por entero al mundo del audiovisual en su vertiente de realización Documental.

waldo-ramirez-de-la-rivera_television¿La chivichana era un sueño infantil o un objeto de competencia?

No creo que fuese ni lo uno ni lo otro, pero evidentemente me llamó más la atención por el recuerdo de mi infancia. Este recuerdo infantil llevaba implícito, por supuesto, el hecho competitivo.

Después de los 12 o 13 años no volví a montar en chivichana. Tal vez sí lo hice viviendo ya en Bayamo, pero lo cierto es que la zona donde se encuentra mi casa de entonces, no es práctica para esto. Claro, los muchachos juegan en chivichanas toda vez que se empujan los unos a los otros.

Cuando conocí de la historia que luego conté en mi documental, me fascinaron muchas cosas; pero sobre todo aquello de deslizarme loma abajo. Durante la filmación, más de una vez, monté en una de ellas; más de un plano del documental me tiene como piloto-extra.

Antes de realizar ese documental que hoy es casi objeto de culto,  ¿cómo llegaste a la televisión serrana?

Corría el año 1992 y yo estudiaba para graduarme de Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de Oriente. Estudié en dicha universidad porque iniciados los estudios secundarios me mudé por motivos personales familiares a la ciudad de Bayamo, como antes ya apunté.  Al concluir el preuniversitario y pasar a la enseñanza superior, esta era la universidad que por cercanía me correspondía.

Entonces en 1992 ya se construía en San Pablo de Yao un centro de Televisión con el apoyo de la UNESCO, la participación y apoyo del gobierno local y nacional y, por supuesto, el ICRT, que como organismo del estado cubano rectoró los pasos de gestación y consolidación del proyecto hasta nuestros días. De esto tuve noticias por Rigoberto Jiménez, quien posteriormente también se integraría al proyecto de TV Serrana y para entonces estudiábamos juntos en dicha universidad.

Mi colega y amigo Rigoberto averiguó los pormenores, y al concluir nuestra carrera (julio de 1992) nos presentamos juntos a los exámenes que se harían en la ciudad de Bayamo para optar por plazas de estudio en un Curso de Habilitación que formaría a los futuros realizadores de este proyecto. Recuerdo perfectamente que se presentaron muchos interesados, estoy seguro de que más de cien personas, creo que Rigoberto y yo fuimos los últimos en incorporarnos al proceso de selección. Muchos de los interesados llevaban meses preparándose, algunos hasta habían cursado un taller impartido por el mexicano Virgilio Caballero, hombre experimentado en comunicación comunitaria que contribuyó en la formación académica preliminar.

El día de los exámenes fue como una especie de juego de azar. Me encomendé a lo que sucedería y confieso que no esperaba ser seleccionado. Las respuestas de mis exámenes estuvieron marcadas básicamente por lo conocimientos recién aprehendidos en mis estudios universitarios; el estudio de la historia del arte me había permitido conocer del uso de los colores, la composición, texturas, perspectiva, etc., y también me habían dado muchos elementos en materia de apreciación cinematográfica y cultura general.

Ante la disyuntiva de tener que optar por una de las especialidades en convocatoria, pedí Fotografía. Me sentía más cómodo en ese campo como para atreverme a incursionar, pero lo cierto es que los profesionales que evaluaron mis exámenes consideraron que yo había dado respuestas con lógicas para la Dirección. Ni por asomo lo tenía claro, así que una vez más me dejé llevar y comencé a optar por una plaza en esa especialidad. Al final quedé seleccionado en un total de unas 35 personas, y luego de alguna que otra gestión entre los organizadores y la dirección de trabajo de la provincia, fui autorizado a incorporarme al curso y a continuar mi servicio social en dicha experiencia, de llegar hasta el final.

En enero de 1993 comencé, aún como estudiante del curso de Dirección de TV que había iniciado desde septiembre de 1992 en la Filial del ISA de Holguín, en la TV Serrana. Debíamos cumplimentar un semestre de práctica laboral antes de la decisión definitoria de quienes serían los que engrosarían la plantilla de dicho proyecto. Esto ocurrió en mayo de 1993, por lo que en junio siguiente ya era un trabajador oficial de la TV Serrana. 

¿Qué te aportó aquella aventura además de adentrarte en el mundo audiovisual?

En principio fue justo eso: una aventura. Desde el 3er año de la carrera universitaria había formado parte de un Grupo de Promoción Cultural integrado por estudiantes de especialidades de humanidades y ciencias, quienes implementamos un sistema de prácticas laborales por término de 45 días en la zona del municipio de Guamá, en Santiago de Cuba. Este es el municipio montañoso costero que incluye pueblos como Chivirico, Uvero y Ocujal del Turquino.

La experiencia de promoción cultural en esta zona fue muy importante para mi vida. Me aportó elementos no solo de carácter físico en tanto habilidades para escalar montañas, pescar, remar, hacer largas caminatas etc., sino que además me mostró una zona del país bien desconocida para mí. En este período tuve la oportunidad de escalar dos veces el Pico Turquino, cuestión que ya había realizado al mudarme a Bayamo con solo 13 años como miembro de una Columna Nacional que celebraba la sede del acto central por el 26 de Julio en Granma; era 1982 y yo era Vanguardia Provincial de la Organización de Pioneros José Martí.

En estas andanzas serranas aprendí a conocer gente muy humilde, pero muy sincera, colaboradora y agradecida del proyecto revolucionario. Eran los años en que se desmembraba el campo socialista y comenzábamos el llamado período especial (entre 1989 y 1992).

Aquella zona, como básicamente toda la ruralidad aunque el impacto mortal haya sido a todo el país, sintió con mucha fuerza los embates de la crisis. Dicha experiencia me ayudó a entender que solo en los propios seres humanos están las fuerzas necesarias para sobreponerse a cualquier situación por difícil que sea.

También por aquellos años comprendí tempranamente algo que luego la TV Serrana me ayudaría a desarrollar: el trabajo de promoción cultural comunitario no podía ser una invasión, ni la implementación de un módulo tipo, repetitivo de lugar en lugar, de comunidad en comunidad. El trabajo cultural comunitario debía ser en esencia un aprendizaje mutuo de promotores y actores comunitarios; debía ser un puente de cruzamiento de informaciones, mediaciones, saberes, esencias culturales. Un promotor cultural lo primero que tenía que tener claro era que debía acercarse a la comunidad a aprender de ella y en esa aprehensión de conocimientos poner a funcionar los de él en aras de aportarlos y provocar crecimiento mutuo.

En esencia esa fue la experiencia precedente de la cual por supuesto he sacado conclusiones posteriormente. Al igual que en mis inicios en la TV Serrana, viví esos años de universitario como una gran aventura que a lo sumo se podía traducir en un profundo sentido  humanista.

Luego llegó la TV Serrana. Ya era un graduado universitario y tenía 23 años. No me apetecía en lo absoluto trabajar en el Centro Provincial de Artes Plásticas de mi ciudad, al que había sido destinado. Esto lo digo con toda sinceridad y sin que signifique en lo absoluto menosprecio al lugar o a la actividad que allí tendría que haber realizado si no hubiese tenido esta otra opción. Lo cierto es que mi trabajo estaba destinado a la labor de curaduría de artes plásticas en una ciudad del interior del país en pleno período especial.

Por eso y con la carga de mi experiencia universitaria, el aire aventurero volvió a soplar y hasta la Sierra Maestra no paré. Siempre me dije, aquí estaré un par de años, luego veremos; al final estuve 12 años.

La necesidad de aprender a dominar las herramientas del audiovisual y en específico las de realización del documental, hicieron de los primeros años en la Sierra un lugar casi de películas. Desde allí conocí el país, desde allí frecuenté los principales festivales nacionales, desde allí estudié en más de cinco talleres internacionales en la EICTV y desde allí también tuve mis primeras experiencias internacionales. Todo un primer período de mucho aprendizaje que en menos de tres años comenzó a dar sus primeros frutos colectivos.

Pero la TV Serrana desde el primer día fue más que eso. Por un lado fue un espacio donde aprendimos a respetar la creación y a los creadores; un espacio que nos permitió pensar y debatir; un espacio que se nos abrió a la posibilidad del pensamiento; un espacio para opinar y discutir no solo nuestra obra, sino todo lo que nos rodeaba y golpeaba como realidad local y nacional y sobre todo, nos permitió hacerlo desde la premisa de que la total libertad implicaba un mayor compromiso y responsabilidad con la obra creadora y con la obra social en la que estábamos inmersos. En la TV Serrana aprendí a valorar el papel social del arte y la necesidad de que los artistas se comprometan socialmente con lo que hacen.

Por otro lado y en paralelo, o sea, como proceso que se gestó a la par de lo anterior, la TV Serrana significó desde el primer día el respeto a la sabiduría campesina, el respeto a la cultura del campesino. Si algo trascendental, sin autosuficiencias, se le pudiera adjudicar al proyecto de TV Serrana (más allá de sus reconocidos méritos audiovisuales) es haber abierto un espacio para la participación ciudadana de los campesinos de ese entorno. Dicho espacio partió siempre del reconocimiento a sus valores, a su cultura; de ahí la necesidad de que los campesinos fuesen los actores activos de dicha obra.

Para finalizar esta pregunta agrego que la TV Serrana me permitió conocer y aprender del sonidista y realizador Daniel Diez, quien fue el padre, el gestor de dicho proyecto. Desde su ejemplo cotidiano supo transmitirme todo lo que anteriormente he dicho y contribuyó a forjar, de modo muy especial, lo que hoy soy.

Otro elemento y no por mencionarlo al final menos importante, es que la TV Serrana me significó y significa mi universidad de la vida. Allí me hice el ser humano que soy, con mis muchos defectos, pero cargando encima las muchas virtudes que gente sencilla y humilde me supo aportar en esa carrera por la honradez que día a día llevan consigo: Tina, Abel, Pucha, Pedro, Gía, los Polanco, los Tassé y tantos otros.

Además, allí conocí y profundicé la amistad con quien hoy son mis amigos. Allí conocí a mi esposa; allí nació y creció mi hijo hasta sus ocho años. Con esto quiero decir que allí forjé mi familia, la afectiva y la carnal. En ese lugar me armé del cariño de mi esposa para el futuro; mi hijo aprendió a gatear, a caminar y correr; le vi mezclar su sonrisa, entre los rostros de niños serranos en una digna escuelita de montaña. Allí, como diría Daniel Diez, aprendí la diferencia entre la “esperanza” y el “salta montes”.  

Dentro de esa propuesta televisiva, o telecentro especial, ¿diste vida a algún proyecto de intercambio o de estudios?

Dentro de la TV Serrana creamos el Centro de Estudios para la Comunicación Comunitaria, nuestra pequeña escuela para formar jóvenes campesinos en el uso del video y en las técnicas del documental.

La gestación de esta escuela, que tuvo como documento programático de su política el texto de José Martí que habla de los “maestros ambulantes”, es quizá el mayor proyecto gestado dentro de la TV Serrana. Esta escuela nos permitió abrirnos al mundo de la formación de los que aspirábamos fueran los verdaderos realizadores: los campesinos.

Fue en 1996. Parecía muy temprano como para empezar a formar a otros; teníamos solo tres años de experiencia. Lo cierto es que aunque nos habían augurado solo tres meses (los enemigos o los amores cobardes, como diría Silvio), ya a tres años de fundados nos lanzábamos a lo que considerábamos una necesidad.

En los objetivos fundacionales del proyecto de TV Serrana se hablaba de transferencia tecnológica y eso había que lograrlo con capacitación. Para ello creamos todo un movimiento de captación de jóvenes a los que les mediamos nivel preuniversitario y disposición al trabajo con la comunidad. De los primeros talleres impartidos salieron los primeros jóvenes serranos que se incorporaron a nuestro grupo creativo. Luis Guevara, el fotógrafo de La Chivichana, es uno de estos jóvenes y ese documental su primer trabajo como camarógrafo después de casi tres años de trabajar como asistente general.

Con esta escuela desarrollamos un movimiento posterior del que surgieron los Grupos Alternativos de Creación Audiovisual. Dichos grupos se constituyeron como colaboradores para investigar temas de interés en sus comunidades y trabajarlos de conjunto con nuestros equipos de producción. Así se dio vida al Grupo del municipio de Bartolomé Masó, al del Municipio Buey Arriba y posteriormente a un Grupo en el municipio de Guisa. Estos tres territorios son el grueso de la zona de montaña de la provincia de Granma.

Como no podíamos abarcar toda la geografía ante nuestros ojos, estos grupos facilitaron mucho el trabajo en zonas distantes a nuestra sede. Más de un documental de TV Serrana lleva el sello de este tipo de formación con los  jóvenes campesinos. La Chivichana es también un ejemplo de ello.

Fue el Grupo Alternativo de Creación Audiovisual de Bartolomé Masó el que presentó a TV Serrana este proyecto. Entonces como era la regla, se designó a un “Tutor”. El designado fui yo y comencé con ellos los trabajos de investigación que luego dieron lugar a un “guion colectivo” como parte del taller que en sí mismo se convertía cada trabajo concreto. Posteriormente los integrantes del grupo, tres jóvenes campesinos, participaron del proceso de grabación y edición bajo mi dirección. Con el tiempo, dos de ellos pasaron a engrosar la lista oficial de trabajadores de la TV Serrana.

Con el tiempo también, todos los integrantes del Grupo de Creación de la TV Serrana llegaron a ser los jóvenes captados de los diferentes talleres de nuestra escuela. Hoy día todos estos jóvenes, además, son graduados de la Especialidad de Licenciatura en Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, por la Filial de FAMCA en Holguín. A 18 años de fundado el proyecto, la transferencia a que aspirábamos se logró y hoy el equipo de trabajo se refunda y consolida desde la perspectiva de “los campesinos realizadores”. La única excepción es el director Carlos Rodríguez, holguinero que llegó a la Sierra cuando más lo necesitábamos.

También desde la TV Serrana se ha dado vida a un Proyecto de Colaboración e intercambio permanente con la EICTV, gracias al cual nuestros creadores participan de los talleres internacionales de esta prestigiosa institución y además tienen la posibilidad de participar de la asesoría al ejercicio de documentales de cinco estudiantes de la escuela de cine que anualmente se realiza en la Sierra.

De igual forma la TV Serrana abrió una puerta de comunicación con proyectos similares en América Latina y Europa. La participación de creadores de la Sierra en intercambios con Escuelas de Cine, Escuelas de Periodismo, la FAMCA del ISA en La Habana y Holguín, y hasta la más reciente Gira de Documentales de TV Serrana por 17 Universidades de los EE.UU., es una muestra de cuanto ha avanzado y se consolida el intercambio entre esta institución y otras con similares objetivos.

Dichos intercambios se han hecho extensivos a otras zonas de la creación artística con plataformas políticas similares a las nuestras. En este sentido puedo mencionar el intercambio permanente con artistas de la plástica, con trovadores, actores y músicos en general. Y particularizar mencionando la relación con el Grupo de Teatro Callejero Andante, radicado en Bayamo; el Grupo de Teatro de Los Elementos, radicado en el Escambray cienfueguero y la Escuela de Cine y Teatro Viento Sur, en Sevilla, España, por solo citar los ejemplos que más se han consolidado.  En el caso particular de Los Elementos, TV Serrana ha abierto una puerta que ha permitido la realización de producciones documentales en esa zona del país y ha trabajado en la capacitación de personas, pues al final nunca hemos descartado ninguna de las dos instituciones que Los Elementos incorporen un Grupo Audiovisual a su concepto artístico.   

¿Por qué te seduce la comunicación comunitaria?

Para ser sincero, lo que me seduce es el trabajo en las comunidades. Quiero decir con esto que nunca pensé en términos teóricos en comunicación comunitaria cuando me acerqué a ese proyecto; de hecho era la zona más vaga de mi formación académica. El sentido de ese tipo de comunicación, o empezar a construir nuestro propio discurso, surgió después; al menos en mí y creo que en gran parte del equipo. Por supuesto, un hombre como Daniel Diez, periodista de formación, sí tenía muy claro lo que quería desde un inicio.

El trabajo de conceptualización de Daniel sobre el proyecto impactó en todos nosotros. Recuerdo en los primeros años las visitas internacionales que recibimos; recuerdo el intenso intercambio con experiencias diversas de Latinoamérica y otros lares; recuerdo mi participación en el Festival Internacional de TV Comunitaria de América Latina y el Caribe en Quito, Ecuador en 1995, donde me compré una camiseta que decía: “no queremos medios de comunicación, queremos enteros”.  Todas estas experiencias en las que uno comenzó a permearse de una manera de hacer, de comunicar y también, por supuesto, de un andamiaje teórico sobre el tema, hicieron que poco a poco la praxis concreta nos(me) sedujera.

Cuando en 1993 Daniel Diez nos mostró un documento que estimo como el texto teórico fundacional del Proyecto -del cual no recuerdo el título-, y en este se planteaba que “… las carreteras que se habían construido en la Sierra y que servían para subir, un día servirían para bajar si no se le daba una dimensión cultural al desarrollo…”, entendí todo.

Supe entonces el sentido de la necesaria participación, de la aportación sincera, del valor de cada cosa y de cada quien. La sabiduría que se escurre en forma de sudor, entre los surcos de los rostros campesinos, dice mucho de las esencias culturales que hay que dimensionar desde esos parajes. La comunicación comunitaria es participación, activismo, diálogo. Me sedujo ser puente.

Con un año de experiencia en 1994 creamos la “Cruzada Audiovisual”. Digo creamos porque aunque no dudo que acciones así no hayamos sido los primeros en realizarlas, puedo asegurarte que para nosotros es una creación.

La Cruzada Audiovisual, que hoy día se sigue haciendo y este año recién ha concluido en el municipio costero de Guamá, en la vecina Santiago de Cuba, es un proyecto de trabajo cultural comunitario que implica diferentes acciones a la vez.

En principio se parte de escoger una zona geográfica alejada de nuestra sede en el poblado de San Pablo de Yao, municipio de Buey Arriba de la provincia de Granma y hacia ella dirigirse con el objetivo de realizar muestras de video, debates de los materiales que se exhiben en las muestras, pequeñas funciones de teatro para niños producidas por los propios realizadores e investigar y filmar temas de interés que den como resultado documentales. Todo lo anterior genera un ambiente cultural en torno a las realidades de cada sitio.

Con estas cruzadas comenzamos a poner en práctica conocimientos teóricos sobre la comunicación comunitaria. Más de un tema complejo ha sido abordado ensayando mecanismos de obtención de testimonios, proyección de los mismos a otro grupo social similar, obtención de nuevos testimonios como resultado de lo que un grupo opina de lo que dice el otro y así sucesivamente. Recuerdo haber aportado mucho con estas técnicas a los debates campesinos en torno a la problemática cafetalera, la crisis con los fertilizantes, las técnicas tradicionales, la lógica oposición entre la visión científica y el empirismo en estas lides, la carencia de transporte mular y la pérdida de las cosechas, las plagas del café, etcétera.

También con técnicas similares desarrollamos ejercicios para incentivar el sentido de pertenencia a un lugar, a un grupo, elevar la autoestima, sentirse útil desde el aporte sencillo de cada quien.

Poco a poco fuimos viendo como se construía ante nuestros ojos el reconocimiento del hombre en su propio entorno; en miles de ocasiones he podido disfrutar de “rostros-poemas” cuando un niño, un anciano, una mujer, un hombre rudo, se reconoce a sí mismo en la pantalla o, sencillamente, identifica que esa gallina que está viendo, es su gallina. El primer documental que se produjo, a solo unos días de estancia en la Sierra, se llamó Pura imagen, lo realizó Daniel Diez y consistía en un montaje al ritmo de un tema de Adalberto Álvarez del mismo nombre, con imágenes del pueblo y su gente.

Cada paso avanzado, con los años, fue consolidando conceptos. Recuerdo perfectamente y así se puede comprobar por cualquiera que haga un visionado cronológico de nuestra obra, que comenzamos realizando, básicamente, documentales de personajes únicos. Por lo general, personajes clave de la comunidad, personas que tenían cierta ascendencia sobre el grupo, por supuesto porque o algo le aportaban o porque se distinguían; de algún modo eran “líderes de opinión” o “emergentes grupales”.

Así Tina, la madre espiritual de la comunidad, tuvo su documental. El anciano Pedro Gómez, campesino trabajador incansable, tuvo el suyo. Pucha, la mujer sola que cuidaba a su esposo inválido y labraba la tierra y lo hacía todo, tuvo el suyo y así sucesivamente. Era una técnica que además nos permitía ser reconocidos dentro del grupo social, pues estábamos valorizando, al distinguirlos en una obra audiovisual, a personajes con ascendencia sobre la comunidad. A su vez, desde la exposición de experiencias personales que trasladaban valores esenciales de la savia campesina, se contribuía a educar sin ningún fin didáctico, cuestión esencial es este tipo de comunicación afectiva, incluyendo la exposición de casos dramáticos por oposición, como el caso del documental El ángel de la Jiribilla, que cuenta la historia de Alcides, el hombre más bailador del pueblo, el más fiestero, el más alegre que envuelve con su alegría, la gran tristeza de su alma sola por motivos familiares.

Sin un desarrollo lineal, sino como la propia vida que entreteje hechos, vinieron luego y a la par, documentales con personajes grupales, como Las cuatro hermanasJon de la Loma, documentales sobre leyendas, mitos, sabiduría popular, tradiciones, como CagüeyrosAl compás del Pilón,  documentales sobre creencias religiosas como Santa Cruzada, documentales sobre los diferentes oficios y sus niveles de especialización como Para ir a ver a la noviaSierra de AireOficios de hombre, documentales sobre los problemas sociales que más impactaban negativamente en el colectivo como el río contaminado en SOS Verde La despulpadora, el embarazo precoz, los problemas de transporte, las deficiencias en los servicios que se ofrecen al pueblo, etc., hasta llegar poco a poco a obras más introspectivas, más analíticas, más simbólicas y cuestionadoras del interior de las serranías y sus esencias culturales como La tierra conmovidaComo una gota de aguaLos ecos y la nieblaHomenajeFredy o el sueño de Noel, etc., hasta las producciones más recientes como Barrio nuevoA dónde vamosPapalotes.

Otro ejemplo muy válido de mencionar es el Video Carta, modalidad que Daniel Diez implementó y luego diseminó por América Latina como modelo de comunicación para el intercambio entre grupos sociales. El Video Carta no es otra cosa que un registro audiovisual donde un grupo de personas, por lo general lo hacemos con niños, cuentan sobre su vida, su entorno, sus familias, sus sueños, sus dilemas, sus aspiraciones y a su vez interpelan al que recibirá el video sobre temas particulares que desea conocer de este. Este material se hace llegar al grupo de destino y este genera otro como respuesta. Así la TV Serrana interconectó comunidades serranas distantes, niños de la ladera norte de la Sierra, que nunca habían visto el mar, con niños de la ladera sur que viven a sus orillas, niños de la Sierra con niños de El Vedado y niños de la Sierra y de Cuba, con niños de Latinoamérica y África.

Todo lo anterior tiene en esencia un mismo concepto, realizar el trabajo comunitario desde dentro. Quiero decir, vivir en la comunidad, trabajar desde ella y con ella, gestar ideas y proyectos a partir de lo que la misma comunidad aporta. No ser invasivo. Reconocer el protagonismo haciéndolo valer por sí mismo y no una participación que acompaña a un elemento exógeno que viene a descubrirte o peor aún, a auxiliarte porque tú solo no puedes. Estos criterios responden un poco a algo que el Académico chileno Valerio Fuenzalida nombra con el término “agonal”. Pretendemos, por encima de todo, ver la cultura como dimensión de la vida.

¿Qué te llevó a abandonar un proyecto que te hacía feliz?

No creo que lo abandoné; de hecho nunca me he ido, y no es metáfora, y es verdad. No me he alejado nunca de la TV Serrana y a ratos siento que debo volver, aunque solo sea para respirar aire puro y lanzarme al río (de hecho lo hago cada vez que tengo algún día de vacaciones).

Llevaba unos ocho o nueve años en la TV Serrana, cuando la dirección del ICRT me instó a colaborar en otros proyectos nacionales desde la capital. Ya era el año 2000/ 2001 y yo estaba a cargo de la dirección del equipo. Entonces no tenía del todo claro si me inspiraba irme a La Habana o no. El proyecto serrano me seguía seduciendo.

Aunque lo cierto es que desde que a los 13 años me mudé a Bayamo, siempre les dije a mis padres que al final regresaría a la capital. Cuando me fui de La Habana no fue por mi decisión personal. Siempre me sentí de otro lugar, tal vez por haber pasado tantos años de sitio en sitio, quiero decir secundaria urbana en Bayamo; preuniversitario becado en el campo; universidad en Santiago; años en la Sierra Maestra; en fin, tengo muchos recuerdos lindos de Bayamo y a esa ciudad le debo también gran parte de lo que soy, pero me sentía de muchos lugares y anclado en los recuerdos capitalinos.

Luego, ya con 11 años en la TV Serrana, se me pidió colaborar en la fundación de lo que luego sería el Canal Educativo 2. Aún me sentía seducido por el proyecto y hoy día lo estoy todavía. No obstante, me tentó el hecho fundacional. Un año después, ya con el canal “al aire”, me fui definitivamente a La Habana.

¿Fue el Canal Educativo una nueva escuela?

Toda obra que se inicia, enseña. Por eso, el Canal Educativo 2 también se convirtió en una escuela. Allí tuve que sortear otros derroteros: gestar una programación, insertarme en las dinámicas de la programación televisiva en vivo y la producción de televisión en estudios; dirigir un equipo de trabajo que triplicaba en número a mi pequeña guerrilla serrana (la cual había dirigido desde el año 2000 cuando Daniel Diez se trasladó a La Habana para ocupar el cargo de Vicepresidente del ICRT); reencontrarme con mi ciudad natal ya no como visitante, sino nuevamente como residente y La Habana ya había cambiado mucho respecto a 1982 cuando me mudé a Bayamo, etc. En fin, de nuevo se abrió el reto y la carrera contra reloj por ir venciendo metro a metro la cuesta.

El Canal Educativo 2 también significó otro escalón en mi formación profesional como creativo y directivo de un medio de comunicación. Además, y siento que ha sido lo más importante, me sirvió para profundizar mis estudios sobre comunicación y dentro de esto los principios y valores que rigen lo que se conoce como televisión educativa, mensajes educativos, sentido didáctico del medio, etc. Cuestiones en las que confieso he tenido que despejarme muchas dudas sobre la marcha y de las que creo profundamente hoy, que ha primado mucho voluntarismo y poca implementación práctica de conceptos elementales para ese tipo de comunicación que se gesta o pretende gestarse, desde nuestra televisión educativa.

Cuando llegué a La Habana y me incorporé al equipo que ya venía proyectando lo que sería el canal, no creo que estuvieran bien claros los conceptos que fundarían esta señal. Eran los años de gestación de los proyectos de la Batalla de Ideas, el Comandante en Jefe había dado vida propia a la Universidad para Todos, ya existía al aire el Canal Educativo y teníamos la encomienda de sacar una nueva señal cuyos fines era también “educativos”.

Empezamos a moldear el camino para seguir. El canal asumiría de algún modo formatos audiovisuales de teleclases, pero en esencia se pretendía que explotara más los diversos formatos. En el slogan que acuñamos para esta señal, encontré la esencia de lo que consideraba debíamos aspirar: “por los caminos del saber”.

Debíamos lograr que lo “educativo” no fuera precisamente “didáctico”, de ahí que incorporáramos programas musicales como Música Maestro, Proyecto Digital, devenido luego Contexto Digital, un programa de comunicación más que de tecnología, Letra Fílmica, espacio cinematográfico para transmitir obras literarias versionadas a la pantalla, Paréntesis, espacio dedicado a la obra artística de los jóvenes creadores, Pantalla Documental, segmento dedicado al documental de autor y así, como otros muchos que lograron su cometido y otros que no nos han quedado bien.  

¿Cuántas canas te han salido en la lidia constante que tienes como vicepresidente? ¿Puedes dormir a piernas sueltas cuando sale al aire un espacio que provocará decenas de llamadas esa misma noche o a la otra?

Las canas que me han salido prefiero asociarlas a mis 42 años; no voy a culpar a nadie de lo que solo yo soy responsable, haber accedido a un cargo de tamaña complejidad. Nadie tiene la menor idea.

Cuando la vida te lleva por los caminos que ha transitado la mía, evaluar el sueño como tranquilo, o simplemente sueño, es algo difícil. Es voluble el sentido de las cosas, depende de las circunstancias en las que te encuentras.

En la Sierra Maestra no recuerdo insomnios, pero puedo asegurarte que no siempre dormí tranquilo. A veces un plano que no cuajaba en una estructura, no me dejaba cerrar los ojos en toda la madrugada. A veces era todo lo contrario: encontrar el sentido ideal a un plano determinado y saber que había hallado su ubicación exacta en la estructura que conformaba, era el motivo especial para tampoco dormir y saltar de la cama al cubículo de edición, para pasar la madrugada entera armando y montando ideas. Muchas veces, al amanecer y entrar la editora al cubículo (por cierto, mi esposa), me busqué más de un regaño y un reclamo, pues casi, sin querer, usurpaba sus funciones de trabajo (con el tiempo aprendí las técnicas de la edición y me daba placer hacerlo).

Hoy me pasa más o menos lo mismo, claro, las circunstancias son otras. Con el tiempo uno aprende a catar las situaciones, las coyunturas; uno aprende a tratar de no despertarse, aunque te puedo asegurar que no siempre se consigue.

Me preocupan más que las llamadas, la falta de perspectiva que a ratos nos circunda; la escasez mental para digerir los cambios; la actitud de avestruz; el alma vendida al diablo de la banalidad y la superchería; la nefasta desideologización real y aún peor, aquella solapada que pretende y aplaude loas y a la vez, como si tuviese vidas paralelas, disfruta lo más vulgar de Hollywood. Todo esto afecta más mi sueño que el timbre del teléfono, aunque preferiría a ratos que no sonara.      

¿Es nuestra televisión una consecuencia de los problemas financieros o se unen otros factores?

Son muchos los factores que se unen. Por supuesto, los financieros tienen un gran peso, pero no está en dichos problemas la causa principal de las deficiencias. Esa es mi opinión y no me refiero a que los recursos de los que disponemos den abasto, me refiero a una gama de causas que nos impactan negativamente y que van desde la desprofesionalización real, hasta el facilismo oportunista.

En última instancia, es nuestra televisión una consecuencia de la carencia de conceptualización sobre lo que queremos. Me refiero a la no claridad del modelo de comunicación que queremos construir. Cuba, por revolucionaria, debía ser el país de la reinvención eterna. Con esto te digo que debimos haber intentado reinventar la televisión, aunque a algunos, esto les suene disparatado, autosuficiente o utópico.  

¿Qué sería para ti una buena televisión? ¿Cómo crees que se conseguiría?

Definir una buena televisión es tan difícil como que cada persona a la que le hagas la pregunta, te dará un concepto diferente; su concepto. Depende, reitero, del modelo de comunicación que asumas, del tipo de televisión que quieras construir, de para qué quieres la televisión. A todo caso me atrevería a mencionar aquellos elementos que considero no debe dejar de tener una televisión en un país como el nuestro.

En primera instancia descartaría asociarme a un modelo particular de comunicación e intentaría buscar en la hibridez, según nuestra propia cultura e idiosincrasia, los rasgos asimilables y definirlos bien.

Por tanto, sería útil una televisión que actúe sobre la sociedad, señalando todo aquello que no está bien. Por supuesto para ello, debe ser una televisión que conozca a sus públicos y estudie sus necesidades, de modo tal que no solo señale lo que socialmente está errado, sino que además lo haga facilitando la participación ciudadana en lo que hay que cambiar. Participar es ser protagonista.

Lo anterior redundaría en negociar lo transmisivo con lo dialógico. Desde cada punto hay razones y verdades, hay que buscarlas incansablemente y ponerlas en el mismo tablero a conversar. Además, debemos apostar siempre por que la civilidad se construya de la mano de lo racional y lo emotivo. A la televisión le hace falta razón y le urge lo lúdico-afectivo en justo balance, desafío imperioso al exceso tanto de tutoría, como de didactismo y banalidad.

No podemos olvidar que al responder nuestro modelo social a necesidades de servicio público que se pautan desde el estado y la guía ideológica de nuestro Partido, la televisión debe acompañar dicha gestión estatal en cualquier rama y contribuir a hacer perfectible nuestro modelo. El mejor modo es conciliar la agenda del medio con los intereses de los públicos. El medio es sus audiencias; transformarlas significa conocerlas y no traicionarles. Para ello debemos aspirar a una televisión creíble.

Hacia dentro, o sea, hacia nuestros propios creadores, algo similar hay que tener en cuenta. Tendríamos que construir nuestro discurso, nuestros mensajes, nuestro interés institucional, siempre de la mano negociadora con los artistas y periodistas hacedores de dichos mensajes.

Por último y no por ello menos importante, habría que tener claridad de que la televisión no es solo divulgación y mucho menos solo propaganda. Circunscribirla a esto es una manquedad intelectual imperdonable. Por tanto hay que concebirla como un espacio de producción cultural y con esto quiero decir, un espacio de vasos comunicantes entre la información, lo educativo, la expresión artística y la experimentación y, por supuesto, desde el entretenimiento como condición sine qua non. Un espacio de beligerancia ideológica que entronice la autocrítica, aprecie sensiblemente y promueva los logros sociales y a su vez, exprese la diversidad.

Atreverme a decir cómo conseguir todo lo anterior sería muy autosuficiente de mi parte. A lo sumo creo fervientemente que se puede lograr desde el más profundo sentido de arraigo a la cultura nacional en sus esencias éticas y humanistas, el más profundo sentido del deber y, por supuesto, trabajando. 

No faltan quienes dicen que en ti queda poco de aquel joven de melena recogida que buscaba siempre la mejor forma de hacer un documental y que ahora solo eres un funcionario que ha perdido sus dones artísticos. ¿Qué crees tú de tales opiniones?

Debo respetar a quien lo diga, sabrá por qué lo dice. No obstante creo que no me ha mirado bien. Si lo hace se percatará de que ahí está la melena recogida aunque ciertamente menos joven (la melena). Si me mira a los ojos, se dará cuenta de que lo reto a cualquier debate. No ando por la vida buscando que me cataloguen como funcionario o como artista. Yo sé lo que soy. El que lo dude, si es honesto, tendrá el deber de acercarse a mi obra artística, ella hablará por mí. Sobre mi trabajo como directivo, solo puedo decirte que dirigir es también gestar una obra; nadie lo dude. Las obras, del tipo que sean, no son perfectas. Cuidado con los que piensan así. 

¿Por qué si producir programas televisivos es un dolor de cabeza te metiste a hacer En vivo, una revista digital e impresa, que está pariendo la editorial homónima y representa otro tremendo dolor de cabeza?

Por la sencilla razón de sentir la necesidad de expresarme artísticamente.  EN VIVO es un modo de hacerlo. En cada línea están mis aspiraciones y mi compromiso como creador, de contribuir modestamente a generar pensamiento en la sociedad.

Además, en la TV Serrana aprendí algo muy importante para mi vida, conocer a Martí. Esto se lo debo por supuesto a Daniel Diez, quien hurgaba a diario en el pensamiento martiano, quien libró más de una batalla de la mano de los pensamientos del Apóstol. No creo que conozca la obra martiana lo suficiente como debía, pero me siento impregnado de las esencias de su espíritu, lo llevo conmigo y también en más de una ocasión, me ha ayudado a librar batallas.

Martí fue en esencia un educador, un forjador de pensamiento. Insistió mucho en la necesidad del conocimiento, en la necesidad de educarse y en el deber de educar.

Creo fervientemente en la necesidad de fomentar un ser humano que se exponga ante el medio de comunicación como ciudadano, no como consumidor. Modestamente aspiro a que EN VIVO contribuya a ello, a que trabaje por la necesidad de fomentar un pensamiento crítico en los públicos.     

En noches claras, con o sin estrellas, ¿sientes nostalgia por la Sierra?

Siempre. Es una nostalgia “telúrica”. Tal y como un día, hace ya más de 15 años, Cintio Vitier catalogó nuestra obra en TV Serrana.

(Tomado de La Jiribilla)

 

Arleen entrevista a Amaury Pérez Vidal: “…Y seguiré haciendo televisión si me lo permiten”

Arleen entrevista a Amaury Pérez Vidal: “…Y seguiré haciendo televisión si me lo permiten”

Durante el 2010 y parte de 2011, los martes de Cubavisión, a las 8 y 30 de la noche para más señas, nos pusieron frente a un set y a un modo de hacer televisión que podríamos llamar diferente, si nadie se ofende. Y hago esta última acotación con toda la premeditación que de ella se pueda desprender, tomando en cuenta las reacciones que desató, en los días previos a su estreno, el que yo anunciara el programa como “la televisión que viene”, pretexto del que, según suponen algunos, se colgó la crítica al uso para ningunear una propuesta que, solo por inusual, merecía dejar su huella en los medios impresos (o será que yo sigo pensando que solo lo tangible sobrevive al tiempo).

Como parte del equipo que se entusiasmó trabajando junto a Amaury en aquella salita de singular sobriedad, por la magia que cada talento de la cultura cubana le aportaba semanalmente, seguí -cuando era posible- el intenso intercambio del guionista, conductor y director de la serie, con miles de internautas, en el foro de Cubadebate. Y nada me pareció más natural que hacerle unas cuantas preguntas al cierre del programa 60 -¿fin o pausa? aún no sabemos- cuando el anfitrión y Silvio cantan juntos -como en la versión original del tema- “Con 2 que se quieran…“, y la salita se apaga y la televisión sigue encendida, pero ya empezamos a pensar en el vacío que deja.

Amaury engavetó las preguntas, esperando a ver si realmente su programa había dejado en los televidentes la huella que faltó en los medios impresos. Y pasó el tiempo y pasó que los seguidores del foro no se fueron. Por eso yo he vuelto a las preguntas y al fin, me llegaron las respuestas:

-Amaury, en la entrevista a Silvio, dices que es la última, ¿se terminó la lista de entrevistables que quieres, se agotó el esquema de C2QSQ o solo estás tomando un respiro?

-El esquema de C2QSQ es el del clásico programa de entrevistas para un Primetime de Televisión. Contiene información y entretenimiento, como escribiste en algún momento. Primetime, para quienes no están familiarizados con el término, es la barra de programación que va desde las 8 hasta las 10 de la noche, porque ese tiempo tiene características propias -es el de máxima audiencia en todas las familias-, y hay que tener eso en cuenta a la hora de emprender cualquier proyecto. No es horario para experimentos.

El esquema de C2QSQ, volviendo al término, es inacabable. Como dice el escritor italiano Alessandro Baricco en su monólogo teatral Novecento: “No estás jodido verdaderamente mientras tengas una buena historia a cuestas y alguien a quien contársela”. Por tanto, la fórmula es eterna, porque cada invitado trae consigo una trama singular, la de su propia vida, y esa siempre es interesante para el público general del que formo parte. Las preguntas, entonces, caen por su propio peso una tras otra.

Por supuesto que no se acabaron los “entrevistables”, había que escoger sesenta, era lo que estaba convenido entre nosotros, el MINCULT, el ICAIC, el ICRT y la ACDAM, ¿cómo resolverlo?, ese fue el descocido que intentaremos remendar en una próxima entrega. Tomarse un respiro, aunque sea leve, nunca viene mal para en el sosiego, en el transpirar de otros asuntos, replantearse dónde, cómo y por qué erramos el tiro. Por otra parte odio los programas sin fin, más, en estos tiempos de prisas, inmediateces y juegos de artificio.

- Has sido particularmente crítico con nuestra televisión y no siempre se te ha entendido, aún cuando lo hicieras desde el sentimiento de haber nacido, crecido, amado y sufrido junto a ella. ¿Por qué C2QSQ?

-Yo asumo la Televisión desde la pertenencia. Eso es lo primero. Después de una controvertida intervención mía en el último Congreso de la UNEAC pensé que era muy fácil criticarla desde afuera, aunque no era mi caso, y quise involucrarme más. No escogí el momento, otros lo hicieron por mí, pero me alegro porque ahora he comprobado lo que nos falta y lo mucho que tenemos que trabajar en pos de una Televisión, que sin dejar de ser enérgica y vertical, asuma el postulado de entretener educando, y si es posible, proponiendo. Una responsabilidad ineludible para los que bregamos en y con los medios. Con esa idea centelleándome en el corazón fue que concebí el programa.

-¿Qué pretendías hacer y qué crees que logró el equipo de C2QSQ durante 60 programas?

-No me llamo a engaños, como te dije antes, el equipo de C2QSQ no inventó el agua tibia, pero sí creo que retomó la máxima de que hay que romper hasta nuestras propias secuencias. La Televisión no puede ser estática ni esquemática, la Televisión es movimiento e industria, hay que darle vueltas a la rueda sin dejarse llevar por conceptos que se enuncian ahora como novedosos pero que en cualquier circunstancia tienen que ser rentables.

Es diferente un programa de entrevistas hecho por David Frost en el Reino Unido, uno por David Letterman en EstadosUnidos, y otro por Ricardo Rocha en México. Hay pausas, giros verbales, caminos diferentes desde donde se emite el diálogo hasta donde habita el receptor para obtener los mismos resultados.

Cuba no es una excepción, y como mismo hay una manera cubana de comunicarse, hay también una forma cubana de entrevistar. Recuerdo a Germán Pinelli y Consuelito Vidal, por solo poner dos ejemplos, y no conviene importar el modo foráneo de interactuar con el televidente de manera automática y aleatoria, por no decir superficial. Debemos convencernos de que no hay preguntas incómodas, si se hacen con respeto, inteligencia, transparencia y no autocensurarnos al formularlas.

Claro, el programa tiene un título y no es por gusto, había que ser consecuente con él. No me gustan los programas inquisitorios, con preguntas mañosas y trampas inmisericordes tendidas por ignorantes con tiempo en pantalla. Una vez le preguntaron a un conductor de la televisión norteamericana, el maestro Johnny Carson que como escogía a sus entrevistados, él, delicioso y cínico respondió: “Yo no los escojo, ellos me escogen a mí cuando tienen algo que vender, sea un disco, una película o un jabón de baño por eso hago con ellos lo que quiero”.

En C2QSQ invito para homenajear, halagar, promocionar, no para demoler o intentar poner en una encrucijada indiscreta al interlocutor. Por otro lado, el mundo intelectual cubano es muy complejo, inteligente y por lo mismo poco manipulable, aunque algunos piensen, desde lejos o desde cerca, todo lo contrario.

- ¿Qué te hace más feliz y qué te angustia en el momento de hacer este alto en el camino?

-Lo que más feliz me hace es saborear el resultado, sentir el palpitar de la gente en la calle, escuchar sus opiniones, en esto el foro de Cubadebate ha jugado un papel esencial. Lo que me angustia es abandonar la dinámica del trabajo. Prefiero estar ocupado. Detesto el ocio.

- En los últimos años escribes novelas, das conciertos y no solo te metes en un programa de televisión con gente del cine, sino que rompes los records de intercambio con tus seguidores a través del foro en Cubadebate. ¿Queda algo que puedas y no hayas hecho?

-En Televisión no he hecho prácticamente nada y no estoy siendo modesto, la Televisión Cubana tiene 60 años y yo, apenas 60 programas. En nuestro país casi todo está por hacerse, solo hay que mirar en derredor. Quisiera que contaran con mi esfuerzo en la continuación de una obra aún inacabada que a todos nos pertenece. Me gustaría escribir guiones cinematográficos y dirigirlos, pero eso son otros veinte pesos, aunque soy osado y ¿quién sabe? Por ahora seguiré cantando narrando y haciendo TV, si me lo permiten.

FUENTE: ENTREVISTA DE ARLEEN RODRIGUEZ DERIVET / TOMADO DE CUBADEBATE

¡Hurra! por las grandes series

¡Hurra! por las grandes series
Gertrudis Ortiz  /digital@juventudrebelde.cu
 
Según Jalil Gibran, escritor libanés, «la felicidad es un mito que siempre perseguimos», y es bien cierto que el recuerdo de las horas felices nos sume muchas veces en la nostalgia por las acciones del pasado que creemos irrecuperables.

Los de mi generación y acaso los de un poquitico más allá recuerdan con seguridad y con añoranza aquellos escenarios rústicos desde donde Annette Riviere, inolvidable y lírica, representada por Margarita Balboa, introducía en nuestras salas las páginas de El alma encantada, la novela de Romain Rolland; o les parecerá de pronto estremecerse ante la cámara mortuoria donde Ragosin y el príncipe Miskin velaban a una Maritza Rosales convertida memorablemente en la Natasha Filipovna de El idiota, de Dostoyevski. Y qué decir de El rojo y el negro, Las ilusiones perdidas, la Martine «perdida en el bosque» de la versión de Rosas a crédito... Todas inolvidables.

Por fortuna, las grandes series de la programación dominical nocturna del Canal Educativo nos permiten reencontrarnos, otra vez, desde producciones foráneas, a hitos literarios de siempre. Orgullo y prejuicio, de Jane Eyre; Padre e hijos, de Iván Turgueniev, El idiota, de Fiodor Dostoyevski…

Magníficos regalos en el fin de semana. Ahora se proyecta La guerra y la paz, de Liev Nikolaiev Tolstoi, como para homenajear la efeméride del nacimiento del insigne escritor ocurrido el 9 de septiembre de 1828 (28 de agosto en el antiguo calendario gregoriano) en Yasnaia Poliana, la bella propiedad rural que poseía la familia al sur de Moscú. Este autor es uno de los más significativos de la lengua rusa, autor de La sonata a Kreutzer, La muerte de Iván Ilich, Resurrección...

La guerra y la paz (1863-1869), junto a Ana Karenina (1873-1877), forman parte de lo más importante de su obra. En Cuba la primera se exhibió como filme en tres partes en el propio año de culminar su realización por el director soviético Serguéi Bondarchuk, quien además asumirá uno de los personajes principales, el del conde Bezujov, aquel que diría «uno debe amar y debe creer». En 1968 la cinta obtuvo el Oscar de la Academia de Arte y Ciencias Cinematográficas de EE.UU. como mejor filme extranjero.

En esta versión que se exhibe ahora, una producción de la televisión europea dirigida por Robert Dornhelm, con actores como Malcolm Mc Dowell y Brenda Blethyn, entre otros, las cosas van de prisa, es una serie de pocos capítulos, ya ha ocurrido la batalla de Austerlitz, han sido presentadas las cinco familias aristocráticas principales, ha muerto Lisa, Natasha Rostova ha bailado con Andrei Bolkonsky, han emergido los protagonistas de una obra de 559 personajes y cuyo manuscrito llegó a la cifra de cinco mil folios, y va bien, porque la labor de los editores y guionistas es encomiable. Vale la pena agradecer las actuaciones; la magnífica dirección de arte, llena de modernos y nada irrespetuosos criterios propios, la banda sonora que recrea las melodías epocales.

La serie tiene un destinatario amplio, para todos, no sustituye, claro está, el deseo por la lectura, más bien, la estimula. Desde La guerra y la paz hasta Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, pasando por La Semana Santa, de Louis de Aragón; en De los vivos y los muertos, de K. Semionov, o El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, está el hilo conductor que nos permitirá reconocer las búsquedas en la eticidad del individuo.

No hay dudas de que beber de clásicos como La guerra y la paz prepara mejor nuestra mente para el análisis y nos hace más profundos al enfrentar las diversas situaciones y buscar desde el arte o la vida el camino de la transformación. ¡Hurra!

TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

Caminando por la acera de la sombra. A debate la primera temporada de la serie cubana Bajo el mismo sol

Caminando por la acera de la sombra.  A debate la primera temporada de la serie cubana Bajo el mismo sol

Telenovela, lo que se dice telenovela, no es ni le hace falta serlo. La serie cubana de tema contemporáneo y horario estelar Bajo el mismo sol, en su primera temporada emitida bajo el título de Casa de cristal, ha operado el portento de permitirle al espectador la identificación con los personajes y apasionarse con la trama, sin menoscabo de la solicitada reflexión sobre el entorno psicosocial en que se aman, se odian, se ayudan o se hunden los personajes.

El disfrute emocional del drama, aparejado con ciertos niveles de verosimilitud y criticismo, parecen ser los requerimientos dictados por un importante sector de nuestro público, muy consumidor de ese mundo sentimental, casi siempre romántico, de las telenovelas, pero casi siempre dispuesto a exigirle a las cubanas que le permitan, al menos, reconocer su propia realidad multiplicada en miles y miles de pantallas domésticas.

La espléndida luz de esta serie toma forma, sobre todo, a través de admirables actuaciones protagónicas, y de un guión atento a las normas de la acción convenientemente diseminada, además de la intriga imprescindible, el suspenso, la riqueza en las subtramas y, sobre todo, el diseño eficazmente complejo de los personajes principales —sobre todo de las tres protagonistas, Tania, Doris y Lisette— todo ensamblado con el loable propósito de procurar que nosotros todos, espectadores, seamos capaces de mirar de frente nuestros propios prejuicios de índole personal, sexual, filial, racial, social y como pueblo.

Esta vez el resultado en pantalla a partir de la historia escrita por el consagrado escritor radial Freddy Domínguez (La cara oculta de la luna) ostenta mayor hondura y capacidad inclusiva a la hora de imbricar las facetas públicas y privadas de los personajes, y ponderar ambas esferas dentro de la coherencia necesaria para que la tesis global aparezca nítida, irrebatible, e impida distorsiones, lecturas aberradas o malentendidos.

El elogio a la capacidad de levantar la cabeza y seguir adelante, la ineludible contribución de la familia y de otros actores sociales a la solidificación de una ética, la comprensión de los errores humanos y la disposición de ayudar a superarlos (que no significa convertir la tolerancia y el perdón en el pozo sin fondo de la carencia gradual de valores) aparecieron en la serie con las dosis convenientes de verismo y calidez humana, sin teques ni parlamentos regañones, ni charlas sancionadoras de todo aquello que se salga de la norma. Lo más importante parece haber sido, para el guionista, el director y las actrices, conservar intacta la verdad de estos tres personajes, su lógica interna, y el predominio de las virtudes por encima de los errores, aunque estuvieran sometidas, como lo están, a muy temibles presiones de todo tipo.

Víctimas de las circunstancias, de la agresividad o de los prejuicios inherentes al patriarcado, y un poco también martirizadas por las consecuencias de sus temperamentos, impulsividad, intransigencia y ambiciones, Tania, Doris y Lisette adquirieron rostro y entidad creíbles gracias a tres actrices (Ketty de la Iglesia, Blanca Rosa Blanco y Daylenis Fuentes) en plena madurez de sus capacidades. Tania parecía al principio demasiado contradictoria, impulsiva, desdibujada, y por momentos llegué a pensar que no era Ketty de la Iglesia la actriz adecuada para encarnar la impetuosidad, los súbitos cambios de parecer e inexplicables meteduras de pata de ese personaje. Pero a medida que avanzaba la trama la actriz, y su personaje, se volvieron más convincentes, y comprensibles, porque apareció un conflicto que permitía explicar su comportamiento: el terror y la inseguridad que le genera un pasado reciente de encierro y acoso.

Daylenis Fuentes se concentró en el aspecto y los gestos de su personaje, hasta lograr una caracterización sorprendente por lo genuina, sin embargo atendió menos, en algunas escenas, la riqueza interna de su personaje, su potencial espiritual, su ternura, aunada a la firmeza sencillamente inclaudicable. Blanca Rosa Blanco volvió a regalarnos el one-woman-show que puede proporcionar una actriz en la cúspide de sus posibilidades. Solo debe tratar de evitar, en este gran momento de su carrera, el encasillamiento y la repetición, no de los recursos histriónicos —porque Blanca posee un arsenal bastante colmado— sino de la índole de los personajes que suelen ofrecerle. Aparte de estos detalles, porque detalles son y así deberán ser comprendidos por el lector, las tres actrices nos devolvieron el placer de disfrutar, en dramatizados cubanos, composiciones histriónicas de considerable altura, de esas que parecen brotar de las profundidades psicológicas del personaje, y de la intérprete, ambos confundidos en una personalidad vital, creíble, espontánea. Lástima que no todo el elenco haya estado a ese nivel, y en particular quedó en desventaja la parte masculina, salvo tres o cuatro excepciones, pues muchos actores se limitaron a «tirar» los textos disciplinadamente.

Respecto a la polémica sobre el tema del exceso o propiedad de la temática sobre la homosexualidad en televisión, un tema que he visto desplegado en numerosos foros de internet, y también en entrevistas de radio y televisión, solo me preocupa que mientras crezca la discusión al respecto, se fortalece el convencimiento de que todavía nos aquejan mil prejuicios y actitudes discriminatorias. ¿Alguien se queja de que en las telenovelas abunden hasta la saturación los hombres blancos, apuestos, acomodados y heterosexuales? ¿Alguien se siente capacitado para decidir cuál es la dosis exacta de personajes femeninos, negros, homosexuales, gordos, pobres, delincuentes o funcionarios que deben aparecer en un programa de televisión para que sea correcto, conveniente y aceptado por la mayoría absoluta de televidentes?

Si la verosimilitud y el empeño por captar las vibraciones palpitantes de la actualidad sostuvieron el guión y las actuaciones, e incluso las excelentes canciones de presentación y despedida, la puesta en pantalla se vio aquejada por un exceso de escenas grabadas en estudio donde el encartonamiento y la falta de adecuadas escenografía, iluminación y ambientación dejaron el triste sabor a impostura.

Lograron mayor realismo en las casas apartamentos de las tres protagonistas, pero, por ejemplo, el almacén donde trabaja la mala (Sheila Roche en un ingrato estado de sobreactuación) y algunos restaurantes, cafeterías y tiendas debieron esperar a que los personajes explicaran dónde se encontraban para que el espectador consiguiera situarse en términos de espacio y circunstancia.

Bajo el mismo sol llevaba muchos más exteriores de los que le dispensaron. Lo requería su estética y sus propósitos. Enterados estamos todos del encarecimiento que implica el rodaje en exteriores. También hemos visto cómo abundan los dramatizados para niños y jóvenes totalmente grabados fuera de los estudios. ¿Quién puede explicar semejante incongruencia?

El verano audiovisual de 2011 —cuando el sol nos recordó, incluso desde la pantalla del televisor, que sale todos los días para abrasar las cabezas de justos e injustos— será recordado, tal vez, por el éxito monumental de Habanastation, y también por los favores que se ganó, poco a poco, sin alharaca ni promoción desmedida, la primera temporada de Bajo el mismo sol. Atentos quedamos todos a la segunda y tercera temporadas (La soledad, 45 capítulos; y El desarraigo, con 40) que ojalá permitan disfrutar la luz y el calor, pero sin excesos, caminando por la acera de la sombra, donde mejor pueden percibirse sutilezas y matices.

Bajo el mismo sol: fin de temporada

Bajo el mismo sol: fin de temporada

Bajo el mismo sol: fin de temporada

por  Yuris Nórido/ Tomado de Cubasi.cu

Ha concluido Casa de cristal, la primera temporada de la telenovela Bajo el mismo sol. Muchas opiniones encontradas puede haber ocasionado, pero lo cierto es que casi todo el mundo debe haber reconocido en sus capítulos a la Cuba que ahora mismo vivimos.

Como buena parte de la producción cubana de los últimos años, la serie ha asumido el reto de trascender el gran tema del folletín tradicional: los altibajos del amor. Ha pretendido centrarse en los problemas y desafíos del momento.

Y lo ha hecho con responsabilidad y sin llegar a extremos. Más allá de alguna que otra inexactitud o alteración de la realidad, llamó la atención sobre varios asuntos: la compleja reinserción de tres exrreclusas en la sociedad, los prejuicios con la sexualidad, el maltrato familiar, la corrupción, el oportunismo de directivos, la burocracia, la actitud ante la muerte de un ser querido, la maternidad frustrada, los problemas de convivencia en los hogares…

Todo lo ha abordado, por supuesto, sin dejar a un lado las tramas sentimentales y amorosas.

Sin ese didactismo que ha lastrado a otras series contemporáneas, en Casa de cristal se mostraron aristas complejas de la realidad, sin necesidad de sermonear ni ofrecer soluciones mágicas. La telenovela tiene bien definidos los valores que defiende, pero no lo hace a partir de la simplificación y el maniqueísmo.

Para lograrlo ha hecho falta un grupo de personajes bien concebidos, que actúen por convicción, lógicamente, no por simple golpe de efecto. Las propias acciones de los personajes los explican.

A la temporada, eso sí, le faltó distensión. Demasiado vertiginosa fue la sucesión de acontecimientos importantes, dramáticos. Uno llegó a extrañar personajes y situaciones que aportaran más humor, que ayudaran a digerir mejor los conflictos.

La serie, por otra parte, impactó más por lo que dijo, que por la manera en que lo hizo: la puesta en pantalla apenas logró un acompañamiento funcional.

La presentación fue pobre, chapucera; los decorados resultaron muy artificiales, la banda sonora fue plana, y la edición algo atropellada. En ese sentido, el mayor logro fue la dirección de actores. El elenco, integrado por personas de diversas formaciones, está a la altura de las exigencias.

La primera temporada de Bajo el mismo sol fue, de todas formas, un acierto. Quedamos a la espera de las otras dos.

Lea otro comentario de Yuris Nórido, publicado en Cubasí.cu

Bajo el mismo sol: bajo todas las miradas

Casa de cristal, la primera temporada de la telenovela Bajo el mismo sol, ha causado en ciertos espectadores gran inquietud. Muy al estilo de las últimas producciones dramatizadas cubanas, no se conforma con entretener: ha asumido el reto de abordar cuestiones polémicas de la más reciente actualidad.

Desde el asunto principal, la reinserción en la sociedad de tres ex reclusas, hasta otras tramas dedicadas a la corrupción, la educación de los hijos, el maltrato familiar… la telenovela está presentando un panorama bastante problemático de la contemporaneidad.

No obstante, hay un tema que sin dudas motiva la mayor cantidad de opiniones encontradas: la homosexualidad femenina, representada por una de las tres protagonistas.

Muchos consideran que en las últimas producciones nacionales se ha abusado del asunto, y no creen que ese sea el espacio para abordarlo. Creen, en el mejor de los casos, que la popularidad de las telenovelas puede atraer demasiados ojos a algo que debe permanecer en ámbitos más bien íntimos.

Otros, francamente, piensan que hablar sobre el tema es peligroso para niños y adolescentes, pues pueden revertir sus nociones establecidas de normalidad.En este mismo sitio, hace algunas semanas, al comentar un artículo sobre la novela brasileña que alterna con Bajo el mismo sol, buena parte de los lectores parecían necesitados de expresar sus criterios sobre la manera de abordar la homosexualidad en la serie cubana.

Incluso, a algunos les parecía “asquerosa” y “explícita”.Primero que todo, debe quedar claro que nunca la teleserie ha explicitado actos amorosos entre dos mujeres, más bien los ha sugerido, con una contención y cuidado que prácticamente los vela.

Y segundo, algo que se olvida con demasiada frecuencia: el espacio de la telenovela no es parte de la programación infantil, cada padre es responsable de que sus hijos lo vean. Sin contar que, de cualquier forma, no creemos que en Bajo el mismo sol se haya trasmitido nada que ponga en peligro la educación de los más pequeños.

Es perfectamente legítimo que los creadores de la serie hayan dedicado una de las tramas principales a la homosexualidad, porque, es evidente, los homosexuales existen y tienen conflictos perfectamente dramatizables. De hecho, con todo que parezca excesiva la presencia de estos temas en los últimos años, apenas se han esbozado, quedan todavía muchas aristas por explorar.

Bajo el mismo sol ha querido profundizar, y para hacerlo ha tenido que luchar (incluso que pactar) con los prejuicios vigentes.

Los que creen, con la mejor de las intenciones, que los conflictos por la orientación sexual deben ser tratados en un espacio más personal, olvidan que en buena medida son temas que trascienden la propia intimidad de los involucrados.

Lo que le sucede a Lisette en la novela ha sucedido, sucede a menudo, en muchos hogares. Darle visibilidad al asunto, al menos contribuirá a discutirlo, a manejar argumentos. Y es la telenovela, precisamente por su impacto, uno de los espacios privilegiados para hacerlo.

Es significativo que otros asuntos tratados en la serie, incluso lesivos para el bienestar común, no reciban tanta atención. Habla de los prejuicios que persisten en buena parte de la población, incluso con la relativa presencia de los temas de educación sexual en otros espacios.

Hasta el momento, el tratamiento al tema de Bajo el mismo sol ha sido prudente, sin permitirse ser didáctico. Ha presentado una situación de conflicto y ha dado voz a todos, sin asumir que por su opinión, fuera cual fuera, sean personajes negativos.

En la serie se han mostrado francos actos de homofobia, nacidos del prejuicio y el desconocimiento. Se le ha otorgado, con todos los matices, normalidad al problema. Una normalidad que hace también legítima la discusión.

La telenovela aborda, con la misma ecuanimidad, otros problemas acuciantes de la sociedad contemporánea. Hubiera sido legítimo para el género no hacerlo: tomar el rol del mero espacio de entretenimiento, narrar las una y mil veces contadas historias de triángulos amorosos, héroes y villanos, encuentros y desencuentros…

Pero Bajo el mismo sol ha querido meter las manos en el aquí y ahora. Tiene todo el derecho. Como nosotros tenemos el derecho, la opción, de cambiar de canal si no nos conviene.

En próximos comentarios nos referiremos a los demás temas, la dramaturgia y la puesta en pantalla. Por ahora esperamos sus comentarios.

FUENTE:  YURIS NORIDO, EN CUBASI.CU

“En silencio ha tenido que ser”, ahora en un sitio cubano en Internet (+ Video)

El sitio Las Razones de Cuba comenzará a divulgar, capítulo a capítulo y en alta definición, los capítulos de “En silencio ha tenido que ser”, la mítica serie de la televisión cubana que protagonizó Sergio Corrieri y que se comenzó a transmitir en Cuba en 1979.

Basada en hechos reales, la serie refleja la historia de un agente de la Seguridad del Estado cubano infiltrado en los Estados Unidos, que logra desbaratar algunos de los planes terroristas fraguados contra la Isla desde Washington.

Información Técnica de la Primera Temporada

Color / 579 minutos / Contiene 4 DVD

Formato: DVD Año: 1979 País: CUBA

Música: Sergio y José María Vitier

Director: Jesus Cabrera

Actores: Sergio Corrieri, Reynaldo Miravalles, Mario Balmaseda, Marcos Miranda, Enrique Santiesteban, Enrique Almirante, Consuelito Vidal, Rene de la Cruz, Salvador Wood, Patricio Wood, Lily Renteria, Frank Negro

Periodistas sin electricidad y cortados del mundo en Hotel Rixos de Trípoli (+ Fotos)

Periodistas sin electricidad y cortados del mundo en Hotel Rixos de Trípoli (+ Fotos)

Foto: Rolando Segura, corresponsal de Telesur en Trípoli.

Cerca de 40 periodistas internacionales se encuentran cercados en el hotel Rixos, ubicado en la ciudad de Trípoli, según reportó desde sus instalaciones el enviado especial de teleSUR a Libia, Rolando Segura.

Desde uno de los pasillos del hotel, el periodista indicó que las afueras del Rixos están tomadas por francotiradores por lo que no pueden ni salir del lugar.

“No tenemos contacto con el exterior. No puede entrar, ni salir nadie. El día de hoy se produjeron fuertes enfrentamiendos en dos momentos del dia. A  mitad de mañana, duraron dos o tres horas y nos resguardamos en el sótano. Luego, sobre las 5 de la tarde, comenzaron nuevamente estos ataques y tuvimos que resguardarnos en otra área durante seis horas a la espera del desenlace del tiroteo”.

Describió que han vivido “momentos de tensión y mucha incertidumbre” pues temen el ingreso de las fuerzas de Consejo Nacional de Transición (CNT) a las instalaciones del hotel.

Precisó que para mantenerse a resguardo, los reporteros de diversos medios internacionales se mantienen unidos en distintos puntos del Rixos, pues las habitaciones podrían ser blanco fácil de los grupos armados.

“Estamos trabajando en los pasillos, en determinadas áreas que pueden ser más seguras, a resguardos de los disparos de los francotiradores”, dijo Segura tras describir que no se puede asomar a las ventanas del hotel porque podrían resultar heridos.

Relató que horas de la mañana el equipo técnico de transmisión de Reuters resultó dañado por balas mientras se encontraban “haciendo sus despacho” desde el balcón de su habitación.

Rolando Segura indicó que entre los 37 periodistas que se encuentran dentro del Rixos prevalece la solidaridad en momentos donde su vida corre peligro, pues solamente los protegen algunos miembros del Ejército Libio, leales al líder libio Muamar Al Gaddafi.

El periodista de teleSUR resaltó que sólo quedan periodistas internacionales dentro de las instalaciones el Hotel, “no hay personal de servicio. Los periodistas se han organizado en función de poder limpiar cuando la áreas se ensucian.”

Segura informó que los alimentos y el agua han comenzado a escasear por lo que “los propios periodistas hemos tenido que buscar en varias áreas del hotel alimentos”.

“Se han encontrado reservas de alimentos y un cheff y un periodista prepararon algunas comidas, unas papas, que ha sido el único plato del día”, reportó el periodista atrapado en las instalaciones del Hotel Rixos.

Desde el pasillo del Hotel ubicado a tan sólo cinco kilómetros de la zona residencial de Bab Al- Aziziya, invadida en su totalidad por fuerzas del CNT, Segura indicó que los corresponsales optaron por “no dormir”

“Todo el tiempo hemos estado unidos en una misma zona para evitar situaciones de manera individual”, afirmó.

El jefe de Consejo Nacional de Transición (CNT), Mahmoud Jibril, anunció este martes que con la toma de la zona residencial de Bab Al- Aziziya, ubicado en Trípoli, se inició el proceso de transformación  de la “nueva Libia”, país que sufre desde hace tres meses una invasión armada por parte de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), dirigida por Estados Unidos y Europa.

Indicó que tenían el control de 80 por ciento de la capital de Libia y que aún estaban luchando con los leales a Muammar Al Gaddafi para imponerse en el sur del país.

Las últimas declaraciones que se transmitieron de Gaddafi fueron de un llamamiento a resistir ante el ataque de los insurgentes apoyados por la OTAN.

(Con información de Telesur)

Hotel Rixos, en Libia.

La Televisión Cubana exhibirá audiovisuales de Roberto Chile

La Televisión Cubana exhibirá audiovisuales de Roberto Chile
Alberto Korda, Ernesto Fernández, Roberto Salas, Liborio Noval, José Alberto Figueroa, y el fotógrafo suizo René Burri, fueron los elegidos por el realizador Roberto Chile para otros tantos audiovisuales de su cosecha y que, en su programación para este verano, la Televisión Cubana nos regalará a los amantes de las imágenes detenidas en el tiempo, a partir de esta noche, a las 9:50 p.m., por el canal Cubavisión.

En todos los casos —sin excepción— la trama se mueve desde el testimonio de sus protagonistas: artistas de la fotografía quienes nos obsequian antológicas imágenes de Cuba y su Revolución en ciernes y, como soporte adicional, imágenes de archivo que contextualizan sus amenas narraciones.

Estos cortometrajes, que no exceden los 20 minutos, fueron realizados con motivo de la exposición titulada: Cuba in Revolution 1933-1968, que se presentó por primera vez desde septiembre de 2010 hasta enero de 2011 en el International Center of Photography de Nueva York. Posteriormente, de enero a marzo de este año, la muestra fue exhibida en el Garage Center for Contemporary Culture, de Moscú.

Imágenes de otros connotados fotógrafos, quienes también dejaron su huella sobre nuestro país entre 1933 y 1968, se suman a la exhibición. Sobresalen, además de los ya citados: Henri Cartier Bresson, Elliot Erwitt, Burt Glinn, Lee Lockwood, Constantino Arias, Mario Collado, José (Pepe) Agraz, Tirso Martínez, José Tabío Palma y Raúl Corrales.

Esta miniserie, que tuvo la producción de International Art Heritage Foundation, puede ser punto de partida para otros audiovisuales en los cuales se aborde el quehacer creativo de aquellos artistas del lente cuyas creaciones constituyen memoria de la Cuba de antes y después de la Revolución, hasta los días que vivimos.

Fuente: Marcos Alfonso/TOMADO DE JUVENTUD REBELDE