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Nueva telenovela cubana en producción: Santa María del Porvenir

Nueva telenovela cubana en producción: Santa María del Porvenir

Por Otmaro Rodríguez Díaz/ Tomado de En vivo


Actualmente se encuentra en fase de producción una nueva telenovela, Santa María del Porvenir. La acción transcurre en 1951, en una tranquila e imaginaria ciudad de Matanzas.

Una noche, un dinero que era trasladado en una avioneta cae del cielo. Los tránsfugas que lo llevaban se dirigen al pueblo para tratar de recuperarlo y entonces ocurre que…

La trama se ambienta a partir del tono del realismo mágico: cuando va a ocurrir algún suceso se siente un calor excesivo, anochece a las 5:00 pm y el cielo se enrojece de momento.

Por otro lado, destaca la utilización de música de la época y otros recursos de ambientación; se escucha la radio novela El derecho de nacer y aún no ha transcurrido un año de la aparición de la televisión en el país.

La telenovela sigue una premisa o superobjetivo fundamental: no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.

 


 


Algunos datos de la producción:

Director: Rolando Chiong

Guión: Gerardo Fernández García

Codirector: Carlos Manuel Abad

Director de Producción: Marcos Acosta

Director de Fotografía: Tony Sánchez


Perfil de algunos personajes:

María Fernanda: concejal que trata de proteger al pueblo (Amelia Reyes)

Julio: Inescrupuloso (Edwin Fernández).

Coco: Hermano de Julio (Feliz Beatón)

Luisa: Esposa de Coco (Sheila Roche)

El Alcalde: Funcionario falto de valores (Rubén Breña)

María Elisa: Esposa del alcalde (Zelma Morales)

Pachiro: Locutor enamorado de María Fernanda (Teherán Aguilar)

Mariano: Anciano que vela por la moral del lugar, enemigo del alcalde (Máx Álvarez)

Candita: Empleada de María Fernanda (Dania Splinter)

Lalo: Chofer de María Fernanda (Jorge Luis López)

Medina: Médico de la localidad y enamorado de María Elisa (Roberto Perdomo)

Vito: Anciano padre de María Fernanda, quiere recuperar su vitalidad para volver a sus antiguas correrías (Raúl Pomares)

Félix: Hijo de Vito (Armando Tomey)

María Paula: Anciana más rica del pueblo (Eslinda Núñez)

María Efluvio Noriega: Maestra del pueblo (Deisi Quintana)

Tomás: Andaluz que quiere emplear el dinero que obtuvo en regresar a España (Patricio Wood)


FUENTE:  PUBLICACION DIGITAL EN VIVO/www.envivo.icrt.cu

DISPONIBLE EN:

http://www.envivo.icrt.cu/grafico/281-santa-maria-del-porvenir

Soledad (o saber hacer televisión)

Soledad (o saber hacer televisión)
En Soledad apreciamos una dirección equilibrada, a la altura de la historia y pendiente de todos los aspectos formales.

Hacía varios años que la Televisión Cubana no producía una serie dramatizada con el vuelo y la corrección de Soledad, la segunda temporada de la telenovela Bajo el mismo sol. Este viernes asistimos al último capítulo de un producto bien logrado, que marcó un salto de calidad respecto a la temporada precedente. Y no hablamos ahora de la historia de Freddy Domínguez, que en sentido general mantuvo las mismas intensidades y el compromiso de la primera temporada, sino de la puesta en pantalla de Roberto Fiallo y su equipo.

En Soledad apreciamos una dirección equilibrada, a la altura de la historia y pendiente de todos los aspectos formales. Lo más notable (teniendo en cuenta los desniveles que se aprecian en nuestra televisión) fue la calidad de la imagen misma. Uno se pregunta: ¿tuvo este grupo de realización mejor técnica que otros? Lo que sí resulta evidente es que hubo más limpieza en los encuadres y tiros de cámara, más imaginación en las composiciones, más cuidado en el balance de colores y contrastes.

La fotografía superó la funcionalidad: aquí y allá nos regaló imágenes de gran belleza; pero no de una belleza gratuita, sino perfectamente acoplada con las exigencias dramáticas. El diseño de iluminación respetó (e incluso, estableció) la naturaleza y distinción de los espacios. La escenografía fue verosímil, sin grandes alardes y perfectamente “calzada” por una ambientación sensible, siempre dialogante con las características de los personajes y sus circunstancias.

 Toda esta armonía tuvo su mayor plenitud en un set que tiene que ser uno de los más hermosos de los últimos años en la televisión: la casa del viejo Simón, llena de recovecos y ángulos, sombras y medias luces, muebles y adornos… que armaron un entramado de exquisita plasticidad.

Hablábamos de la calidad visual, pero eso no significa que los realizadores se hayan regodeado en esos elementos. No hubo aquí una vocación esteticista, que dejara la historia en un segundo plano. Aquí, primero que todo, se tuvo en cuenta a los personajes y sus itinerarios. La dirección de actores garantizó un nivel más que satisfactorio en los desempeños. Claro, hay quien brilló: Mariela Bejerano (Leslie), un prodigio de organicidad; Julio César Ramírez (Saúl), contundente en sus transiciones, en sus matices; Raúl Pomares (Simón), que actúa como si no necesitara un guión que lo sostuviera... Pero casi todo el elenco, incluyendo a los debutantes, asumió sus roles con naturalidad y convencimiento.

Todo funcionó en la puesta: la edición, la musicalización, el sonido… Y por supuesto, el libreto. Freddy Domínguez volvió a pulsar con inteligencia y honestidad la realidad del día a día. Sin morbo, pero sin complacencias. Para algunos espectadores resultaron un tanto confusos (incluso molestos) el paralelismo y la ocasional interacción de las líneas argumentales de las dos temporadas, pero es evidente que el autor delimitó muy bien los ámbitos y el espacio temporal de las historias.

Algo sí faltó: síntesis. Algunas de las tramas se extendieron demasiado sin que aparecieran nuevos elementos de conflicto. Fue el caso de la de Rudy, su madre y Simón; o la de Odalys y su esposo abusador. El escritor insistió en la acumulación, más que en la diversidad de los planteamientos.

De cualquier forma, Soledad es un ejemplo de que tan o más importante que los recursos es el talento y la capacidad para usarlos. Ojalá que marque pautas.

Este miércoles comienza la tercera y última temporada de la serie, Desarraigo, dirigida, como la primera entrega, por Jorge Alonso Padilla. En 40 capítulos, asumirán el protagonismo personajes y tramas secundarios en las dos propuestas anteriores, haciendo énfasis sobre todo en el drama de los hijos abandonados.

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TOMADO DE TRABAJADORES.

http://www.trabajadores.cu/news/20111219/256421-soledad-o-saber-hacer-television

A propósito de la narración y los narradores deportivos de Cuba: "La pelota entre imagen y palabra"

A propósito de la narración y los narradores deportivos de Cuba: "La pelota entre imagen y palabra"

Comentario de Nelson García Santos, tomado de Vanguardia

Ahí sigue, inconmovible, la narración televisiva de los deportes, casi igual a cómo surgió, al margen de la modernidad que todo lo transforma. Quizá sea la pelota el ejemplo clásico de descripción anquilosada que ha sobrevivido al almanaque.

Por ser aquella, históricamente, la pionera de nuestras narraciones y la más difundida, en tanto pasatiempo nacional, los demás deportes reprodujeron sus maneras y aplican la misma fórmula.

Cada aficionado defiende el color de su camiseta, ¿y los narradores...? La (im)parcialidad también genera polémicas en torno a la narración deportiva. (Caricatura: Pedro Méndez)
    
En la pelota, la narración se sigue haciendo del mismo modo que en la radio, con un increíble olvido de que la imagen va más rápida que las palabras: «Hit por el campo corto», exclaman, cuando ya la cámara mostró la pelota; o «Se ponchó», después de que ya vimos pasar el bate; o «Quieto en tercera», tras observar al árbitro decretarlo. Y así, una interminable repetición minuto a minuto.

Este apego a la raíz radial de la descripción del béisbol, extendida durante nueve entradas o más  --como si el telespectador careciera del sentido de la vista-- resulta asombroso, pues hablar continuamente de lo mismo que uno ve llega a aburrir a todos.

La propia pelota evolucionó a través de los años, mejoró su técnica, la estrategia y la táctica; en fin, se perfeccionó para ganar en jerarquía y satisfacer como espectáculo.

Si bien la TV progresó con la cámara lenta, introdujo un despliegue visual más atractivo, y añadió una rica información en la pantalla, la narración --más allá de la mejoría con los años de su propia técnica--, ha quedado rezagada.

Para los propios narradores debe ser tensa y agotadora la descripción jugada tras jugada, pues requiere indudablemente de una gran concentración, a fin de evitar dislates que, aun así, las cámaras descubren de inmediato.

Eddy Martin, irrepetibleEddy Martin, irrepetible


Tampoco estoy abogando --sería descabellado-- por dejar el protagonismo solo a las imágenes, pues si bien resultan --por lo general-- esclarecedoras y contundentes, necesitan ser complementadas a veces, pero con elementos nuevos, sin caer en la redundancia.

No poseo la receta de lo que exactamente debe hacerse, mas la simple lógica apunta hacia imprimirles mayor connotación a aquellos aspectos que a la cámara le resulta imposible mostrar al telespectador.

Para qué repetir, por ejemplo, la alineación de los equipos, la posición de los jugadores y el orden al bate que aparece en pantalla. Por qué anunciar en cada inicio de entrada que viene al bate tal equipo...

Han tomado también técnicas de narración muy eficaces en la radio que nada tienen que ver con la TV, como alargar las palabras para ver qué va a ocurrir, como si la cámara no estuviera mostrando la escena en vivo y directo.

Muletillas y descripciones innecesarias de la imagen, se suceden unas a otras. Tales prácticas desentonan, aun teniendo en cuenta que pueden existir personas, ¿quién sabe?, que utilicen la TV como radio, para escuchar solamente, mientras asumen otros trajines.

Entonces, en última instancia, el estancamiento sobreviene en esa costumbre que ha pasado de una generación a otra de narradores, lastrados por la rutina –pienso--, más por hábito que por falta de talento.

¿Por qué seguir ignorando esa enseñanza de las aulas que insiste en que lo mostrado no debe describirse con palabras, al pie de la letra; sino que debe ser comentado de un modo enriquecedor sobre la base del propio hecho?

El reto radica en imprimirle un matiz renovador, o en lograr al menos, al describir las competencias, un mejor balance para evitar que siga predominando hablar de lo mismo que muestra cristalinamente la pantalla, y ponderar otras cuestiones que enriquezcan esa imagen o la complementen.

TOMADO DE VANGUARDIA

http://www.vanguardia.co.cu/index.php?tpl=design/secciones/lectura/portada.tpl.html&newsid_obj_id=25582

NOTICIERO NACIONAL DE TV: La magia de ver y oír

NOTICIERO NACIONAL DE TV: La magia de ver y oír

Testimonios a propósito del aniversario 50 del Estelar

Teclea rápido, la pantalla asienta impulsos de un torbellino de emociones, que cabalgan como corcel impetuoso. Imposible atrapar antiguos presagios de situaciones difíciles, el azar de encontrar lo no buscado, la curiosidad haciendo de las suyas en charlas inusitadas, la magia de ver y oír lo que leyó alguna vez. Al parecer, alguien le cuenta despacio, de pronto lo descubre: él mismo reescribe su relato.

Freddy Moros, hablando para la entrevista
“El Noticiero Nacional de
Televisión constituye una escuela
para todo periodista”, destaca
Freddy Moros, quien cubrió
itinerarios periodísticos por varios
países. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

“Afirmaba un viejo reportero del Noticiero Nacional de Televisión, que él concebía entrevistas, informaciones y reportajes, hasta sentado en la sala de la casa, incluso a la hora de ingerir sus alimentos. Esto debe ser divisa para el verdadero periodista, el que vive en cuerpo y alma para su oficio. No me imagino al periodista de otra manera. Lo veo siempre sin horario, sin calendario, con más de 24 horas de trabajo”.

Freddy Moros Bermúdez (La Habana, 1943) muestra la desazón del profesional al que suelen rondar disímiles interrogantes, lo acompaña la prisa cual adarga al brazo. Directivo de espacios informativos, fundador y director del Noticiero Tele-Rebelde en Santiago de Cuba, reportero, corresponsal de guerra, entre otras actividades vinculadas al periodismo.

“Mi familia fue de las primeras en tener televisión en la capital,

Manolo Ortega en una emisión del NTV
El locutor Manolo Ortega, figura
emblemática del NTV. (Foto:
ARCHIVO DE BOHEMIA)

motivó el interés que siempre sentí por los mensajes televisivos. No me perdía un noticiero, donde de manera ingeniosa se anunciaban las cervezas Hatuey y Cristal, Manolo Ortega era el locutor exclusivo, distinción que se ha perdido”.

Atracción perpetua

Noticias, sonidos, imágenes en movimiento, ¿cómo explicar tanta maravilla?

“Llego al NTV el 31 de enero de 1964. El excelente periodista y profesor Renaldo Infante Uribazo era el director, responsabilidad que tuvo antes en el diario Sierra Maestra en Santiago de Cuba. Comencé en la Filmoteca, no existía el videotape, y meses más tarde me designaron jefe de información.

Teresita Segarra
Durante 25 años Teresita Segarra
fue la voz femenina de la emisión
Estelar. (Foto: JORGE VALIENTE)

Entre los momentos difíciles de esa etapa estuvo el conocido éxodo de profesionales hacia el exterior, que enfrentamos con un equipo mínimo del cual formaron parte Julio Fernández Reyes, José Rodríguez Méndez, Rafael Coello, Néstor Santamarina, Dagoberto Peñalver y Serafín Marrero. Una generación empírica se convirtió en formadora de los que fueron llegando.

“El Noticiero es uno de los tres espacios de más alta teleaudiencia, llamado emisión estelar -debido al horario que ocupa en el contexto de la programación-, requiere incluir en 30 minutos noticias e informaciones actuales de Cuba y el resto del mundo, variedad temática, profundidad en análisis sobre conflictos de toda índole, mantener un colectivo valioso por su oratoria, calidad profesional, que incluye al director, periodistas, corresponsales, coordinador, camarógrafos de estudio y exteriores, editores, sonidistas; un ejército de personas capacitadas.

Equipo de realización del NTV, antes de su salida al aire
Todo el equipo de realización del NTV participa en el
proceso previo a la salida al aire.
(Foto: MARTHA VECINO)

“En la mirada a esta historia para la cual me convocas, imposible olvidar nombres que dieron el máximo esfuerzo hasta los últimos días de su vida: Roberto Agudo, Eduardo Dimas, Manolo Ortega, Alberto Montenegro, Roberto López, Jesús Ramón Rivero Quevedo, José Viñas Valdés, Enrique Navarrete, Antonio Pera, Dinorah del Real, Eddy Martin, Rolando Crespo, Bebo Muñiz y muchos otros, que ya no están entre nosotros. En este homenaje de BOHEMIA a la emisión estelar, merecen destaque colegas en activo o que aún aportan enseñanzas, valiosas experiencias:

Dos operadores en el cubículo de edición
En el cubículo de edición. (Foto: MARTHA VECINO)

Renaldo Infante Uribazo, Antonio Resillez y Ovidio Cabrera, quienes fueron directores del noticiero. Del dinámico equipo forman parte hoy, entre otros que harían casi interminable la lista, Rolando del Barrio, jefe de la corresponsalía, Gladis Rubio, Hilda Prieto, Raúl Noriega Mendoza… Nuestros corresponsales en provincias son muy dedicados, laboran con recursos mínimos, lo hacen bien”.

Vista del archivo del NTV, dos trabajadoras en sus labores
En el archivo se conserva todo el material fílmico del
Noticiero. (Foto: MARTA VECINO)

Rememora que en el NTV se reflejaron “la crisis de octubre de 1962, campañas de salud, eventos deportivos, comparecencias de Fidel, coberturas de misiones internacionalistas; imposible referir el amplio universo de hechos, acontecimientos, durante cincuenta años presentes en la pantalla y sin lo que sería muy difícil reconstruir la historia de estos tiempos.”

Vamos al aire

La memoria traza caminos fecundos, a los que conmina volver: “En cada emisión, durante casi medio siglo, enfrentamos desafíos en

Varios periodistas trabajando en la redacción del NTV
Periodistas en la redacción. (Foto: MARTHA VECINO)

dos vertientes: el tiempo en pantalla, y el proceso de realización, montaje, puesta en escena. La TV es un complejo audiovisual, exige la armonización de sonidos con el mensaje, para que el resultado tenga la máxima calidad. De la dramaturgia forman parte diversos elementos: formato de la emisión, contenidos, montaje de voces, locución adecuada, edición precisa, dinámica; la integración en el guión determina la eficacia del producto televisivo.

“En Cuba, el perfil informativo es diferente al de otros países, donde dramas pasionales, chismes de familia, demandas personales, se consideran noticia. El nuestro tiene carácter social, con predominio de la labor de obreros, campesinos, y profesionales de diferentes disciplinas.

Rafael Serrano y Agnés Becerra, al aire en el NTV
Rafael Serrano y Agnés Becerra, locutores del NTV.
(Foto: MARTHA VECINO)

“Las televisoras extranjeras disponen de tecnologías de punta, satélites propios, de los que carecemos, porque no olvidemos que estamos ubicados en el contexto del llamado Tercer Mundo. Hay que conocer el esfuerzo, la dedicación e iniciativas del personal del NTV, en su mayoría jóvenes graduados universitarios”.

    “Me seduce la tentación de ver y oír noticias. En el mundo, sobre todo en los países desarrollados, se puede constatar un incremento sustancial del alcance de los noticieros, pero con las excepciones de Telesur, Aljasira y Alarabilla, el resto está en manos de monopolios que manipulan la información a su manera. Cada vez la información es más monocorde, menos variada, más inflexible al momento de defender intereses. Hay que unir esfuerzos de los países más progresistas para avanzar en el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la televisión, el medio de difusión por excelencia”.

Cómo se fundó el NTV

Renaldo Infantre
Foto: MARTHA VECINO

“Cuando se crean las Organizaciones Revolucionarias Integradas, existían el noticiero Revolución, en el antiguo Telemundo, ubicado en P y 23, y el Noticiero CMQ –TV que radicaba en Radiocentro. Eran dos noticieros con una gran rivalidad, existían ciertas diferencias por competencias profesionales entre el personal. En la ORI decidimos fundirlos en uno solo y eliminar esa dualidad. Se funda así el Noticiero Nacional de Televisión (NTV) el 2 de noviembre de 1961.

“…Cuando se decidió institucionalizar la Radiodifusión en el país y crear el ICR en un principio, me mandaron a supervisar las emisiones del Noticiero… Luego me nombraron subdirector del Noticiero Nacional de Televisión, y en la práctica era quien dirigía la información en la Televisión.  Me nombraron director a finales de 1963. Fue la primera vez que trabajé en el  medio televisivo.

    “Me propuse, en primer lugar, acabar con la división, limar las asperezas y convocar a todos al trabajo. Me enfrenté a un medio distinto, por lo tanto, me senté en cada puesto de trabajo y le pedí a cada quien que me enseñara a trabajar.

“La mayoría venía de la radio, pero algunos cumplían funciones similares en ambos medios, porque los Mestre utilizaron un formulario muy conveniente para ellos: tenían el Noticiero CMQ-Radio, el CMQ-TV y a Radio Reloj, y los periodistas, desde una redacción central, trabajaban para los tres medios. Ese sistema lo diluimos y establecimos una redacción para cada uno de esos espacios informativos…

“Algunos de los trabajadores se formaron en el NTV. Otros ya tenían experiencia en el periodismo televisivo. Por ejemplo, José Rodríguez Méndez, que era un gran conocedor del estilo”.

(Fragmentos de una entrevista a Renaldo Infante aparecida en el sitio web de la TV)

Fuente: SAHILY TABARES   (cultura@bohemia.co.cu )

TOMADO DE BOHEMIA.CU

El nuevo «Spartacus» se estrenará en enero

El nuevo «Spartacus» se estrenará en enero

Tras el trágico fallecimiento de su anterior protagonista, Andy Whitfield, «Spartacus: Sangre y Arena» arranca nueva temporada con Liam McIntyre a la cabeza

La cadena de televisión Starz ha anunciado la fecha de estreno de la próxima temporada de Spartacus: enero de 2012. Será entonces cuando Spartacus arranque una nueva etapa tras el trágico fallecimiento de su anterior protagonista, Andy Whitfield, que es sustituido por Liam McIntyre. Spartacus: Venganza, se estrena el 27 de enero del año próximo, justo un año después del estreno de Spartacus: Sangre y Arena.

De todos modos, estas dos no son las únicas series producidas por la cadena sobre el gladiador, existe una precuela llamada Spartacus: Dioses de la arena, rodada entre la muerte de Whitfield y esta nueva temporada. La venganza del gladiador más famoso arranca justo en el punto en el que terminó la anterior temporada: en el motín y huida protagonizado por los esclavos -liderados por Spartacus- de la casa de Batiatus. Pero en este nuevo capítulo ya veremos al nuevo actor que pone cara- y músculos- al esclavo rebelde, el australiano Liam McIntyre.

La fornida nueva estrella de Spartacus no intentará poner a sus pies a todo el Imperio Romano él solo. A Liam McIntyre le acompañará otro de los gladiadores de la primera temporada, el temible Doctore (Peter Mensah). También repiten los malos. Batiato (John Hannah) y su malvada esposa Lucretia (Lucy Lawless), además de Claudio, el legado romano (Craig Parker) y su pérfida mujer, Ilithia (Viva Bianca).

Medio siglo al aire del Noticiero Nacional de Televisión

Medio siglo al aire del Noticiero Nacional de Televisión

Lourdes M. Benítez Cereijo/ digital@juventudrebelde.cu

El principal espacio informativo de la Televisión Cubana arriba a su aniversario 50, con el orgullo de ser pilar fundamental que ha acompañado parte de la historia de nuestro país desde un frente de vanguardia

El 2 de noviembre de 1961 salió al aire la primera emisión del Noticiero Nacional de Televisión (NTV). Desde aquella fecha, el principal espacio informativo de la Televisión Cubana ha llegado a los hogares para reflejar la historia vivida por Cuba y el mundo en los últimos 50 años.

El NTV atesora el valor de acompañar, contar y difundir parte de la historia de un país, al tiempo que construye la suya propia.

Cinco décadas podrían decirse rápido. Sin embargo, la cifra adquiere una singular dimensión cuando se refiere a una labor que se realiza desde la constancia de una jornada tras otra. Visto de esa manera, estamos hablando de 600 meses y más de 18 250 emisiones ininterrumpidas.

Al referirse al tema, durante un taller que desarrollara el colectivo del Noticiero para celebrar el onomástico, Freddy Moros, quien se desempeñó como subdirector del espacio televisivo, aseguró que el principal orgullo que puede exhibir hoy el NTV, «es precisamente haber salido al aire diariamente durante 50 años, lo cual ha constituido un acicate para emitir incluso en las peores condiciones».

El realizador de programas como Crónicas de viaje también rememoró los primeros tiempos del Noticiero. «Uno de los momentos más difíciles del NTV fue el éxodo que tuvo que enfrentar; nos quedamos con un personal mínimo para poder funcionar. La generación empírica que quedó se vio convertida en formadora de los que llegaban, transmitiendo los conocimientos adquiridos con el oficio diario».

El nacimiento del NTV se produce, según testimonia Renaldo Infante Urivazo, director de ese espacio informativo por casi una década —en un trabajo periodístico que publica el sitio de la televisión cubana en Internet www.tvcubana.icrt.cu—, a partir de la fusión de dos noticieros de gran rivalidad: Revolución, del antiguo canal Telemundo, ubicado en P y 23; y el Noticiero CMQ–TV.

Héctor Martínez, director del NTV, señaló a JR que este espacio, desde su fundación, devino arma estratégica de la Revolución y le ha acompañado en el proceso de profundas transformaciones que se sucedieron tras el triunfo de enero de 1959 en la construcción de una sociedad mejor y más humana».

Asimismo, puntualizó que el presente y el porvenir entrañan muchos desafíos. «La televisión es quizá el medio informativo que más depende de la tecnología, y el estado actual de nuestro equipamiento dista de ser el óptimo. Pero más allá de los retos tecnológicos, se impone también la realización de un periodismo fresco, creativo y analítico, que colme las expectativas de la teleaudiencia, que es la razón de nuestra existencia».

Actualmente cada una de las emisiones: mediodía, estelar y cierre, conforman un total de 19 programas en vivo a la semana, lo cual representa 13 horas al aire, solo en noticieros.

Para Gladys Rubio, periodista de reconocida trayectoria en el medio, el valor más grande del NTV radica en su gente, «por eso es tan importante garantizar la preparación integral y velar mucho por el capital humano, en especial de los que representan el relevo».

Respecto al papel de las noveles generaciones, Héctor Martínez comentó a nuestro diario que «hoy contamos con un grupo de jóvenes merecedores por mérito propio de un espacio en nuestra pantalla. No obstante, la presencia juvenil es aún insuficiente. Su empuje y vitalidad, unido al conocimiento de los más experimentados, debe ser la combinación ideal para seguir convocando a millones de cubanos».

La hora del Noticiero constituye un momento sagrado en la rutina familiar de muchos hogares. Por esa razón, cuando usted se siente frente al televisor a informarse de la mano del NTV, piense que cada minuto al aire lleva implícito el sello de una labor colectiva nacida del oficio y esfuerzo de periodistas, locutores, camarógrafos, editores, sonidistas, choferes, luminotécnicos, jefes de turno y muchas otras personas que integran la lista de aquellos que hacen posible el milagro de nacer con cada emisión.

Desde Brasil, con mucho amor

Desde Brasil, con mucho amor
¿Por qué gustan tanto las telenovelas brasileñas? La industria de la televisión de ese país es hace rato una de las principales productoras del género en el mundo. Sigue “fabricando” el folletín de siempre, pero con puestas cada vez más espectaculares. 

Quizás no nos demos cabal cuenta, pero una telenovela brasileña es un producto con altísimo nivel de factura. Desde la presentación, que por su plasticidad, musicalización e implicaciones conceptuales puede ser considerada la mayoría de las veces una obra de arte.

Técnicamente es casi imposible encontrar desniveles: fotografía precisa, impecable en encuadres y valores; diseño de luces efectivo, capaz de distinguir ambientes; escenografía y mobiliario verosímiles, con un deslumbrante trabajo de diseño; vestuario bien escogido, ligado a las características de los personajes…

Las puestas en pantalla son cada vez más espectaculares. No hay duda: en cuanto a factura, la televisión dramatizada de Brasil no tiene competencia en América Latina: está prácticamente a la altura de las mejores producciones de Estados Unidos y Europa.

Para la televisora Globo —uno de los grandes imperios mediáticos latinoamericanos— la telenovela es el producto estrella, el principal rubro exportable. Es ahí donde se ensayan las tecnologías más modernas, donde se emplean los mayores y más capaces equipos de trabajo. El resultado es un estándar de calidad cada vez mayor, siempre inviolable, que distingue a las realizaciones brasileñas de otras de la región (mexicanas, argentinas, colombianas…), menos ambiciosas en aspectos meramente formales.

Pero esa no es la principal razón por la que el folletín brasileño tiene tantos seguidores en el mundo. De hecho, aunque casi incuestionables, las puestas en pantalla son también muy convencionales. Pocas veces constituyen algo más que funcional entramado: buena parte de los televidentes sencillamente las pasan por alto, demasiado ocupados de los vaivenes de las historias. Ahí está la clave: Globo sigue haciendo, esencialmente, la misma telenovela de siempre. En envoltorio de lujo, sigue entregando productos muy apegados a la gran tradición del melodrama.

¿Cómo se escribe una telenovela en Brasil? Como en casi todas partes: consultando los índices de audiencia, escuchando lo que la gente opina, complaciendo a la mayoría. Un escritor sabe cómo empezará su obra, pero no tiene absoluta certeza de cómo la terminará. Personajes concebidos en la versión inicial pueden desaparecer porque no funcionaron, porque sus tramas no tenían suficiente interés, o porque no fueron del agrado del respetable. Como se va escribiendo prácticamente al mismo tiempo que se graba, los escritores pueden ir “rectificando” (incluso cambiando radicalmente) las historias, creando nuevos personajes, añadiendo más peripecias.

Lo que nos llega a los televidentes del resto del mundo ya es un producto que ha pasado por el “tribunal” del público brasileño. Globo, y las otras televisoras de la competencia, no tienen demasiado interés en “provocar” a la teleaudiencia. El principal objetivo es la rentabilidad, que está casi siempre asociada a la convención. Los anunciantes se acercarán sobre todo a las puestas de gran pegada, no hay demasiado espacio al riesgo.

Las empresas basan sus producciones en serios estudios sociológicos, de manera que pueden diversificar las opciones. Globo, por ejemplo, ofrece tres “tipos” de telenovela: una inocentemente romántica, muchas veces agraria y con visos de humor, a las seis de la tarde, concebida para amas de casa, personal doméstico y adolescentes; otra más humorística y fantasiosa, llena de peripecias inverosímiles a las siete, para un sector mucho más popular y menos exigente; y el plato fuerte a las nueve de la noche, el programa más importante de la cadena: la telenovela de actualidad, con conflictos más llamativos, más universal y realista, con mayor despliegue de recursos y elencos más numerosos: una propuesta pensada para el gran público de dentro y fuera de Brasil.

Queda un espacio más peculiar: la teleserie de las once de la noche, donde se televisan producciones más artísticas. Alternan ahí miniseries con grandes marcas de autor y otras obras con más capítulos, casi siempre versiones literarias, con temas históricos y hasta con cierto trasfondo social. Es para autores y realizadores el más “libre” de los formatos, el que más posibilidades expresivas les ofrece, pero también deviene de alguna manera terreno de ensayo: aquí los productores prueban fórmulas novedosas que quizás puedan aplicar en los espacios más populares.

Esta segmentación de las propuestas obviamente no es respetada por la Televisión Cubana (no puede serlo, teniendo en cuenta las circunstancias actuales) a la hora de transmitir productos brasileños. Por eso algunas de las telenovelas parecen, a parte importante de la audiencia, tontas, muy inocentes, demasiado lentas. Pero cuando se transmite una producción de las nueve de la noche, casi siempre el público responde entusiastamente. Hay excepciones, claro, téngase en cuenta de que en Brasil el principal responsable de las teleseries no es el director, sino el escritor: hay escritores “estelares” que ofrecen una visión llena de prejuicios (y hasta reaccionaria) del mundo.

De todas formas, comparadas con otras telenovelas de la región, las de Brasil tienen un talante más progresista. En los años de la dictadura, Globo acogió a intelectuales de izquierda —escritores, realizadores, directores de arte— que intentaron trascender ciertos clichés. Un ejemplo es el tratamiento de la mujer: la heroína brasileña, más que una simple cara bonita casi siempre es una luchadora, consciente de sus derechos y potencialidades; a diferencia de las mexicanas, cuya principal ocupación es sufrir.

Como casi todos, los brasileños comenzaron haciendo telenovelas a partir de los libretos de folletines radiales cubanos. Pero pronto fueron trascendiendo esos esquemas. En los 70 y los 80 ya había florecido un estilo francamente propio, muy marcado por el reconocimiento de la gran tradición cultural del país. Actualmente las producciones son mucho más universales. Globo es un peso pesado en la exportación de productos, por lo que sus obras tienen como principales competidores los seriales norteamericanos y europeos: ha sido necesario “democratizar” las telenovelas, de manera que sean del agrado de públicos internacionales.

Y eso se hizo volviendo a las esencias (que no los detalles) del melodrama de siempre. La telenovela brasileña actual privilegia la peripecia y evita contextualizar demasiado.

Algo no puede perderse de vista: la gran televisión de Brasil es una industria, tiene que atender las demandas (y los vaivenes) del mercado. Sería tonto pedirle auténticas obras de arte, aunque alguna que otra vez las ofrece. Al menos garantiza producciones de probada calidad, puro entretenimiento, sin más pretensiones. 

Orlando Cruzata: Los directores de videoclip de hoy son casi estrellas

Orlando Cruzata: Los directores de videoclip de hoy son casi estrellas

Por: Paquita Armas Fonseca. /Tomado de El Caimán Barbudo

Los días 26 y 27 de noviembre volverán los Lucas, que bajo el mando y la magia de Orlando Cruzata nacieron en 1997 para devenir un codiciado trofeo por la seriedad con que se entregan y un espectáculo musical de altos quilates. Como el pasado año, en este hay más de doscientos videoclips en competencia, por lo que su progenitor ya anda ajustando cada detalle y es muy difícil capturarlo. Pero yo ya le había grabado unas semanas atrás y de aquella conversación nacieron estas líneas.

—Existe una leyenda de que no estudiaste, que trabajabas en un agromercado…

—Yo sí estudié, ¡cómo no! Yo terminé el Pre, con muy buenas notas, era un buen estudiante, entré en la Universidad, en el Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo, lo que pasa que era una carrera que no me gustaba mucho, porque disfrutaba hacer deporte, pero no estudiarlo.

“Además, mi papá fue profesor y jefe de cátedra de esa Universidad, uno de los fundadores de la recreación, de la carrera de orientación en Cuba, del campismo, creador del Parque Lenin junto con Celia Sánchez…

“Entonces el Instituto de Cultura Física era un lugar que yo visitaba desde niño y nunca me dio por estudiar esa carrera. Las que a mí me gustaban era Historia del Arte y Medicina, pero no las pude coger. Hice las pruebas de aptitud física y entré.

“En segundo año no aguanté más porque era muy fuerte, no solamente el deporte, había asignaturas como Bioquímica y Morfología que no me gustaban, y dejé la carrera; y como vivía en La Palma, a una cuadra de mi casa había un Mercado Libre Campesino, y allí me vinculé y llegué a ganar doscientos, trescientos y cuatrocientos pesos al día cargando y descargando sacos. Aquello era una fortuna.

“Indiscutiblemente era un ambiente marginal y casi delincuente. Tenía 18 años y con tanto dinero eran fiestas, alcohol, muchachitas y todas esas cosas. Yo recuerdo que ese día no fui a trabajar al mercado y vino la Operación Pitirre en el Alambre, y se llevaron preso a todo el mundo. Por supuesto, yo era uno de los candidatos, pero no caí en la redada.

“Después vino una tía mía, hermana de mi abuela, que fue la que me dijo que no podía seguir así, que yo era una persona muy inteligente para estar en ese mundo y si no quería estudiar, que le dijera dónde quería empezar a trabajar; y yo le dije que en la televisión, y a la semana estaba trabajando allí, de ayudante de escenografía, en Atrezzo”.

—¿Y trabajando ahí es que tú entras en el grupo Nos y Otros, como actor?

—Sí. Nos y Otros se funda en 1982. En la televisión yo entro en el 81. En Atrezzo cargué muchos muebles para cantidad de programas, ya no se hacen, pero antes se hacían Aventuras, Teatros, Cuentos, Para bailar… y eso eran camiones y camiones de muebles.

“Lo bueno que tenía ese trabajo era que empezaba temprano y a las 12 del día ya terminaba, entonces me daba la posibilidad de coger cursos y aprender dentro de la televisión. Ya en el año 85-86 era utilero y me vinculo más al mundo de las filmaciones.

“Un amigo con el que estudiaba en Pre, José León, que estaba en Nos y Otros me dice que le hacen falta gente que actúe y que se acordaba que yo tenía condiciones. Yo tenía un pequeño grupito de aficionados en el ICRT que hacíamos algunas actuaciones en lo que es ahora el Estudio de Sono Caribe; él me había visto y me convenció para que bajara a una peña que tenían en la Casa del Joven Creador.

“Entonces voy a casa de Eduardo del Llano, de Luis Felipe… y ahí es que empiezo junto con ellos en el año 85-86 en la Casa del Joven Creador, y seguí hasta el final de Nos y Otros, y a la vez hice otras cosas”.

—En qué año tú empezaste a hacer videoclips?

—En el 93. Soy de la generación que comenzó en los 90, porque en los 80 fueron otros realizadores.

—¿No te interesaba?

—Sí me interesaba, pero en ese momento el videoclip no llamaba tanto la atención. Nos atraían mucho más los documentales, los cortos…los programas de opinión. Empecé a hacer En confianza en los años 88-89. Estuve un buen tiempo de asistente con Raysa White, en Entre nosotros, y ahí aprendí mucho de ella.

“Entonces el videoclip yo lo veía como algo para el que le gustaba investigar. En el año 87 se crea el taller de video de la Asociación Hermanos Saíz, que tiene su sede en el Pabellón Cuba, y a mí me ponen al frente de ese taller, tenía que repartir las cámaras…

“La Juventud (UJC) y la televisión le dan a la Asociación Hermanos Saíz una cámara, un cubículo de edición, unos cuantos cassettes; y yo era el que administraba esa cámara. Por eso pude de ayudar a hacer algunos videoclips de los años 80, a Camilo Hernández, al ‘Gago’, a Juancho… gente que hicieron videoclips en esa década”.

—¿Cuál fue tu primer videoclip?

—Junto con Rudy (Mora) hice María Magdalena, de un trovador… bueno, dice él que era trovador, ahora vive en Argentina, que se llama Aurelio Sandar, y a partir de ahí seguimos trabajando juntos hasta la actualidad.

—Yo leí en una entrevista que tú decías que Rudy le aporta la parte de querer contar historias.

—Nos conocíamos del ICRT, habíamos estudiado juntos…, primero en el curso de edición, después en el 89 cuando se crea la carrera de Dirección de Cine, Radio y Televisión, en la Facultad de Arte de Medios Audiovisuales del ISA, teníamos afinidad y un día se dio la posibilidad, por problemas económicos porque a mí el videoclip, como medio de expresión, no me interesaba para nada, me gustaba verlo, pero nada más. Después del primero, empezaron a surgir más trabajos.

“A Rudy desde chiquito siempre le gustó contar historias, eso de los guiones, estuvo muy vinculado al mundo de la actuación, y yo he tenido mucha afinidad con la música”.

—¿Y por qué no estudiaste música?

—Para oírla sí, pero cuando empecé a estudiar solfeo, me di cuenta que no tenía nada que ver con eso. Estudiaba percusión, incluso llegué a matricular en el Conservatorio Alejandro García Caturla, pero fue un fracaso. Yo oía música y leía mucho. Entonces yo pienso que aportaba la parte de las imágenes, porque cuando oigo la música se me ocurren imágenes, no historias, y como me fui vinculando con el género, empecé a ver más videoclips, sobre todo los que nos llegaban del extranjero, y ahí me fui metiendo de lleno en ese mundo.

—¿Hay algún momento en el que puedes decir que el video clip empezó a ser importante para ti?

—En el año 94, cuando se empieza a estabilizar la producción de videoclips con la EGREM, el ICRT y el ICAIC, mediante un convenio que se hizo, que es cuando se hace el de Dan Den , el de la comparsa, cuando (Ernesto) Fundora entra en esa historia y hace algunos también.

“Pues nos dimos cuenta que era un medio que no sólo te ayuda económicamente, sino como medio de expresión, y al cual uno le podía aportar y decir cosas bien profundas. Y empezamos a ver, desde la experiencia de cada uno, desde lo cubano, qué podíamos aportar tanto en historias como en imágenes.

“La otra parte es la tecnología. La nuestra era bastante mala en comparación con lo que se hace el videoclip en aquellos momentos en el mundo, y con lo que teníamos había que innovar mucho, crear efectos y texturas para poder llegar a un nivel, que nunca era el ideal porque no existían las computadoras, todo era a nivel de cassette. Esto hizo que mucha gente, además de nosotros, viera en el videoclip formas de expresión y de experimentación, de lograr imponer un lenguaje, y eso fue lo que nos pasó”.

—Lucas nace en 1997, ¿En ese tiempo había acaso una producción suficiente de videoclips en Cuba?

—Suficiente nunca. Había muy pocas, unas treinta producciones al año, o menos. Pero a partir de que surge el programa empieza a subir la producción porque, claro, al tú crear un espacio en la televisión nacional donde se pusieran habitualmente los videoclips, empiezan a crecer porque hay un lugar donde la gente lo va a ver, le va a dar promoción a los músicos, a los realizadores…

En el momento que Lucas nace no se parece a ningún programa musical cubano. Tú rompes varias estructuras como el color de la ropa de los animadores. ¿Cómo tú escoges a los conductores —que ha tenido varios—, y cómo llegas a concebir esa ruptura? ¿Es intencional desde el principio, o fue un proceso que te llevó a diferenciarte de lo hecho, o tienes influencia de otra parte?

—Ahí hay de todo un poco. Al principio el programa era un poco más atrevido, pero era con menos conceptos. Lo del conductor fue Tony Arroyo, que realmente no es un conductor, es el actor, pero como yo lo conocía del Pre, un día lo vi, le propuse la idea y como era muy entusiasta, empezó conmigo en un pequeño estudio que nos daban.

“Entonces, a partir de inventar con los bombillos, las luces…, nos divertíamos con eso porque era para el verano ese. Después cuando se termina el verano la televisión dice que podía seguir. Nos dimos cuenta de que era atractivo para algunos jóvenes, empezamos a darle forma de manera conceptual a toda aquella locura.

“A partir de que creamos el concepto Lucas, dijimos, vamos ahora a visualizar este concepto y empezamos a vestirnos de negro. Yo había visto un programa en España, en el que todos los hombres estaban vestidos de negro y quise traer eso a Cuba, como es tan atípico, con el calor que hace.

“Los conductores tienen un problema en su cabeza porque toda la vida han querido trabajar en espionaje, y la vida pronto los lleva a ser presentadores de videoclip, tienen un problema serio, psicológico. Y después de que se va Tony Arroyo, todos los demás que han entrado tienen un matiz humorístico como Hirán, Edith Massola, Rigoberto, Silva. Hacen humor, pero inteligente, de ironía, de lo absurdo, que ahí está la influencia de todo el trabajo con Nos y Otros”.

Al poco tiempo de surgir Lucas, el videoclip se empieza a autofinanciar, y quienes tienen más posibilidades de hacerlo, en una etapa fueron los salseros, la música popular, creo que ahora son los reguetoneros, ¿acaso eso no lleva que tu programa privilegie un tipo de música por encima de otra?

—Pudiera ser. En aquel momento quien más posibilidades económicas tenían de hacer videoclips eran los salseros, ya después eso se estabilizó porque todo el mundo cobró conciencia de lo importante que era tener un videoclip, tanto la televisión nacional como las disqueras, los músicos, y por supuesto, los realizadores.

“Empezaron a aparecer videoclips de otros géneros musicales el pop, el rock, el rap, la canción, la balada cogió mucha fuerza. Es decir, que más o menos, al estar el programa al aire, mucha gente se interesó por hacer videoclips.

“Después vino el boom del reguetón, que le sucede lo mismo, pero no es el mismo momento. Ya se hacen videoclips de pop, de rock, de música bailable. Ahora se hacen muchos de reguetón, aunque algunos no se ponen porque son muy primitivos, o son muy malas las letras, o son muy malos los videos.

“Pero sí están llegando muchos videoclips, por ejemplo, de rock. En la medida de que la gente tenga más posibilidades, como ahora, de hacerlo independiente, porque consiguen una cámara digital o lo editan en su casa, en una computadora, y ya lo traen a la televisión sin muchas necesidades técnicas”.

—El objetivo del videoclip en cualquier lugar del mundo es claro, se hace para situar comercialmente a un autor. Si en Cuba no tiene un objetivo comercial, ¿cuál es entonces?

—En Cuba sí tiene un objetivo comercial, lo que no se puede ver lo comercial como algo negativo, porque lo comercial tiene muchas cosas positivas. Hay cosas que son comerciales y tienen una calidad tremenda, porque están destinadas a llegar a millones de personas, y casi siempre las cosas cuando tienen cierto vuelo artístico, enganchan a más personas que las cosas que están tiradas con mal gusto.

—Ahí están todos los grandes ejemplos de la publicidad de la Coca Cola, la SONY, que son puramente comerciales pero detrás de eso te das cuenta que hay cerebros funcionando y creativos de primera línea porque para atrapar a cuanto televidente se le ponga delante.

“Lo que pasa es que en Cuba, al principio, quienes se acercan al videoclip y le dan ese empujón en los 80, son los propios realizadores que querían llegar a la televisión y exponer su visión audiovisual, y no tenían posibilidad de hacer un teleplay, una serie, un teatro, ni cine.

“Es mediante un videoclip que llegaban a la televisión: cogían la canción de alguien que le llamaba la atención y con ella ponían su imaginería, desembocaban sus necesidades espirituales, son videoclips puramente de autor con canciones de Silvio Rodríguez, de Carlos Varela, de Moncada, y a veces no tenía que ver el videoclip con la canción, pero sí tenía un vuelo poético.

“Esa marca del videoclip cubano ha continuado, lo que pasa que al cambiar la mentalidad económica del país, al darse cuenta que el videoclip también sirve para hacer llegar a millones de personas la obra de un músico, de una agrupación, pues para tal fin tienen que cambiar esos códigos.

“Ya no puede ser tan cerrado un código de autor-autor, aunque todavía tienen marca de autor. Tú ves un videoclip y te das cuenta que está en la poética de Fulano, de Mengano, aunque ya se están abriendo a un público mayoritario, porque le interesa que su obra llegue a millones de personas, tanto la obra del músico como la del realizador.

“En Cuba desde un principio se le ha dado una importancia en la promoción del videoclip al realizador. Fíjate que yo creo que en los festivales de videoclips que hay en el mundo, Lucas es uno de los pocos en los cuales se premia no sólo a la figura musical sino al director, aparte de los premios de dirección.

“Y en Cuba, los directores de hoy son casi estrellas, la gente los conoce tanto como a los músicos porque siempre se le ha dado un protagonismo en los medios, desde los más comerciales hasta los más autores, y en el proyecto están todos”.

—Pero yo te hablaba de comercial y del objetivo por una razón, las condiciones económicas de este país; yo quiero ir a comprar el Tríptico de Silvio ahora y no puedo, el videoclip se hace en otros lugares para que la gente vaya y compre el disco, aquí no, porque la gran mayoría no tiene posibilidades. A veces yo me he preguntado si esa es una diferencia del videoclip cubano con el resto, que es más promocional que comercial en ese sentido, no en la forma, sino en su poder adquisitivo.

—Sí, podría ser una marca del videoclip cubano. La gente no va a comprar el disco por un problema económico, pero la gente sí lo quema, y va y lo busca y lo compra quema’o, a un peso, dos pesos; es decir que a la larga, a través de un videoclip sí se está promocionando la obra de un artista, de un músico, de una agrupación, pero se está promocionando también la obra de un realizador.

Y eso significa más trabajo para ese realizador. En la medida en la que tú eres más conocido en los medios, pues te buscas más opciones de trabajo, igual que el músico que a medida de que sus temas son más populares a través del videoclip, del disco, pues tendrá más posibilidades de trabajo.

“Te estoy hablando desde centros nocturnos hasta trabajos en provincias. O sea, que el videoclip en Cuba también sirve para promover al artista y su obra… Tal vez no se venda la cantidad de discos por el precio que tienen, pero de que ayuda, ayuda”.

—Tú dices en un trabajo que leí que el videoclip pertenece a una estética de la superficialidad. Entonces, si eso es así, ¿Por qué hay muchos que no son superficiales?

—La estética de la superficialidad no quiere decir que sea superficial, quiere decir que eres ligero, fácil. La estética de la superficialidad juega con que esos productos sean consumidos rápidamente. Estás obligado a que el espectador capte en tres o cuatro minutos la mayoría de las cosas que le estás dando.

“Para eso tiene que haber una espontaneidad, una comunicación muy rápida con el espectador a través de códigos que te lo permitan. Una estética de la superficialidad puede lograr reacciones profundas en los seres humanos. Todo eso depende de la realización, tanto del poder poético que tenga el tema musical como de la capacidad que tenga el realizador.

“Tiene la posibilidad de que como es un género que está hecho para ser repetido una y otra vez, quienes lo ven van descubriendo poco a poco lo que no pudieron en una primera, una segunda, una tercera vez. Y eso te permite utilizar códigos en un segundo, y tercer planos, como producto publicitario para que no se agote.

“A veces la gente te dice que ya lo vieron, pero en un buen videoclip se descubre cosas siempre”.

—¿Cómo tú lograste hacer de los Premios Lucas el espectáculo del año?

—Yo no creo eso. Lo que sí es el espectáculo de premiación que más llama la atención. En primer lugar porque es un programa de televisión. Si ese mismo espectáculo fuera llevado a los premios de teatro, no pasaba nada porque no se ponen en televisión. Indiscutiblemente, estar dentro de la televisión te da un poder del cual tienes que ser responsable porque tienes a siete millones de personas mirando lo que tú haces.

“No hay cosa más aburrida que una premiación. Hay gente que no les interesa los premios ni nada de eso. Entonces, lo único que uno hace es hacer eso lo más potable posible. ¿Qué pasa?, que como nosotros entregamos premios a los videoclips, lo que hacemos es asociarlos con las imágenes que ya los realizadores utilizaron en sus materiales y tratar de llevar algunos elementos, que este artista con esto otro funciona, que estos son populares…

“Te metes un año haciendo un programa al aire y más o menos sabes lo que está funcionando. Eso te lo da el oficio, eso yo por lo menos no lo estudié. Te lo da estar mirando mucha televisión norteamericana, por eso me hace falta que me pongan una antena en la casa para no tener que venir al ICRT a eso, porque esa es la mejor escuela.

“A la vez que tú empiezas a ver eso, ¿a quién le vas a pedir que te enseñe ese tipo de espectáculo? Son ellos quienes lo hacen desde una pila de años atrás.

Ahora, por lo menos, ¿qué hago?, capto la esencia de ese tipo de espectáculo, cómo se ponen las cámaras, cómo se ponen las luces, cómo entra Fulano, cómo entra Mengano, y los llevo a mi realidad, a mi música, a mi gente, a las condiciones económicas, a las condiciones de escenografía que tengo.

“Esa es una fórmula que si funciona allá tiene que funcionar aquí, porque somos los mismos seres humanos, lo único que ellos viven allá y nosotros aquí. Aquí tenemos los mismos resortes, y la vida te ha demostrado que sí. Ahora, tú le pones tus valores: la cubanía, los valores que es importante rescatar en los cubanos, darle el protagonismo a tus músicos, a toda la música cubana, desde la tradicional hasta el reguetón, mientras sea buena, y eso es lo que funciona. Más todo el talento que hay en este país en los músicos, que si no funciona estamos muy mal”.

—Pero, Cruzata, uno ve tus programas, y otros que se televisan, y te preguntas, ¿por qué los Lucas son tan buenos y los otros no?

—Hay que diferenciar el espectáculo para teatro una vez al año, al habitual, porque hacer eso habitual, todas las semanas como lo hace Gloria Torres, Víctor Torres, Pulido, Anita Rabasa… esos sí son héroes de verdad, porque meterse en un estudio a inventar, con las condiciones que hay allí, eso sí es difícil. Lo mío no, yo lo hago una vez al año nada más, en el Karl Marx”.

—El espectáculo, pero ¿por qué si existen tantos buenos videoclips cubanos, los programas musicales nuestros generalmente son banales?

—Por culpa de los realizadores, de los escritores, de los asesores, por culpa de todo un equipo creativo que hay ahí. No tiene que ver ni con la situación del país, ni con el bloqueo, ni con los músicos en Cuba, ni na’. Porque no hay un equipo serio, porque a veces quienes dirigen las redacciones son personas que nada tienen que ver con la televisión.

“Pueden saber mucho de música, de política, pero no conocen de la televisión, porque se ha perdido el sentido de pertenencia hacia la televisión, de los propios grupos; porque se ha perdido el respeto hacia la creación. Porque muchos directivos piensan que lo musical es un relleno, y cualquiera puede hacer un musical.

“A veces se le entrega a un director que jamás, ni en dramatizado, ni infantiles, ni en juveniles, le entregarían la posibilidad de hacer una dirección de programa. Entonces, el musical se le entrega a una gente que ha demostrado que tienen una sola neurona.

“Todo eso ayuda a que se pierda la tradición de la profesión de director de programas musicales, que nosotros tenemos el ejemplo de Condal, de Ginori, de Rifat, de Figueredo Doncel, de Cachito, bueno, de la gente que hacía un espectáculo en los estudios de 17 y 19, en vivo, incluso.

“Esa gran tradición se ha ido perdiendo, porque la profesión de directores de programas musicales ha bajado tanto el nivel por todas estas cosas que te digo, que ese es el resultado que tenemos, hay una gran banalización de los programas musicales. Hay un concepto de que el musical lo hace cualquiera, que prácticamente no tiene que ser director.

“Por eso tú ves a veces un programa musical que deja mucho que desear, porque detrás de eso no hay una mente ni un concepto que tú puedas respetar. Simplemente, hay una persona que está por ganar dinero y pone dos o tres producciones musicales que no las hace ni para la televisión, las coge del disco y ya.

“Ese es otro problema; antes los directores de programas hacían producciones para sus programas de televisión, prácticamente eso no existe, aunque todavía se hace en el Cubadisco, en los Lucas. Los otros cogen un disco, y dicen, tal y más cual tema, lo ponen y a doblar.

“Yo creo que el único que está haciendo eso es Pulido, que más o menos logra hacer algunas producciones musicales para La descarga. Trae a Fulano, a Mengano, te puede gustar o no, pero detrás de eso hay alguien que está tratando de mantener esa dignidad que tienen que tener los programas musicales.

“En el teatro esos no pueden trabajar así, porque en el teatro es muy difícil hacer un musical; y hay que tener mucho respeto a la gente que hace musical en el teatro, porque ese es un género que aquí en Cuba siempre ha tenido una buena tradición y lo hemos ido perdiendo, porque yo me acuerdo aquel teatro musical que se hacía aquí que era excelente.

“Y eso es lo que le ha pasado a la televisión. Pero la culpa no la tiene nadie de fuera, son los de la televisión”.

—¿Qué sería para ti una televisión culta?

—El otro día estaba en una reunión y se preguntaban por qué en la televisión no aparece más música clásica. La televisión no es para la alta cultura, la televisión debe tener momentos de alta cultura. Puede existir tal vez un canal, (cuando haya veinte o treinta canales, o televisión por cable, que existen dondequiera), como existe un canal para los animalitos, para las historias…

Pero la televisión que llega a siete u ocho millones, no puede ser a full para los talentos. Tiene que haber momentos de banalización, momentos políticos…. Porque es que todo eso es cultura. ¿Dónde está el quid de la cosa? En hacerlo bien. Usted puede hacer un programa banal, pero tiene que hacerlo bien, que tenga equilibrio, que no se te vaya el mal gusto, a lo chabacano, hacia el facilismo.

“Si la factura es impecable atrae a millones y millones de personas. Como los hay en todos los canales, que son programas muy tontos, pero fotografía, edición, efectos, todos esos espejitos que brillan falsamente, son atractivos para el gran público y funciona perfectamente.

“Ahora, la televisión nuestra, por suerte, no va a ser nunca 100% comercial, pero tampoco puede ser 100% de alta cultura. Entonces, lo que tenemos es que crear espacios para las grandes masas, que son los espacios de las altas teleaudiencias, pero dentro de ellos mismos pueden tener momentos de alta cultura, de música popular, de buen humor…

“Todo depende de los grupos creativos, que son los que conforman los programas: el guionista, el realizador, el director…, y todo eso puede formar una televisión culta; de hecho, yo creo que la televisión cubana es bastante culta, lo que es muy aburrida, muy obsoleta a veces. Pero cuando tú ves las tiras de la programación, es una televisión culta.

“Cuando tú ves en América Latina y Miami, llega un momento que tú dices: bueno, ¿y hasta cuando es esto? No se soporta. Porque nosotros somos fruto de una revolución social que se preocupó y se sigue preocupando porque la gente estudie, que lea, que tenga acceso la información, a la alta cultura, con un costo mínimo, es decir, no es un panfleto que tú puedes ir a la Universidad, eso es una realidad y eso va elevando el nivel cultural de la población, y esa población te exige que después esa televisión sea así.

“Lo que hay es que sentarse a pensar cómo nuestra televisión, que ya es una televisión culta, o al menos tiene una tendencia a que lo sea y no a lo comercial, sea menos aburrida; sí porque hay muy buenos programas pero son aburridos, no son atractivos, son bloques, sin embargo son programas muy interesantes, lo que le falta es un poco de factura.

“Y lo otro es al revés. A veces hacemos programas que son atractivos desde el punto de vista visual, pero demasiado banales o demasiado tontos. Como que se nos va la mano; no encontramos el medio. Yo creo que uno de los méritos que tienen, sobre todo los espectáculos de Lucas, es que hay banalidad, pero también momentos emotivos, musicalmente logrados, momentos que desde el punto de vista visual son logrados; hay humor… Yo creo que más o menos está en el equilibrio.

“A veces se les puede ir la balanza, porque todos cometemos errores, pero yo creo que por ahí está el quid de ese tipo de espectáculo; y por supuesto, el incentivo de la competencia que a todo ser humano le gusta competir o ver competir. ¿Quién ganó, quién perdió?

“Y eso es aprovechado en el espectáculo. Fíjate que nosotros tenemos como elemento de espectáculo, los premios. En los Lucas los premios no los sabe nadie hasta que no se dicen, porque tú vas al Caracol, al Cubadisco, al Festival de Cine… y ya la gente está sentada esperando a que digan su nombre. Eso le quita espectáculo al show”.

Pero ustedes tienen esa posibilidad por la manera…

—… por la estructura que se aborda, claro. Dijimos: aquí la gente no puede saber nada, no, porque el jurado puede decir algo. Bueno, entonces el jurado decide, pero la forma en que lo hace no le va a permitir que aunque se lo diga no sé quién a la prensa, diga el premio porque ni él lo sabe, porque votó en una boleta independiente de lo que hicieron los otros, entonces nadie sabe y eso es lo que forma parte del show.

“Cuando el músico se para está tan emocionado de verdad, que cuando le pones la cámara esa emoción se la transmite al televidente, y a la gente que está ahí que empieza a gritar… y eso forma parte de ese show, que también es un incentivo para que la gente vaya”.

—Utilizaste a Rufo Caballero en los Lucas. ¿Crees que encontrarás otro comentarista con el nivel que lo hacía él?

—Yo creo que no, como Rufo Caballero será muy difícil que aparezca otra gente. No solamente por sus conocimientos y por lo preocupado que era para sus investigaciones… bueno, el nivel intelectual que tenía. Era la persona que tenía la inteligencia y la valentía de decir las cosas como las sentía y las creía, y eso es muy difícil.

“Hay profesionales que son muy buenos críticos porque tienen el nivel, pero no tienen el valor de decir las cosas en la pantalla de un televisor delante de millones de personas y decir: usted se equivocó en esto, aún corriendo el riesgo de equivocarse; y Rufo tenía ese don, aparte del don de la comunicación.

“Claro, había un prestigio, había una obra, un trabajo como crítico, como intelectual, que aunque usted no estuviera de acuerdo, respetaba. Y eso va a ser muy difícil de encontrar”.

—Entonces Lucas va a perder una parte muy importante…

—Lo estamos perdiendo en estos momentos porque no aparece una persona. He tocado varias puertas, pero hay gente que no le gusta buscarse problemas.

—Lo de Rufo no es sólo la valentía, es que era capaz de bailar en un videoclip, ir al Latino y fajarse conmigo por Industriales… una gente con un nivel muy grande y a la vez muy popular. ¿No has pensado en buscar otra manera que le de una sola persona?

—También hemos pensado que haya una especie de debate, que haya una persona que opina así, y otra que opina asao. Puede ser que como Rufo dejó tan alto ese nivel, la gente dice: qué va. Siempre va a estar el estigma ese de que eso lo hacía Rufo, aunque yo les he explicado, vamos a hacerlo diferente, con otra estructura. No tiene que ser la imagen de un crítico que sea el que dice lo último, pueden ser varios… Hay que seguir buscando.

“Es una pérdida. Ahora mismo, si hubiéramos tenido a Rufo tuviéramos interesantísimos comentarios de unos cuantos videoclips que se han producido este año, y la gente hubiera aprendido muchísimo y se hubieran aclarado algunas dudas. Y también se lo hubiera dicho a muchos realizadores de videoclips que nos están llegando como diarrea, de reguetoneros y tonterías: ‘mira esto es malo por esto, y por esto’, como siempre hacía en el programa. Tenemos un hueco difícil de llenar y que ya nos está afectando”.

—Tú sigues siendo un creador joven. ¿Nunca piensas arriesgarte a hacer otra cosa en la televisión, que no sea música, digamos, ficción, documental, no tienes tiempo o no tienes interés?

—Sí tengo interés, pero no tengo tiempo, acuérdate que Lucas es un proyecto que tiene como motivo principal promover lo que yo quise: tener un programa y los Premios Lucas. Ahora mismo tengo los Lucas Plus, que salen en Multivisión, que es diferente al Lucas; la antología que está saliendo por Tele Rebelde, al fin, después de tanto trabajo.

“Tengo tres programas en el Canal Educativo. En estos momentos estamos en un proyecto en la sala Atril, viernes, sábado y domingo, para demostrar que se puede tener un Café Lucas, y a la vez recaudar fondo para poder hacer el evento, porque no hay dinero. Tú sabes que la vida ha cambiado y hay que buscar financiamiento para hacer los grandes eventos.

“Y he estado trabajando en acabar de terminar el canal de videos en Cuba. En estos momentos hay una muestra en el ICRT, que lo ponen en las computadoras. Estamos tratando de conformar eso para al menos sacar una señal para la ciudad de La Habana con doce horas de videoclips. Y el año que viene son los 15 de Lucas, estamos preparando un espectáculo, una gira, lograr terminar ese canal”.

—¿Puedo anunciar lo del canal?

—Estamos ensayándolo, es una cosa digital. Estamos tratando de armarlo, lograr al menos de sacar una señal por Internet que se vea en toda Cuba y después, por el transmisor de Multivisión, que hay un momento que no transmite, pero esto está en experimento.