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Rudy Mora: “Lo diferente siempre implica riesgos”

Rudy Mora:  “Lo diferente siempre implica riesgos”

El polémico asunto de cómo representar la realidad y sus contradicciones, vuelve a la TV cubana. Diana, teleserie de 35 capítulos del destacado guionista y realizador Rudy Mora(Escapar, La otra cara, Doble juego).

 En obras anteriores este creador asumió el desafío de trabajar para el público adolescente. “Es un público irreverente marcado por patrones estéticos y sus mutantes gustos te hacen pensar detenidamente en cómo contar la historia. Desde los primeros minutos hay que acaparar la atención, de lo contrario es obra perdida. La constante actualización de códigos resulta arma esencial para interesar y poder entregar un mensaje.

“Determinados temas no tratados de manera tradicional en un espacio provocan interrogantes, pero confío en la verosimilitud y la humanidad del conflicto como las principales herramientas para enfrentar al no entendimiento, aunque todo el proceso  se envuelva de polémica. Así creo sucedió con Doble juego, comenzó con muy poca audiencia, incluso cierto rechazo, pero paulatinamente fue ganando aceptación. Lo diferente siempre implica riesgos.

“En este sentido puede que exista relación con Diana,proyecto en el cual abordo el tema de la familia en Cuba, familia no como concepto dado solo por la conexión de sangre, sino, además, por las relaciones humanas. Pretende convertirse en espejo nítido, apuesta por el autorreconocimiento y no por una explícita tesis pedagógica y desde el capítulo; inevitablemente, por pretender otros caminos, está enfrentando los mismos retos.

“Está dirigida a los cubanos y a las cubanas, a los que han olvidado o pueden olvidar el valor del diálogo, y revaloriza la importancia de comunicarnos.

“El nombre de Diana es una metáfora, un símbolo y también un personaje, pero es más un conjunto significante del conflicto. Surgió de la observación y la acumulación, agrupa vivencias personales, de amigos, conocidos y de la imaginación, algunos personajes parten de la realidad, otros de la integración de varios sumando los necesarios dramatúrgicamente.

“Partí de una premisa al narrar, imaginé que poseía poco tiempo y espacio, para que así cada personaje y suceso que surgiera me fuera estrictamente necesario.”

-Ficción en imágenes

“No utilizo los recursos expresivos del lenguaje audiovisual solo para acompañar, todos son canales individuales en función del propósito.

“Me sirvo de tendencias reconocibles, trato de componer la manera de expresarme, sin limitarme a lo establecido como teoría o características de este tipo de producto u otro. Aunque los seriados son géneros puros de la TV, las estéticas en su realización ya no se limitan a una manera rígida de hacer y esa ha sido otra premisa en Diana y en proyecto anteriores.”

Además de los relatos, personajes, sueños, angustias e inquietudes que respira a diario, a Rudy Mora lo inquietan algunos presupuestos que impiden el dinamismo que requiere la pantalla.

“El factor económico tiene mucho peso en la involución artística que padecemos, pero no es la única causa ni la que determina. Seguimos generalizando, pensando conscientemente en dramatizar o representar, a pesar de que la TV y sus espectadores no son los mismos de hace 20 años, ni en Cuba, ni en el mundo. Aún no se valora la necesidad de la preparación, de la actualización, de la búsqueda y mucho menos del riesgo aunque sea bien pensado.

“Estoy en desacuerdo con la forma en que se utiliza el término ‘dramatizado’. Es aglutinador, en ello se esconde una mirada de mediocridad, de ‘género menor’, y no lo es. Puede comprobarse si se conoce lo que sucede, por ejemplo, con los seriados en el mundo.

Algunos ‘creadores’ en la TV no tienen conciencia del asunto e ingenuamente se autodefinen como ‘directores de dramatizados’ —en realidad solo organizan las ‘dramatizaciones’—, sumándoles la nota para el mal desde la raíz.

“He tratado y trato de hacer ficción, de ir hacia otro lugar, intención nada fácil en un medio contaminado, me interesa la recepción sincera, no la del espacio telenovela, que por razones objetivas y subjetivas está garantizada aunque el proyecto no funcione. Busco un interés, repercusión y gusto real ganado en buena lid, imaginando que alternaré con productos bien facturados por lo que es imprescindible buscar un resultado como única razón para la permanencia.”

-El afán imprescindible

Rudy Mora estima que en la TV el traspaso de experiencias entre generaciones no está instrumentado.

“Para los recién llegados, no importa la edad, ni la especialidad, ensayar con recursos caros sin consecuencias ni reprimendas es la manera habitual de aprender y eso no está bien ni nunca ha sido así en ningún lugar, como nunca sería lógico que un diseñador haga un trasplante solo porque le guste la cirugía.

“No son ni serán posibles estándares sostenidos de calidad para la TV inteligente que todos pedimos y que es necesaria —esta es una gran contradicción—, si en la misma medida descienden aceleradamente los niveles de exigencia.

“La atención no debe estar solamente en llenar espacios y cumplir con demandas en términos de temas y objetivos, aspecto también esencial por la razón social de la televisión cubana, resulta imprescindible la definición exacta de ‘cómo es’ y ‘cómo será’ la composición de cada unidad artística, es decir, una parte por un todo, qué representa esa demanda, además de las expectativas mediatas en su funcionalidad. Es preciso consolidar un medidor o catalizador real que desenmascare mitos y nos dicte reglas que digan cómo conseguir regularidad en la calidad de las ofertas. En otras televisoras opuestas en sus funciones a la nuestra, están claramente definidas y consiguen certeramente lo que buscan.

“Por razones conocidas son tiempos de contracción para el audiovisual y se hace necesario una reformulación productiva totalmente inclusiva, antiburocrática y actualizada según las nuevas tecnologías, una institución productiva con fórmulas de nuevo tipo que dinamice la ejecución, haga crecer la producción y disminuya los costos acercándolos objetivamente al creador-productor. Considero imprescindible la valoración de resultados para la mayor o menor remuneración, porque sigue sin tener ningún sentido, y dicho como en el béisbol, que ‘un lanzador de más de 90 millas sostenidas y uno de 35 tengan el mismo valor dentro del equipo’.”

Fuente:  SAHILY TABARES (cultura@bohemia.co.cu)
Fotos tomadas del sitio oficial de la TV cubana

Rudy Mora, el francotirador. Apreciaciones sobre la serie Diana

Rudy Mora, el francotirador.  Apreciaciones sobre la serie Diana

Mucho se habla por estos días en Cuba, a favor y en contra de la teleserie Diana, que trasmite Cubavisión en el horario estelar de la telenovela cubana.  Luego de meses de  "sufrimiento" con la reposición de Las huérfanas de la Obrapía, llega esta propuesta dirigida por Rudy Mora, que gusta a algunos más jóvenes y es prácticamente incomprensible por las abuelitas, el público más fiel de ese espacio.  Un elenco de lujo, pero un lenguaje televisivo difícil de comprender (a pesar de las continuas entrevistas a Mora, en las que tiene que explicar el propósito de la realización y sus esperanzas de que mejore el nivel de audiencia).  Muchos entendemos los diálogos solo gracias al sistema Close Caption para sordos e hipoacúsicos.  Por la polémica que ha generado la teleserie Diana, Tele y Radio reproduce el artículo "Rudy Mora, el francotirador", publicado por el joven periodista Yandrei Lay Fabregat, en el periódico Vanguardia, de Villa Clara.

Rudy Mora, el francotirador
 
   
La novela cubana tiene un nuevo inquilino. El huésped ha producido asombro, incluso rabia, entre los asiduos al espacio. A muchos incomoda los saltos del encuadre, el ruido ambiente, la oscuridad de las imágenes.

De Rudy Mora se puede esperar cualquier cosa. Escandalizó al público con sus dos anteriores propuestas: La otra cara y Doble juego. Detesta las telenovelas y prefiere las series cercanas a lo cinematográfico. Aprecia, en lo personal, la obra de Quentin Tarantino. Quizás por eso no debiera sorprender el vertiginoso ritmo de Diana, la serie de 35 capítulos que ahora estrena la televisión nacional.

Sin embargo, nadie esperaba la notable cercanía de Diana a los presupuestos estéticos de Dogma 95, el movimiento fundado por Thomas Vinterberg y Lars Von Trier. Estos dos cineastas daneses afirmaron que resucitaban el cine al fundar Dogma, el 13 marzo del 1995.

Dogma se convirtió en una suerte de sabotaje a la industria de Hollywood. Sus creadores cargaron sobre sí la herencia del «cinema verité» y la «Nueva Ola» de Jean Luc Godard. Los «dogmáticos» se obligaron a prescindir de la cámara fija, a utilizar la iluminación natural. Todas sus películas se encuentran situadas en un contexto específico y tratan problemas puntuales.

Los filmes provenientes de esa escuela cumplen al pie de la letra los diez mandamientos dictados por Viterberg y Von Trier. Un jurado internacional les ha otorgado la distinción a unas treintas y tantas películas. No obstante, la rigurosidad de los presupuestos éticos y estéticos de Dogma 95 ocasionaron que el movimiento se disolviera en el 2005.

La cámara de dogma, como muestra Diana, se convierte en un actor que hurga en la vida de los otros personajes. A veces desmiente lo que estos dicen y así mantiene al espectador en constante suspenso.

Capítulo II: Fernando está en el hospital. Acaba de morir su padre. La cámara indica que alguien lo sigue. De inmediato usted piensa en Juan Carlos, arrepentido por haber causado la muerte del viejo. Cambia el encuadre y muestra un arete de mujer. Usted sospecha de la vecina (Aurora Basnuevo). Otro salto de la imagen expone un pullover rosado y un cuello. Usted identifica al personaje con la muchacha que le había ofrecido té a Fernando unos momentos antes.

Las telenovelas, de manera tradicional, se construyen en base a planos medios y la cámara fija. Los personajes conversan y el encuadre se mantiene. Ante un diálogo que se extiende demasiado usted piensa: «En la novela no pasa nada» y cambia la vista.

Ese cartel no va con Diana. Ella emplea algunos de los mecanismos que caracterizan al vídeo clip. Además la escena cambia de forma continua debido a la ausencia de cámara fija. A lo mejor algún televidente se marea con tanto movimiento. La mayoría opta por mantener la atención fija y acomodar la pupila a cada segundo. Muchos desesperan, pero ninguno se aburre.

Capítulo XI (miércoles 29 de julio): Fernando conversa con la sobrina de Aurora Basnuevo. La muchacha evalúa el estado de la casa. «Te apuras demasiado», dice Lupe en el gimnasio. Se establece un contrapunteo entre ambas escenas.

El montaje paralelo, la construcción conjunta y los diálogos telescópicos son otras de las técnicas que Rudy Mora utiliza para dinamizar su historia. Un personaje dice algo y la respuesta llega desde otro lado de la trama. La narración se construye desde una voz múltiple, colectiva. Así cansa menos y alimenta más.

La serie otorga valor a los espacios marginados de la sociedad: el ingenuo, el discapacitado, el feo. Fernando Hechevarría, en una actuación de lujo, representa el primer galán tartamudo de las telenovelas cubanas.

Mucha atención merece la historia del mudo en el capítulo XI o la mamá del personaje que interpreta Blanca Rosa Blanco. A veces los que menos dicen son los que más tienen que contar. Algo que Dogma 95 había aplicado hasta la saciedad en Los Idiotas o Bailarina en la oscuridad.

Una compañera del trabajo manifestó hace unos días: «Quiero una novela que me haga soñar, para ver problemas mejor miro la calle y ya». Pero Diana es un llamado de alerta, una intervención pública. Muestra la realidad sin cosméticos. Nadie debe cerrar los oídos ante ese mensaje.

Son potentes los mecanismos que mueven la historia: el dilema de la vivienda en primer plano, aparejado a los dramas de la convivencia. No por gusto Cuba presenta una de las tasas de divorcio más alta de América Latina. Diana toca, asimismo, los conflictos intergeneracionales, la violencia. Cada capítulo lleva un muestrario de los problemas reales del país.

Muy bueno el trabajo de la dirección de arte y la ambientación. La precariedad y las condiciones de la vida en los repartos se representaba de manera superficial en otras producciones. Diana no se preocupa por las mansiones del Vedado o las casas de Santo Suárez. Dos espacios habituales en los culebrones de producción nacional. Las palmas para director de fotografía, sonidista y editor. Y más si se toma en cuenta que se estrenan en el oficio.

La serie tiene cosas criticables. En ocasiones el sonido ambiente no deja escuchar los parlamentos. Este problema, que pudiera ser un efecto dirigido, atenta contra la percepción del televidente. Lo mismo sucede con la banda sonora. A propósito, un excelente trabajo de Juan Carlos Rivero.

El título de la serie remite a la idea de que la imagen va dirigida hacia un blanco. ¿Dónde se encuentra la verdadera «diana»? Nadie lo sabe. Quizás fuera, quizás dentro de todos nosotros. Lo que sí es seguro para todos es que Rudy Mora cogió bien la puntería. Y al parecer va ganando el combate.

Fuente:  Yandrey Lay Fabregat, del periódico Vanguardia, de Villa Clara.

Mujeres de Nadie, propuesta de Multivisión en verano

Mujeres de Nadie, propuesta de Multivisión en verano

De verano, también Multivisión entrega una telenovela en español, la producción argentina Mujeres de nadie, en su primera temporada, que fue estrenada en el país sudamericano en el 2007 y que luego, continuó en el 2008, con otro elenco.

Varias historias de mujeres, enlazadas todas por el mismo escenario laboral: un hospital público, permite el tejido de esta premiada teleserie cuyas tramas giran dentro del campo de la medicina, con el protagonismo de cuatro personajes centrales: Marga (María Leal), Ana (Susú Pecoraro) , Mimí (Claribel Medina) y Lali (Agustina Cherri), quienes son secundadas por un amplio reparto, que incluye a Dalma Milebo como Marita, Aljenadro Awada como Juan, Luis Luque como Guillermo, Federico Olivera como Pablo y la talentosa Ana María Picchio, en el personaje que da el sentido del humor y lo paródico, con su Zulema, así como el joven Gonzalo Heredia en el papel de Rolo, quien fuera premiado como actor revelación por su desempeño en la serie.

Una actriz muy conocida del cine argentino, aquella inolvidable Camila, Susú Pecoraro encabeza la trama, con un trabajo que le fue reconocido como mejor actriz drama´tica, en esta puesta en televisión que igualmente ganó varios premios Martín Fierro, en el 2007, para Susu y su compañero Luis Luque, con su doctor Gutiérrez, así como el tema musical, de Paz Martínez y entre los malos, por su organicidad, mereció galardones también la Marga de María Leal.

Con la tercera parte del argumento ya trasmitido, y la virtud, justo es reconocerlo, de tener movimiento en cada capítulo, es decir, presentar cosas que suceden, aunque a veces se juegue con las reiteraciones, como sucede con el problema de la niña Malena y la relación sadomasoquista de Ana y Juan, con situaciones que suelen tener mayor o menor banalidad, en el tejido de las historias y los triángulos amorosos, Mujeres de nadie todavía traerá más movimiento, sucesos inesperados, cambios de giro, trepidantes historias, bruscas soluciones sólo en apariencia de los conflictos, y el desenlace de cada conflicto, sin dejar cabos sueltos, en los que hay buenos y malos que reciben su parte del pastel, por órdenes de los guionistas.

Trasmitida en la Argentina con aceptación, y en horarios vespertinos, y ahora emitida en Cuba, las historias presentan pasiones y emociones, traumas y frustraciones, odios, venganzas, apetitos y deseos, crímenes y secuestros, intrigas, a veces con cierta dosis de ingenuidad por la falta de elaboración de los caracteres, que como siempre suele pasar, en el dibujo de cada telenovela al malo no se puede matar, ni castigar hasta el último episodio, porque si no se cumple esta máxima, la novela se cae, y pierde el gancho y el interés del público… habrá más que ver, entre mujeres y hospitales de Buenos Aires, en medio del calor de nuestro verano.

Fuente:  Uriel Medin, en Portal Cubasí.

Reinará la serpiente, otro teleplay para no perderse

Reinará la serpiente, otro teleplay para no perderse

El canal Cubavisión transmitirá hoy  en su habitual espacio dramático del verano, el teleplay Reinará la serpiente, de la guionista y realizadora cubana Elena Palacios, con historias de mujeres que hacen pensar y analizar.
   Las actrices María Teresa Pina, Monse Duany, Yerlin Pérez y Annia Bu -el nuevo rostro del cine cubano- en los roles protagónicos, son mujeres de este tiempo, amigas desde la adolescencia que hicieron sus vidas diferentes y que coinciden todas en llegar a los 40 años con sus conflictos, cotidianeidad, comedia y momentos culminantes.
   Hay mucho más en este drama televisivo que hoy estrena Cubavisión, y que contó en el equipo de realización con Johanys Labrada Ibáñez (productora), Ernesto Fiallo (director asistente) y Yanay Araúz (directora de fotografía).
   No es la primera vez que la directora de televisión Elena Palacios sorprende con materiales de este tipo que tratan el tema femenino o aristas que están vinculadas con la mujer, y sus aciertos en guiones y realización la ubican entre las más relevantes creadoras de hoy.
   La programación televisiva de este verano ha contado con dos anteriores materiales de este tipo, en los que se observa en general buena factura, historias novedosas y destacadas actuaciones, como el visto la pasada semana con la actriz Silvia Águila en el protagónico.
   Esfuerzo especial, humano y de recursos requieren la producción y realización de obras dramatizadas para la televisión, máxime si se tienen en cuenta las exigencias crecientes del público que reconoce la calidad.
   Por eso muy válido sería que la televisión pudiera mantener un espacio alternativo semanal de ese tipo que le diera más solidez a la puesta, que bien puede ser apreciada como un filme de corta duración, no tiene el alto costo de una telenovela y es agradablemente recibida.
   También, por su calidad, se deben tener mucho más en cuenta los teleplay a la hora de programar repeticiones durante el verano, y por qué no, de forma periódica.     

Fuente:  Alina Martínez, AIN.

Variadas propuestas en la programación de verano de la Televisión Cubana

Variadas propuestas en la programación de verano de la Televisión Cubana

Diversas propuestas en la programación de verano de la Televisión Cubana


Imagino que como en julio y agosto el sol calienta más que de costumbre, todo se haya arreglado para que en buena parte del mundo se ubique el período vacacional justamente durante esos meses, perfectos, por lo demás, para ir a la playa o al campismo, pero también para leer, visitar un museo o, simplemente, disfrutar de las propuestas de la televisión que, en nuestro caso, se sabe a consciencia que no pocas familias permanecen en casa y por esa razón se esmera en ofrecer una programación que dimensione culturalmente el entretenimiento de sus numerosos televidentes y, al mismo tiempo, atienda en la medida de sus posibilidades al reclamo mayoritario de espectadores que solicitan más estrenos, pues no asimilan del todo las retransmisiones.

En este 2009 se mantienen las tiras caracterizadas por públicos, de manera que el infantil encontrará opciones en el horario matutino y vespertino de Cubavisión, además de en el Canal Educativo 2, cuya señal iniciará para este período a las 12:00 m y pensará en él hasta las 8:30 p.m., excepto los sábados y domingos en que las propuestas para los niños llegarán hasta las 4:30 p.m.

Así, además de los Pequemuñes de Multivisión, los más chicos hallarán de lunes a viernes tres tandas de dibujos animados en CV (8:00 a.m. a 9:00 a.m., 11:00 a.m. a 11:30 a.m., y 4:15 p.m. a 5:00 p.m.); una el sábado (8:00 a.m. a 9:00 a.m.), y otra el domingo (9:00 a.m. a 10:00 a.m.), mientras que tendrá dos diarias en el Canal Educativo 2: de 12:30 p.m. a 1:00 p.m. y de 1:30 p.m. a 2:00 p.m.

Claro Clarita llega a la pantalla con nuevos capítulos. Foto: Martha Vecino UlloaEn Cubavisión siguen para ellos programas como De caramelo, Casa a cuestas y Barquito de papel; y llegan otros nuevos los miércoles como La Colmenita, a las 9:45 a.m. (adaptación para la televisión de ocho de sus más exitosas puestas en escena) y Reguilete, a las 10:45 a.m., dirigido para niños de edad preescolar. Asimismo Claro Clarita (viernes, 5:30 p.m.) anuncia capítulos de estreno.

Sin contar los gustados espacios fílmicos infantiles, los pequeños, que gozarán el privilegio de aprender idiomas con los cursos que se transmitirán de lunes a viernes (12:00 m.) por el CE, estarán de plácemes con las 19 series que podrán ver a lo largo del verano, todas de estreno. De lunes a viernes en CV aparecen Los felinos cósmicos (5:00 p.m.) y Los misterios de Harry Potter (6:00 p.m.); los sábados y domingos, Baby Einstein y Avatar, respectivamente (ambas a las 8:30 a.m.); y lunes, miércoles y viernes, Pinky Dinky Doo (11:30 a.m.), la misma frecuencia de Bratz pero por Multivisión.

Tres series salen de lunes a domingo por el CE/2: Los halcones galácticos (1:00 p.m.), Bob Esponja (2:00 p.m.) y Lala Bell, la niña mágica (12:00 m.), la cual luego será sustituida por Familia Robinson y Jóvenes Titanes. Asimismo este canal acoge los sábados El pequeño Hércules, a las 2:30 p.m.

Tele Rebelde continuará como el canal de las Aventuras, un espacio que después de larga ausencia regresa con un producto nacional: Los tres Villalobos, con 82 capítulos dirigidos por Miguel Sosa (lunes, miércoles y viernes, 7:30 pm.). Aquí también se exhibirá, media hora antes y por primera vez, otra cubana destinada a adolescentes y jóvenes: Mucho ruido..., después que finalice H20 Sirenas del mar. Degrassi nueva generación y Hermanos rebeldes estarán los martes y jueves, 6:30 p.m. y 7:30 p.m., respectivamente.

-Series y más series

La magnífica Los Tudor es la propuesta de Grandes Series, por el CE. Foto: Martha Vecino UlloaEn total se exhibirán 62 series y telenovelas, de las cuales solo seis son de reposición, como es el caso de Cabocla, por TR, donde están programadas las norteamericanas Felicity (lunes a viernes, 9:15 a.m.), y Fuga de la prisión (lunes, miércoles y viernes, 10:00 p.m.). Felicity toma su título del nombre de su protagonista, de modo que la trama gira en torno a los problemas, confusiones e inquietudes de esta muchacha de 17 años que ingresa en una universidad.

Si hablamos de series las palmas se las lleva Cubavisión, donde se concentra el grueso de ellas, que van desde la exitosa Sobrenatural (lunes, miércoles y viernes, 12:45 a.m.), la cual nos presenta a Sam y Dean Winchester, quienes heredaron una ocupación peculiar: cazadores de seres sobrenaturales; hasta Puerta a las estrellas (lunes a viernes, 1:30 a.m.), inspirada en la película de ciencia ficción Stargate: Puerta a las estrellas, la cual cuenta las vivencias y aventuras de un equipo de militares y científicos miembros de un proyecto ultrasecreto de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, que utiliza un invento extraterrestre para desplazarse a otros planetas de manera casi instantánea; o Jericó (martes y jueves, 10:45 p.m.), como se nombra un pequeño pueblo de Kansas dominado por el caos más absoluto, después que sus habitantes avistan un hongo nuclear en el horizonte.

Clasificaron asimismo para Cubavisión, Hermandad (martes y jueves, 11:30 p.m.), Desaparecida (martes y jueves, 12:25 p.m.); y K-Ville (domingo, 10:50 p.m.), que viene detrás de Everwood (5:00 p.m.) y del policiaco cubano Tras la huella (9:35 p.m.). Everwood muestra la vida de un reconocido cirujano y sus dos hijos, quienes, debido a un accidente que termina con la vida de la esposa, se mudan a Everwood, un pueblecito que apenas se conoce y donde quiere colocar una clínica gratuita, mientras que, ideada por el creador y productor ejecutivo de Policías de Nueva York, K-Ville también aborda el mundo policial pero ambientado en Nueva Orleans, dos años después del paso del huracán Katrina.

Protagonizada por Broselianda Hernández, Diana nos acerca a la realidad cubana. Foto: Martha Vecino UlloaNo obstante, los más esperados acontecimientos de Cubavisión son los ocho teleplays para adultos (Reinará la serpiente, La luna en el agua, Cien años contigo...) de los miércoles a las 10:00 p.m.; y la serie realizada por el creativo Rudy Mora, Diana (lunes, miércoles y viernes, a las 9:00 p.m.), defendida por un elenco de lujo donde se hallan Broselianda Hernández, Néstor Jiménez, Isabel Santos, Verónica Lynn, Raúl Pomares...

No se queda atrás el Canal Educativo 2 en este sentido. Y es que se dará el lujo de estrenar tres importantes series documentales de factura nacional: Los elegidos (lunes, 8:30 p.m.), que recoge los valiosos testimonios de los integrantes de la banda del Bárbaro del Ritmo; Evolución (sábado, 6:45 p.m.), la cual recuerda los aportes del científico Charles Darwin; y Desierto sentido (viernes, 8:45 p.m.), coproducción con México que nos acerca al desierto de Sonora. El Educativo 2 tiene asimismo propuestas de ficción, como los capítulos que le dan continuidad a las gustadas Héroes (sábado, 8:30 p.m.) y Ally Mc Beal (lunes, 10:00 p.m.), además de otras al estilo de Día del desastre Súper tormenta (miércoles, 10:30 p.m.) y 30 Rock (lunes a viernes, 8:00 p.m.).

Ahora con 12 horas de estreno (solo interrumpidas por el bloque infantil que se retransmite de 4:00 p.m. a 8:00 p.m.), Multivisión, por su parte, atraerá de lunes a viernes con Mujeres de nadie, y diariamente con una serie humorística (empieza con La teoría del Big Bang y termina con Mi nombre es Earl) y otra de corte forense.
Para adolecentes y jóvenes

Favorecido también está el Educativo que ha puesto su mirada, sobre todo, en el público juvenil —hay para otros gustos con Esposas desesperadas, lunes a viernes, 11:00 p.m.—, y por eso anuncia martes, miércoles y jueves una serie como Fama (a las 3:15 p.m.); y de lunes a viernes, a las 2:00 p.m., Rescátame la cual, protagonizada por Denis Leary, se centra en la labor que realiza un equipo de bomberos de Nueva York, y donde los televidentes podrán ver en acción a verdaderos profesionales que, además de servir como consejeros técnicos, aparecen como figurantes en muchas de las escenas.

Los adolescentes y jóvenes, quienes podrán mantenerse informados sobre las opciones que hay para ellos a través del espacio Para ti, joven (sábado, 3:15 p.m., TR) y con la revista Quédate conmigo (lunes, a las 6:30 p.m., TR), no permanecerán indiferentes ante los teleplays de los sábados, a las 5:00 p.m., ni frente a ALF, una parodia de la película ET: El extraterrestre (1982), donde se roba el show un pequeño extraterrestre anaranjadamente peludo, y apodado A.L.F. (Alienígena Ligeramente Fastidioso).

Amantes de la música, tendrán en este canal para escoger: Antología de Lucas (lunes, 3:45 p.m.), Recital internacional (lunes y viernes, 6:45 p.m.; y sábado, 11:30 p.m.), Clip.cu (martes, 11:00 a.m.), Todo música (2:45 p.m.), Recital nacional (martes y jueves, 6:45 p.m.), Juntos en concierto (miércoles, 6:30 p.m.), El gran Lucas (sábado, 11:00 a.m.), Verano Max (domingo, 10:00 a.m.)... Mas si no les fuera suficiente, para ellos también hay series documentales de corte histórico, científico, etc.

-Humor, deportes y más música

No deberán preocuparse los seguidores por CV de espacios como Otros tiempos, De la gran escena, La descarga y Piso 6; de Colorama, 23 y M, De cualquier parte, Cuerda Viva y D’Música, por TR; de Video perfil y Lucas plus por Multivisión; y de Sur y Música del mundo, por el Educativo 2, pues estos continúan en el aire durante julio y agosto, aunque seguramente la mayor atención la recibirán No quiero llanto, conducido por Antolín El Pichón (domingo, 8:35 p.m., CV); En el mismo lugar, dedicado a la trova (viernes, a las 9:30 p.m., CV), y Al son de la Isla (martes, 10:00 p.m., CV).

En cuanto al humor, quizá lo más aguardado sea el nuevo paquete de ¿Jura decir la verdad? (lunes, a las 8:35 p.m.), aunque también estrenarán Deja que yo te cuente (miércoles, 8:35 p.m.), y El selecto club de la neurona intranquila (viernes, a las 8:35 p.m.), todos por Cubavisión.

Cubanos en primer plano (martes, 10:15 p.m., CE/2) y Privadamente público (miércoles, 8:30 p.m., CE/2) nos aproximarán una vez más a la vida y obra de destacadas personalidades cubanas, mientras será importante estar al día sobre la actual crisis económica y financiera mundial (miércoles, 9:45 p.m., CV).

Asimismo, 33 programas procedentes de los telecentros nos pondrán en contacto no solo con la realidad de esos territorios, sino también con temas de orientación social, científico técnicos, culturales, históricos... En este grupo se encuentran: Reflejos, Aquí estamos, Ventana juvenil, En primer plano, Tecnociencia, Carpeta CT, Monumentos...

Si bien este verano no se distingue porque se hayan convocado grandes eventos deportivos, TR mantendrá al tanto a los fans del voleibol (Liga Mundial en Belgrado) y del atletismo (Mundial de Berlín y el Campeonato Centroamericano y del Caribe), como Cubavisión, los canales Educativos y Multivisión «pujarán» por alcanzar el mayor de los raiting: la máxima satisfacción de los televidentes.

Fuente:  Juventud Rebelde

Diana: nueva teleserie para el verano

Diana: nueva teleserie para el verano

Esta nueva obra de Rudy Mora se adentra en la Cuba de hoy y nos presenta lo polémico de esa cotidianidad. Nos propone un acercamiento a la familia y a los conflictos que genera la situación de la vivienda en la Isla

Tras varios meses de recuerdo con Las huérfanas de la Obrapía, el público espera historias que toquen su realidad y parece ser que Rudy Mora, una vez más, aprovecha lo cotidiano para crear sus personajes. Lo atrayente es cómo se adentra en la Cuba de hoy y nos presenta lo polémico de esa cotidianidad. Su propuesta, en esta ocasión, es un acercamiento a la familia y a los conflictos que genera la situación de la vivienda en la Isla.

Diana es la nueva serie que la televisión estrenará en el espacio de la novela durante los meses de verano. El título no es casual. La diana es, en este caso, el blanco al que apunta la cámara. Una cámara con pretensiones de alterar, desde el punto de vista formal, las tradicionales maneras de hacer de la TV. Y es ella, quizás, la que provocará más críticas —para bien o para mal— en los espectadores acostumbrados a un espacio que generalmente invita a relajarse, pero que esta vez solicita desprejuiciada atención. De lo contrario, es posible que los constantes movimientos de la imagen causen molestias al espectador.

Hace unos días conversamos con Rudy. Todavía le quedaban varios capítulos por concluir. Corría entre los cubículos de edición del ICRT, pero reservó unos minutos para nuestra curiosidad.

“Diana es una serie de 35 capítulos, y sin ser autobiográfica, muchas de sus situaciones se relacionan con pasajes de mi vida y de las personas que me rodean. Es una historia de Cuba ahora, pero siento que también puede ser una realidad que nos trasciende”.

El trabajo con la cámara distingue tu obra. En Diana eres aun más arriesgado que lo que acostumbras. ¿Es este un lenguaje paralelo a la temática de la serie?

“La propuesta audiovisual de Diana toma un poco la imagen del noticine de los años 60 y 70, con el estilo fotográfico de Jorge Herrera en películas como La primera carga al machete. La esencia es una cámara que penetra en una casa de La Habana para mostrar qué ocurre en su interior.

“La cámara entra por la puerta, va a un cuarto, regresa al baño, se incorpora, tropieza... Y todo ocurre paralelamente a otros sucesos en escena. Los actores le hablan como a un personaje más, es decir, hay todo un juego formal para que la cámara no sea solamente panorámica, sino participativa. Los planos secuencias son muy largos, al estilo del teatro para describir una especie de estado de ánimo. Entonces, más que paralelo, conforma el todo del lenguaje de la obra”.

¿Te arriesgas también con la música?

“La música es de Juan Carlos Rivero, director de Moncada. Retomamos ritmos tradicionales como el changüí, el chachachá, el mozambique... Casi todo es tocado en estudio. Lo novedoso y arriesgado es que se hizo contra la imagen, y aunque eso es tradicional en el cine, las fórmulas de producción de la TV no dan tiempo para ello, por lo que he tenido que trabajar muchas horas extras”.

Me hablas de una serie que desentona con estructuras predeterminadas de la TV. ¿Podrías comentarnos un poco más sobre tus intenciones y los resultados en el proceso de producción?

“La idea es sintonizar con una especie de nuevo lenguaje. Lo que sucede con las series ahora mismo en el mundo es un hecho muy interesante, porque se han convertido en una punta de lanza para el discurso audiovisual. Y además el público cubano las exige. Sin embargo, existe un vacío de producciones nacionales de este tipo.

“Diana va por ese camino, entre otras razones, porque me permite también crear con la soltura que el género telenovela no tiene. Lo que ocurre es que entronca inevitablemente con estructuras más conservadoras de producir, lo cual me llevó evidentemente a romper con determinados mecanismos institucionales.

“La introducción de la técnica fue también un reto. Es la primera vez que en el ICRT se utiliza una cámara de alta definición. Esa tecnología trae consigo una manera de trabajar diferente, que disiente de las fórmulas tradicionales. Hemos experimentado con ella sin que nadie nos diga exactamente qué se puede lograr.

“Ahora estamos en el proceso de edición y ha sido igualmente difícil, porque el procedimiento es otro. Nuestra experiencia podría servir para reestructurar determinadas rutinas de producción”.

Según las noticias, Diana goza de un talentoso elenco actoral…

“Tuve la suerte de contar con actores de mucha experiencia (Isabel Santos, Verónica Lynn, Raúl Pomares, Fernando Echevarría, Broselianda Hernández, Blanca Rosa Blanco, Daisy Granados, Kety de la Iglesia y Néstor Jiménez, y otros más jóvenes que ya han dado muestras de su calidad como Tomás Cao y Roque Moreno). Buscaba un nivel de actuación que me garantizara narrar la historia como lo había previsto en el guión. Era importante que los actores fueran capaces de resolver cualquier situación que se les propusiera, porque queríamos darle mucho espacio a la improvisación.

“Aunque los actores son muy experimentados, el equipo de realización es muy joven. Fue el primer trabajo del director de fotografía, del editor y del sonidista”.

¿Por qué el contraste?

“Para lo que yo quería hacer, necesitaba gente desprejuiciada en términos de oficio. La propuesta de Diana es muy experimental y pensé que los jóvenes son, en la mayoría de los casos, mucho más arriesgados para ese tipo de cosas”.

Siempre te sirves del horario de la telenovela para exhibir tus series. ¿Consideras que la televisión aprovecha ese espacio?

“Las series y la propia telenovela, a partir de la tradición que hay en Cuba y lo que representan para un gran número de espectadores, constituyen un espacio ideal para abordar temáticas y reflexionar sobre ellas. Este es un camino muy interesante, pero es necesario hacerlo lo mejor posible. Deberíamos hablarle al público con el lenguaje del tiempo en que estamos y esforzarnos por mejorar la calidad de las obras. En ese propósito, la responsabilidad es compartida. A veces aparecen muy buenos proyectos que no se consuman, y en esa suerte de vacío entre la pretensión y el logro, el público queda insatisfecho”.

Fuente:  Maylenis González Mirabal

Joel del Río: Páginas y dependencia

Joel del Río:  Páginas y dependencia

La telenovela brasileña Páginas de la vida nos regala un inventario de conflictos donde se combinan cuidadosamente los índices repetitivos del melodrama convencional, con algunos matices y variaciones que acercan la obra al realismo

Uno de los méritos patentes de la telenovela brasileña Páginas de la vida —demasiado parecida a su coterránea predecesora como para sorprender a alguien, aunque mejor contada, actuada y realizada— es haber incitado a miles de televidentes a repensar ciertos conceptos personales en torno a temas cardinales: las personas con síndrome Down y su posibilidad de integrarse al sistema educacional «normal», el restablecimiento de una existencia fecunda y pródiga luego de romper con las dependencias que impone la coexistencia en pareja, el sida y el celibato, el alcoholismo y la vida filial, la anorexia y el culto a la delgadez extrema, la intolerancia con el diferente, las contradicciones salvables o no entre consortes que expresan puntos de vista diametralmente opuestos...

Al igual que en su novela anterior (Mujeres apasionadas), Manoel Carlos nos regala un inventario de conflictos donde se combinan cuidadosamente, en cuanto al diseño de personajes, los índices repetitivos del melodrama convencional, con algunos matices y variaciones que acercan la obra al realismo, o al espíritu controversial inherente a las mejores teleseries contemporáneas que en el mundo han sido.

Del típico melodrama femenino y romántico que suele caracterizar los guiones de Manoel Carlos (Felicidad, Por amor, Mujeres apasionadas) esta serie presenta en veloz sucesión los personajes paradigmáticos de las madrecitas en versión sacrificada o autoritaria; hijos y padres que desconocen su oscuro origen y su vínculo de sangre; malvadas en variante trepadora, histérica o intolerante y egoísta; galán seductor e inescrupuloso y tierno e incomprendido; tres o cuatro parejas entrampadas en sucesivos intercambios como si se tratara del baile de la silla; una familia patriarcal y adinerada que reluce por su voluntad transgresora de las barreras sociales, por su generosidad y decoro, y veremos incluso a una monja enamorada de un enfermo de sida, algo así como la sublimación del amor imposible. Pero no hay que sufrir demasiado con las barreras que se les interponen, pues, aunque ignoro cómo concluye el difícil idilio, ¿acaso alguien olvidó el final en plena cama de aquel cura apuesto, joven y sin vocación, que resistió durante 150 capítulos, más o menos, el asedio erótico de una benefactora bellísima, riquísima, simpatiquísima y satísima?

Alrededor de 200 capítulos tiene esta versión internacional de telenovela concebida por el monopolio O Globo para horario estelar. Y muy fácil le resultará en Cuba ganarse a la millonada fanática con que cuenta el género, máxime cuando la producción de homólogos nacionales se ha deprimido hasta cero, y nuestra pequeña pantalla nos castiga (independientemente de sus virtudes, que también las tiene) con la insólita retransmisión de un folletín a la antigua, como Las huérfanas..., nada menos que en las frecuencias y en el canal más concurrido. Ojalá la nueva teleserie de Rudy Mora consiga sacarnos de este marasmo de redundancias y antigüedades, aunque sea durante unas cuantas semanas.

Pero nada de ello tiene que ver con la esencia de esta telenovela, que incluso en su país de origen, en la temporada 2006-2007, logró conquistar hasta un 70 por ciento de teleaudiencia (lo cual es casi un milagro en aquella nación) debido, creo yo, a que cumple con tres requisitos indispensables para una buena novela de tema contemporáneo: reajuste tendiente al realismo de los eternos conflictos melodramáticos (sin «exagerar» con la exhibición de la pobreza, la exclusión o la desigualdad), un guión fluido, balanceado, repleto de personajes sugestivos y aceptablemente diseñados, o puestos en situaciones que se ganan fácilmente la identificación de cualquier espectador y, por último, uno de los elencos más estelares vistos en cualquier telenovela brasileña que recordemos, actores y actrices consagrados y provenientes de dos o tres generaciones, para que todos y todas se solacen con sus estrellas preferidas.

La serie implica el regreso a la pantalla cubana de Regina Duarte (para mí un verdadero placer, aunque no les falta razón a quienes le critican cierta tendencia a la sobreactuación, a las muecas y «caritas» medio beatíficas, aunque varíen las circunstancias), de nuevo interpretando a una matriarca divorciada, estoica y humanitaria, alguien cuya vida cambia luego de separarse de su esposo (como en aquella irrepetible Malú), dispuesta a moverse entre dos galanes otoñales (como la Porcina de Roque Santeiro), mujer activa, capacitada, generosa, empoderada (como Chiquinha Gonzaga o la Raquel Accioly de Vale todo). Si bien el melodrama y la comedia sentimental le permitieron a Libertad Lamarque, María Félix o Mirtha Legrand presentarle a las audiencias del continente determinados cánones del comportamiento en los años 30 o 50, la Duarte se ha valido de similares géneros para modernizar el ideal femenino latinoamericano reinterpretándolo en la imagen de mujeres frágiles, tiernas e inseguras, pero también fuertes, independientes e íntegras.

No es Regina Duarte otra actriz de las que actúa bien o regular en la telenovela de turno. Ella alcanzó la dimensión del mito, de la personalidad intelectual con enorme capacidad de influencia cultural. Además de reina de la telenovela desde los años 70 hasta ahora, también ha protagonizado varias películas de cierta importancia y es poderosa presencia escénica, atenta a convertir cada nuevo trabajo en algo diferente, retador. Con todo ese aval, fue un desafío esta telenovela porque, según ha declarado, «Helena perdía una hija, y pensé que sería una de esas mujeres que no supera la crisis y se queda en el pasado. Pero ella levanta la cabeza, tiene un problema y de repente hace una broma, o se preocupa por ensanchar los móviles de su existencia. El gran reto fue la relación con Joana (Mocarzel, la actriz Down que hace de Clara). Ni siquiera ensayaba, y todas las escenas estaban sometidas a la improvisación, pero fue una experiencia maravillosa, que me permitió abrir la mente a estas personas, y comprender la lucha de mi personaje no solo a favor de su hija, sino en contra de la discriminación, el prejuicio y la intolerancia».

Sin embargo, creo que la verdadera revelación no ha sido Regina, acostumbrados como estamos a su natural histrionismo. Lilia Cabral en el papel de Marta, madre de Nanda y abuela renuente de Clara, nos entrega uno de los mejores desempeños vistos últimamente en televisión. Ella consigue trascender las engañifas gestuales y amplificaciones exteriores, y perfilar a una persona absolutamente creíble. Y si dramatúrgicamente está en la serie para jugar el papel de la desalmada, la odiosa y desnaturalizada, alguien que ha edificado su credo y su posición en el mundo a partir del hastío, el cansancio, la insatisfacción y el materialismo, la actriz consigue investir de adolorida humanidad y extraordinario poder de convencimiento a su personaje, con el auxilio de diálogos y situaciones mayormente verosímiles. (A desear que sean muy breves las apariciones semisoñadas de Nanda, y sus diálogos con la madre desde el otro mundo, porque este es uno de los recursos dramáticos más baratos, ridículos y torpes que suele emplear el guionista. ¿Se acuerdan de la niña infeliz a quien se le aparecía primero un ángel terrible, y luego la madre muerta en la infausta Mujeres apasionadas?)

En otros acápites, Páginas de la vida ostenta una firme mano rectora organizando la enorme banda (fue dirigida por Jaime Monjardim, quien también orquestó los talentos de Roque Santeiro, Derecho de amar, Chiquinha Gonzaga, Aquarela do Brasil y Siete mujeres), una fotografía que se luce en exteriores y languidece en estudio, y un montaje casi siempre dinámico, aunque tanto el montaje como la fotografía y la dirección de arte terminen subordinándolo todo a los fórceps conceptuales del melodrama, reactivado con pequeñas dosis de verismo documental.

Tanto es así que el autor del guión se ampara en «las razones del corazón», es decir, en la desmesura sentimental y lo ilógico medio verosímil, y concluye ofreciéndole a su fiel auditorio numerosos momentos de alegría y tristeza, emoción y credulidad, pero no tanto de raciocinio, lógica y desarrollo intelectual. No queda de otra que tratar de gozar con lo que estos personajes sufren, y disfrutar con máxima intensidad, eso sí, los breves instantes de excepcional animación y pericia profesional que ofrecen estas páginas, en medio de decenas y decenas de capítulos rutinarios y monótonos.

Pero la iteración es otra de las reglas inviolables de la telenovela, y a quien le moleste, como a este cronista, solo puedo aconsejarle que haga como yo, y se ausente de las frecuencias de Cubavisión un par de semanas, y se dedique entonces a otra cosa que le parezca más elevada y sutil. Luego, le pide a alguien que le cuente lo que ha pasado (la telenovela, cuando es nueva, deviene incontestable medio de comunicación interpersonal) y en el plazo de una quincena, ahí está usted volviendo al redil de Helena y Marta, y viviendo —como si de verdad lo afectaran— las emociones recreadas no solo por la Duarte y la Cabral, antagonistas inconfundibles, sino por otros muchos actores y actrices de espléndido desempeño, como Renata Sorrah, Edson Celulari y Vivianne Pasmanter, por solo mencionar a un pequeño grupo de consagrados que ratifican aquí su estelar categoría.

Y cuando uno regresa, como el hijo pródigo al hogar (¿acaso la sala de la casa, con el televisor sintonizado en la telenovela de ocasión, no es el lugar más usado para gastar el tiempo libre de la familia cubana?) se encuentra que poco importan ya las horas infinitas de diálogos insulsos, situaciones baladíes y los excesos de ñoñerías y linduras. Hemos caído en el dulce vacío de regalarle nuestro tiempo a la educación sentimental de una telenovela brasileña, a la que no le faltan, siquiera, el costado didáctico y la preocupación social. ¿A qué más?

Fuente:  Joel del Río en Juventud Rebelde

Yuris Nórido afirma que Páginas de la vida es más de lo mismo

Yuris Nórido afirma que Páginas de la vida es más de lo mismo

Bastante insatisfechos quedamos con Mujeres apasionadas como para repetir ahora la misma dosis. Sin ánimos de impugnar los criterios de selección de la Televisión Cubana (la mayoría de las series extranjeras que trasmite son más que dignas), nos parece que en esta oportunidad pudo haber escogido mejor. Ya era bastante arriesgado trasmitir una telenovela del mismo autor, el público agradece la alternancia de temas y estilos; pero mucho más desacertado resulta ofrecer una teleserie que, al igual que su predecesora, pretende disfrazar con aires de drama realista la más rancia superficialidad. Y para colmo, bombardeando al espectador con tramas alargadas hasta la saciedad, con escenas insulsas, con personajes incoherentes…

Páginas de la vida (Globo, 2006) es un ejemplo meridiano de esa teledramaturgia más locuaz que elocuente que ha caracterizado a su autor, Manuel Carlos. Una fórmula que no duda en abordar temas polémicos, muy serios, para después diluirlos en una trama sonsa, aburrida, sostenida a golpe de hueca peripecia. Mucho ruido, pocas nueces.

Lo que más molesta de Páginas de la vida son sus pretensiones de telenovela “seria”, cuando en realidad se trata de un desfile de frivolidades que poco o nada tendría que envidiar a folletines menos ambiciosos. El pecado no está en su vocación por lo frívolo –no todo puede ni debe ser trascendental- sino en pretender pasar gato por liebre. El tratamiento aquí de temas espinosos obedece más al morbo, al deseo de atrapar al público, que a una voluntad de debate.

El resultado: acercamientos tendenciosos, poco matizados, con mucho de moralina. Un ejemplo: el aborto. Lejos de propiciar una discusión seria y responsable sobre la legitimidad de esa práctica, el escritor se limita a pontificar: el aborto es malo porque sí, un crimen abominable. Claro que se puede defender desde una telenovela un criterio totalmente desfavorable al aborto, toda obra de creación auténtica responde a las concepciones de su autor. Pero una cosa muy distinta es prejuzgar, no dar cabida al disenso, sobre todo cuando se trata de asuntos polémicos, sobre los que no existe una sola verdad. Cuando Don Tide, el patriarca familiar, reprende a Sandra por la interrupción a la que se sometió en su adolescencia, no se limita a cuestionarla por un proceder irresponsable, de paso deja sobrentendido que el aborto es inadmisible en cualquier circunstancia. En boca de un personaje positivo, esa afirmación es casi palabra santa.

Otro ejemplo: cuando Elena, enfadada por lo que considera una grave discriminación, le cuenta a la enfermera que en la escuela creen que su hija necesita educación especial, la religiosa compara esa circunstancia con el hecho de que algunos hospitales no acepten a enfermos con VIH. O sea, para Manuel Carlos es igual de punible discriminar a enfermos con VIH que recomendar a los padres una educación especializada para sus hijos con síndrome de Down...

La moralidad de las novelas de Manuel Carlos es una mezcla de lo “políticamente correcto” y lo más rancio de un pensamiento conservador.

El mundo de las novelas de Manuel Carlos tiene límites bien establecidos: el Leblón, esa glamorosa zona residencial de Río de Janeiro. En Páginas de la vida, como en Mujeres apasionadas, los ricos casi siempre son esas criaturas magnánimas y adorables. Casi todos los villanos son pobres, o de clase media, gente que haría cualquier cosa por escalar. Si los ricos obran mal, es porque están confundidos o enfermos. Los villanos de corazón hay que buscarlos más allá de los márgenes de Copacabana.

Claro que puede haber ricos buenos y pobres malos, pero en el caso de Manuel Carlos esa suele ser la norma.

No nos aventuraremos a hacer un análisis definitivo sobre Páginas… Todavía queda mucha novela por delante. Han pasado casi cincuenta capítulos y las cosas están más o menos como al principio. Algunas de las historias todavía no han arrancado.

Lo visto basta, eso sí, para comprobar una vez más que una buena puesta en pantalla (incluso, bien convencional, como esta) puede llegar a sostener un libreto lleno de manquedades.

Y no hablamos de falta de pericia. Manuel Carlos es un autor habilidoso, que sabe llevar una historia, construir un personaje, mover una escena… Es más, esa misma pericia lo salva del abismo: con los mismos presupuestos de esta historia un escritor menos sagaz engendraría un producto mucho más inverosímil.

El problema de Páginas de la vida está en la falta de aliento, en el transcurrir irrelevante de sus capítulos… En Brasil, donde la mayoría del público que consume estos productos es de clase baja o media, Páginas… funciona como una fabulosa vitrina de la vida de la clase alta, como alentadora del consumo, pirotécnica catarsis… Ahí está, verdaderamente, la razón de ser de esas telenovelas.

Lo que pasa es que hay autores que, sin dejar de observar las sacrosantas reglas del mercado, buscan algo más, le otorgan más dignidad a sus creaciones. Manuel Carlos no suele estar dentro de ese grupo.    

Fuente:  Yuris Nórido.  Portal Cubasí