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La televisión que Paulina no conoció. A propósito de la Mujer y la TV en Cuba

La televisión que Paulina no conoció.  A propósito de la Mujer y la TV en Cuba
Entre los años 80 y 90 hubo en el ICRT una mujer camarógrafa. Era alta, sólida, mulata y se llamaba Paulina Sayas. Era única. Los que la conocieron - Paulina murió no hace mucho, aún joven - la definen como una presencia afable, llena de compañerismo y en extremo competente. Sin embargo, bajando la voz como suelen hacerlo los que quieren compartir un secreto vergonzoso, la mayoría concuerda en que Paulina quedó varada tras la cámara de los espacios informativos, aún cuando quería asumir programas dramatizados más complejos, sólo por su condición femenina. ¿El pretexto? Las pesadas cámaras de hasta hace unos pocos años eran difíciles de ser manejadas por una mujer.

Si algo de aleccionador y de inquietante tiene la historia de Paulina, no está en su singularidad, sino en la reflexión que su destino mueve acerca de los supuestos "topes" que las mujeres van encontrando en el trayecto de sus carreras, y ante los que bien pueden rendirse o crecerse. Y la televisión cubana, en este sentido, ha funcionado como terreno movedizo.

Por un lado existen nombres emblemáticos, incuestionables y prestigiosas figuras femeninas que surcan transversalmente décadas de quehacer narrativo (Y conste que hablo de ese plato fuerte que son, y han sido siempre, los dramatizados): Cuqui Ponce de León, recientemente fallecida, pionera, vinculada a la radio, al teatro y a la consolidación de los espacios unitarios en la televisión; Loly Buján, directora de inevitable referencia, Maité Vera, guionista incansable, con prestigio bien ganado en el universo de las series y las telenovelas, y otras veteranas aún activas y muy conocidas por varias generaciones de televidentes: Lolina Cuadras, Consuelo Elba y Xiomara Blanco.

Han sido, por décadas, las hacedoras, los ojos indiscutibles de la ficción dramática en el ICRT hecha por mujeres. Sin desdorar a otras, guionistas algunas (recuerdo a Silvia Pérez Llera, a Lucía Chiong), productoras en abundancia, maquillistas, peluqueras, diseñadoras de vestuario, otras, las más... Hay un nombre que no puede pasarse por alto, otra excepción de los viejos tiempos: Teresita Ordoqui, que con una película de sólo 60 minutos, obligado referente dentro de la historia del nuevo cine cubano, Te llamarás Inocencia, marca la segunda ocasión en que una mujer dirige ficción en nuestro país. Te llamarás inocencia fue producida en 1988 por los Estudio Cinematográficos de la Televisión Cubana, lamentablemente hoy sin flujo productivo. Te llamarás inocencia representa ese otro cine, también con valores estéticos notables, realizado por instituciones que no son el ICAIC y que merecería estar dentro de la historia del mejor cine cubano.

Sin embargo, en los últimos años, las polaridades entre realizadoras (y léase directoras, directoras de fotografía, guionistas, directoras de arte...) y sus homólogos varones han encontrado un nuevo equilibrio en la televisión. Mundo difícil pero no tan cerrado a la mujer, a diferencia de otros - y cito a Mayra Vilasis, que dijo una vez que en Cuba era más fácil para una mujer ser piloto de avión que directora de cine -, la televisión de estos últimos años se ha convertido en un terreno propicio a la expresión creativa de muchas realizadoras, algunas con la vieja frustración del cine que no pudieron hacer, otras, más jóvenes, decididas a hacer del medio tribuna y espacio para sus inquietudes, maneras, y estéticas.

Definitorias han sido la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA, que anualmente prepara y gradúa alumnas con notable desempeño en todas las especialidades relacionadas con la realización, y también la democratización que las tecnologías digitales, más asequibles y ligeras, han significado para el mundo audiovisual. Y aunque el soporte digital quizás no sea el ideal, la televisión, que hizo de este su sustento, ha abierto un camino sólido para una competente y novísima generación de directoras de fotografía, que, desde detrás de las cámaras, aportan a la obra dramática la sensibilidad y el enfoque del ojo femenino.

En opinión de Danae Diéguez, profesora de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA), "cuando hablamos de cine de mujeres en Cuba no podemos quedarnos solamente en la mirada de la industria del ICAIC, porque las realizadoras se han movido en ese y en otros espacios de realización". Y en este sentido, la televisión constituye un terreno oficial indiscutible.

Y esto no quiere decir que la mujer directora en la TV cubana no tenga todavía que enfrentar presiones, dificultades y retos. La relación con el equipo de trabajo (predominantemente masculino) muchas veces está cargada de tensiones y recelos. Muchas de nuestras realizadoras todavía perciben que la necesidad de prestigiarse con los resultados de trabajo es mayor para las mujeres que dirigen, y que debe probar antes que todo el dominio de los fundamentos tecnológicos, etc. Para otras, lo difícil es luchar contra el miedo al gheto de la mujer: demostrar que todos los temas pueden pasar por una mirada femenina, sin hacer "foco" sólo en las mujeres y sus conflictos propios. Algunas realizadoras sienten que si un proyecto requiere de un toque "sensible" en general se le recomienda a una mujer, pero no se piensa en ellas a la hora de llevar a cabo otros géneros, como acción, thrillers, etc.

No obstante, no se puede hablar de una conciencia feminista o de género en la televisión, aunque haya un cambio de perspectiva pero no cabe duda de que nuestras realizadoras, incluso las menos jóvenes, aún sin esta conciencia generalizada, transmiten una percepción propia de su género. Hay, o al menos pretendemos, una transición hacia un audiovisual diferente. Y es que muchas mujeres de nuestro medio están comprendiendo que los medios de comunicación son uno de los agentes de socialización más importantes hoy en día, cuyo discurso reproduce los planteamientos androcéntricos y sexistas que han estado presentes en discursos que utilizaban o utilizan otro tipo de soporte físico. Esto nos dice a las mujeres realizadoras que debemos aprender a mirar de manera diferente con el fin de descubrir los mensajes que la pequeña pantalla es capaz de transmitir y aprovechar nuestra mirada, ya sea femenina o declaradamente consciente de los enfoques de género, para reflejar lo que somos, y reconfigurarnos como protagonistas de nuestras historias.

La televisión tiene hoy un buen momento para encontrar mujeres realizadoras contando historias de mujeres e historias de hombres. Otro tipo de mirada. O la intención de otro tipo de mirada, que también eso vale. Parafraseando a Teresa de Lauretis, realizadoras y creadoras que "viven sus propias historias" y que no se conforman con "aparecer insertas en las historias de otros".

La lista de las mujeres que dirigen, escriben o participan en importantes aspectos artísticos del audiovisual dramatizado de ficción (dirección de fotografía, dirección de arte, edición, sonido) podría ya no ser tan corta. Muchos de estos nombres están avalados por premios nacionales e internacionales. Y detrás de la cámara, es frecuente encontrar hoy día un ojo de mujer, con toda la sensibilidad que ello implica. Los tiempos de Paulina están, por suerte, quedando atrás.

Fuente:  Elena Palacios, destacada directora de la TV cubana actual/ Tomado del sitio de la TV cubana

En producción nueva telenovela cubana titulada Aquí estamos

La nueva novela de la Televisión Cubana, titulada «Aquí estamos», está en fase de producción. Con un elenco de jóvenes actores provenientes del teatro, la mayoría debutantes, la serie aborda, en 78 capítulos de 35 minutos cada uno, temas acuciantes y actuales de nuestro país bajo un criterio desenfadado, moderno y honesto.  La novela está escrita por los actores Hugo Reyes Rodríguez -también codirector- y Alfredo Pérez Contreras -asistente- y dirigida por Rafael González Figueroa, «Cheito».

«Tratamos muchos asuntos actuales con la serenidad y el deseo de que los problemas se resuelvan, y por su enfoque crítico, podría ser polémica. Actúan en la novela los integrantes de un grupo de teatro que por primera vez están ante las cámaras de la televisión. Pedro -encarnado por Enrique Bueno- organiza ese colectivo y guía sus análisis y manera de filosofar sobre la vida cotidiana», expresó su director.

El elenco joven, según reflexiona el director, está apoyado por actores de experiencia como Alina Rodríguez y Enrique Molina. Aún la obra no está lista para salir al aire, pero cuando se haga, va a gustar y será recordada».

«La novela tiene una carga erótica y poética mayormente implícita, aunque hay muchos besos en ella y nos parece que si la gente se besara más, habría menos guerra», expresó Alfredo Pérez, uno de sus escritores

Según los creadores, con la serie no intentan cambiar, proponer nuevas estéticas o revolucionar el curso de la telenovela cubana, sino que busca la emoción y el análisis de los problemas que aborda.

En general los personajes trabajan en parejas, y no se definen como negativos o positivos, pues todos ellos, según sus dos escritores, son «un poco diablos y un poco ángeles».

Fuente:  LUIS HERNÁNDEZ SERRANO / Fotos: Mónica Digat/ tomado del sitio de la TV cubana

Reconocen que la serie Malú mujer cambió estética de la televisión brasileña

Reconocen que la serie Malú mujer cambió estética de la televisión brasileña

SAO PAULO.— A 30 años de su estreno, la serie Malú mujer fue reconocida como un hito que revolucionó la estética de la televisión brasileña, al introducir temas hasta entonces esquivados en la pantalla doméstica, como la igualdad de género y el respeto a la diversidad sexual.

El crítico Luiz Felipe Carneiro refrescó la importancia de aquella realización protagonizada por Regina Duarte y concebida por el director y dramaturgo Daniel Filho.

El recordatorio sirvió aquí también para que muchos melómanos redescubrieran la calidad de una banda sonora encabezada por el tema Comenzar de nuevo, de Iván Lins y Víctor Martins, interpretado por Simone.

La balada fue entregada primero a otra notable cantante brasileña, María Bethania, pero esta se hallaba a punto de concluir la grabación de un álbum y le era imposible abordar el compromiso.

En la voz de Simone, Comenzar de nuevo no solo identificó la innovadora serie televisual, sino que se situó como uno de los éxitos musicales más resonantes en una época en que la malograda Elis Regina reflejaba las esperanzas de las familias separadas por el exilio forzado de la dictadura con el tema El borracho y el equilibrista, de Joao Bosco y Aldir Blanc; Gilberto Gil copaba la radio con Realce; y Chico Buarque componía la canción de apertura del filme de Caca Diegues Bye Bye Brasil.

Fuente:  Granma

Rudy Mora contraataca: No me gusta la simple complacencia

Rudy Mora contraataca: No me gusta la simple complacencia

Tele y Radio, en seguimiento a la polémica promovida por la teleserie Diana, publica ahora este material, con el que Juventud Rebelde quiso conocer los puntos de vista de su realizador, a propósito de las disímiles interrogantes de quienes, a favor o en contra, opinan sobre la teleserie Diana.  Hace pocos días, el propio Juventud Rebelde, en su sección Frente al Espejo, publicó un fragmento de la opinión del periodista Waldo González López , quien afirma que se ha desatado una campaña en el mundo artístico contra Diana...¿?

Rudy Mora:  No me gusta la simple complacencia

Siempre la presencia de una nueva teleserie en la pantalla chica da de qué hablar entre los espectadores cubanos. Un elenco de lujo, protagonizado con maestría por Fernando Hechevarría vestido con el traje del sujeto común —con carencias, imperfecciones y, sobre todo, asediado por conflictos cotidianos—, nos va acercando a la Cuba de hoy, sin barnices ni atuendos de más.

Luego de transcurridos varios capítulos de Diana, muchos de los que se enfrentaron con escepticismo y desagrado a la nueva propuesta estética de Rudy Mora van encontrando razones para seguir cada lunes, miércoles y viernes, los encuentros y desencuentros de sus personajes. Juventud Rebelde quiso conocer los puntos de vista de este realizador, a propósito de las disímiles interrogantes de quienes, a favor o en contra, opinan sobre Diana.

«Ha sucedido igual con proyectos anteriores, la inquietud inicial caracteriza los criterios, y creo que sucede por hacer uso de un horario predestinado históricamente a un producto determinado. Doble juego, La otra cara y Diana tienen otros intereses. No parten de una clásica historia de amor y sus amantes idílicos. Los personajes no son tan encantadores, ni tan negativos, no cuentan en tres capítulos de una semana tipo solo uno o dos sucesos importantes, no utilizan panorámicas y bellos paisajes, por solo mencionar signos vitales del género. Y esas diferencias con el producto telenovela que normalmente habita las nueve de la noche, alimentan la inquietud. Cuando con una propuesta que busque honestidad y verosimilitud trastocas el idilio del espacio, inevitablemente produces rompimiento.

«Muchos se cuestionan por qué el personaje de Fernando es gago, aun conociendo que se ubica en una serie. ¿Y por qué no puede serlo? ¿No son seres humanos iguales que otros? ¿Por qué no pueden existir en nuestros protagonistas personajes que cojeen y solo aceptarlo en un excelente Dr. House? ¿Por qué no otra discapacidad? ¿Qué lo impide? ¿Por qué debe ser “asombrosamente” hermoso? Ese ha sido el primer grito: necesitaba representar a un hombre sin grandes virtudes externas, que no tiene en cuenta un impedimento para luchar, soñar y amar como cualquiera; un ciudadano común».

Diana se ha enfrentado a los cuestionamientos de quienes prefieren inequívocamente la complacencia. A más de uno se le oye decir que para ver nuestra cotidianidad solo es preciso vivirla, y que esperan encontrar en el horario de las nueve de la noche las clásicas historias de amores contrariados que terminan en desenlaces felices, hermosos rostros y alucinantes escenografías.

Sin embargo, a Rudy Mora, siempre transgresor en sus propuestas, no le molesta el rechazo de algunos y aprovecha nuevamente las circunstancias en que se desenvuelven sus personajes para trazarnos historias que resultan tan comunes que cualquiera de nosotros podría vivirlas en estos momentos. Para ello acude a movimientos de cámara y encuadres que pocas veces vemos en nuestra televisión, sonidos ambientes y montajes paralelos.

—¿Qué te motivó a acercarte al gran tema que guía la teleserie?

—El tema central es la familia cubana y el elemento movilizador es la problemática de la vivienda. Como parte integrante del tema se aborda la incomunicación, la intolerancia y el enfrentamiento intergeneracional.

«Creo que la fragmentación familiar divide, mutila y, por ende, muchas cosas dejan de funcionar bien. Defiendo la unidad, la amistad y la familia, no solo la dada por nexos de sangre, sino que abogo por el diálogo. De esa suma de intereses nació la motivación.

«Este tema central pudo ser abordado desde otras aristas, pero cualquiera sobre la familia resulta profundamente compleja, de modo que tener más de una dirección en un mismo proyecto resultaba complicado de afrontar. Me decidí por el menos tratado en el audiovisual nacional y que tiene tela por donde cortar».

—¿Prefieres correr el riesgo de no ganar a la teleaudiencia en los primeros capítulos e irlo logrando con el paso del tiempo?

—Todos sabemos que no existe una sola manera de expresar, ni una única propuesta estética y conceptual; la libertad creativa permite reformular tendencias en función de un objetivo. El lenguaje audiovisual en Diana es una expresión fusionada de la que muchos realizadores en el mundo se sirven. En tiempos cercanos, la Televisión Cubana transmitió una serie argentina que sirve de ejemplo, Jacker, y en la actualidad transmite K-ville, una serie norteamericana producida actualmente. Ambas muestran discursos no convencionales, alternativos según la tradición, pero tienen diferencias a pesar de la sintonía. Diana no está sola..., lo que sus parientes y amigos están distantes.

«Nada en ella es experimental, hace diez años lo fue, hoy es una opción, no hay juego a ultranza porque la responsabilidad de un mensaje implica respeto. “Mayoritariamente” el espectador nacional padece de cierta desinformación sobre otras tendencias “para” la TV, aunque sin dudas es inteligente. Por lo general la TVC fabrica, divulga, y por tanto se consume un tipo de producto “más-menos único” que atenta contra la pluralidad, aunque las razones de no hacerlo estén justificadas.

«Las posibles rupturas con Diana tienen que ver con esto aunque no descarto errores artísticos, pues creer que hacemos una obra perfecta impediría el esfuerzo por lograrlo. A partir del capítulo ocho de Doble Juego y transcurrido el asombro de los primeros siete, el público fue encontrando el atractivo individual. Con Diana no es posible saber si sucederá igual, pero observo los inicios de un proceso similar aunque paulatino y diferente, mas aún son solo señales. Muchos expresan que Fernando ya no es tan gago y que la cámara no tiene tantos movimientos, sin embargo, no ha cambiado la propuesta, ni Fernando es otro personaje.

«Hay que trabajar duro por conseguir un alto nivel de esteticidad, de arte, actoral, de puesta. Es decir, entregar buena factura. Claro, teniendo en cuenta nuestras condiciones productivas. El rigor es el vaso comunicante que permite o no la conexión con la historia, que es lo más importante. Si no se cree en lo que se ve, entonces no hay nada. El equipo de Diana se preparó para los cien puntos, sueña aprobar con 70 y está esperando por la calificación».

—Vemos una edición que es poco común en los materiales transmitidos por nuestra televisión. ¿Qué persigues con ella?

—La edición en Diana pretende reflejar la dinámica de este tiempo, mostrando su energía desde la esencia, los comportamientos y las irreverencias. Me interesa decir lo que siento, reflejar lo que veo y opinar de lo que creo, para eso necesito de todos los recursos posibles, y el montaje es una herramienta importante.

«No me propongo la moda audiovisual, ni llamar la atención con ganchos visuales, como algunos creen, y menos hacer un educativo de la “supuesta modernidad”. Con la decisión de transmitir un producto “atípico” en el espacio Telenovela el reto fue inmenso e hicimos uso de cuanto creímos útil a partir de un concepto definido. También creo que Diana constituye una opción estética para el público, así como un gran paso de avance a favor de la diversidad... a pesar de los pesares».

—La teleserie cuenta con un excelente elenco. ¿Es esta una carta de triunfo?

—Casi todo el casting está compuesto por actores de gran calidad porque la puesta lo requería: utilizaría largos y complicados planos secuencias en set estrechos, de interiores a exteriores y viceversa, con incorporación de muchos otros elementos, y el planteamiento escénico tomaría del teatro, o sea, había que resolver escénicamente lo que sucediera e incorporarlo a la situación dramática. Por ejemplo, así fue en la caída de las maderas en la escena donde aparecen Broselianda Hernández, Jorge Treto e Isabel Santos. Necesitaba actores con mucha experiencia, de lo contrario hubiera sido imposible. Fue un lujo haber trabajado con ellos.

«Participaron también jóvenes con personajes importantes, como Roque Moreno, quien interpreta a Felipe, el hermano de Fernando; Tomás Cao con su Juan Carlos, y Yohana Pozo en Daniela, entre otros. La labor con estos actores fue doblemente intensa, pero rica. Al contar con grandes de la escena, ellos por los consejos, y yo por el apoyo, recibimos mucha ayuda».

—Igualmente has estado vinculado a un equipo de trabajo muy joven. ¿Cuánto te aportó esto a la teleserie?

—En contraste con la experiencia actoral y la alta profesionalidad, gran parte del equipo de realización era joven, gente que por primera vez se estrenaba en la punta de las especialidades y en un proyecto de complejidad. Ese fue el caso del director de fotografía Héctor (Papito) García, quien además realizó la corrección de imagen; el editor Daniel Diez; el operador de cámara Raúl Verdecié, del telecentro Tunas Visión; el sonidista..., un área en la que más deficiencias quedaron, para lo cual contamos posteriormente con el apoyo de Koki Caraballo.

«Como parte de mi equipo tradicional no dejó de estar la imprescindible Emma Robaina como directora asistente, profesional de mucha experiencia a la que me une gran amistad y fuertes vínculos de trabajo, además del talento y empeño extra de Juan Carlos Rivero, quien compuso toda la música y realizó una labor minuciosa de adaptación en cada capítulo.

«¿Por qué un equipo predominantemente joven? Necesitaba talento desprovisto de la rigidez que en ocasiones da el oficio añejo y polvoriento del medio. En Diana se proponían soluciones formales que para los integrantes de la conservadora escuela de la TV, para algunos teóricos reales y para otros de pasillo, eran errores imperdonables. Necesitaba gente con muchos deseos de trabajar y sobrepasar las dificultades».

—¿No te molestan las posiciones encontradas sobre Diana?

—Estoy feliz de que suceda. La polémica nacida de un resultado es estimulante y no trabajo para que solo se apruebe sin un más allá o acá. De lo contrario, ¿qué estamos haciendo? No me gusta la simple complacencia, pocas veces voto por los términos medios y me interesan mucho los criterios antagónicos, siempre que sean inteligentes. Nunca pienso en un público amorfo que toma la TV como sus zapatos deseando que le guste, le quede bien y no le dé molestias. Pensar en que solo debo entretener me conduciría a la desintegración como creador.

Fuente:  Yarimis Méndez Pupo/Juventud Rebelde/ • cultura@juventudrebelde.cu

En pantalla la serie televisiva Mucho ruido, dirigida a los jóvenes

En pantalla la serie televisiva Mucho ruido, dirigida a los jóvenes

Mucho ruido, serie dirigida por Mariela López Galano, que refleja la temática de los jóvenes, ya fue estrenada, a las siete de la noche, por el Canal Tele Rebelde.    Según Claudia Alonso, en un material que inserta el sitio web de la televisión cubana, el elenco lo integran actores, que aunque poco conocidos, muestran talento y voluntad.
 Maité Vila y su hermano Ricardo tuvieron a su cargo el guión de la obra, de 30 capítulos, que podrá ser vista los lunes, miércoles y viernes, desde este lunes hasta el mes de octubre, informa el portal de la televisión cubana.
 Según la fuente, la realizadora Mariela López Galano, desde el primer momento aceptó el reto de dirigir el serial, y escogió este, referido a la juventud, por la carencia de este tipo de series de factura nacional.
 Considera, además, que luego de "un bombardeo de series extranjeras," se hacía ya necesario reflejar en la pantalla lo concerniente a la juventud cubana", y no desaprovechó esta oportunidad.
 La serie cuenta con un elenco integrado por 16 jóvenes, entre estos Néstor Jiménez Jr., Fabián Mora, Rubén Araujo, Clara, González, Lupe Navarro, Marlon López, Rachel Cruz, Arianna Núñez, Ingrid Cruz, Hany Valero, Samira Fernández y Reinier Díaz.
  El casting se hizo a través de una convocatoria abierta, de ahí que la mayoría de los intérpretes salieron de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y del Grupo Olga Alonso.
  De acuerdo con lo reseñado por Claudia Alonso el tiempo de filmación fue de dos meses, unas veces en el campismo y otras en algunas casas del reparto Santos Suárez, del municipio 10 de octubre.
 Luego de esta propuesta, Mariela López, adelantó que detrás de Mucho Ruido vendrá otra serie, también juvenil, Flores con Patricia, de la cual prefirió no anticipar detalles.

Fuente:  Teresita Jorge, AIN.

Tres interesantes revelaciones en una misteriosa madriguera

Tres interesantes revelaciones en una misteriosa madriguera

Bajo la sugestiva denominación de La madriguera del conejo blanco, este martes 11 de agosto, tuvo lugar la premiere de este teledrama de la Televisión Cubana, con guión y dirección de Elena Palacios, en la Sala Adolfo Llauradó, en la calle Línea, en el Vedado, que encierra muchos atractivos y tres revelaciones.

Entre los atractivos destacan un elenco artístico, digno de amplios reportajes periodísticos; la urdimbre de una obra del género fantástico donde de seguro el «fantasma» más apasionante es la propia historia que se cuenta; y entre las tres revelaciones se cuenta la presencia y actuación de igual número de muchachas jóvenes que se parecen en sus diferencias y son distintas en sus semejanzas, tanto en el físico como en sus espiritualidades.

Ellas encarnan los personajes de Lissette (Indira Mora), Marina (Mónica Digat), y Lilia (Linnet Vidal), quienes, según confesara a este portal la creadora del telefilme de una hora de duración, la joven Elena Palacios, «hacen en esta obra fílmica de la pequeña pantalla, un debut profesional al duro y sin guante».

La también asesora de estos materiales televisivos de la División de Programas Dramatizados, puso énfasis en declarar que «los tres personajes femeninos principales -adolescentes- son lindas, alumnas de onceno grado de preuniversitario, pero asediadas por conflictos diferentes».

Explicó también Elena que es la primera vez que el citado trío de actrices encarnan en una obra con personajes grandes y de fuerte protagonismo. Y recalcó que mientras Indira Mora (Lissette) y Linnet Vidal (Lilia) en anteriores momentos hicieron algún pinino televisivo muy modesto, una de ellas, Mónica Digat, venció ahora en Marina, con un éxito rotundo, en un debut absoluto, puesto que jamás se había enfrentado a una cámara.

«Ellas -comenta la autora, guionista y directora- son bellezas individuales distintas, y con esta premiere del día 11 perseguimos el objetivo de presentarlas, darlas a conocer, mostrar tres nuevas caras de la Televisión Cubana, y evidenciar que son, no obstante su juventud, tres buenas actrices en potencia, en fin, tres revelaciones».

Confiesa, igualmente Elena, que la premiere servirá «para hacer un reconocimiento a todo el equipo de trabajo y al elenco artístico que han hecho posible esta pequeña película para la televisión, que no es otra cosa que el mal llamado «teleplay», que significa en inglés guión televisivo y que debe ser denominado mejor «teledrama o telefilme».

Según las propias palabras de la directora de La madriguera del conejo blanco, su telefilme cuenta una historia fantástica (cargada de realidades de la vida) de tres adolescentes que enfrentan, sienten y sufren determinados conflictos existenciales, a partir de una casa misteriosa de la playa que el arquitecto - padre de una de ellas - ha de convertir en un moderno restaurante.

El teledrama, que saldrá al aire el próximo 22 de agosto, a las cinco de la tarde, por el Canal Educativo, como parte del espacio «Una calle, mil caminos», de la División de Programas para Niños y Jóvenes de la Televisión Cubana, exhibe entre sus grandes atractivos el hecho de que en la misteriosa casa a la que las tres adolescentes entran por distintos motivos, se suceden tiempos paralelos de presente, pasado y futuro que se mezclan audazmente.

 La madriguera... tiene un elenco artístico, que además de las tres actrices debutantes, suponen una calidad profesional que promete gustar al más riguroso de los televidentes. Lo integran Héctor Echemendía en el papel de Juan Lima, viejo de la zona, enamorado toda la vida de la dueña de la casa misteriosa; Miriam Socarrás, en Berta Elena, la propietaria del inmueble encantado; Yerlín Pérez, madre de la adolescente Lilia; Deysi Quintana, madre de la otra estudiante, Marina; Armando Tomey, el padre; Carlos Luis González, un muchacho al que conocen en la playa.

Además Sandy Marquetti, como Pablo, novio de Lilia; Rafael Ernesto Hernández, nieto de Juan Lima y enamorado de Lissette; Abelardo López, Freddy, padrastro de Lissette; Carla Teuteló, en el papel de Lissette cuando era niña; Daliana Mckennes, madre de Lissette; y Noika Armas como Ángeles, la tía de Marina.

Parte de la calidad, interés, curiosidad, amenidad, valor artístico y audacia de este teledrama, obedece a la ayuda y aportes que brindaron a Elena Palacios en el trabajo de mesa, los ensayos y las filmaciones de numerosas escenas y locaciones, jóvenes muy profesionales que ella considera como «mi mano derecha».

Nos referimos a Johanys Labrado (productora general), Oyaine Blanco (asistente de dirección), Heiking Hernández (directora asistente), Llasmín de Armas (también asistente de dirección), y Yanay Araúz (la directora de fotografía).

«Algo para mí muy importante que no debe soslayarse es que me preocupo mucho por defender al género femenino, aunque me tilden de "feminista" y que siempre defiendo también la "multiracialidad" en la televisión y en el cine. Por eso, precisamente cinco de los actores son mestizos e Indira Mora, la Lissette, protagonista principal de La madriguera del conejo, es una vistosa, alegre y autóctona mulata cubana», dijo Elena Palacios al concluir nuestra entrevista.

Fuente:  Luis Hernández Serrano / Fotos: Mónica Digat
En la foto que acompaña este trabajo, los jóvenes actores, de izquierda a derecha, Rafael Ernesto Hernández, Linnet Vidal, Indira Mora, y Carlos Luis González.

Pedro de la Hoz: "La visualidad de Diana amenaza con ser tan retórica como aquella de la cual se distancia"

Pedro de la Hoz:  "La visualidad de Diana amenaza con ser tan retórica como aquella de la cual se distancia"

Veinticuatro horas después del comentario de Pepe Alejandro Rodríguez, en Juventud Rebelde, el conocido crítico Pedro de la Hoz, de Granma, se sumó a la polémica sobre la teleserie Diana, que trasmite Cubavisión en el horario de la telenovela cubana.  El artículo se titula:  Mensajes sobre Diana

pedro.hg@granma.cip.cu

Diana, la teleserie que se transmite actualmente en el espacio destinado por Cubavisión a la novela cubana, está en boca de muchos y no precisamente para ponderar virtudes. Cartas y mensajes llegan a nuestra redacción plagados de insatisfacciones. Las colas, las paradas de ómnibus y las barberías son testigos de tertulias encrespadas.

Por respeto profesional no soy de los que aventuran un criterio antes de ver la totalidad de una producción seriada. Se corre el riesgo, para bien o para mal, de anticipar juicios no definitivos que pudieran variar con el desenlace.

Pero en esta ocasión vale la pena, al menos, poner sobre la mesa de discusión dos aspectos recurrentes en la avalancha crítica: el reflejo de situaciones cotidianas de la contemporaneidad cubana y la estética de los realizadores.

Hay quienes se cuestionan la crudeza con que se exponen los conflictos principales en la obra. No es que nieguen su existencia real, sino sacan cuentas acerca de si es admisible que un espacio de ficción, privilegiado como opción de entretenimiento, muestre un rosario de problemas agobiantes, los mismos que padecen.

De otro lado están los que se desconciertan y marean ante el vertiginoso uso de la cámara, los planos interrumpidos por el paso de transeúntes y la edición crispada.

El primer problema nos coloca frente a uno de las más añejas disyuntivas de la creación artística y literaria: hasta qué punto la realidad tiene derecho a inmiscuirse en la ficción y en qué medida esta última refleja los contornos y las esencias de aquella.

No existe, lo sabemos, ni siquiera en documentales y testimonios, una correspondencia total. Siempre el creador elige, sesga, reacomoda datos y los reelabora a partir de sus premisas conceptuales y la pericia con que maneje sus herramientas expresivas. Diana es una apuesta realista, en tanto intenta captar y transmitir situaciones y conflictos, valga la redundancia, reales, pero al mismo tiempo, por voluntad expresa de Rudy Mora, el tratamiento de la imagen dista de responder a las convenciones televisuales. De modo tal que todo pasa por el filtro de la subjetividad del guionista y director. Una subjetividad que, a todas luces, pretende evadir el relato sociológico, la previsibilidad psicológica, la metafísica entre causas y efectos y la pedagogía sentimental. Si lo logra o no es otra cosa; habrá que ver si al final consigue que trascienda su pensamiento artístico hasta conquistar a un espectador que se siente por ahora confrontado y esquivo, o si la serie queda varada en lo que George Eliot afirmó siglo y medio atrás, "dar una fiel representación de las cosas vulgares".

Por supuesto que el lenguaje tendrá que ver con la ganancia o no de ese espectador. Mora también fue explícito en una entrevista concedida a la colega Paquita de Armas: "Mi reto ha sido tratar de aprehender diversidad de recursos expresivos, y recomponer ciertos conceptos clásicos porque creo que siguen siendo útiles. (¼ ) No comparto la diferenciación entre el llamado 'lenguaje del clip' y otros lenguajes porque, como en casi todas las artes, la fusión eliminó las líneas divisorias entre los géneros puros. Es cierto que el clip aportó formas de expresión, pero estas engrosaron definitivamente al lenguaje audiovisual y hay muestras de ello en obras maestras. Mi manera de filmar y la de otros realizadores de mi generación, tiene del clip internacional pero también, por ejemplo, del estilo fotográfico del cubano Jorge Herrera y de mucho más".

Lo preocupante no es esta profesión de arte poética sino su exacerbación. Por lo visto hasta el momento la visualidad de Diana amenaza con ser tan retórica como aquella de la cual se distancia. Y eso pudiera arruinar la serie.

Fuente:  Pedro de la Hoz, en Granma

Sigue la polémica: Pepe Alejandro sale en defensa de "Diana", en Juventud Rebelde

Sigue la polémica: Pepe Alejandro sale en defensa de "Diana", en Juventud Rebelde

El conocido periodista José Alejandro Rodríguez (Acuse de Recibo, Juventud Rebelde) se suma a la polémica en torno a la teleserie Diana, dirigida por Rudy Mora y nos entrega su comentario, en el que afirma:  "mis respetos discordantes para quienes, adaptados a las fórmulas preconcebidas de la telenovela estándar, se sienten molestos con la factura de esta serie".  Aquí les entrego su trabajo titulado: En la diana

Más de un cubano ya está recreando sus propios conflictos familiares y sociales ante la serie Diana que, dirigida por el agudo buceador de realidades Rudy Mora, transmite Cubavisión los lunes, miércoles y viernes.

Frente a tanto narcótico audiovisual que se ofrece como pan caliente, Rudy y su equipo ya han obrado el milagro de inquietar y estremecer a ciertos sensibles cubanos, sin los falsos maquillajes ni los tramposos señuelos de quienes moldean «hamburguesas» televisivas, fácilmente digeribles para adocenados «hambrientos» de sorpresas y asombros.

Claro que para gustos se han hecho los arcoíris: ante todo, mis respetos discordantes para quienes, adaptados a las fórmulas preconcebidas de la telenovela estándar, se sienten molestos con la factura de esta serie, que aboga por lecturas más hondas y ciertos desasosiegos visuales, de ediciones, montajes y atmósferas alejados del trillo audiovisual.

Este opinante al paso no pretende lidiar con los autorizados diagnósticos de los críticos de arte. Solo como cubano que siente y palpita, subraya la audacia mayor de la serie: espejear zonas conflictivas de nuestro tejido psicosocial, retratarnos en algunos de nuestros fracasos, tristezas y obstáculos; también —por qué no— en los sueños y blindajes sentimentales de este pueblo increíble, que siempre emerge de sus dramas.

Entrampados como muchas veces estamos entre el paradigma social —tan justo y humanista— y aquello que alguien llama la «verdad verdadera», la trama de la vida y de la calle tal cual es y no como quisiéramos, los cubanos necesitamos, precisamente para acercarnos a aquel ideal, ejercicios artísticos de tanta honestidad y transparencia como el de Diana.

Solo mirando hacia las conexiones que establecemos en nuestras intimidades, puertas adentro del hogar, la familia, el barrio y los amigos, podemos armar el rompecabezas de nuestra complicada interrelación sociedad-familia-individuo, que no es armónica ni lineal y presenta retrocesos y reflujos, como nunca lo sopesó aquel realismo socialista que nos encerraba en una virtual burbuja ideológica.

Diana nos ilustra con realismo crispante las mezquindades y los turbios pasadizos adonde pueden conducirnos las carencias y límites de la sociedad; y al propio tiempo, las grandezas y virtudes que pueden prevalecer en esos mismos seres, a ultranza de los agobiantes imponderables.

Pero en su crudo registro, y con una belleza que se valida no precisamente en el edulcoramiento y la asepsia, la serie, con sus casas desaliñadas y rincones hacinados de tanta inquietud, nos susurra sin moralinas que la salvación siempre estará en el amor y la sinceridad. En esa amistad a prueba de todo entre un anciano que, como viejo roble, renquea de pesares en sus ramas genealógicas, y el joven que tartamudea ante los sinsabores, pero lucha y no se desploma, con pocos vientos a favor.

«Esta es la vida», reza el estribillo de la canción tema. Así únicamente, mirándola de frente y sin lentes acomodaticios, podremos asumirla y mejorarla. Aferrados solo a lo que debiera ser; ciegos y sordos, no podremos dar en la diana de Cuba.

Fuente:  José Alejandro Rodríguez, en Juventud Rebelde digital.