Maria Valero: La gran dama de la Radio en Cuba
Una mujer que desde el surgimiento mismo de la Radio fue un mito de profundo arraigo popular, refugiada española y gran dama de las hondas hertzianas.
Desde su surgimiento, la Radio se adueñó de la banda sonora que acompaña nuestras vidas... A través de ese sonido descubrimos imágenes que se van agrandando hasta convertirse en verdaderos mitos de profundo arraigo popular.
El 26 de noviembre de 1948 se produjo la tragedia que arrebató la vida en flor de uno de esos ídolos que sin embargo los jóvenes de su tiempo supieron perpetuar. Recuerdo que Germán Pinelli decía: Ante una multitud enorme que colmaba todos los ámbitos del panteón en que fue enterrada ella, ante aquella montaña olorosa de flores, dije: Es María Valero, la refugiada española que se convirtió en la gran dama de la radio de cuba. Sol Pinelli tenía un recuerdo muy especial: La conocí en la Cadena Azul, cuando protagonizaba La Novela del Aire. Que encantó, gran amiga y mujer. Una criatura muy sencilla que en ningún momento se envaneció por la capacidad de su trabajo, ni por el amor que el público le tenía. Era una voz que llegaba a todos.
De sus antepasados paternos heredó el nombre, la sensibilidad y la vocación que le permitió con sólo 8 años sentir la influencia de la escena, a los 15 debutó como profesional en el Teatro Fontalba. A la muerte prematura del padre se alejó de la vida artística y la Guerra Civil la sorprendió cuando profesaba como enfermera en el Hospital Obrero de Madrid.
En 1935. María Luisa Laffita había llegado a España como exiliada con su esposo Pedro Vizcaíno, Lugarteniente de Antonio Guiteras, asesinado en el Morrillo por órdenes de Fulgencio Batista el 8 de mayo de ese mismo año. En plena Guerra Civil, conoció a María Valero. Así la recordaba: Empezamos a hablar de Cuba y ella entonces nos dijo que tenía familiares residentes acá. En Madrid especialmente se quiere mucho al cubano, no un poco, muchísimo entonces no me extrañaba el que ella hablara tan bien de Cuba, que le gustaría mucho venir aquí y demás. Como refugiada viajó a Francia en 1939 y desde allí embarcó en el buque El Flandre hacia la capital cubana, ciudad que había visitado en 1932. En la Habana, mágica, con sus noches bulliciosas de cafés al aire libre, los paseos por el Prado y el Malecón... residía su tía, la conocida y siempre recordada actriz Pilar Bermúdez.
Ya en Cuba en una entrevista para la serie La mujer opina, María Valero expresó: En efecto, he vivido la guerra de mi país dos años y diez meses por imperativo de mi profesión de enfermera que entonces se hizo militar. El primer año fui enfermera de la retaguardia. El final de la guerra lo pasé en el frente, con el ejército.
De la guerra se sale con rasguños, cicatrices en el cuerpo y algunas en el alma. Pero se saca un espíritu más fuerte y sano. Me enorgullezco de haber sido útil a mi país, y estoy dispuesta a serlo, si el caso llegase a esta querida tierra que considero ya mi segunda patria. Aquí llegó María con sus lozanos 27 años y sus recuerdos, con la nostalgia por la casa y la calle donde vivía, por las plazas y los lugares madrileños consagrados por la leyenda.
Aquí llegó cubierta con su gran mantilla negra y el cofrecito donde guardaba con amor aquel puñado de tierra madrileña, que la premura de la evacuación no le impidió traer consigo para que la acompañara siempre. En ese período La Habana era una plaza rica en actrices de gran calidad en la radio y en el teatro, por lo cual no me fue fácil ascender tan rápidamente. Empecé a trabajar en la radio, donde después de muchos tropiezos por el problema del acento, vino el triunfo y con él me entregué por entero a esa modalidad artística. En 1941 llegó a la Habana Nicolás Rodríguez, actor cómico de fama en Madrid.
Con María se pasaba las horas rememorando a su tierra, el Teatro de la Comedia donde se conocieron. Casi enseguida Nicolás formó una compañía en La Habana. Y los Teatros Principal de la Comedia, América, Apolo, se vistieron de gala con las presentaciones que tuvieron a María como figura femenina principal. No me fue difícil encontrar a personas que vivieron profundamente esta época. Una de ellas Domingo Piñero, canario de nacimiento y cubano de corazón. Yo era estudiante de medicina y pertenecía al Teatro Universitario. No me perdía ninguna presentación teatral importante.
Disfruté de aquellos dramas y comedias que hacía la compañía de Nicolás Rodríguez, de la cual María Valero era la primera actriz. Nunca se me olvidará la Doña Inés que hizo María del Don Juan Tenorio de Zorrilla. Era una importante actriz teatral, pero años más tarde trabajando para la radio llegó a convertirse en la primera dama de la radio en todas las radionovelas del país. Su historia artística fue vertiginosa, pero su nombre quedó como una leyenda en la historia de la Radio Cubana. Debutó en Radiodifusión O’Shea, con la dirección artística de otra gran figura radial, Marcelo Agudo. P
oco tiempo es suficiente para llegar al cotizado cuadro dramático de la firma Sabatés Sociedad Anónima, donde asida del brazo de un galán de moda, Ernesto Galindo, formó la pareja romántica que durante años hizo suspirar a jóvenes y mayores. Ellos son los que por vez primera en la radio cubana personificaron a Doña Bárbara y al Santos Luzardo de la obra de Rómulo Gallegos, a través de La novela del aire, espacio que comenzó a transmitirse por la RHC Cadena Azul a las 8:30 de la noche, el 26 de marzo de 1941, con guión y dirección de dos glorias también de la radiodifusión, Caridad Bravo Adams y Luis Manuel Martínez Casado. Para ampliar sus actividades aceptó la proposición de Radio Lavín y al lado de Ernesto Galindo y Mario Barral, creó el programa Barral, Alta-Comedia.
Al convertirse en la voz femenina más cotizada del mundo artístico, la firma Sabatés le ofreció un contrato de exclusividad, que sólo le permitía trabajar en programas patrocinados por una de las dos firmas más importantes del país. Más tarde, en 1945, María logró lo que ninguna actriz, ni otra figura radial: el Circuito CMQ, ponía en sus manos un contrato de seiscientos pesos mensuales, una fortuna para la época. Con ello pretendían arrebatar la audiencia de la Cadena Azul.
Fue así, victima de la absurda guerra de los magnates radiales y de las firmas patrocinadoras, como quedó deshecha la pareja romántica más prominente de la radio de Cuba en la década del cuarenta: Ernesto Galindo y María Valero. El 1ro. de abril de 1948, salió al aire El derecho de nacer, novela de Félix B. Caignet, que rompió el propio récord que tenía el autor, con su Chan Li Po. Esta novela que dirigió Emilio Medrano alcanzó el extraordinario rating del 50:63 %, inédito en la radio mundial hasta ese momento. Cuentan que en los cines se detenían las películas, para transmitir el audio de la radionovela y las calles se quedaban desiertas a las 8 y treinta de la noche.
Le pregunté a Xiomara Fernández, actriz, Premio Nacional de Radio: ¿Cual es el primer rostro que recuerda de las personas que compartían el estudio de radio durante la transmisión de El derecho de nacer.? Bueno: María Valero que desafortunadamente falleció. Era muy buena compañera, una gran actriz. Amiga y compañera. Aquello fue una cosa muy lamentable. A partir de 1942 la Crónica Radial e Impresa (ACRI) distinguía cada año a los artistas más sobresalientes del país. Ese año y desde 1944 hasta 1947 el honor de Primera Actriz lo obtuvo María Valero, primero desde la RHC Cadena Azul y más tarde en el Circuito CMQ, lo que validó su designación como Gran Dama de la Radio de Cuba.
El 25 de noviembre de 1948 este paradigma del escenario artístico realizó su última actuación. En el capítulo 199 de El derecho de nacer culminó, también, el postrero capítulo de su vida, segada en su plenitud, cuando una vez que venció las dificultades estaba llamada a reinar en el mundo difícil del arte durante muchos años. Marta Jiménez Oropesa, Premio Nacional de Radio, nunca olvidaría aquel día. La noche del 25 de noviembre de 1948, jueves, lo recuerdo bien porque es mi cumpleaños, habíamos terminado de transmitir en el folletín Hiel de Vaca la novela del autor español Pedro Mata, Un grito en la noche.
Y en ese capítulo el protagonista masculino que hacía de pareja de María Valero había muerto en un accidente automovilístico y ella había tenido que llorar mucho, bueno, es decir Rosario, como se llamaba su personaje en esos días, tu sabes que estaba el embullo por ver el cometa y un grupo de actores y actrices se disponían a ir a las cuatro de la mañana a la Avenida del Puerto donde decían que se veía mejor el cometa. Y como eso era la madrugada del 26 y el 25 había sido mi cumpleaños, pues me invitaron y les dije: no, otro día, otro día voy y no fui. La escritora y publicitaria Mirta Muñiz, fue testigo excepcional: El accidente sucedió cerca de las cinco de la madrugada y fue tan rápido, que no les dio tiempo a nada. No sé cómo ni por qué María se había adelantado unos pasos sin percatarse de un auto que venía a gran velocidad. Todos quedaron muy afectados, fundamentalmente su primo, el primer actor Eduardo Egea, eran grandes amigos.
He revisado de nuevo la prensa de la época y entre tantas reseñas, quiero destacar, la que encontré en la Sección Escenario y Taller, del periódico Información del 27 de noviembre de 1948. Sentida crónica del poeta y dramaturgo Luis Amado Blanco: Iba a mirar una estrella, una estrella errante, de esas que pasan sin dejar más rastro que su cola de luces esplendentes. Iba a mirar tan sólo eso, un rastro de Dios por la alta bóveda. Y se quedó ya para siempre mirándola, destrozada por una brutal coincidencia, rotas su voz y su mirada, donde dormían tantos lejanos y ajenos infortunios. Enrique Núñez Rodríguez, fue acreedor de los Premios Nacionales de Periodismo, Humorismo y de Radio.
Comenzó como escritor en la radioemisora más importante de Cuba, el 27 de noviembre de 1948. Cuando fui a Crusellas el día 27 por la mañana estaba todo el mundo muy alterado por la muerte de María Valero y decidieron suspender la programación de por la noche. Entonces como yo estaba allí y era escritor, me pidieron que les escribiera a los actores de Crusellas las palabras que iban a decir, porque en vez de transmitir un programa, iban a transmitir directo desde la funeraria. Y lo curioso es que yo escribí aquellos textos no sin pena por la muerte de María Valero, pero yo tampoco la conocía muy de cerca. Pero por la noche cuando estaba oyendo a los actores decir mis textos entonces fue cuando se me salieron las lágrimas por Maria Valero, porque lo decían con una fuerza tremenda lo que yo había escrito como una tarea. Y recuerdo a Santiesteban, a Minín Bujones, a Marina Rodríguez, Eduardo Egea, Ernesto Galindo, grandes figuras de la Radio.
Heredera de un apellido ilustre del teatro español, nació en Madrid, en 1912, María de los Dolores Valero Sisteré. Cincuenta y cuatro años atrás, el 9 de abril de 1858, en el madrileño teatro Novedades, su bisabuelo el primer actor José Valero, protagonizaba Baltasar, drama bíblico en versos. Estreno al que asistieron la autora, Gertrudis Gómez de Avellaneda y los Reyes de España. Germán Pinelli, fundador de la Radio y la Televisión cubana y Premio Ondas al mejor locutor de habla hispana, la recordaba así: Yo tenía una amistad especial con María Valero. A mí me gustaba el carácter de María Valero.
Un poco seca, daba la sensación de no tener amistad con nadie. Pero cuando tenía amistad con alguien era fiel en su amistad. Una mujer elegante, bella en conjunto. No tenía un rostro que llamara mucho la atención, pero una apariencia personal muy bonita. Yo admiraba en María la voz extraordinaria, imponía su maestría absoluta como actriz. Por un día de cumpleaños mío me escribió una tarjeta que decía: Al único hombre que me comprende sin preguntarme.
Una cosa muy bonita, yo hablaba con ella en su mismo tono. Yo seguía el tenor de su conversación, pero nunca le pregunté. Sol Pinelli reafirmaba: Ella tenía una personalidad muy recia. Alta, se arreglaba muy bien, eso sí, muy dulce, pero cuando hablaba era tan suave. Una voz tan bonita. Lo que le faltaba de belleza física, la tenía moral. Su cadáver fue expuesto en la antigua Funeraria Caballero, en plena Rampa Habanera. El pueblo que despidió a su ídolo desfiló durante horas y más horas en una manifestación taciturna desde el Malecón habanero por toda la calle 23 y por la calle 27 hasta la calle M. El entierro fue una manifestación de duelo. El pueblo se unió a los artistas que la acompañaron a pie desde M y 23 hasta el Cementerio de Colón. Los fotógrafos de la época dejaron el testimonio de su última impresionante imagen, cubierto su cabello y su bello rostro maltratado, con la gran mantilla negra que trajo de España. Con ella su cuerpo roto, sin vida, besó la tierra cubana aquel día detenido en la memoria de los que eran jóvenes y adolescentes el 28 de noviembre de 1948:
Pasarán años y más años, pero su voz, que tanto les hizo estremecerse, tendrá un suave y romántico eco en sus oídos. Y alguna adolescente de hoy, dirá ya abuela, el día de mañana... como aquella María Valero que se fue una noche tras la cola misteriosa de un cometa, yo no he oído ninguna. Su voz llegaba dentro, muy adentro; tan adentro, que después de tantos años, aún la recuerdo como ayer.
Tomado de: http://www.radiocubana.cu/historia/la_memoria_radial/maria_valero.asp
Fuente: Sección: En la memoria radial. Del Portal de la Radio Cubana.
A cargo de la Lic. Josefa Bracero Torres
Es difícil encontrar en una sola persona tantos merecimientos. Quien no conozca la verdadera génesis, pudiera pensar que son virtudes de muchos que se sintetizan en él, como suele suceder cuando en la ficción se trata de presentar a un héroe cuya vida transita por tantos y diversos momentos. Pero Manolo Ortega Romero, pertenece a la realidad, al contexto de una isla pequeña sobre la que se alza un pueblo grande. Es de verdad un héroe, un Héroe del Trabajo de la República de Cuba, que llega al mundo en la provincia de Ciego de Ávila el 28 de noviembre de 1921 y muy pequeño marcha con su familia a la patria de sus padres. Por ser de la estirpe de hombres que antepone la justicia a su bien personal, combate por la República Española en la guerra civil... Más tarde es un soldado clandestino en la lucha contra la tiranía que oprime y desangra a su suelo natal. A partir de 1959 con devoto altruismo se entrega a la obra de la Revolución en Cuba. Además de su brillante carrera profesional, sitúa al servicio de su pueblo la entusiasta participación como machetero voluntario en incontables zafras y su disposición de dar lo más preciado que el hombre posee por la causa a la que consagra su disciplina y fervor patriótico como fundador del Batallón 120 de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Como profesional del habla es poseedor de un estilo depurado, una impecable dicción y un sello personal que marcan una trayectoria artística, iniciada en 1939 a su regreso de España y lo hace en la radioemisora CMCA, en un programa de orientación política llamado La hora de la juventud. Después incursiona en la CMBF de la avenida del Prado, la CMZ del Ministerio de Educación y Radio García Serra, la que abandona para incorporarse a la radioemisora del Partido Socialista Popular, la Mil Diez, que sale al aire el 10 de marzo de 1943 para marcar un momento trascendental en la difusión radial del país y puede, no obstante sus cinco años de vida, ser un reflejo preciso del quehacer cultural y político de la nación y un proyecto logrado al exponer lo mejor y más valioso de la cultura universal en todas sus expresiones. Manolo fue una de las valiosas voces que prestigió a la radioemisora que deviene orgullo nacional. Allí interviene como locutor en disímiles programas: informativos, musicales, infantiles, dramáticos. Según sus propias palabras, la Mil Diez es su verdadera escuela. Allí se desenvuelve también como escritor de un programa humorístico que se transmite de lunes a viernes y que él llama Radio Locuras. Lo hace hasta que llega a Mil Diez Marcos Behmaras, y basta que escriba un libreto para que Manolo le diga "de ahora en adelante lo escribes tú". Dos momentos singulares de su paso por esta radioemisora lo constituyen su actuación junto a Ibrahím Urbino como narrador de pelota. En una ocasión nos muestra un ejemplar del Periódico Hoy donde se recoge su selección como "novato del año" en la narración deportiva. Allí también se vincula a los máximos exponentes del feeling José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Elena Burke, y compone tres o cuatro canciones, que según expresa se las interpreta Marta Justiniani. Cuando las firmas Bacardí y Hatuey le brindan una fiesta de despedida en ocasión de integrarse al canal Televisión Revolución en 1960, Elena Burke lo sorprende gratamente al interpretar una de aquellas canciones. Cuando en 1948, el régimen de turno allana y clausura la Mil Diez, Manolo encamina sus pasos hasta la COCO de Guido García Inclán y participa en el programa de sátira humorística Cuba en llamas, con el cual debuta en la radio Enrique Núñez Rodríguez. Posteriormente trabaja en la radioemisora CMBF cuando ya ésta pertenece al Circuito de la CMQ y se encuentra en el edificio de Radiocentro, allí se desenvuelve durante dos años como locutor de cabina. Recuerdo que de forma jocosa manifiesta que para presentarse a las pruebas de admisión en la televisión, tiene que pedirle a un amigo que le hiciera un traje, con la promesa de pagarle sólo si conseguía aprobar la plaza como locutor. Y el sastre le manifiesta: "entonces no tendré problema para cobrar". Fundador del canal 6 de la televisión y como tal está presente en el primer programa que de forma experimental se transmite el 18 de diciembre de 1950 con el título Tensión en el canal 6, que tiene un guión de Marcos Behmaras. El 5 de enero de 1951 señala el momento de su aparición como locutor exclusivo del Noticiero CMQ, que patrocina la cerveza Hatuey con su compañero Enrique Navarrete. Después asume funciones de locutor comercial en otros programas estelares de la televisión como Cabaret Regalías y Aquí todos hacen de todo, que patrocinan los cigarros Regalías el Cuño y el detergente ACE. A su calidad y carisma se une el arraigo popular Manolo Ortega, una de las primeras figuras de la locución comercial en la pequeña pantalla, en junio de 1960, renuncia a ser locutor exclusivo de CMQ Televisión y de una poderosa firma cervecera como la Hatuey, para pasar a trabajar con mucho menos salario al Canal 2. En aquel momento expresa que abandona la locución comercial para "rendir un servicio de mayor utilidad práctica al actual momento cubano" Efectivamente, en Televisión Revolución, nuevo nombre del canal 2, Manolo tiene entonces a su cargo importantes actividades, entre otras, la de moderador del programa donde comparece regularmente ante las cámaras, el Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, Doctor Fidel Castro Ruz. El rostro familiar de Manolo, portador de una recia personalidad y una voz profunda, bien timbrada y dicción impecable llega a cada hogar cubano, en las dos emisiones del Noticiero Nacional de Televisión que inaugura, junto a Eddy Martín, el 2 de noviembre de 1961, y en el cual se mantiene durante más de veinticinco años. Cuando recorro el país siento que Manolo está presente en decenas y cientos de escuelas, viviendas, fábricas, que durante los primeros 25 años de Revolución se yerguen orgullosas como testimoniantes inigualables. Y es que por allí pasa Manolo, para dejar su palabra, su señal, cuando actúa como locutor de los momentos más notables y como presentador del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Dr. Fidel Castro Ruz. Sus amplios conocimientos los brinda a los más jóvenes que abrazan la profesión, desarrollando una imprescindible y hermosa labor pedagógica con las nuevas generaciones de profesionales del lenguaje. La Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier, el Premio Nacional de Televisión por la Obra de la Vida, la condición de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, son algunos de los lauros que tratan de reconocer la trayectoria de una sola existencia, que bien pudiera constituir la historia de varios héroes. Cuando escribo estas cuartillas llega a mi memoria una ocasión del aniversario 50 de la televisión, que visité y saludé a cuatro glorias del medio: Consuelo Vidal, Margarita Balboa, Miguel Ojeda... y al languidecer la tarde, nos recibe en el Reparto Atabey Manolo Ortega. Lo acompañaba "Estrellita", Hortensia Soto, la misma que un día de 1947 llega a la Mil Diez, respondiendo a una convocatoria de damitas jóvenes para recibir clases de Alfredo Perojo, Paco Alfonso, Ricardo Dantés y Manuel Estanillo. Allí conoce a Manolo, simpatizan y unen sus vidas en 1951. La recordada popular conductora de un programa "Amigo y sus amiguitos" que los adultos de hoy siempre mencionan como referencia del buen quehacer televisivo para la niñez, la dulce "Estrellita" este día 24 de octubre de 2000, nos hace anécdotas de magia real-maravillosa. Estrellita me habló sobre su unión de más de medio siglo con alguien que, más allá de su trayectoria en la Radio primero y en la Televisión desde su inicio, es un padre, un esposo, un amigo y vecino ejemplar, amante de su jardín y las orquídeas que gusta cultivar. Sus compañeros y el pueblo que lo quiere y admira, saben además, que el 22 de octubre de 2003, al retirarse de la escena, cae el telón tras un hombre sencillo, revolucionario sin tacha, capaz de inmolarse por una causa justa en cualquier lugar donde florezca una injusticia, todo un hombre de nuestra cultura.
Con la prematura muerte, a los 73 años de edad de Orlando Quiroga el periodismo de espectáculos en Cuba e Iberoamérica pierde una de sus figuras antológicas y la televisión nacional a uno de sus más encumbrados guionistas. Quiroga falleció, como consecuencia de una dolencia hepática, según dió a conocer la Dirección de Promoción y Eventos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Este consumado escritor, que destacó en la sección de espectáculos de la revista "Bohemia", entrevistó a grandes personalidades del arte y la farándula como Sara Montiel, María Félix, Lucho Gatica, Liberace, Carmen Sevilla, Lola Flores y Pedrito Rico, entre muchos otros. A su labor periodística sumó la de guionista de televisión en programas como Música y Estrellas, Buenas tardes y De la Gran Escena, por citar algunos. Silvio Rodríguez, la más alta expresión de la Nueva trova cubana, reconoció que Quiroga, junto a Manolo Rifat, lo contrataron con tan solo escucharle para su primera incursión televisiva, precisamente en Música y Estrellas, recién desmovilizado del Servicio Militar. El autor de "Sueño con serpientes", destacó hace años en una entrevista que someterse al escrutinio de Quiroga y Rifat y ganar la pelea en sus años iniciales, para él fue motivo de orgullo. Por su parte Beatriz Márquez agradece que Orlando Quiroga le haya endilgado el sobrenombre de "La musicalísima", con aquel olfato privilegiado que siempre el periodista tuvo para el talento nuevo. Desde los años 50 hasta su deceso, no existió acontecimiento del espectáculo que este agudo reportero no registrara con oficio, galanura, oportunidad y anticipación. Orlando Quiroga pertenece a la gran escuela del periodismo del arte de la Isla, junto a Fray Candil, Don Galaor, Francisco Pita Rodríguez (Pacopé), Gonzalo Palacios y Sara Hernández Catá. Este autor dejó un sello marcado por la elegancia, la sencillez y la rapidez periodística. Como colaborador de Prensa Latina, la redacción cultural de esta agencia de noticias nunca olvidará cómo Quiroga tuvo preparado en cuestión de horas, por encargo, un artículo inédito sobre María Félix, durante la estancia de La Doña en Cuba. En ese texto estaba la experiencia, la rapidez, el dato desconocido y la excelencia propias de un hombre apasionado y consagrado al trabajo. De su labor literaria destacan los libros "Nada es imposible" (1996, memorias), la novela testimonial "Muñecas de cristal" (1998) y la investigación El habano rojo" (2003) en la que recreó la historia del tabaco torcido cubano en la Revolución de 1959 que abrazó con fervor. Fuente:
Antonio Victor Pera Quintana (22 de Noviembre de 1923-25 de Julio del 2004) no sospechó aquel 2 de Febrero de 1939, cuando inició su vida profesional en la Radio santiaguera, que dedicaría su vida a la locución, primero en los ámbitos radiofónicos y luego en los televisivos. “Comencé en la CMCK (1400 Khz.) una emisora muy pequeña en la que el locutor era, a la vez, el operador del transmisor, del control y de la cabina. Cuando terminaba la transmisión, tenía que cerrar la puerta y llevarle la llave al dueño que vivía al lado; cuando sonaba el teléfono ponía un disco suficientemente largo para atender las llamadas”. Allí en su amada Santiago, recorrió también entre otras la CMKC y la Cadena Oriental de Radio , que comenzó teniendo como planta matriz a la CMKW y que luego instaló repetidoras en diferentes lugares del país y finalmente lo hizo a la inversa, es decir desde La Habana. “Al principio fui comentarista deportivo en el Noticiero Onda Oriental, no entendía el deporte pero con los recortes de periódico hacia los comentarios como si fuera un experto”. En Cadena Oriental de Radio, estuvo hasta finales de 1948, compartió con artistas que luego brillarían en las Artes Escénicas cubanas, como Juan Carlos Romero (entonces director del cuadro dramático), Salvador Wood, Yolanda Pujols y Rafael Linares. En los escritores se destacaron Eduardo Riera y Gabriel Coderch. Pera hacia allí de actor, escritor y narrador. Al culminar 1948, la Cadena Oriental de Radio decidió fundar en Santiago de Cuba, una pequeña emisora, Reloj del Aire, 800 Khz., (similar a Radio Reloj) y Pera fue nombrado su director. “Duró dos años, transmitía desde las 6 a.m. hasta las 12 de la noche. La planta introdujo adaptaciones técnicas, entre ellas el metrónomo electrónico. En bloques de una hora ofrecía comerciales y noticias, que generalmente redactaban sus propios periodistas. Allí también laboró ocasionalmente Yolanda Pujols, junto a su hermana Carmen que se formó allí como locutora, por azar, pues era recortadora de noticias. El Pendulazo, Sección critica, fue famosa, por la denuncia a problemáticas sociales publicadas en la prensa”. Por años, Pera animó, un destacado programa musical donde amenizaba como Director de Orquesta Chepin-Choven, cuya boda se transmitió por Radio. Asistían artistas procedentes de La Habana y otros contratados. El pianista acompañante se llamaba Luis Mariano Carbonell (Premios Nacionales de Humorismo y Musica 2003), declamador devenido, después “El Acuarelista de la poesía antillana”. En 1954 vino con el elenco de Cadena Oriental de Radio, a la emisora matriz de la Cadena en la capital, sumándose como una más a la treintena de emisoras que transmitían acá, lideradas por CMQ. Antonio Pera en esa época simultaneó su labor en el Circuito Nacional Cubano –CNC- (hoy Radio Rebelde) como narrador de Radionovelas, entre ellas: “La virgen de las lomas” (1954), “Taguari”, (escribía Francisco Pazos y protagonizado por Rolando Leyva, quien también había sido uno de los originales “Tres Villalobos”). La serie por varios años compitió con “Leonardo Moncada” (escrita por Enrique Nuñez Rodriguez, Premio Nacional de Radio 2002), y de larga data en la historia de las aventuras radiales cubanas. En octubre de 1955, la prensa lo calificaba así: “Buen animador, voz, dicción, sentido comercial, ha ganado calidad como locutor. No es el animador mas popular de La Habana, porque no ha hablado por CMQ, sino que lo hace por Cadena Oriental de Radio”. En Marzo de 1958, ingresó a la TV, cuando devino fundador del Canal 12 habanero (Telecolor) con los noticieros de la Revista Informativa. Después del triunfo de la Revolución en 1959, junto a Eddy Martin (Premio Nacional de Televisión 2003) fue designado locutor del Frente Independiente de Emisoras Libres –FIEL- que tenía su planta matriz en el Canal 2 Telemundo, allí ambos hacían noticieros televisivos. Antonio Pera, fue junto a Manolo Ortega (Premio Nacional de TV 2003), uno de los fundadores del Noticiero Nacional de Televisión, trinchera donde por décadas protagonizó el buen decir de la información cotidiana a nuestro pueblo y asumió la presentación de significativos eventos políticos desde cualquier lugar de Cuba. En la década del 60, fue además narrador de aventuras televisivas y animador de Desfile de la Alegría, el estelar musical de la pantalla cubana. Llegó a la docencia antes de jubilarse y también a los jurados de Festivales Radiales y Televisivos, labores que llenaron su tiempo, cuando llegó el nominal retiro laboral. Adalid del buen hablar en los Medios, no hubo curso, taller y conferencia en provincias, en la sede central de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba –UNEAC-, o en cualquier foro, donde no sumara adeptos para el profesionalismo de la locución cubana. Su magisterio vivo llegó a las Comisiones de Evaluación, a la tutoría de proyectos docentes y la enseñanza a las nuevas generaciones. Su hablar sosegado no revelaba su energía insospechada. Siempre cortes y caballeroso, fiel a la Revolución, a su familia, a sus amistades, a sus colegas. Antonio Victor Pera Quintana, se mantuvo en acción hasta el momento mismo de enfermar. Poco tiempo después partió dejándonos un ejemplo perdurable.Fue galardonado con el Premio Nacional de TV-2004. “Lo mas preocupante es la corrección del habla. Todo el que se dirige a través de los medios de comunicación masiva es un comunicador, pero depende mucho de su cultura y de su reserva de vocabulario para llegar a la gente. No se pueden decir disparates”. Bibliografía 1.- Entrevista personal a Antonio Pera 2.- www.radioreloj.cu 3.- Bracero, Josefa. Rostros que se escuchan. Letras Cubanas, La Habana 2002.
Tengo el honor de conocerlo personalmente en los primeros años de la década de los 70 y a partir de ese momento, me corresponde el honor de trabajar a su lado en algunas oportunidades, entre ellas en la animación del Concurso Adolfo Guzmán de 1979. Se forja una amistad muy bonita, que incluye a su esposa María, hasta el día de su desaparición física, victima de un cáncer fatal, a principios de la década de los 90. Su nombre forma parte del patrimonio de la radio nacional, a la que llega en 1939 para engrosar las filas de los llamados anunciadores - porque se limitan a leer anuncios comerciales y presentar números musicales. Cuando en Septiembre de 1940 la profesión adquiere personalidad más definida y se establece el título oficial de locutor de radio, José Antonio Cepero Brito es el primero que accede a examinarse y al ser aprobado, se le otorga el título, no sabemos por qué, con el número cinco.. Siempre afirmaba que era el primer artista de la familia, para enseguida soltar el cascabel de esa espontánea, contagiosa y característica risa, al decir de Enrique Núñez Rodríguez, "un hombre que usaba una guayabera por dentro" . Llegar a ese oficio no fue fácil, porque aún adolescente y durante tres años es fogonero de locomotoras en el Central Washington, para más tarde desempeñarme como oficinista en el ingenio Estrella, en Camagüey, hasta que dos años después, en 1939, viene para La Habana en busca de nuevos horizontes y trabaja como técnico de placas de acumuladores, a la vez que va introduciendo en las emisoras de radio chiquitas, haciendo suplencias. El gran momento que lo ubica definitivamente como locutor y animador llega el 19 de diciembre de 1945 cuando lo llama una de las emisoras más importantes de la época, la CMQ de Monte y Prado, que lo establece en una plaza fija como locutor exclusivo. Cuando surge de forma experimental CMQ televisión, el 18 de diciembre de 1950, se convierte en uno de los fundadores, aunque después por algún tiempo sólo se dedica a la radio, porque los dueños del Circuito CMQ querían que hiciera ambas labores por un mismo salario. Tiempo después lo vuelven a llamar y acceden a su justa demanda. Como le dice al periodista Tony González Martin en una entrevista que publica la Revista Bohemia el 27 de mayo de 1988 "Eran tiempos en que había que imponerse a base de calidad y uno tenía que exigir muy bien sus derechos, porque además si me enfermaba o perdía condiciones, me quedaba en la calle y no tenía las garantías de las que todos gozamos hoy". Por su validez como locutor asume con calidad depurada las distintas facetas de la profesión, lo mismo locutor comercial, que narrador de novelas, locutor de noticieros, moderador de paneles y una donde se distingue sobremanera, la de ANIMADOR. Una de sus características que recordamos es la cantidad de anécdotas que de forma jocosa siempre tiene a flor de labios. Cierta vez en que animaba un espacio pagado por una firma de café, ocurrió que a fin de año los dueños le enviaron como "regalo" dos paquetes de su producto. "Ante tamaña ridiculez, se los devolví con una nota donde les manifestaba que yo lo anunciaba, pero que no lo tomaba, pues prefería otro de superior calidad. Se insultaron y reclamaron ante la emisora. Me sacaron del programa, pero sus ventas comenzaron a decaer y pidieron que yo volviera. Les exigí el doble del salario, ni un "kilo" menos y aceptaron. Cuando regresé una compañera me preguntó por qué yo cobraba el doble que ella. Mi respuesta fue sencilla, "Tú tomaste café y yo no". Cuando triunfa la Revolución Cubana, se alinea en su columna y se le ve vestir con sano orgullo el uniforme verde olivo de las milicias. Al producirse la intervención del consorcio CMQ, es una de las voces que se levantan en el Teatro Martí, la noche del 13 de septiembre de 1960, para denunciar los programas políticos alentados por los dueños, los hermanos Mestre, para sembrar la confusión y atacar a la Revolución. Al señalar los momentos más importantes de su extensa carrera artística su memoria se devela para volver la mirada a los primeros años de la década de los sesenta del pasado siglo cuando su voz acompaña los actos más significativos del país o aquellos días gloriosos de abril de 1961, cuando nos informa el curso de los combates por la Patria y al final la noticia que conmovió a la nación y al mundo ¡ Ha caído Playa Girón! Esos son instantes indeleblemente grabados en la memoria de los que vivimos aquellos días, que se trasladan de una generación a otra. Entre los programas que cuentan con su animación depurada, culta, elegante y alegre, ocupan un lugar cimero en el recuerdo del pueblo su Detrás de la fachada, al decir de Cepero Brito, su programa más popular, el que lo ubica en el corazón de la gente y el que le da la posibilidad de trabajar al lado de la excelente animadora y amiga, Consuelito Vidal. Y Escriba y lea, el más querido, del que es fundador. El que más lo obliga y enseña, y porque entre tan prestigiosos panelistas siempre se siente muy bien... Recuerdo cuando tengo el alto honor de compartir la animación de la Gala Esperando el 26 en Camagüey en 1977 haciendo pareja con él y le pregunto para despejar una duda – Es verdad que los doctores llegan a las respuestas correctas por sus conocimientos o es un montaje para que no decaiga el interés del programa? – Y Cepero me responde " en la completa seguridad que los doctores son personas muy cultas y estudiosas, pero también puedes estar segura, que el más documentado sobre los temas de cada programa soy yo" y soltó su risa. Y seguidamente ofrece su magisterio, que lo ubica entre el selecto grupo de profesionales de la voz más importantes del país. "La locución depurada– dice Cepero – se puede lograr con buena voz, dicción y técnica, sin embargo la animación es otra cosa, hay que tener agilidad mental, no se puede descuidar el estudio sistemático, porque se requiere de una cultura amplia, buen nivel de información, ser capaz de asumir cualquier situación sin un guión y hacerlo mejor que si estuviera escrito. La animación es el escalón más alto de la locución y de la actuación ". Al preferir y elevarse hasta ese estadio, José Antonio Cepero Brito integra la trilogía de los irrepetibles junto a Germán Pinelli – el animador cumbre – y Consuelito Vidal. Figuras que coinciden en el tiempo para juntos hacer brillar las ondas radiales y la pantalla de los televisores y perpetuarse en el corazón de su pueblo.