Blogia
Tele y Radio

Televisión

TV cubana cambia horario de transmisión de El Internado

TV cubana cambia horario de transmisión de El Internado

En una nota difundida minutos antes del Noticiero estelar, la TV cubana anunció que teniendo en cuenta los criterios de la población en relación con el contenido de la serie  y las opiniones expresadas por la prensa, se decidió cambiar el horario de salida al aire de El Internado para los martes, miércoles y jueves, por Tele Rebelde casi al final de sus transmisiones, luego de Universidad para todos. 

El pasado domingo en el diario Juventud Rebelde, el columnista Luis Luque opinaba: "...en España —donde ha sido un éxito—, la serie se pasa en TV cuando los niños ya deben estar roncando, al filo de las 10 de la noche. ¿Por qué aquí no se procedió igual?".

¿A esta hora y con ese… Internado?

¿A esta hora y con ese… Internado?

Mientras intenta huir de un lobo mañoso que la persigue por entre las malezas, una hermosa muchacha «casivestida» —o lo que es lo mismo: «muchidesnuda»— cae de un árbol y va a parar a los brazos de alguien que pinta de galán. Con este disparo de arrancada, echa andar la trama de la aventura —¿dije «aventura»?— que los televidentes cubanos, incluidos niños y adolescentes, ya están viendo de lunes a viernes, a las 7:30 p.m.

Hablo de El Internado, una serie española sazonada de ingredientes para adultos que, en su primer capítulo, nos deleitó el tímpano con estos bocados: «¿Te importaría quitar las manos de mi c…?» (dicha por la angelical belleza del inicio); «lo tiene agarrado por los h....» (frase para referir que un personaje masculino está enamorado de otro, femenino); «sus consejos se los mete por donde le quepan» (mmm, sigamos, sigamos…); «esto está en el c… del mundo» (para señalar lo remoto del dichoso colegio, en medio de un bosque), y así por el estilo.

¿Malas palabras? Bueno, tal vez sería mejor decir «mal horario». Sí, porque en España —donde ha sido un éxito—, la serie se pasa en TV cuando los niños ya deben estar roncando, al filo de las 10 de la noche. ¿Por qué aquí no se procedió igual?

Ah, no. Aquí va a la hora en que deberían recibir una ración de Salgari, o del Juan Quinquín de Feijóo, para recrear después la imaginación en cosas positivas, irse a la calle con dos palos a batirse como el Corsario Negro y Sandokan, y ganar en cultura universal.

Por cierto, ya que hablo de la hora, no se me escapa que los filmes de la noche sabatina siempre nos advierten: «Sexo, violencia y lenguaje de adultos». ¡¿Y por qué nadie se ha molestado en colocarle ese aviso a una serie que viene «sazonadita» en estas cuestiones?!

Bueno, pues el menú trae sangre a borbotones, cadáveres en descomposición, experimentos con niños, vocabulario «del bueno», ¡y mucho más! A estas alturas, ¡oh, mundo «moderno»!, y pregunto desde la indignación, ¿alguien duda de la habilidad persuasiva de la TV, de su poder para formar patrones de conducta? Las imágenes que se avecinan, ¿son las que queremos que «disfruten» nuestros hijos?

Sin muchas vueltas, solo puede achacarse tal situación a una falta de empatía. A la falta de visión de algunos para ejercitar un momentico la memoria, ponerse en el lugar de un menor, y averiguar qué preferirá: si un aventurero encapado liándose a puñetazos con un bandido pata de palo —clásica escena en la que el primero siempre vence—, o una trama de terror en toda regla.

Incluso, más allá de ponderar gustos, hay que preguntarse qué le conviene al niño. Recuerdo que una vez, con 12 años, compré la entrada «por fuera» e intenté entrar sigilosamente en el cine Acapulco para ver El hombre lobo en Londres, y perdí el dinero, pues yo no tenía ni bozo para engañar a la acomodadora. El filme era para mayores de 16, y no por gusto estaba categorizada así.

Hoy, sin embargo, los crímenes del pobre hombre lobo parecerán de Filminuto, en comparación con lo que trae El Internado, ¡que «los pequeñines de la casa», como dicen algunos melosamente en TV, estarán ya «disfrutando»!

Dicen que quien siembra vientos… Y he ahí una amarga semillita.

Fuente: Luis Luque Álvarez/ luque@juventudrebelde.cu/Tomado de Juventud Rebelde digital

Llega a la prensa polémica por el animado Yu Gi Oh, del canal Multivisión

Llega a la prensa polémica por el animado Yu Gi Oh, del canal Multivisión

No era de extrañar: el artículo publicado por Juventud Rebelde el pasado domingo, titulado De Yogui a Yu Gi Oh, avivó una polémica que ya andaba por las calles de todo el país. Para ser sinceros, han sido mayoritarias las opiniones que salen en defensa del animado que transmite la Televisión Cubana por su canal Multivisión, las cuales coinciden en que «la serie tiene muchas cosas positivas, que enseñan a los que la ven»; contrario a lo que argumentan otros, como Eduardo Hidalgo:

«Le cuento que en el seminternado de mi niña, acá en Las Tunas, vi a un niño agredir a otro por causa de esos juegos de carta del serial. En los centros estudiantiles no se debería permitir que se lleven estos juegos y, más aún, no se debieron vender nunca».

A su coterráneo Roberto Santiesteban —esta vez de Puerto Padre—, educador y padre de un niño de siete años, lo que más le preocupa es que «en el interior del país nuestros hijos tienen muchas menos opciones recreativas que en la capital; solo la televisión. Es inmensa la cantidad de programas similares a ese que la TV muestra, pese a todo lo que se discute en los congresos de la UPEC, UNEAC, etc.; y a lo mucho que se habla del rescate de nuestros valores».

Danyer Columbié Sour reconoce que hace unos días se sentó a ver algunos capítulos. «Quería conocer esa serie de la cual mi hermano de ocho años y muchos niños más son fans. No tuve que ver mucho para darme cuenta de que en ella se percibe un espíritu de violencia, de tensión, que, todos sabemos, influyen y moldean la conducta, máxime cuando se es niño. Hace mucho que estoy observando una tendencia en los dibujos animados actuales: promover actitudes en los más pequeños que, a la larga, redundan en violencia, desobediencia, y otros valores negativos que se alejan de lo que deben aprender y desarrollar nuestros nenés».

Sin embargo, son muchos más quienes aplauden la salida de Yu Gi Oh por la pantalla doméstica, como sucede con Armando Prado Pérez. Para este lector, Yu Gi Oh, independientemente de los torneos de cartas que convoca, «nos enseña el valor de la amistad y la fidelidad. Yugi renuncia al dinero que gana en la competencia para darlo a uno de sus amigos para operar a su hermana, nos muestra el valor de la honradez al expresar que no debemos hacer trampas para tratar de obtener el triunfo... Además, se dice que lucha contra las fuerzas del mal que pretenden dominar el mundo que, por lo que se ve, estas fuerzas son todo lo negativo que existe en nuestro mundo actual».

Adrián Echenique González, estudiante de 3ro. de Ingeniería Industrial de la Universidad Central de Las Villas, considera que en este caso se «juzgó al libro por su portada, sin antes leer su contenido». «Quisiera aclarar que en esta serie el tema central es la amistad por encima de todo. (...) Por lo tanto, esta debe ser vista no solo por los niños, sino también por los adultos en momentos en que al mundo se le olvidan valores tan importantes como la amistad, el compañerismo y el amor. Yu Gi Oh combate el individualismo, la prepotencia, el afán desmedido por la victoria, la codicia, entre otros males que intentan apoderarse de nuestra sociedad y que aquejan a muchas otras. Brinda cosas positivas que están muy por encima del simple y vano entretenimiento».

Más y más argumentos

Veintitrés años tiene la santiaguera Natacha Aroche Victoria, licenciada en Optometría y Óptica, quien se autoproclama seguidora de los dibujos animados y, en general, de la TV. «Vi a Yogui, a los muñes rusos, que en mi infancia me gustaban, pero ahora me doy cuenta de que eran un poco patéticos y bien feos, y no daban un mensaje. (...) Debemos estar conscientes de que vivimos en el siglo XXI, donde Internet ha superado el correo electrónico, donde ya los discos de pasta casi ni se escuchan y son los CD, las mp4, los DVD y otras tecnologías, las que la juventud prefiere. (...) Pienso que lo que necesitan los pequeños es buena televisión y cosas que los entretengan, y no tantas aventuras donde ellos ni se creen las peleas ni la acción que realizan sus protagonistas. Los niños necesitan televisión educativa, instructiva. Pero también animados y películas que sean modernas, cómicas y que tengan ese toque de acción sana y de superfantasía».

De María Josefa León Ochoa son las reflexiones que pudieran resumir el sentir de muchos de los que enviaron sus comentarios. María Josefa considera que el artículo de marras «subestima a nuestros niños al creer que su fértil e inagotable imaginación se pueda ver perturbada con las “acciones violentas” en que incurren los protagonistas de los dichosos duelos».

La abuela de tres «duelistas» (dos varones y una hembra de diez, ocho y siete años respectivamente) nos recuerda que nuestros niños y jóvenes tienen acceso a programas informativos de la televisión sobre el acontecer internacional, que son suficientes para que se pongan en contacto con «escenas de la más cruda y descarnada violencia. Por ello pregunta: «¿En qué mundo cree Ud. que viven nuestras criaturas? ¿En qué urna de cristal debemos mantenerlos?

«Si su sobrino gusta de la lectura, seguro Ud. buscará en la Feria de este año algún libro para él. ¿No los lee primero? Las nuevas corrientes de la Literatura infantil casi prohíben las historias “rosadas”. Para que se lleve el aplauso de las editoriales debe contener historias donde el niño vea reflejada la cruda realidad. Es tabú “dorarle la píldora”. ¿Entonces? Yo, que comparto ese tiempo con el menor de mis nietos, he visto en los capítulos de Yu Gi Oh honestidad, amistad, solidaridad, enfrentamiento a la maldad, amor por la naturaleza, conmiseración con los más débiles, amor y respeto a los ancianos. No es nada del otro mundo, pero entretiene las tardes de nuestros niños», agrega.

Al mismo tiempo, «danilo», llama la atención sobre el preocupante hecho de que nuestros niños observen en su medio, en ocasiones, actitudes violentas, «y esto creo que mayormente es lo que los hace reproducirlas. Recordemos que la casa es la primera escuela y verdaderamente a un niño bien criado los muñes no le afectan».

Mientras, «Cheila» escribe en la página de JR colocada en Internet que la cuestión está en que «las series tienen clasificaciones y esta se encuentra dentro de las que son para jóvenes; de aquí proviene su violencia», otro lector enfatiza que lo que ocurre es que se exhibe a las seis de la tarde, «hora en que los más pequeños se encuentran en la casa y hora que, además, coincide con la programación infantil, la cual, con todo mi respeto, no sirve en lo absoluto. Todavía me siento a verla y créanme que se me quitan los deseos, debido a que te repiten los mismos animados varias veces a la semana. ¿Qué hacen los niños? Ven esta serie que, a mi entender, es más bien para adolescentes; aunque pueden verla pues no posee contenido de malas palabras, y la supuesta violencia está en el enfrentamiento entre los monstruos, lo cual no influye en el comportamiento violento de los niños. Más influyen los juegos de computación y las películas de acción».

De cualquier manera, en la web «E Díaz» insiste en que Yu Gi Oh debe permanecer en la TV nacional. Para él o ella, el quid es otro: la calidad de los animados: «Que los hagan mejores, que los compren mejores. ¿Por qué en el mundo entero el primer lugar, luego de Disney, lo tienen los animados asiáticos? ¿Por qué no adoptar su estilo o valores artísticos y estéticos incluyendo nuestros mensajes? La culpa no es de los animados ni del juego. Nuestra capacidad de crítica es mayor siempre que nuestra capacidad creadora».

Multivisón en la polémica

Yu Gi Oh apareció de lunes a viernes en las tardes de Multivisión, canal que, afirman sus especialistas, determina su cartelera infantil a partir de un estudio sobre gustos y preferencias de los niños, que realiza el Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

«Multivisión busca los animados que atraen a los más pequeños de casa, teniendo en cuenta qué los puede motivar y qué aburrir, los hábitos de consumo, la música, formas y colores que prefieren», explicó Mileydis Fundora Betancourt, directora del canal.

Luidmila Negrín González, jefa de programación, comenta sobre los factores que influyeron en la selección de esta serie: «Yu Gi Oh cumple con los minutos requeridos, pertenece al anime manga y muestra un dibujo colorido, rápido, con un lenguaje que hoy el niño domina. Posee, además, una buena historia. Con su salida al aire podíamos apostar que sería una serie que iba a gustar y alcanzaría un nivel enorme de aceptación».

Enfatiza Yanesi Elías Rodríguez, psicóloga y asesora de Infantiles en Multivisión, la venta elevada de los juegos de cartas no tiene conexión con el programa televisivo. «Con las barajas sucede lo mismo que con cualquier otro animado que recibe promoción a través de productos en el mercado.

«Yu Gi Oh es una serie muy creativa. No creo que esté pasando lo mismo que con los Power Rangers, con el cual los niños salían a darse golpes a las calles. En este caso, se establece una situación retadora, donde dos personas lo que hacen realmente es contar y apuntar números, gracias a lo cual los niños ejercitan la suma y la resta, mas esto no significa que la serie esté siendo agresiva. Los contrastes violentos que se le quieren atribuir se basan en el hecho de que es manga y japonesa, y porque se presenta un desafío».

La serie es revisada cuidadosamente por Marta Victoria Cepeda, asesora del canal, quien analiza cada programa antes de que salga al aire. No obstante, los decisores del canal quieren hacer un llamado a los padres para que compartan con sus hijos y consuman la serie, ya que «es muy difícil expresar un criterio cuando solo han visto un capítulo.

«En este momento se ha convertido en la diana, pero no tiene por qué serlo si se le dan otras lecturas. En Yu Gi Oh aparece el duelo, pero la vida es un duelo y hay que aprender a vivirla. Nosotros continuaremos defendiéndolo  hasta que se demuestre lo contrario».

Las famosas barajitas

A la mamá de Harold y Chucho, el artículo la puso a recordar los cuentos famosos de niños, «y encontré más violencia que en Yu Gi Oh: en Blancanieves la madrastra era una psicópata asesina; en La bella durmiente a una niña de meses una bruja le lanza una maldición para que se muera a los 15 años. Ni hablar de Hansel y Gretel: la bruja los iba a cocinar para comérselos. A mí también me leyeron el cuento de Barba azul, que tenía los cadáveres de sus esposas en un cuarto. Nunca he leído ningún artículo que recomiende no leer estos cuentos a los niños por la violencia que tienen.

«Mis hijos adoran a Elpidio Valdés y Vampiros en La Habana, siempre los ven, o sea, que no es por preferir lo extranjero. Si tantos niños siguen a Yu Gi Oh por algo será.  Yo he soltado unos cuantos pesos con las dichosas carticas, pero, ¿qué uno va a hacer? Uno siempre quiere darles a los hijos los gustos sin caer en exageraciones y no veo en eso ningún peligro como lo ve usted. Simplemente está de moda y ya se les pasará. Cuando uno los cría como es debido y les inculca los valores desde que nacen, esos muñequitos no son ningún peligro, y ellos sí separan la realidad de la fantasía, más de lo que usted se imagina».

En relación con el juego, «Frank» está convencido de que es muy bueno para los niños y jóvenes, «porque es uno de los que más desarrolla la agilidad mental y el razonamiento lógico, y más aún si el juego se efectúa fuera de un entorno virtual, debido a que hay que crear las propias reglas de los duelos. Esta violencia que puede estar apareciendo en algunos jóvenes no creo que sea a causa de la serie, viene de mucho antes que se empezara a transmitir. Más bien tiene que ver con la crianza que dan los padres a los hijos y cómo dejan que influya el entorno social sobre el niño (a)».

«E Díaz» se pregunta si alguna vez los que han vertido sus opiniones han jugado Yu Gi Oh. «¿Sabe que es más complejo que la baraja, el dominó, y muchos otros juegos? Yo lo he jugado, y es muy entretenido, incluso para adultos. La muestra de la violencia está en muchos espacios, instituciones y medios, muchas veces incluso se exalta por medios nacionales. Es parte, por desgracia, del mundo de hoy y sus conflictos.

Según afirma el lector, existen ejemplos en materia promocional como las mochilas y otros soportes con la imagen del Capitán Plin, pero señala: «¿cuánto cuesta un dominó o una baraja? ¿En cuántos sitios los venden? El Yu Gi Oh es un juego de mesa, inventado en los años 80, junto con toda la generación de juegos de rol de libro, tablero, PC y consola, que son unos de los entretenimientos más exitosos que hay en cuanto a juegos pasivos. Porque cada niño puede asumir un rol de aventura y fantasía».

Quien se firma en la web como «thelastsoulja» plantea que «los animados para niños, jóvenes y adultos han evolucionado. Muchos se han hecho y se hacen basándose en reforzar un producto mercantil: Voltus V, el Desafío de los robots, Bionicle, Winnie the Pooh... fueron hechos, y son, para vender las mercancías que de ellos se derivan».

Y, claro, conociendo muy bien estas «interioridades» comerciales, en esta historia no podían faltar las personas inescrupulosas —como las clasifica Natacha Aroche Victoria— «que se están beneficiando con el negocio de las cartas de esta serie que ven los niños. Lo que tenemos es que decir “no” a esas personas que se aprovechan de cualquier situación para el negocio en beneficio propio».

Este tema también es abordado por María Josefa, la abuela de Dennis, Karel y Daniela, quien se refiere al asunto de las barajitas en la calle. «En mis tiempos, también tuvimos “postalitas”. Venían envolviendo caramelos y, le aseguro, era el paliativo para los juegos de los niños “pobres” del barrio. Fueron la pasión de muchos, grandes y chicos y, a no pocos, los iniciaron ¡en la filatelia!».

El gran negocio

El caso es que los miles de seguidores de Yu Gi Oh, distribuidos por todo el territorio nacional y buscadores incansables de las afamadas barajitas, quieren tener el mejor monstruo, u obtener, a cualquier precio, la carta «más potente» de su compañero; algo que no es desconocido por compradores y revendedores.

La afición del público por el serial llega a niveles tales, que algunos lo han convertido en un jugoso negocio. Y es que para ciertas personas es un ingreso monetario seguro, vendiendo las cartas en cifras no tan inocentes que van de tres a cinco cuc.

Tras esclarecer las clasificaciones demográficas y temáticas del manga y anime, y especificar que Yu Gi Oh al igual que Doraemon («este último visto reiteradas veces en nuestra televisión») son «doramas», Félix Corona Rivero reflexiona sobre el tema de la comercialización de las cartas: «Eso sí es algo deplorable, pero que no ocurriría si en algún centro nacional se expendieran las susodichas (en cup, por supuesto). Es una lástima que en nuestros días vender sea más importante que educar o entretener educando (que a mi forma de ver las cosas, bien poco se logra). Es deprimente ver cómo funcionan los engranajes de la maquinaria cultural actual en el mundo, donde se acusa al manga y anime de violentar nuestra cultura y fomentar patrones foráneos de hacer y pensar. Debo decir que me siento infinitamente más preocupado por el efecto en nuestros niños de los materiales aparentemente inocuos de la Disney».

Un «yo» muy débil

«Recuerdo que de niño mi mamá me hacía escuchar en la radio a Tía Tata, personaje que creaba cuentos y yo  formaba mis propias imágenes. Hoy pocas cosas posibilitan desarrollar la imaginación y solo hay reproductividad. Así difícilmente se ayude al desarrollo psicológico normal, y más si no hay un contexto familiar que apoye».

Con estas palabras el licenciado en Psicología y Máster en Antropología, Juan Paulo de Armas, inició su conversación sobre este asunto con JR. El investigador del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) definió la violencia como el uso de poder. Para él no solo aparece cuando se abusa o se posesiona, sino también desde el momento en que se corren los límites de una persona y no se le da espacio. «La violencia puede ser psicológica, de manera sutil».

Mientras menciona espacios atractivos de corte didáctico que se exhiben en la TVC como Art Attack, el especialista, quien asegura que los estudios sobre violencia visual apenas existen, piensa que «también hay algunos de estos programas donde se hace un uso manipulador de poder, porque borran al otro con una violencia casi siempre justificada.

«Estamos en una época de prácticas simbólicas, en la cual es fuerte la relación que existe entre los medios de comunicación masiva y la construcción de una subjetividad. Al mismo tiempo, la concepción de este tipo de animaciones es mítica, y cuando se despoja de la carga histórica y contextual se vuelve una estética vacía. Es solo forma sin un verdadero contenido de aprendizaje. Puede que sea un espíritu de época, pero el niño se forma sin ubicación tiempo-espacio porque la mayoría de estas producciones no está acompañada de un esbozo crítico y se conciben para “anestesiar” a las personas.

«Conozco casos de niños que están repitiendo los rituales del serial Yu Gi Oh. No es el único. Existen familias que apoyan esta tendencia comprando a sus niñas, por ejemplo, toda la ropa de las Bratz. No se trata únicamente de tomar conciencia, sino de que los padres estén convencidos de que su papel también es orientar. El acompañamiento es vital, aunque resulta que la vida es más complicada y los padres están a veces tan inmersos en la cotidianidad, que prefieren que sean los niños quienes decidan qué programa prefieren ver. El infante necesita guía emocional y conductualmente porque su principal trastorno conductual es la imitación.

«Hay que reconocer los riesgos que implica una conducción a la irrealidad desmesurada. Pueden destruirse los valores familiares, históricos y sociales, y eso sí es patológico; no la fantasía». (José Luis Estrada Betancourt, Yunet López Ricardo, Lisbet Rodríguez Candelaria, Heidy Hernández Piñera, Patricia Hechavarría Vidal, Susana Gómez Bugallo y Jessica A. Jiménez Duquesne, estudiantes de Periodismo)

Fuente: Juventud Rebelde digital

Tedio, telenovelas y lenguaje de reposiciones

Tedio, telenovelas y lenguaje de reposiciones

Por su amplia repercusión, Tele  y Radio reproduce este artículo del Doctor en Ciencias sobre el arte Rufo Caballero, publicado en Trabajadores y en el Portal de la Televisión Cubana.  Rufo se pregunta: ¿Otros modos de concebir la programación en la televisión cubana?

La zona incierta entre el serial y la telenovela, la sobreactuación intencional en algunos desempeños, son virtudes que, al lado de cacofonías y simplificaciones, hacen visible el mérito de El balcón de los helechos. Pero tampoco estamos frente a una obra maestra: ¿Era como para volver a verla, tan pronto, en el horario estelar de la televisión cubana?

La retransmisión de El balcón… ha sido la gota que colma la copa. La gente no cesa de meditar, en tonos no siempre calmos, sobre la impertinencia que implica reiterar telenovelas y seriados solo a escasos años de su primer pase.

La televisión cubana se ha vuelto, en términos de dramatizados, un persistente culto a la onda retro, con referentes demasiado cercanos en el tiempo, cuando varios teleteatros y hasta novelas de más de dos décadas atrás tendrían hoy mucho que enseñarnos, la verdad. El caso está, creo, en que apenas existen algunos.

La gente debe entender que no se trata solamente de un problema de mentalidad o de criterio de programación.

La primera institución cultural que siente sobre sus espaldas la crisis económica es la televisión. La macrocrisis económica que vive hoy el planeta afecta sobre todo a una mega y metainstitución como la televisual, cuyo criterio productivo tiene que concebir, y resolver, a un tiempo, lo mismo noticiarios que revistas musicales, espectáculos públicos y actos oficiales, dramatizados, etcétera.

El audiovisual es muy caro, en todas partes.

El recorte era inevitable. Y a la hora de decidir entre la producción de una costosa telenovela (para nuestro contexto) o de asegurar la transmisión puntual de la información —que implica desplazamiento, movilidad de los equipos técnicos, etcétera—, la televisión garantiza, es lógico, lo segundo.

El compromiso comunicacional de la televisión está por encima de su aspiración al arte.
Claro, los dramatizados comunican, y comparten ideología, como pocos programas. Es justo ahí donde entran las valoraciones sobre programación la circunstancia actual no implica solo, pero sí también, una cuestión de mentalidad.

En los últimos años, no pocas series, tanto cubanas como extranjeras, vistas y agradecidas por nuestro espectador, han flexibilizado la expectativa que antes únicamente esperaba telenovelas en el límite del melodrama.

De alguna manera, ha ido cediendo el exhibicionismo del sentimiento, en favor de propuestas más racionales, de otros valores conceptuales. Prende la comprensión de que incluso las emociones poseen su rigor. A ello ha contribuido toda una fuerte tradición de unitarios (telefilmes, teleteatros, cuentos a partir de adaptaciones de la literatura al audiovisual), que suponen una considerable competencia para los más rancios patrones de la telenovela convencional. Los realizadores cubanos sumergen al espectador en mundos dramáticos más complejos, que manipulan sabiamente ganchos y mecanismos empáticos de la telenovela, para suscitar una mirada incisiva al entorno social, a los sujetos y las problemáticas de la Cuba contemporánea.

Me pregunto entonces: ¿Por qué, mayormente, se asocia la franja de estelaridad —por tradición vinculada entre nosotros al dramatizado— a la telenovela, o en general, a producciones seriadas bastante recientes, que pueden multiplicar el tedio del receptor? Obligados por las circunstancias, ¿por qué no pensar mejor en lo episódico, en el dramatizado unitario que perfectamente pudo escapársele al espectador en su primer pase, años atrás?

La producción de unitarios en Cuba viene siendo tan interesante y copiosa (en algún momento fue proclamada como la cresta de la ola audiovisual, por encima del cine) que pudiera pensarse en ciclos, por autores o temáticos. Digamos, los dos grandes autores, Charlie Medina y Rudy Mora, agradecerían sendos ciclos que sistematizaran sus estilos y preocupaciones en el unitario. Los teleteatros de Tomás Piard, en mi criterio lo más valioso de su producción, pudiera ser otra variante. Un cuarto ciclo pudiera ocuparse del cierto tono, feminista o no, supuesto por la incorporación, cada vez mayor, de realizadoras, bajo las interrogantes:

¿La condición de género del sujeto que dirige implica una mirada-otra a la realidad? ¿Ese solo supuesto entraña ya una segregación peligrosa? En otro orden, ¿qué áreas privilegian los realizadores, como Delso Aquino, que van consolidando una obra?

Pudiera alternarse los ciclos; algo así como esto: el lunes para los autores; el miércoles para las realizadoras (o al revés, no quiero suspicacia de género); el viernes dedicado a ciclos temáticos, según problemáticas sensibles. También, puntualmente, puede pensarse en la retransmisión de capítulos finales de telenovelas o series, o capítulos climáticos, y a partir de la reacción, pensar en la posible continuidad, con un criterio más dinámico, atento a la retroalimentación.

En todo caso, no es lo mismo reprogramar un episodio que toda una serie o telenovela, capaz de esclavizar al espectador sin otras opciones que el déja vu y la longaniza. Esto da idea, además de la pobreza material, de pobreza espiritual.

Otra opción sería pensar muy seriamente, en las condiciones actuales, cuánto daño puede hacernos el chovinismo. Siempre que exista una vibrante y sonante producción nacional, claro que debe tener el protagonismo.

Eso sucede en Cuba, en Estados Unidos, y en todas partes. Toda cultura intenta afincar los valores que la sustentan. Pero si en un período no hay producción porque la economía no lo permite, ciertos filmes y seriados extranjeros pueden resultar igual de pertinentes, siempre que respondan a nuestra escala de valores.

Lo importante no es el cubaneo de superficie sino los valores de fondo.

Valdría revisar toda esa producción de seriales —no solo de Estados Unidos; de Europa, de Latinoamérica— y programar en horarios estelares series vigorosas que, hablando de espacios o tiempos distantes, afirmen una escala de valores que nos interesa aquí.

A veces siento que el examen de lo foráneo resulta un tanto ligero. No siempre “sexo, violencia y lenguaje de adultos” son los principales “problemas”.

En ocasiones, el veneno viene envuelto en una amable apariencia de comedieta tonta, de clase media americana, donde se nos dice que, caramba, aquel sí que es el mejor de los mundos posibles, porque, por encima de los escollos del camino, aguarda un final amable, confortante, donde el individuo puede acariciar, en definitiva, el sueño americano. Análisis, distingos de este tipo, son los que se precisan, y no determinadas devaluaciones gruesas.
El caso es que pensemos todos en escapar del moho y la naftalina. Una cultura como la cubana, que ha renacido mil veces de penurias y condiciones no propicias, no merece el marasmo de la reiteración acrítica.

Por si acaso, ahora mismo recuerdo una aventura que vi cuando era un nené. Se llamaba, como el personaje y la novela, Enrique de Lagardere. Si se enteran de que la van a repetir, me avisan. Recuerdo que entonces me encantó, y nunca la recuperación de la infancia está de más.

Fuente: Rufo Caballero/ Trabajadores y Portal de la Televisión Cubana

El mentalista, nueva serie en el dominical Arte 7

El mentalista, nueva serie en el dominical Arte 7

La policía, al menos en el ámbito de las series de televisión, nunca trabaja sola. Siempre tiene a mano una legión de desinteresados colaboradores: científicos, matemáticos, ufólogos, pitonisas, terapeutas… Ellos son, en definitiva, los que resuelven los casos. O al menos los que ponen a las autoridades competentes sobre la pista.

El tradicional matrimonio de policía y criminal ha dejado de ser asunto de dos. Las nuevas historias insisten sobre todo en el carácter multidisciplinario de la investigación policial. Y mientras más singulares sean los especialistas que colaboran con los detectives, mucho más atractivo resulta el producto.

Un ejemplo: El mentalista (2008), el drama policial que trasmite desde este domingo Cubavisión en su espacio Arte Siete.

Se trata de una exitosa serie por temporadas producida por la cadena norteamericana CBS, cuyo personaje central es un psíquico que ayuda al Centro de Investigaciones de California a resolver determinados crímenes.

Pero no es un psíquico cualquiera (bueno, un psíquico nunca es un psíquico cualquiera), es también un conocido personaje de los medios, que ha terminado por ser desenmascarado en la televisión. En realidad es un hombre muy inteligente sin ningún poder sobrenatural…

Lo cortés no quita lo valiente: Patrick Jane (así se llama el mentalista, interpretado por Simon Baker), demuestra que es un gran observador, y la policía aprovecha sus habilidades para rastrear la pista de Red John, un connotado asesino.

Esta es otra historia sustentada en la personalidad de su protagonista, muy al estilo de Doctor House, la teleserie que hasta ahora ocupaba el mismo espacio en Cubavisión.

Solo que a diferencia del misógino médico, Patrick Jane es un tipo muy simpático. Eso sí, como House, no tiene escrúpulos para traspasar de vez en cuando la línea.

Su contrapartida es la jefa del equipo de investigación, Teresa Lisbon (Robin Tunney), que no parece demasiado a gusto con los métodos de su subordinado, pero que reconoce su talento.

El mentalista tiene en su haber algunos de los más importantes galardones de la industria, como el famoso Premio del Público (People’s Choice Awards) en la categoría de Mejor serie de estreno. En su primera temporada rompió un record que parecía difícil de alcanzar: uno de sus episodios fue el programa de mayor audiencia esa semana en los Estados Unidos, algo que no lograba una serie de estreno desde la célebre Esposas desesperadas.

Ahora acompañará a los televidentes cubanos todos los domingos durante una buena temporada. No defraudará a los amantes del género.

Fuente:  Yuris Nórido.  Portal Cubasí

Amaury Pérez Vidal será anfitrión de nuevo programa de TV

Amaury Pérez Vidal será anfitrión de nuevo programa de TV

Según publicó Cubadebate, a mediados del próximo marzo la Televisión Cubana, en coproducción con el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), comenzará a transmitir el programa “Con 2 que se quieran”, conducido por el cantautor Amaury Pérez Vidal, quien entrevista a personalidades de la cultura cubana y universal.

El programa, dirigido por el realizador Rafael Solís, tendrá unos 45 minutos de duración, será televisado entre semana por el canal Cubavisión y abrirá con una canción de Amaury -”Con 2 que se quieran”-, interpretada por él y por Silvio Rodríguez.

Con Amaury como conductor y entrevistador han estado o estarán en el estudio el cineasta italiano Giuseppe Tornatore y los cubanos Omara Portuondo, Miguel Barnet, José María Vitier, Juan Formell, Rosita Fornés, Nancy Morejón y muchos otros.

Cuba canta, baila y despide el 2009

Cuba canta, baila y despide el 2009

Como ya es costumbre, la Televisión acompañará al pueblo en las festividades por el fin de año y el advenimiento de un nuevo enero.

La División de Musicales prepara una programación exponente de la pasión que suscita la música y la danza en los cubanos. Bajo este “pretexto” se presentará Cuba, un país que canta y baila, propuesta del experimentado Víctor Torres que congregará durante las dos últimas horas de este 2009 a significativas figuras del catálogo musical de la Isla.

Más que una sucesión de agrupaciones, la propuesta estará conformada por variadas producciones musicales hechas especialmente para el programa, declaró Torres, quien adelantó que una de ellas recreará la música de los años setenta y ochenta con las interpretaciones de la diva Omara Portuondo, la musicalísima Beatriz Márquez, Héctor Téllez, Angelito Bonne, José Valladares y Miguel Ángel Piña, todos acompañados por la orquesta Fiebre Latina y bajo la dirección de Javier Verdugo.

Otra realización contará con la maestría de Miguel Patterson junto a la orquesta, el coro y el ballet del Instituto Cubano de Radio y Televisión, para hacer un recorrido por temas significativos de nuestra cancionística. También la música latinoamericana estará presente, en voces como las de Barbarita (cantante de Anacaona) y Arango (de los Kini Kini, de Pachito Alonso), esta vez dirigidos por Manolito Simonet.

Momentos distintivos de la noche serán la participación de intérpretes como Anaís Abreu, Heidy Chapman, Alina Clemente, Yenisei del Castillo y Bárbara Janet Martínez (del quinteto Voces Negras); la presencia del maestro Adalberto Álvarez, Yumurí y Maikel Blanco; y los homenajes del evolucionado David Blanco al Rey del Pop, Michael Jackson, con el tema Beat it, y del grupo camagüeyano Rumbatá a Tata Güines, considerado en Cuba el Rey de los Tambores.

Para la conducción de este programa especial, Víctor Torres rompió la barrera geográfica que separa a la periodista Leticia Rodríguez de Tele Turquino, Santiago de Cuba; a Jhenni Pérez, presentadora del programa Sonido Cubano, del Canal Educativo; al carismático locutor José Mejía Rodríguez, de Solvisión, Guantánamo; y al cienfueguero Raúl Isidrón, conductor de la revista informativa Buenos Días.

Torres señaló que ellos cuatro nunca habían compartido la escena y destacó entre las ideas más interesantes que justifica esa selección: la creencia de que hay gente buena haciendo buena televisión en todas las provincias.

Aseguró que Cuba, un país que canta y baila está previsto para que el televidente la pase bien, sin más pretensiones. Sólo que para esta ocasión ofrece un nivel de realización diferente, una sugerente propuesta musical con artistas que se unen por primera vez, y una particular manera de despedir el 2009, gozando en La Habana a las 12 de la noche con la Charanga Habanera y saludando el aniversario 51 del triunfo de la Revolución. 

Fuente:  Sandy Carbonell Ramos. / Fotos: Fotogramas de Alejandro de la Llama. (Portal de la TV cubana)

Antolín saludará el 2010 con una emisión especial de No quiero llanto

Antolín saludará el 2010 con una emisión especial de No quiero llanto

Variadísimo como siempre se ofrece el programa especial  No quiero llanto, previsto para dar la bienvenida televisiva al año 2010. Humoristas de primera línea, música de lujo y carismáticos invitados son el plato fuerte que el equipo de realización, comandado por José Miguel Mena, ofrecerá a los espectadores.

Según manifestó su director, las primeras horas del nuevo año estarán acompañadas por afamados conjuntos, entre los que figuran los Van Van, Pachito Alonso…, los acordes de Eliades Ochoa, las interpretaciones de Leo Vera y Jacqueline Vell. El espacio, que augura disímiles sorpresas, estrenará la presentación de Baby Lores con su orquesta, y contará con artistas residentes en otras provincias del país, como es el caso de José Aquiles que actuará junto al septeto santiaguero.

Pensado en función del disfrute de la familia cubana, No quiero llanto combina el baile -de la mano del Ballet de la Televisión Cubana- con los chistes de Ángel Ramis (el Cabo Pantera) y el Julio César Rodríguez (El Habanero). El anfitrión será Ángel García (Antolín, el pichón), quien ha manifestado que espera “acompañar al pueblo en ese momento para regalarle felicidad”.

Con dos horas de duración, desde las 12:00 A.M. hasta las 2:00 A.M., el programa agasajará el advenimiento del Aniversario 51 de la Revolución Cubana. Por ello ha convocado a renombradas figuras de la cultura nacional como Isabel Santos y a otros invitados que forman parte de la “idiosincrasia criolla”, como el profesor Calviño.  

A lo cubano, entre ocurrencias de la Pía o Antolín en la escuela de Manaca Siti, con propuestas musicales que abarcan gustos diversos, todos los que “sintonicen” el canal Cubavisión el primero de enero, no tendrán chance de irse a la cama, al decir de Mena, pues el espacio propone todo lo que se necesita para festejar: ritmos bailables, chanzas, compañía amena…

Escrito por Iván Camejo, director del Centro Promotor del Humor, el programa repite con el mismo equipo de realización que le dio vida durante el periodo estival. Nuevas entregas pondrán ser vistas en el verano próximo donde estará el elenco ya conocido.

Refrescante, variado, cubano, son los tres adjetivos que mejor distinguen a No quiero llanto. La dosis justa que se necesita para disfrutar en familia y querer repetir.

Fuente:  Ivette Fernández Sosa / Fotos: Mónica Digat (Portal de la TV cubana)