Blogia
Tele y Radio

Televisión

El eficaz encanto de un suave veneno

El eficaz encanto de un suave veneno

En Villa Clara y en otras provincias entra en su recta final la telenovela brasileña Suave veneno (TV Globo, 1999), que primero trasmitió el capitalino Canal Habana en su espacio de teleseries habituales. A golpe de peripecias, astucia e ingenio, se ha echado a buena parte del público en el bolsillo.  Tele Y Radio cede su espacio a este comentario de Yuris Nórido, quien –como siempre-  da en el clavo con su análisis profundo y diáfano.

 

Cuando presentó su telenovela Suave veneno, Aguinaldo Silva, uno de los más populares escritores de la televisora Globo, pretendía hacer una versión televisiva (todo lo fiel que puede ser una versión televisiva en clave de telenovela) de una de las grandes tragedias de la dramaturgia universal: El rey Lear, de Shakespeare.

 

El proyecto sonaba bien, pero algo falló: al público no pareció interesarle demasiado el rumbo que tomaba la trama y a Silva no le quedó más remedio que cambiar sus coordenadas. Echó mano entonces a los ingredientes de siempre y puso sobre la mesa un folletín con todas las de la ley. Eso sí, muy bien aderezado con golpes de ingenio que aportaron singulares notas de color a un libreto que no daba descanso al televidente.

 

A pesar de todo, la telenovela no alcanzó cuotas demasiado altas de audiencia, algo que en buena medida se explica por la trasmisión en un canal competidor de un programa con un presentador muy popular. Paradójicamente, esa circunstancia benefició la calidad de la teleserie, pues Silva se empleó a fondo para conservar el segmento del público que había logrado atrapar.

 

El resultado es la historia galopante, siempre en movimiento, que los habaneros pudieron disfrutar en el Canal Habana y luego fue trasmitida por otros telecentros.

Suave veneno se ha echado a los espectadores en el bolsillo por la eficaz combinación de una dramaturgia y una puesta convencional apuntaladas por astutos golpes de efecto, frutos de la incansable imaginación de Silva y su colectivo de escritores.

 

Es tal la concentración de peripecias, que al autor se da el lujo de presentar, desarrollar y hasta cerrar nuevos conflictos en casi todos los capítulos, sin que la historia se resienta por la fragmentación o la incoherencia.

 

A Suave veneno, obviamente, se le ven las costuras del producto hecho a la medida de los vaivenes del mercado: aquí y allá son evidentes las correcciones de rumbo, la matización o hasta supresión de subtramas (la intempestiva muerte de Clarisa, por ejemplo) o la preponderancia variable de algunos personajes.

 

Pero el oficio del escritor minimiza los costos: la originalidad de algunas soluciones, la frescura y brillantez de los diálogos y el dinamismo del tempo liman las rupturas.

 

El nivel de elaboración y sugerencia de algunos bocadillos (particularmente los de María Regina, la principal villana) hablan de la extraordinaria capacidad de Silva para mover la historia desde la palabra, sin necesidad de recurrir a demasiados alardes “coreográficos”.

 

La puesta en pantalla tampoco privilegia los grandes despliegues escenográficos. La dirección de arte no trasciende la funcional corrección. Todo el éxito de Suave Veneno hay que buscarlo en su libreto y en las excelentes interpretaciones de buena parte del elenco: una Gloria Pires que deslumbra por su habitual organicidad, un José Wilker que ofrece una clase magistral de suficiencia de recursos…

 

Pero Leticia Spiller, vistiendo la piel de María Regina, es la actriz más afortunada del elenco, pues le ha tocado uno de los personajes más ricos y explotables de la serie: una villana que por momentos pareciera peligrosamente cerca de la caricatura, pero que revela una singular complejidad de matices, admirablemente asumidos por la intérprete. A juzgar por la casi constante presencia de María Regina en la trama, pareciera que fue el personaje que más disfrutó Silva.

 

Está más que claro que las telenovelas no funcionan precisamente como tribunas para las reivindicaciones sociales, pero Suave Veneno, entre oleada y oleada de melodrama, aborda algunos temas de fuerte impacto en la sociedad brasileña contemporánea, como los alarmantes niveles de contaminación ambiental que originan algunas empresas y las difíciles condiciones de trabajo de muchos obreros. Son algunos guiños a la más acuciante realidad que los productores permiten, siempre y cuando no obstaculicen demasiado el espectáculo. Porque una telenovela tiene que ser, sobre todo, espectáculo. Suave veneno es un ejemplo destacado.

Fuente:  Yuris Nórido en www.cubasi.cu

Los jóvenes se alejan de la televisión tradicional

Los jóvenes se alejan de la televisión tradicional

Un estudio realizado por la consultora Contentworx "fundada el año pasado por Andrew Canter, ex Media Planning Group" revela que el segmento de entre 18 y 34 años, de ambos sexos, empieza a darle la espalda al televisor para volcarse a otros medios que difunden material de entertainment, entre ellos el móvil y los portátiles. Además, un alto porcentaje se mostró dispuesto a pagar para saltear tandas de comerciales de TV.  Los televidentes jóvenes están alejándose cada vez más de la TV tradicional para mirar programas en otros sistemas, según un estudio que acaba de realizarse en Londres.

 

Entre las personas de entre 25 y 34 años de edad, casi el tercio de lo que ven en sus hogares proviene de otras fuentes diferentes al televisor clásico, como teléfonos celulares y computadoras portátiles, según la consultora Contentworx.

 

El estudio abarcó 1 000 adultos, y reveló también que entre los miembros de los grupos más jóvenes, más de la mitad, 61 por ciento, ve favorablemente la programación patrocinada por anunciantes, como por ejemplo el show Orange Playlist, que se emite por el canal británico ITV.

 

Pero aunque eso pueda poner felices a los anunciantes, también surge como contrapartida que casi un cuarto del universo interrogado está listo para pagar por evitar ver comerciales de Tv en el futuro.

 

SALTEAR LA PUBLICIDAD

 

De hecho, saltear los cortes de publicidad a una velocidad 30 veces mayor que la normal fue considerada como la mejor aplicación de los videograbadores personales, como Sky+ y otros similares.

 

"Es significativo que tantos jóvenes televidentes se estén alejando de la TV tradicional", comentó el director ejecutivo de Contentworx, Andrew Canter, quien fue director de servicios al cliente de Media Planning Group hasta 2004, año en que fundó la nueva compañía.

 

"Este estudio nos da a todos una visión realista de cómo la gente está cambiando aceleradamente sus hábitos de visión. También muestra que los consumidores aceptan que los anunciantes financien los contenidos de la pantalla, siempre y cuando sea un material entretenido y relevante para ellos", concluyó Canter.

 

http://www.laflecha.net/canales/comunicacion/200509151/

 

(Fuente: Rebelión)

Rey Gómez: del Yayabo al Estelar

Rey Gómez:  del Yayabo al Estelar

Reproducimos hoy esta entrevista al joven y talentoso locutor Rey Gómez, quien ya atrapa la atención de los televidentes en los espacios informativos de la TV.   Exquisita dicción y muy buena pronunciación de las palabras en otros idiomas.  La entrevista la realizó el periodista Waldo González López para el portal Cubarte.

Este joven rostro ha ‘atrapado’ al televidente, en especial al del NTV y de otros espacios noticiosos, como Buenos Días y otros, particularmente durante las últimas semanas por varias razones, que más adelante conocerá el ciberlector.

En primer lugar, este joven locutor espirituano posee una notable experiencia en la radio, medio en el que laboró, durante no pocos años. Además, como él mismo te contará, ha estudiado varias especialidades e idiomas, así como  ha realizado diversas tareas creadoras.

De tal suerte, conozcamos ya a Rey Gómez, uno de los rostros nuevos en la TV, talentoso joven que seguramente mucho alcanzará por su tesón y constante estudio. 

Rey, ¿por qué, cuándo, cómo y dónde comienzas en la locución?

Comienzo como locutor en Sancti Spíritus, mi ciudad natal. Como divulgador provincial de la FEEM (siendo un adolescente) hice mis pininos en la CMGL, Radio Sancti Spíritus, pero, de manera profesional, me incorporé a esa emisora a partir del 2000, quizás motivado por amigos y familiares.

«Primeramente conduje una revista variada entre 12:00 p. m y 5:00 a. m. Me  sirvió de mucho, pues fue entonces cuando empecé a tomar la locución de manera más seria (antes “jugaba” a ser locutor). Fue todo un laboratorio para mí, por cuanto tenía que leer boletines de noticias, presentar música, improvisar charlas con mi partenaire, dialogar con el meteorólogo de turno y conversar con los noctámbulos que llamaban a la planta para saludar a sus familiares y amigos en sintonía.

«Posteriormente presenté otros espacios, como el estelar Fantástica Noche, donde aprendí muchos “trucos” de la profesión, junto a un experimentado colectivo.

«Dos años más tarde llego a la televisión espirituana y ―tengo que confesarlo— la vida me dio la oportunidad de entrar por la puerta ancha: lo primero que hice fue el noticiero del canal, programa del que fui presentador titular hasta que decidí venir para la capital, en el 2007.

«En Centro Visión Yayabo (el telecentro provincial), no sólo fui locutor; también ejercí como asistente de dirección, guionista y asesor de televisión (especialidad a la que le debo muchísimo, por todo lo que me obligó  a aprender sobre el medio en aras de emitir criterios sólidos). Para conocer más este maravilloso mundo audiovisual, también me habilité como editor y productor de TV.»

Tu impronta gusta a la teleaudiencia por varias razones: tu sobriedad, tu certera pronunciación de palabras en otros idiomas y tu corrección en el vestir, todo sin aspavientos, ni mal gusto. Y esto, joven amigo, son méritos que agradecemos, quienes hemos visto muchos que, al entrar en este difícil medio, pensaron que se "tragarían" el mundo... para casi enseguida pasar sin penas ni glorias. Entonces, ¿cómo crees debe ser un locutor de TV?

Considero que todo profesional de la palabra debe preocuparse por estudiar otros idiomas (no sin antes dominar su lengua materna, claro está). Muchos colegas se escudan alegando que no es necesario conocer cómo se dice tal o cual término, ya que es lícito pronunciar “a la española”. Modestamente, respeto el criterio, pero no lo apruebo. ¿Por qué podemos afirmar quemédico, arquitecto, mecánico o electricista no es cualquiera? Son profesiones u oficios que marcan la diferencia sobre la base de conocimientos teóricos y el dominio de técnicas. Así debería o debe ser la locución. Me parece que es la forma más efectiva de luchar contra el llamado intrusismo profesional que, desafortunadamente, nos agrede. Creo que en esta empresa me ha ayudado sobremanera mi formación académica: soy licenciado en Español y Literatura; además, mi pasión —¿desmedida?— por los idiomas me ha “sumergido” en el estudio del  inglés, el francés, el alemán,el italiano, el portugués y rudimentos de latín, lengua harto difícil, pero sumamente ilustrativa.

«Para completar la figura del “locutor ideal”, además de  la mencionada base lingüística, se deben poseer imprescindibles conocimientos del periodismo contemporáneo y la representación escénica.

«Mis hábitos me revelan como un “joven viejo”, según Teresa Rodríguez (mi madre y “asesora”), con quien concuerda mi entrañable amiga y consejera, la profesora Rosalía Arnáez. Me gusta la moderación en todo, confieso no  tener esa vocación de otros para “tragarme el mundo” como usted bien dice.

Intento obrar con inteligencia emocional y mucho sentido común. Agradezco que me digan cuanto opinen de mí, tanto amigos, que son incontables, como adversarios —quienes, por fortuna, son pocos, pero de estos últimos se aprende más de lo que pudiéramos imaginar—.»

Aunque siempre te vemos tranquilo y seguro, ¿qué sientes al enfrentarte ante el público cubano en el NTV, cuando el director de la emisión dice: ¡En el aire!, y debes abrir, con tu colega, la transmisión del mismo?

Ante todo, una enorme responsabilidad. Que casi toda Cuba te acompañe a esa hora, no es cosa de juego. El compromiso es mayor cuando sabes que eres la cara de tu país a través de Cubavisión Internacional. Pero puedo nombrarme dichoso: estoy rodeado de  colegas siempre dispuestos a darme la mano antes, durante y después de cada emisión.

Naciste en Sancti Spíritus, tierra de sólidas tradiciones culturales, como, por ejemplo, en los tríos, pero, ¿en la provincia existe también tradición en la locución, como Ciego de Ávila?

Sin lugar a dudas. Y de eso vivo orgullosísimo. Mis coterráneos no tienen que estudiar muchas reglas del “buen decir” para aproximarse a un micrófono.

Posees una imagen muy apropiada para conducir programas culturales, digamos de buena música, literatura, etc. Sé que es temprano para preguntarte esto, pero supongo que tengas planes. ¿Acaso no has pensado en locucionar programas como los que te digo arriba, o en otros de radio, y pongo por ejemplo este otro medio masivo?

A mí la radio me fascina, en ella nací como locutor. Siempre que el NTV (mi gran pasión) me lo permita, haré algo en ese otro medio de multitudes.

Bueno, y para no cansarte, la última pregunta: ¿Qué es la TV para Rey Gómez?

La televisión es para mí un mundo fabuloso cuyos hacedores tenemos la obligación de evitar que alguien la vea como una simple “caja tonta”.

Fuente: CUBARTE

 

Entregan en Cuba Premios Nacionales de Televisión

Entregan en Cuba Premios Nacionales de Televisión

El Premio Nacional de Televisión, de Cuba, fue entregado este 24 de octubre en La Habana a 10 trabajadores, en coincidencia con el aniversario 58 de ese medio en la Isla. La ceremonia de agasajo aconteció en el Memorial José Martí, donde se rememoró el 24 de octubre de 1950, cuando por primera vez se vio en el país la señal televisiva.

De manos de autoridades de Comité Central del Partido Comunista de Cuba y del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), recibieron el Premio, Miguel Patterson, director de la orquesta de ese organismo, el periodista Eduardo Dimas y el coordinador de programas Carlos Reyes.  Además, fueron acreedores del galardón los actores Asseneth Rodríguez y Raúl Eguren, la directora de programas infantiles Iraida Malberti, el locutor Edel Morales, la vestuarista Elba Vives, el escenógrafo Guillermo Duyou, y el director de televisión Eduardo Moya.

Waldo Ramírez, vicepresidente del ICRT, evocó la transformación de la televisión a partir de 1959, cuando se convirtió en gestora y constructora del pensamiento -junto al resto de los medios de difusión-, felicitó a los condecorados y enumeró retos actuales para perfeccionar el trabajo.

Entre los desafíos, precisó la necesidad de continuar el empeño por mejorar las esencias de los contenidos de la programación, por una eficaz labor informativa y de los programas educativos; además de la adecuada factura de sus espacios de entretenimiento. Sin desconocer los resultados que colocan a la televisión cubana en un reconocido lugar en el mundo, Waldo apuntó que falta mucho para lograr la calidad de la programación que el pueblo demanda.

Instó a valerse de los resultados de las investigaciones de las Ciencias Sociales, para ser la opción en el concierto de la avalancha mediática y tecnológica actual.

De cumpleaños la TV cubana

De cumpleaños la TV cubana

Televisión de mis amores

Para los que vivimos en el siglo XXI, la Televisión y todas las funciones audiovisuales que esta pequeña pantalla posibilita hoy, gracias a la convergencia tecnológica propiciada por la digitalización, es un hecho concreto insertado en las prácticas culturales de múltiples públicos y del cual pocos prescinden.

En la primera mitad del siglo XX, una cosa era verla en los viajes frecuentes de muchos cubanos a EE.UU. y otra bien distinta significaba tenerla al alcance de la mano a través de las decenas de establecimientos comerciales que ofertaban los equipos en la más diversificada estrategia de posicionamiento mercantil-comunicativa conocida hasta entonces, desplegada a través de concursos, rifas, ventas a crédito y otras múltiples acciones, que convertían aceleradamente a estos espectadores en televidentes habituales.

Un día, cuando ya se comentaba que entre otros, un famoso locutor y ejecutivo radial, Gaspar Pumarejo, prometía inaugurar el primer canal, los sorprendidos habaneros vieron las imágenes de un juego de pelota en el Stadium del Cerro, que por azar había salido “al aire” durante los ensayos en el “Máster Control” para la difusión “en vivo” de estos encuentros deportivos. Cuando el equipo de control remoto que practicaba las futuras transmisiones dirigido por Erich Kaupp, llegó a la casona de Mazón y San Miguel, en el Vedado habanero, una multitud los aplaudía sin saber ellos la razón.

Días después, al mediodía del 24 de octubre de 1950 (1) se realizó la ceremonia de la inauguración oficial de la planta televisiva por el presidente Carlos Prío Socarras, quien operó la cámara numero uno desde el entonces Palacio Presidencial (2). En la noche de ese día comenzaron las transmisiones oficiales desde los estudios improvisados en una residencia familiar, con un amplio desfile de artistas nacionales y extranjeros. Entre otras actividades, participaron en estas primeras emisiones Pedro Armendáriz, astro del cine mexicano de la época y la cubana Carmen Montejo, también reconocida en ese ámbito. Así, se inauguró en Cuba, una difusión ininterrumpida de programas televisivos que hoy cuenta ya con 58 años.

En casi seis décadas, miles de hombres y mujeres de las más variadas profesiones, edades y procedencias se fundieron en un solo haz, sin comprender entonces  que con ello iniciaban un camino perpetuo en el cual darían lo mejor de sus vidas, de sus energías, de sus conocimientos, de su sabiduría, talento y creatividad. Muchos llegaron a ella atraídos por sus luces espectaculares sin sospechar siquiera cuanto de sacrificio, esfuerzo, disciplina, tenacidad y dinamismo físico-mental exigía el principio no escrito de “que la pantalla no se apaga”. Al descubrirlo ya era tarde, estaban totalmente enamorados de una actividad de vasta función social, a la cual dieron y dan lo mejor de sí, “hasta el último aliento” si fuera necesario, pues resulta un castigo apartarse de ella.

Generación tras generación se crearon las familias de abuelos, padres, hijos y hasta nietos consagrados a estos quehaceres; creando inconscientemente en la cotidianidad de este quehacer, una cultura compartida, sus mitos y sus héroes, un sueño siempre renovado en la próxima obra, un afán perfeccionista renovado día a día que funde oficio, rutina productiva, amor, pasión, vocación, talento creativo, todo ello.

En ella aprendimos la importancia del trabajo colectivo donde cada cual se crece sin opacar al otro cual instrumentos de una orquesta que logra su excelencia cuando se logran la armonía, el equilibrio y el tono preciso que toca a cada cual; pero también, la disciplina sin la cual el sistema se quiebra y que es tan necesaria en cada acción y cada paso previo, hasta llegar a la “puesta en pantalla”.

¡Cuánto más nos enseñó esta pequeña pantalla¡:  La humildad de cada día en la obra realizada pues todo el éxito del mundo puede perderse en un segundo; el respeto a aquellos fundadores que asumieron el reto inicial sin preparación previa y que día a día aprendieron y enseñaron a otros; la certeza de la responsabilidad asumida aunque cumplirla pueda exigir altísimos costos; la renuncia al esparcimiento cuanto todos lo disfrutan y hacerlo satisfechos; amar, no solo las compensaciones materiales que brinda la labor sino a ella misma y saber que esta actividad televisiva, no sería posible sin el ejército de talentos anónimos que respaldan en cada emisión a los que aparecen en cámara y a las grandes “estrellas”.

La relación de valores, sentimientos, sensaciones y motivaciones, es aun más larga y no se debe para nada a su connotación pública.

¡¡Esta televisión de mis amores¡¡ … y de mis dolores porque no todo es miel sobre hojuelas, impone cada día una superación constante porque cada meta es punto de partida; exige la ética y el respeto a la profesión y al colega, pero también rechaza profundamente, la actitud egoísta, individualista, oportunista; y la no idoneidad, el facilismo, la indolencia y la falta de profesionalismo de quienes pretenden lucrar con los sueños creativos de tantos artistas y personal de apoyo y con la satisfacción del  pueblo, destino final de tanto esfuerzo y desvelo que agradece el trabajo hecho con calidad, rigor y amor.

Desde 1993, se estableció el Premio Nacional de Televisión, del cual han sido acreedores decenas de creadores, fundadores, artistas y técnicos. Hombres y mujeres como los que hoy sufren la destrucción de sus hogares y centros laborales por los azotes de  dos poderosos huracanes con diez días de separación entre uno y otro, pero ni eso logró que dejaran de trabajar en esta  Televisión.

A todos los que durante estas casi seis décadas de continua y abnegada labor han luchado porque la Televisión cubana ocupe los primeros planos en el mundo, no solo en su cronología continental, sino en la calidad y profesionalidad de sus programas.

A todos aquellos que, con su brillante ejecutoria y ejemplo personal, nos enseñaron a amar a la Televisión cubana y a su historia, esa que hacemos cada día.

                            ¡¡ Feliz aniversario, Gracias por el ejemplo ¡¡
Notas:

(1) La Televisión cubana, fue la tercera en Ibero América, precedida por México y Brasil) y desde su primera década se encontraba entre las diez primeras en el mundo.

(2) Hoy Museo de la Revolución.

Fuente: CUBARTE/  Por: Mayra Cue Sierra

(Cubarte).-

Mujeres apasionadas, glamorosas y aburridas

Mujeres apasionadas, glamorosas y aburridas

Otra vez publicamos, por coincidir con él, la crítica del colega Yuris Nórido sobre la telenovela brasileña Mujeres Apasionadas, aparecida en el Portal Cubasí.  

Mujeres apasionadas, glamorosas y aburridas

¿Puede una telenovela ganarse el favor del público solo a golpe de glamour? Parece que sí, al menos eso sucedió en Brasil con Mujeres apasionadas (Globo TV, 2003). La telenovela, escrita por el reconocido Manoel Carlos llegó incluso a romper varios records de audiencia.
 
Desde el principio los productores concibieron un producto que atrapara desde la imagen, que apabullara a fuerza de lentejuelas. No escatimaron recursos: solo hay que ver el extraordinario aparato escenográfico, la convincente ambientación, la calidad de la fotografía y la iluminación… en fin, la grandilocuencia de la puesta en pantalla. Todo sumado a un elenco donde priman los rostros bellos e interesantes; a la no poco significativa circunstancia de que casi la totalidad de las historias se desarrollen en elegantes y sofisticados ambientes de clase media, media alta o franca opulencia y el hecho de que Río de Janeiro muestre aquí su mejor cara.

La fórmula funcionó con el público brasileño, probablemente seducido por la contemporaneidad de la trama. Pero en Cuba, a unos cuantos kilómetros del gigante sudamericano, la telenovela no ha causado el furor de otras series de ese país. Porque Mujeres apasionadas, más allá del generoso aparataje que le sirve de envoltura, es una historia no muy contundente, algo sosa, lenta y demasiado abigarrada. Lo que le sobra a estas mujeres en glamour, les falta en intensidad dramática.

Mujeres apasionadas se ha hecho eco de varias de las problemáticas de la mujer contemporánea, haciendo énfasis sobre todo en su aspecto más doméstico. Una exploración en el universo femenino como la que pretende y pregona descubre aristas no siempre bien tratadas o hasta caricaturizadas por cierta tradición del folletín televisivo.

Es obvio que la mujer ama, odia, siente de manera singular, sin contar ese cúmulo de experiencias trascendentales que la distinguen de los hombres, como la maternidad. Incluso el tratamiento de asuntos comunes más o menos espinosos para la telenovela tradicional, como el alcoholismo y la homosexualidad, plantea en el caso de las mujeres más complejos retos, porque la percepción que tiene la sociedad de estos temas varía sensiblemente.

Pero el abordaje de estos temas no se caracteriza precisamente por su profundidad. Alguien podría alegar no sin cierta razón que la telenovela no tiene que alcanzar demasiadas honduras psicológicas o sociológicas. Pero lo que no puede permitirse un folletín es aburrir al televidente. Y en Mujeres apasionadas las historias que avanzan poco, señorean las cacofonías, abundan los regodeos estériles en las mismas situaciones, con parrafadas que dicen y vuelven a decir lo mismo…
 
Es una lástima, porque desde lo conceptual no nos parece mal encaminado el tratamiento del universo femenino. Algunas de las historias, incluso, pueden resultar valiosas por su componente orientativo.

Los conflictos de Mujeres apasionadas no son de baja intensidad, pero el nivel de peripecias y el ritmo de exposición están muy por debajo de lo que el tema y el género precisan. La presentación de los conflictos se extendió por más de una decena de capítulos, hasta el punto de que es ahora, transcurrida más de la mitad de la serie, que algunos comienzan a tomar fuerza.

En esto ha influido el exceso de personajes y subtramas. En ocasiones se hace evidente el esfuerzo de los escritores por dotar a algunos personajes, prolijamente caracterizados, de una historia que amerite su presencia en la serie. No ha podido evitarse la reiteración de conflictos y situaciones. ¿Cuál es la diferencia entre lo que sucede a la perturbada Eloísa y a la no menos descontrolada Marina? Si los creadores quisieron ofrecer dos variantes de los celos, solo lograron presentar a dos celosas con diferentes intensidades.

Es que hacer avanzar con suficiente agilidad y equilibrio este maremágnum de itinerarios personales exige una destreza poco común. No hay que dudar, sin embargo, de la pericia del equipo de escritores: se las arreglan para alargar, con corrección dramatúrgica, una historia que bien podría haber sido contada con muchos menos capítulos.

Más allá de los altibajos del argumento y el ritmo, es notable la calidad del diálogo, el dominio del contexto y el cuidadoso diseño de algunos personajes. La puesta en pantalla deslumbra por su suficiencia y funcionalidad. No pretende rupturas, no quiere complejizar. Es un entramado pensado hasta el detalle, ejecutado con rigor y profesionalidad.

Otro punto a favor es un elenco que, cuando el diseño de personajes y situaciones lo permite, ofrece lecciones de organicidad y dominio del medio. Está claro que aquí –como en todas las telenovelas brasileñas- hay actores de categoría y otros que son convocados sobre todo por su belleza y telegenia. Pero incluso los desempeños más mediocres no comprometen el nivel general.

Mujeres apasionadas decepciona porque no ha sabido sacarle provecho a su propio planteamiento. No hay que pedirle más que lo que una telenovela puede ofrecer ni tampoco menos: una historia de mujeres que aman y viven con pasión necesitaba mucho más corazón. 

Fuente:  Yuris Nórido en Cubasí.
Disponible en http://cultura.cubasi.cu/DesktopDefault.aspx?SPK=160&CLK=199855&LK=1&CK=102568&SPKA=36

Cirujanos telegénicos

Cirujanos telegénicos

Ese inefable personaje que es el doctor House ya ha demostrado que la medicina puede ser un deslumbrante espectáculo. Para bien o para mal, no entraremos ahora en la tan llevada y traída polémica. Lo cierto es que las series médicas, protagonizadas por telegénicos doctores y enfermeros, ambientadas casi siempre en lujosos e impecables hospitales, han atrapado la atención de un público bastante heterogéneo: desde el que busca historias con considerables niveles de morbo, hasta el admirador de una profesión signada por la entrega y el sacrificio; pasando, no faltara más, por los sempiternos y abundantísimos amantes del melodrama, entre los que este redactor se cuenta.

Cubavisión está trasmitiendo ahora (martes y jueves, 10:00 pm) una de las más populares series de la televisión norteamericana, Anatomía de Grey, producida por la ABC a partir de 2005. Los protagonistas son ahora un grupo de jóvenes cirujanos, que comienzan su vida profesional en un prestigioso hospital de Seatle.

Somos testigos, una vez más, del abultado inventario de casos, accidentales o no, de los innumerables retos profesionales que enfrenta el equipo en cada una de sus maratónicas jornadas; todo aderezado con los conflictos personales de médicos y pacientes, sus historias de amor y desamor.

Más de lo mismo, dirán algunos y no les faltará razón: hace rato que la televisión norteamericana encontró la manera de sacarle a casi cualquier manifestación del intelecto y el trabajo humano su filón más atractivo para las cámaras. El espectáculo está en todas partes, solo hay que saber potenciarlo. Anatomía de Grey no hace más que seguir pautas probadamente eficaces en la dramaturgia y la realización. Pero el carácter industrial de su factura no le resta méritos a un producto realizado con sensibilidad, buen gusto y dominio innegable de las características del medio.

Hablar de la impecable funcionalidad de la puesta en pantalla resulta casi una perogrullada, teniendo en cuenta los estándares que deben cumplir las series norteamericanas producidas por las grandes cadenas. Aquí no hay pretensiones de experimentación formal. La fórmula es la de casi la totalidad de las series de su tipo: fotografía, edición, banda sonora están tan puestas en función de la historia, constituyen un mecanismo tan aceitado, que para el televidente medio pasan casi inadvertidas, de manera que no obstaculizan la comprensión de la trama.

La dramaturgia también es esencial, sencilla, diáfana: Anatomía de Grey rehúye de grandilocuencias estilísticas y estructuras complicadas. Cada capítulo es una unidad, que a la vez tiende puentes con otros capítulos. Es admirable el pulso con que se van desarrollando las historias de mayor aliento en la serie, sin que resten primacía a las historias y personajes circunstanciales en cada episodio.

Nadie piense, sin embargo, que estamos en presencia de un producto autosuficiente, redondo: demasiada influencia tienen en la realización de estas series los altibajos de la producción como para que puedan evitarse repentinos cambios de rumbo. De cualquier forma, la estructura del serial posibilita a los escritores manejar más de una opción a la hora de resolver conflictos y situaciones.

Aunque no hay aquí una exploración demasiado crítica en los evidentes defectos del sistema médico norteamericano, hay que reconocer que en Anatomía de Grey se plantean situaciones conflictivas, dilemas éticos, profesionales y personales que exigen de los médicos actitudes claras y decididas.

En estas series no hay malos ni buenos en el sentido más melodramático de esa dicotomía (independientemente de que podamos identificarnos con algunos personajes y rechacemos de plano las actitudes de otros); el diálogo entre personajes con virtudes y defectos, con matices, ofrece mucha tela por donde cortar.

Lo que mejor resuelve Anatomía… es el balance entre la peripecia básicamente médica (diagnósticos, operaciones, tratamiento a los pacientes) y el itinerario afectivo, psicológico de los personajes. Cada caso es, más allá de la patología, un conflicto humano. Los pacientes no son aquí carne de hospital, sino criaturas con historia que a la vez suelen funcionar como detonantes de las historias de los cirujanos.

El dinamismo de los episodios no es obstáculo para regodearse de cuando en cuando en alguna escena de amor, una mirada.

Anatomía de Grey no es precisamente una serie edulcorada donde cada capítulo tiene un final feliz: se habla de la enfermedad y la muerte sin demasiados tapujos; pero no hay muchas concesiones al morbo: el tratamiento visual a la enfermedad es contenido y discreto, sin que se renuncie al dramatismo muchas veces estremecedor de las situaciones.

Un elenco más que capaz (ya sea en los roles protagónicos o los secundarios) defiende con organicidad personajes bien concebidos y coherentes (todo lo coherentes que permite un sistema de producción en constante movimiento).

Más allá de ocasionales gazapos y muy probables exageraciones, Anatomía de Grey nos acerca a un universo complejo y de fuerte incidencia social. El ejercicio de la medicina no es en esencia ese show trepidante que nos presentan las series médicas. Pero ser médico, indudablemente, tiene mucho de aventura heroica.

Fuente:  Yuris Nórido.  Portal Cubasí

Disponible en http://cultura.cubasi.cu/DesktopDefault.aspx?SPK=160&CLK=203131&LK=1&CK=104210&SPKA=36

Más que polvo en el viento

Más que polvo en el viento

Tele y Radio acoge el criterio del colega Yuris Nórido, aparecida en el Portal Cubasí.  Una crítica o reflexión que seguramente les parecerá acertada y profunda.  Por cierto, no está escrita con el estilo barroco y plagado de palabras de diccionario de otras valoraciones que se publicaron a raíz de la teleserie cubana recién finalizada.

Más que polvo en el viento

A Polvo en el viento, la telenovela nacional que trasmite Cubavisión, no puede escatimársele una virtud: entretiene, lo que no es poco mérito, teniendo en cuenta que ese es precisamente el principal cometido del género. El televidente es testigo de una historia con muchas peripecias, contada con suficiente agilidad y bastante “novelería”. Pero obviamente con entretener no basta. La gente busca algo más en una telenovela, aunque a veces no sepa a ciencia cierta qué.

En tiempos en que no pocos críticos, funcionarios y creadores miran con disimulado recelo al más tradicional melodrama, Polvo en el viento apuesta sin demasiados prejuicios por las añosas fórmulas del folletín televisivo, sin que signifique que el producto final cuaje como tal.

Estamos ante una de esas series de clasificación algo complicada: a la arquetípica historia de amor de la telenovela más convencional, cimentada casi siempre por una evidente suspensión de la credibilidad, Polvo… añade no pocas dosis de drama realista, pinceladas de un contexto social perfectamente identificable y que marca tremendamente los derroteros de la historia: el aquí y ahora, la Cuba de ahora mismo.

No es ni por asomo la primera serie que se plantea este esquema. Los realizadores se han visto ante el reto de matar dos pájaros de un tiro: ofrecerle a la gente su telenovela de toda la vida y de paso complacer a los muchos que piden que los dramatizados del patio reflejen con objetividad y sin medias tintas la compleja realidad nacional.

El problema es que el tiro no siempre sale bien: muchas veces el reflejo de esa realidad se sale de los moldes del género y lo que se pretendió una telenovela resulta a la postre una serie mal disfrazada de telenovela. En ocasiones, para preservar de algún modo la pureza del género, se intenta circunscribir el abordaje de asuntos más o menos candentes de la realidad a los códigos más tradicionales del folletín y el resultado es un reflejo muy superficial de esa realidad. El público, en definitiva, queda insatisfecho.

Sobre la mesa sigue el viejo debate: ¿debe, puede la telenovela ocuparse de los temas más relevantes de la sociedad? ¿Debe, puede la telenovela sumarse al debate público sobre los asuntos más peliagudos del acontecer nacional? ¿O debería ser el reservorio para las historias de amor que buena parte del público también precisa y seguirá precisando?

No nos detendremos demasiado en la polémica: nos basta con afirmar que el género tiene la potencialidad de asumir con efectividad y contundencia esos temas, siempre y cuando no constituyan el eje central de la trama. En ese caso, el producto será una serie de otra naturaleza, mejor o peor en su concepción, pero no básicamente una telenovela.

A la telenovela –al menos entendida en su más generalizada acepción- le incumben las peripecias del amor y la pasión, el triángulo amoroso, la lucha de contrarios en pos de alcanzar la realización sentimental. Lo demás es contexto, matices, motivaciones, detonantes. Si el creador está interesado en ofrecer algo más que una simple historia de amantes, deberá cuidarse de no terminar desvirtuándola.

Polvo en el viento podría ser un buen ejemplo de una relación bastante equilibrada entre melodrama y realismo, sus creadores han sorteado con bastante pericia los obstáculos; pero el talón de Aquiles es demasiado evidente: la historia principal, la del triángulo amoroso entre la doctora Keyla, David y Javier es demasiado endeble, demasiado falto de sustancia como para erigirse en guía de las demás tramas. El edificio se tambalea entonces porque el componente melodramático que debía sostenerlo se resiente por falta de profundidad y pujanza.

Demasiado reiterativa, superficial y previsible resulta esta historia de amores y desamores, ilusiones y desengaños de la protagonista, sobre todo porque su devenir parece algo errático, caprichoso. Se extraña aquí un personaje antagónico lo suficientemente fuerte como para obstaculizar el camino de esta doctora, para obligarla a plantearse una estrategia. El melodrama –el drama todo- es lucha de contrarios.

Las múltiples peripecias que Keyla, David y Javier han protagonizado no garantizan necesariamente el crecimiento de los personajes, no otorgan necesariamente un sentido interesante al devenir de ese núcleo dramático. Tampoco el contexto del triángulo, su realización más allá de la relación amorosa, reserva conflictos suficientemente fuertes para relativizar la simpleza del itinerario afectivo, a pesar de que había tela y mucha por donde cortar (la seropositividad de David, sin ir más lejos).

La consecuencia es que las tramas secundarias resultan más interesantes que la principal. La historia de Mónica y Leo, por ejemplo, atrapa mucho más al televidente porque pulsa con más fuerza los resortes dramáticos y de paso, ofrece un abordaje más complejo y franco (polémico si se quiere) de un tema candente y difícil: la corrupción. Los personajes, por demás, están mejor construidos, muchas más claras están sus motivaciones, mucho más evidentes resultan sus demonios.

El televidente puede llegar a identificarse más con estos dos personajes –aunque reconozca que no son precisamente un ejemplo para seguir- que con la doctora y sus pretendientes, que representan una visión mucho más ética y responsable. A los primeros los comprende, a los segundos no acaba de calarlos. El dinamismo de los capítulos, los golpes de efecto, los puntos de giro, la calidad indiscutible de los diálogos no han bastado para que la trama principal se enraíce.

Desde el punto de vista formal, Polvo en el viento no rebasa la calidad media de las producciones nacionales. La edición, la fotografía y la musicalización son correctas, sin especiales pretensiones, pero sin chapucerías. La puesta en pantalla cede protagonismo a la historia. A la escenografía, que no está a la altura de la de otras producciones pero tampoco por debajo de la media, la iluminación no le saca todo el provecho. Punto y aparte para un diseño de presentación insuficiente, tanto por la baja calidad de la factura como por la falta de vuelo y originalidad de la idea.

En cuanto actuaciones, son evidentes ciertos desniveles en el elenco, aunque prima la corrección. Destacables los desempeños de Jorge Martínez, que huye de la habitual caricatura en su caracterización de un personaje homosexual; Yadier Fernández, que asume con organicidad y matices un personaje que podía prestarse a la simplificación. Yori Gómez, hermosa y capaz, le otorga a Keila toda la verosimilitud que su personaje le permite. Lieter Ledesma y el debutante Rodolfo Faxas por momentos lucen demasiado externos. Arianna Álvarez y Enrique Bueno sacan partido a la pujanza de sus roles, aunque en ocasiones son demasiado enfáticos, especialmente él.

Polvo en el viento ha demostrado, en definitiva, que la telenovela puede acercarse a temas polémicos sin que necesariamente pierda su esencia. Pero también ha puesto de manifiesto la necesidad de núcleos dramáticos más convincentes, que otorguen intencionalidad a la consecución de peripecias y sustancia al triángulo amoroso. Para que al final de la historia, la telenovela sea para algo más que un simple pasatiempo, algo más que una de tantas.

Fuente: Yuris Nórido

Disponible en: http://cultura.cubasi.cu/DesktopDefault.aspx?SPK=160&CLK=209683&LK=1&CK=107496&SPKA=36