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¿TV o no TV?

¿TV o no TV?

Los expertos en salud recomiendan que los padres deben ser firmes y mantener la televisión fuera de la habitación de sus hijos.

 

Al parecer hay buenas razones para ello. La última investigación, publicada en la edición de abril de Pediatrics revista oficial de la estadounidense Academia Americana de Pediatría, muestra que tener un televisor en la habitación no solo conduce a verla más, sino que también los jóvenes pasen menos tiempo con la familia, menos tiempo dedicados al ejercicio, que consuman menos frutas, verduras, más bebidas dulces, y a que tengan calificaciones más bajas en la escuela.

 

Un estudio a gran escala halló que los niños entre los 8 y 18 años pasan más de tres horas cada día frente al televisor. Se ha evaluado el efecto de la televisión sobre los niños pequeños; pero las investigaciones realizadas sobre la televisión en la habitación y los adolescentes son escasas.

 

Barr-Anderson y sus colegas reunieron información sobre la presencia de la televisión en la habitación y las características sociodemográficas, conductuales y personales, por medio de un cuestionario que se envió a 781 adolescentes de 17 años como edad promedio.

Los resultados fueron semejantes a los de estudios anteriores. Casi las dos terceras partes de este grupo tenía televisión en la habitación. Tener una televisión personal duplicaba el riesgo de que un adolescente viera de forma regular más de cinco horas de TV todos los días, en comparación con los adolescentes que no tenían el receptor en la habitación.

fuente:  Periódico Trabajadores

En el aire, por Cubavisión, nueva telenovela cubana Polvo en el viento, con dirección general de Xiomara Blanco

En el aire, por Cubavisión, nueva telenovela cubana Polvo en el viento, con dirección general de Xiomara Blanco

Un olor, un sabor, alguien amado que muere, una canción, la juventud... Todo es como polvo en el viento: lo que ya se perdió y no se podrá recuperar, a pesar de que permanezca en nuestra memoria, en nuestro subconsciente. Y eso hace recordar a la vida, a esa que Silvio Hernández quiso apresar en la próxima telenovela que, con dirección general de la experimentada Xiomara Blanco, ocupará el espacio de Historias de fuego, y comenzará a transmitirse a partir del próximo lunes, por Cubavisión.

 

Protagonizada por Yory Gómez, María Karla Fernández, Lieter Ledesma y Rodolfo A. Faxas, Polvo en el viento, codirigida por José Luis Mederos, vuelve a escudriñar la Cuba de ahora mismo, una inquietud perenne de su guionista, quien asegura que, aunque le gusta investigar nuestro pasado, solo le interesa escribir sobre la actualidad. «Esa es mi responsabilidad social: abordar en mis textos algunas problemáticas sociales, pero no de otra época ni de otro país».

 

Y al parecer, Hernández lo ha sabido hacer muy bien, según consideran los timoneles de esta nave, Xiomara y José Luis, quienes coinciden en que tuvieron en sus manos un libreto excelente. «Silvio escribe magníficamente bien y diseña personajes de mucha fuerza, los cuales dialogan con mucha soltura. Mira, te voy a decir lo malo de esta telenovela: le faltan 20 capítulos más, pero Silvio no quiso seguir», apunta la directora de Tierra Brava, El naranjo del patio y Destino prohibido, pero el autor de La maja desnuda y La Atenea está en San Miguel, expone sus razones:

 

«Sucede que la historia de Polvo en el viento está concebida con una estructura cerrada. Es decir, en cada capítulo aparecen tres o cuatros eventos que comienzan, detonan, se desarrollan y terminan, aunque los personajes siguen evolucionando —pero no son episodios monotemáticos. Esa ha sido la causa fundamental, porque es muy difícil escribir así, con ese requerimiento.

 

«Esta novela no se detiene, no hace concesiones con demasiadas reiteraciones. Es bastante ágil, no por el ritmo, sino por la trama, que no se paraliza», explica Silvio, mas aclara que «es una trama de ficción y, por tanto, habrá cosas verosímiles y otras no. Lo que no escaseará es la polémica —sucedió por allá por el año 2000 cuando Polvo en... se transmitió por la radio—, y también habrá temas muy discutibles, pues ubico a los personajes en situaciones límites, los cuales muchas veces reaccionan de una manera inesperada, lejos del destino ya establecido para el galán o la damita joven. O sea, que, en aras de establecer el debate, “traicioné” al público».

 

Juan Lozada, asesor de Polvo..., aprovecha para esclarecer que esta nueva propuesta, la cual no es exactamente igual a la pasada ya por la radio, «es una mezcla entre la telenovela clásica (la de pasiones fuertes), y las series que intentan profundizar en temas de interés social. Al mismo tiempo, quisimos trabajar determinados aspectos que no son comunes en los guiones que normalmente se hacen para la televisión, como la utilización de las grandes elipsis, algo que resultó un verdadero reto».

¡Pero que chévere!

 

Polvo en el viento es el regreso a la pantalla de Xiomara Blanco después de Destino prohibido. Durante 50 días, con esta telenovela la también guionista convertirá en visitantes habituales de los hogares cubanos a excelentísimos actores y actrices que la han acompañado en otras ocasiones: María de los Ángeles Santana (actuación especial), Zelma Morales, Mariela Bejerano, Eslinda Núñez, Odalys Fuentes, Amada Morado, Nieves Riovalles, Enrique Molina, Rogelio Blaín, Jorge Martínez, Rolando Núñez, Serafín García..., a quienes se suman Ariana Álvarez, Yadier Fernández, Enrique Bueno, Herón Vega, entre otros.

 

«Como si fuera poco, dice, pude reunir a un magnífico equipo de trabajo: Mederos, graduado del ISA, que me aportó además de sus conocimientos y talento, calma y juventud; Eddy Quintero, en la dirección de una fotografía de lujo; Loly Atencio en la producción general, cuyo único defecto es que nunca se cansa; José Jáuregui en el diseño de una muy decorosa escenografía...

 

«No puedo dejar de mencionarte a dos personas que, tristemente, no podrán ver el resultado de su destacada labor: Milagro Duquez (editora grabadora) y Enrique Almirante, quien estuvo con nosotros grabando hasta el 11 de agosto y un mes después lo perdimos. A ellos dedicaremos un programa especial este lunes, antes de que la telenovela inicie oficialmente el miércoles 21».

 

Con casi media vida en el ICRT —la mayor parte de esos casi 24 años como camarógrafo y director de fotografía (Cuando yo sea grande)—, José Luis Mederos se estrena en grande en la dirección con Polvo en..., si bien antes había conducido las riendas del último documental que se le hiciera a Dora Alonso y de la versión en inglés de la cartilla de alfabetización Yo sí puedo.

 

«Fue una experiencia única. Realmente me sentí muy cómodo trabajando con este grupo de profesionales. Desde un principio me enganché con el guión, pero el premio mayor fue compartir la dirección con Xiomara, con quien aprendí mucho, como antes con los maestros Iraida Malberti y Silvano Suárez. Ella confió mucho en mí y nos compartimos las escenas. Todo fue muy chévere».

En otras pieles

 

 

Perdí el respeto al mar, gracias a Polvo en el viento, dice Lieter Ledesma.

Haberle perdido el respeto al mar está entre las tantas cosas que agradece a Polvo en el viento el popular actor Lieter Ledesma, quien protagoniza por vez primera una telenovela después de descubrir el espacio de la mano de Eduardo Moya en A pesar de todo. «A raíz de este papel tuve que pasar un curso de buceo, aunque en la filmación no bajamos a grandes profundidades, y lo que más se verá es la manipulación de algunos equipos en tierra. Y es que Javier es biólogo marino. Ahora esto es parte de mi vida y cada 15 o 20 días hago mis inmersiones», confiesa el Juan Andarín de La sombrilla amarilla.

 

Con siete películas en su haber (Camino al Edén, Mañana, Viva Cuba, Sap, Ma tante Aline...), Lieter, que acaba de prestarle su voz a Meñique, esperado proyecto de los Estudios de Animación del ICAIC, señala que «aunque interpreto un rol esencialmente positivo, Javier me atrajo porque no es el héroe inmaculado de las telenovelas, sino que es como cualquier persona. A la hora de enfrentarlo traté de hacerlo sobre todo humano. Será muy polémico por las cosas que a veces hace, pero tiene una base de bondad, de buena persona».

 

No es solo Ledesma el que cree que su rol desatará la polémica en esta historia de encuentros y desencuentros. Rodolfo A. Faxas, que ve a este como su verdadero debut televisivo, piensa que su David no lo será menos. Alumno por dos años del maestro Raúl Egurem, asegura que su mayor preparación la encontró en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, gracias a su participación como actor, durante tres años, en las tesis de graduación de los estudiantes.

 

Cuenta Faxas que a pesar de no haber hecho un casting muy bueno —al menos así lo cree—, Xiomara vio en él algunas potencialidades.

 

«Me llamaron para otro papel, pero hubo dificultades con uno de los protagonistas y Xiomara me propuso ese rol. No te niego que tuve tremendo miedo, pero creo ha quedado bastante bien, aunque la última palabra la tiene el público. David, también biólogo marino, es un hombre muy espiritual, con muchas ganas de vivir, pero la vida le juega una mala trastada y lo vuelve todo al revés», dice este joven actor que se negó a adelantar más, al igual que María Karla Fernández, a quien quizá antes que finalice Polvo en el viento podremos apreciar también en Los tres Villalobos.

 

«Xiomara tuvo la gentileza de invitarme para que interpretara a Liuba, una muchacha triste y solitaria como la de La otra cara de la Luna, pero al mismo tiempo diferente, pues no es madre, ni estuvo casada por 15 años... Ella, profesora universitaria, se enamora locamente, pero...», y se detiene para evitar decir más, mientras invita a los televidentes a seguir esta corta telenovela, «pero concentrada y con sustancia. No ver un capítulo será perderse una parte importante de la trama».

 

Con la gran actriz Amada Morado, que en estos momentos ensaya para el teleplay Choque, sucederá idéntico que con María Karla, pues también forma parte de Los tres Villalobos. «Marcia es una ama de casa que ha dedicado su vida a cuidar de una familia, donde escasea la comunicación: dos hijos llenos de conflictos (la propia María Karla y Yadier) y un esposo (Rogelio Blaín) poco solidario y muy intolerante. Es una mujer que está constantemente enfrentándose a disímiles dilemas».

 

Por su parte, la estelar Zelma Morales confiesa que enfrentó a su Odalis con temor. «Es una mujer atractiva pero alcohólica. Imagínate, yo que soy casi abstemia. Estoy muy expectante con este personaje, primero de este tipo que interpreto en mi carrera. Por lo tanto me siento con el nerviosismo de una debutante».

 

En tanto, Enrique Bueno, el Leroy de La cara oculta de la Luna, no cree que esta sea su gran actuación, pero sí está supercontento por la oportunidad. «Mi rol dará de qué hablar. Mientras que mis compañeros lo ven como negativo, a mí no me lo parece. Tengo mucha fe en él y lo disfruté sobremanera. Fue un reto que me puso Xiomara en las manos y se lo voy a agradecer siempre, porque me permite mostrar la otra cara del actor Enrique Bueno».

 

Fuente:  José Luis Estrada Betancourt. Fotos Martha Vecino Ulloa, de Juventud Rebelde

 

Correo: joselestrada@jrebelde.cip.cu

Recuerdan surgimiento en 1953 del canal Telemundo

"Desde este sitio se realizó la primera transmisión de televisión del Canal 2, el 18 de febrero de 1953. En honor a todas las personas que materializaron este sueño", dice la tarja que acaba de ser fijada en la fachada del edificio de P y 23 desde donde actualmente transmiten los canales educativos 1 y 2 de la Televisión Cubana.

 

Eva Rodríguez y José Ramón Artigas, a nombre de fundadores de este medio presentes en el lugar, develaron la pieza de bronce, similar a las colocadas tiempo atrás en las sedes de otros dos canales fundacionales de este medio en el país: Mazón y San Miguel (Canal 4, Unión Radio Televisión, 24 de octubre de 1950) y RadioCentro (Canal 6, CMQ TV, 18 de diciembre de 1950).

 

Telemundo, cronológicamente el tercer canal cubano —se recordó en el acto— nació con una programación típicamente comercial, que varió en octubre de 1960, al fusionarse con el canal 4 para constituir CMBF Televisión Revolución, y luego, en 1968, sus estudios comienzan a realizar teleclases de Secundaria Básica y Preuniversitario para afrontar el crecimiento de la matrícula en esas enseñanzas.

 

Fuente:  Antonio Paneque Brizuela, tomado de Granma

paneque.b@granma.cip.cu

Efectúan premier de telenovela cubana Polvo en el viento

Vivir cada día y hacer todo el bien posible es la moraleja que para la realizadora Xiomara Blanco pretende dejar su Telenovela Polvo en el viento, cuya premier tuvo lugar en La Habana.

 

Ernesto López, presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y Waldo Ramirez, vicepresidente para la Televisión, asistieron a la proyección, en el Centro Internacional de Prensa (CIP), al igual que actores y equipo técnico del material programado para la próxima semana.

 

El guión, del joven Silvio Hernández, narra los encuentros y desencuentros de tres personajes, que derivan en grandes conflictos capaces de poner a prueba sus actitudes y valores frente a la vida, la amistad., la familia y el amor.

 

La obra, que consta de 50 capítulos de más de 45 minutos de duración cada uno, y sustituye a Historias de fuego que finalizó este miércoles en el espacio de la telenovela del patio, tiene un elenco encabezado por figuras noveles y otras consagradas, entre ellos Yoraisi Gómez, María Karla Fernández, Rodolfo Faxas, Eslinda Núnez, Odalys Fuentes, Enrique Almirante, Enrique Molina y Jorge Martínez.

 

Otros intérpretes son Herón Vega, Yadier Fernández, Rolando Nuñez, Amada Morado, Estela Gutiérrez, Rogelio Blaín, Enrique Bueno y la actuación especial de María de los Angeles Santana.

 

Para el próximo miércoles se programa el primer capitulo de este dramatizado, con música de Edesio Alejandro, la dirección fotográfica de Eddy Quintero, la cual Xiomara Blanco calificó de preciosa, el diseño de vestuario de Elio Vives y el escenográfico de José Jauregui.

 

Blanco dijo que espera que este producto dramatizado guste y llene las expectativas de la teleadudiencia, porque una finalidad ha sido tratar de transmitir que hay que vivir cada día haciendo un mayor bien posible a sus semejantes.

Fuente: AIN.

Salidas del candelero, titula Joel del Río su acercamiento crítico sobre la telenovela cubana

Salidas del candelero, titula Joel del Río su acercamiento crítico sobre la telenovela cubana

Un grupo de lectores molestos me exige, con algo de razón, afrontar la telenovela cubana con el mismo rigor exhibido en estas páginas ante la brasileña Mujeres apasionadas. Aparte de las tenues similitudes entre ambas, habida cuenta de que las dos se dedican a la contemporaneidad de sus respectivos países (y el hecho totalmente fortuito de compartir horario y teleaudiencia), son demasiado distintos los contextos culturales, económicos y sociales, como para pedirle al crítico el mismo rasero ante dos fenómenos audiovisuales realizados con muy distintos propósitos, alcances y estilos. Sería como obligarnos a comparar, y a decidir quién es mejor, entre Silvio Rodríguez y Chico Buarque. A ver, ¿por qué razón se le asigna a la crítica, o alguien se cree con la potestad, de dirimir con justicia «oposiciones» y jerarquías tan innecesarias y artificiales? Mi casi total contrariedad ante la mayor parte del seriado carioca, explicada en su momento, no puede ni debe condicionar la opinión y reflexión que merece Historias de fuego, «la novela de los bomberos», como familiarmente se la conoce. 

Hace poco, en Ciudad Libertad, se incendió un laurel de esos que majestuosamente rompen las aceras. Algún fumador desaprensivo debe haber lanzado una colilla encendida, y tuvieron que venir los bomberos a apagar los restos del todavía hermoso árbol. Cuando llegaron en su carro rojo, fue imposible contener la algarabía de los niños, cuyas clases no habían terminado, pero que se amontonaban en las ventanas gritándole su admiración a los bomberos, les preguntaban por El Guajiro, y muchos cantaban la canción de Buena Fe que le sirve de tema a la serie, como una manera de estimular y rendir homenaje a los valientes jóvenes que controlaron, en un dos por tres, el siniestro amenazante. Veinte años se demorará el árbol en retoñar, pero los bomberos cubanos de ahora mismo están recibiendo el cariño agradecido de mucha gente, gracias a la serie que les ha conferido mayor visibilidad a su extraordinaria labor.

 

Esa capacidad mitologizadora que tiene la televisión, utilizada esta vez a favor de una noble causa, no significa que debamos callar las numerosas imperfecciones, ambigüedades, errores de tono y de puesta en escena, problemas flagrantes de edición (excesos y dilaciones en momentos anodinos, mientras se precipitan hasta hacerse invisibles los de medular dramatismo) con que nos castiga la propuesta cubana de horario estelar. Precisamente lo estelar del horario nos condiciona a todos nosotros, espectadores insatisfechos con nuestra programación dramatizada, a exigirle grandes compensaciones a la serie cubana que ocupa tan privilegiado espacio.

 

Y tal vez estas Historias de fuego eran más adecuadas para otro horario, con capítulos más extensos, donde no molestara tanto la larguísima presentación y despedida. Pero eso ya no tiene remedio, y quedará la discusión, si acaso, para próximos seriados cubanos. Ojalá pudiéramos tener más de uno al aire; qué más quisiéramos que colocar un título cubano en la marea de series norteamericanas (la mayoría excelentes) que ocupan los horarios de la alta noche y la madrugada.

 

A pesar de los muchos pesares y entuertos, no obstante los evidentes errores en la designación del elenco histriónico, las torpezas narrativas o el diseño superficial de algunos personajes —problemas amplificados por una edición que parece interesada en lesionar a toda costa la historia, en lugar de preocuparse por reforzar los momentos climáticos, la fluidez y el ritmo de la acción— se aprecian valores como el dimensionado diseño de algunos personajes (particularmente los de Rubén Breña y Heydi González, cuyo desempeño sorprende agradablemente), la voluntad concreta por apresar con honestidad ciertos fragmentos de nuestro entramado psicosocial (los problemas de comunicación padre-hijo, la corrupción administrativa, la prostitución, las envidias y competencias profesionales, etc.), algunos momentos de brillantez histriónica (en los cuales sobresale el propio Breña, Alina Rodríguez, Ketty de la Iglesia), al tiempo que merece encomio cierta frescura humanizadora en el tratamiento de los héroes, y aunque creo pudo profundizarse mucho más en la vida de un cuartel, en la psicología del recluta, y en la mentalidad militar, el intento es uno de los primeros en nuestra televisión que mira en los costados cotidianos de la vida marcial, más allá de las facetas estoicas.

 

Aunque el chivo expiatorio de todos los problemas de la serie ha sido el guión (según los comentarios que he leído, ojalá que al interior de la televisión predomine un análisis más profundo), las ineficacias de la serie hay que buscarlas también en otros terrenos. Nadie está interesado en negar la falta de profundidad psicológica, e incluso de conflictos poderosos, en los bomberos a los cuales se consagra la serie. Aparte de Aniceto-Breña y de su competidor más joven (a cuyos dilemas amorosos e intentos de cambiar los métodos directrices del cuartel pudo sacársele mayor provecho dramático), los demás bomberos son tratados cual deportivos figurantes, gente sin conflictos cuya presencia, y diálogos, apenas alcanzan peso específico en la dramaturgia. Además, toda la subtrama del solar y sus habitantes enrarece el tono dominante —que a todas luces se aproximaba al melodrama de costumbres y al género de aventuras— y altera los propósitos principales de la obra con pinceladas de folclorismo vernacular, o de farsa, que colorearon el conjunto con los indeseables matices de la inoperancia y la ridiculez.

 

Cada vez que un actor declara, o sugiere, en radio o televisión, para miles de espectadores, que los problemas de una obra radican por completo en el guión, yo invitaría en la siguiente emisión de ese programa a los guionistas, para que relataran la cantidad de escenas, bien o regularmente escritas, que puede estropear un actor o actriz cuando no entiende el personaje, no logra concentrarse, el director no le explicó el modo en que se le podía dar vida a equis situación, o simplemente no entra en el rango de lo que ese intérprete puede hacer desde la verosimilitud y la organicidad. De todo ello hay un poco en esta serie donde demasiados actores y actrices recitaron sin ninguna intención sus parlamentos y recurrieron a los vicios más extraviados y a los lugares comunes más desalentadores de la actuación contemporánea.

 

Hay capítulos que debieran emplearse, en nuestras escuelas de arte, como ejemplos de lo que algún actor jamás debe hacer delante de una cámara televisiva. Me ahorro los nombres porque la crítica no ha de ser paredón para fusilar la autoestima profesional de nadie, pero la redacción de dramatizados, en pleno, debiera sentarse a revisar el modus operandi que sigue a la aprobación de un guión, es decir, a la producción de una telenovela. No basta con llenar el hueco en el horario. Hay que hacerlo con el más alto sentido de sacar al aire una producción decorosa y profesional.

 

Los jóvenes actores y actrices no alcanzaron a sorprender tan agradablemente como en ¡Oh, La Habana!, porque los insertaron a casi todos en una dicotomía de buenos-serios-pesados y malos-gozadores-antipáticos, que apenas les permitió destacarse a los más diestros. Además, en cuanto al cuadro adulto, no se entiende muy bien qué criterio se siguió a la hora de arriesgar la pegada de buenos personajes con actores incapaces de conferirles vida, cuando tenían a otros en el reparto (Fernando Echevarría, Alberto Pujols) tan notables como siempre y condenados a la brevedad de sus apariciones.

 

Una combinación de pésimas actuaciones, mala dirección y errores de edición (como escenas importantes picoteadas sin ninguna necesidad, y otras abrumadoramente largas, donde parece no llegar nunca el próximo corte) malogró muchos episodios, sobre todo los segmentos melodramáticos, básicamente referidos a la trama que rodea al doctor, su hijo desviado, la ex esposa que prefirió a un empresario extranjero, el padre bombero recién descubierto, y la amante-colega que no entiende muy bien el lugar que ocupa. A pesar de que esa línea dramática jamás consiguió articularse de manera natural con los bomberos, estos resultaron convenientemente ennoblecidos por lo bien realizado de la mayoría de las secuencias de incendio y de calamidad (que eran excepción, por supuesto), sobre todo teniendo en cuenta el nivel precario, por consabidas razones, de la truca, las escenas de acción y los efectos especiales en nuestra televisión. Con imaginación y acertados criterios en los movimientos de cámara solucionaron lo que parecía irrealizable, y pulsaron con acierto una de las claves fundamentales del cine de aventuras: héroes enfrentados a peripecias que requieren extraordinario coraje, en pro del bien colectivo.

 

En fin, que los bomberos ya tienen su telenovela. Falta ahora que los cubanos todos dispongamos de un reflejo estable, dimensionado, complejo y plausible en la pequeña pantalla. Y si el fuego se sale del candelero, a sofocarlo para que no cause mayores desmanes, que todo se cura cuando se alientan nuevas obras y uno es capaz de aprender con los escollos que tuvo el camino. Ojalá que esta invitación sea transferible y alentadora para la directora debutante Noemí Cartaya y también, cómo no, para los jóvenes guionistas Serguei Svoboda y Felipe Espinet. Estoy seguro y convencido que funcionará mejor, así tendrá que ser, la próxima teleserie donde se alisten los técnicos y actores que intentaron convertir en algo memorable estas Historias de fuego, porque fuerza, talento, inteligencia y sudor jamás será lo que falte en este país. La obra no quedó todo lo bien que se esperaba, pero tampoco puede permitir uno que los errores se conviertan en abrigo de la inercia o el pesimismo. Y a comenzar de nuevo, como decía aquel precioso tema de una grandiosa telenovela.

 

Fuente:  Joel del Río, Juventud Rebelde.  Foto:  Martha Vecino.

Televisora venezolana difundirá audiovisuales cubanos

Televisora venezolana difundirá audiovisuales cubanos

CARACAS, 5 de mayo. — La televisora venezolana Colombeia transmitirá audiovisuales cubanos en virtud de un convenio de cooperación e intercambio firmado con la isla, indican hoy directivos del canal.

 

Así, Colombeia cumple su objetivo de integrar señales de los países miembros de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, comentó la presidenta de la entidad, Fanny Febles.

 

En principio, la televisora difundirá materiales educativos facturados en La Habana, como clases de oratoria, de idiomas, de análisis audiovisual y series de Universidad para Todos.

 

Además, el canal realizará coproducciones con el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) para incluirlas en la programación regular en ambos países, acotó Febles.

 

La directiva dijo que, con ese objetivo, a finales de mayo el ICRT instalará una antena de recepción de Colombeia, mientras que los canales educativos de Cuba llegarán a Venezuela vía satélite. (PL)

La actriz de TV Ketty de la Iglesia en la vida real

La actriz de TV Ketty de la Iglesia en la vida real

El análisis de la Televisión cubana en la formación y fortalecimiento de valores éticos en nuestra sociedad, fue un tema medular en las discusiones del recién finalizado VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ahora mismo, mientras se prepara otro congreso, el octavo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), a celebrarse el año próximo, pienso que esta combinación de eventos invita a la reflexión popular en torno a un valioso (y muchas veces pasado por alto) capítulo de nuestro quehacer diario: la representación en nuestras pantallas del papel de la mujer cubana en la sociedad y la defensa de sus valores humanos.

 

La valerosa acción de los cuerpos de bomberos, llevada en estos momentos a la televisión, me puso en contacto con una actriz que tiene muy claro el rol que quiere (y ha sabido) defender en pantalla desde hace algunos años: Ketty de la Iglesia, la oficial Ana de Historias de fuego que aspira a un puesto generalmente asumido por hombres, la Adela contestataria de La casa de Bernarda Alba, la madre soltera de Doble juego y la sobreprotectora de La cara oculta de la Luna; todos papeles disímiles pero asumidos con la misma sobriedad y entereza que la hizo merecedora del Premio Caricato 2007 y del otorgado en el Festival Nacional de Televisión 2008 a la mejor actuación femenina. Ketty es también la mujer cubana que va al agromercado, lleva a su hijo al círculo infantil, o sale a la calzada para ver cómo llega a un ensayo o a la Escuela Nacional de Arte, donde imparte clases de actuación.

 

—¿Qué puede aportar la actriz cubana a la sociedad actual?

 

—Mucho. Cuando el guión es bueno y los televidentes se ven en situaciones que les resultan familiares, podemos dar opciones, puntos de vista, caminos a tomar. Hasta podemos ayudarles a aclarar ciertas cosas, ampliar sus horizontes y darles solución a los problemas.

 

—Háblanos de Margarita, aquella madre sobreprotectora en La cara oculta de la Luna que removió tantas cosas.

 

—Mira, ese fue el primer personaje que interpreté luego que di a luz a mi hijo. Yo llevaba mucho tiempo sin trabajar y tenía vivencias emocionales acumuladas sobre el tema de la maternidad y lo bello que ello representa. Margarita era una mujer que cometió el error de meter a su hija en una urna de cristal, incomunicarla como si con ello no fuera a crecer nunca, y defenderla así del mundo exterior con el desconocimiento. Desdichadamente, en Cuba existen muchas madres así, pendientes de lo que piensan los demás, que no acaban de entender el valor de la comunicación y la confianza. La manera de proteger a nuestros hijos es abriéndoles las puertas de la relación, no cerrándolas. Creo que debe haber una comunicación incondicional en las relaciones familiares, porque esa es la base de la confianza. A partir de ahí todo tiene solución a tiempo. La realidad existe y hay que asumirla. Y los padres tenemos que ser capaces de darles recursos a nuestros hijos para que se puedan defender durante la etapa de la adolescencia y la juventud. La serie fue un suceso a nivel social y estoy convencida de que alertó a la familia cubana sobre cuál es el camino para poder enfrentar la realidad.

 

—¿Qué tal la mamá de Doble juego?

 

—Esa era una mujer inteligente, aunque un poco apagada, que tenía una relación bonita con su hija adolescente. Pero llevaba por dentro la carga y la culpa de que el padre de su hija era pedófilo y cumplía una sentencia en un centro penitenciario. Y esta madre, que era muy joven, no le dice la verdad a la hija, por temor a ser juzgada por ella. A pesar de ser una mujer firme, que ha sabido educar sola a su hija, no sabe cómo enfrentar esa situación. Aunque es una situación extrema, creo que, en cierta medida, todas estamos expuestas, como mujeres y como madres, a las dudas y a las equivocaciones, porque somos seres humanos.

 

—¿Y qué hay de esas mujeres que se enfrentan a situaciones machistas en sus centros de trabajo, como el caso de la oficial Ana?

 

—Ana es una mujer decidida, tiene muy claro lo que quiere, y dispuesta a luchar por eso hasta el final. Pero se enfrenta a que, por ser mujer y tener un hijo pequeño, no puede ser jefa de compañía. Es el caso típico de ser una mujer en ese medio y lo que ello implica. Sin embargo, hay muchas madres que son médicos y hacen guardias en los hospitales. Hay madres que son dependientas, camareras o recepcionistas de un hotel y tienen turnos de trabajo en la madrugada. En el caso de Ana, el hecho de que le nieguen el papel de jefa de compañía por ser una madre soltera parece ser una buena excusa para sus jefes, por la carga social que tiene la mujer y las responsabilidades que debe asumir en la sociedad, aparte del trabajo. En realidad, si la mujer tiene la capacidad profesional para asumir una responsabilidad determinada, entonces se le debe dar la oportunidad de enfrentarla.

 

—Los desnudos en la mujer suelen ser polémicos. ¿Harías alguno en televisión?

 

—Sería muy difícil. Hace unos días, en una escena de Historias de fuego, me di un beso con un compañero de trabajo. Al día siguiente tuve que soportar que un joven me dijera una grosería en la calle delante de mi hijo. Mucha gente no tiene la menor idea de lo que dice, y nosotras las actrices tenemos que enfrentar una vida social como todas las mujeres: vamos a la bodega, cogemos botellas, taxis, guaguas, y hacemos las cosas cotidianas de todos los cubanos. Soy una madre soltera, tengo un hijo pequeño y no estoy dispuesta a que él tenga que soportar ciertas cosas que se salen de los marcos del respeto. Hay televidentes muy educados que se me acercan de manera muy agradable, pero por desdicha no siempre es así. No es un problema de prejuicios. Yo me considero una mujer bastante atrevida, pero eso es una realidad que hay que tener en cuenta.

 

—¿Qué planes tienes para el futuro?

 

—Actualmente trabajo en una nueva teleserie que se titula Diana, dirigida por Rudy Mora. No sé qué propuestas puedan aparecer después. Cuando era más joven, lo único que quería era ser actriz, pero en estos momentos me interesa la pedagogía, transmitir y entregar lo que he aprendido en estos años; ser útil a las nuevas generaciones. La pintura también me da muchísimo placer. Quisiera pintar con más frecuencia. Tengo planes de hacer una exposición en diciembre, en el marco del Festival de Cine, junto con otros actores. Por el camino ya veré qué rumbo toman las cosas.

 

Fuente:  Por: Ernesto Juan Castellanos.  Tomado de Juventud Rebelde.  La actriz interpreta a la oficial Ana, en Historias de fuego. Foto: Martha Vecino Ulloa

 

 

Correo: cult@jrebelde.cip.cu

La Televisión cubana estrena dos exitosas series dramáticas

La Televisión cubana estrena dos exitosas series dramáticas

Los martes y jueves de Cubavisión están de estreno. Dos series dramáticas norteamericanas, de muy distintos cortes, acompañarán a los televidentes nacionales por un buen tiempo. Los sopranos y Anatomía de Grey, ambas avaladas por un éxito inusitado de crítica y público, sorprenderán con seguridad a los muchos que se mantienen despiertos hasta pasadas las diez de la noche. Y hay que reconocer un detalle: el horario seleccionado no pudo ser mejor, teniendo en cuenta las características de estos productos, el alto grado de elaboración de su lenguaje visual y verbal, así como la naturaleza de los mensajes que portan, concebidos exclusivamente para adultos.

 

Los sopranos se transmitió en Estados Unidos, y conjuntamente en otros países del mundo, entre 1999 y 2007. Contó con seis temporadas —la última de ellas dividida en dos partes—, lo que reportó ocho años de convivencia con sus personajes y situaciones, que fueron ganando, paulatinamente, en efectividad y alcance. Aunque su trama discurre entre mitos propios del universo de los mafiosos, y su protagonista es un auténtico capo de esa especie, la variedad de conflictos que registró —desde aquellos estrictamente familiares hasta cuestiones de índole existencial y filosófica— permite alejarla definitivamente de lo entendido —y extendido— como típica historia de gángsteres.

 

Todo comienza cuando Tony Soprano, un poderoso jefe de la mafia italoamericana en Nueva Jersey, decide atenderse con una prestigiosa psiquiatra a causa de los problemas que se le generan tanto en el seno de su hogar, como en el de su singular «trabajo». Aunque él trata de no revelar información que ponga al descubierto el verdadero trasfondo de su negocio, esta comprende desde el inicio que se halla en terreno peligroso. Para salvar responsabilidades, le propone un trato: mientras Tony no revele nada comprometedor, ella mantendrá el secreto profesional. Es así como empezamos a conocer a este hombre, que intenta a toda costa ser —y no parecer— un buen padre de familia, a la vez que se desgasta evadiendo a los investigadores del FBI, limando asperezas entre clubes rivales y dirigiendo, como si fuera poco, uno de los más influyentes.

 

Sus preocupaciones son cuantiosas: no se entiende mucho con su mujer, Carmela, quien a menudo reclama de este un cambio de oficio; su madre, Livia, no solo es manipuladora, sino también iracunda; en cuanto a sus hijos, apenas mantiene comunicación con la hembra y del varón solo espera dolores de cabeza. Para más trauma, Tony debe enfrentar al ambicioso «Tío Junior» Soprano, con quien mantiene desde siempre una encarnizada lucha por el poder.

 

Con todo lo anterior, es claro que el tono no podía ser otro. El humor negro, con copiosos guiños al cine de mafiosos —se homenajea no solo la trilogía de El padrino, sino también El precio del poder, de Brian de Palma y Uno de los nuestros, de Martin Scorsese—, viene aquí como anillo al dedo, en tanto mantiene un gratificante equilibrio en el terreno de las simpatías de los espectadores con estos extravagantes personajes, llenos de complejos, manías y de un gracioso —y a veces espeluznante— sentido del amor y la amistad.

 

Son múltiples las apreciaciones que se han hecho en torno a la serie, si bien casi todas coinciden en la excelencia de su factura, la calidad de sus guiones y el encomiable trabajo de los actores. Su creador, David Chase, fue reconocido varias veces por las más célebres asociaciones de escritores televisivos y críticos; en 1999 obtuvo un Globo de Oro. Por su parte, James Gandolfini (Tony) recibió ese popular galardón en 2000 por mejor actor en una serie dramática y luego se le ha nominado en prácticamente todas las temporadas. El periódico New York Times dijo en una ocasión que Los sopranos es tal vez la mayor obra de la cultura popular estadounidense de los últimos 25 años. Con ese concepto abarcan mucho, es cierto; pero no hay dudas de que una buena impronta debieron haber dejado sus creadores cuando la calificación fue tan generosa.

 

Otra serie que despertará curiosidad entre nuestros televidentes es Anatomía de Grey. Su título alude a un famoso manual de esa especialidad, además de ser el apellido de la protagonista. Con 72 episodios al aire, la historia de un grupo de cirujanos en plena faena y de otro compuesto por jóvenes que procuran seguir los pasos de aquellos, ha mezclado exitosamente, hasta el momento, los ingredientes más socorridos en este tipo de producción: drama, intrigas amorosas y un poco de humor.

 

Escrita por la afroamericana Shonda Rimes (guionista de la saga Diarios de una princesa), la acción se ubica en un hospital ficticio y propone, según algunos críticos, una mirada femenina al duro y muchas veces controvertido mundo de los médicos. Meredith Grey, hija de una reconocida cirujana, llega a pasar un curso de preparación, luego de su licenciatura, al Seattle Grace Hospital. Junto a cuatro amigos suyos —Cristina Yang (muchacha con serios problemas de carácter); Izzie Stevens (de origen campesino y un tanto impresionable); George O’Malley (amable pero inseguro) y Alex Karev (arrogante y codicioso)— topa de frente con una rutina de trabajo que está obligada a dominar. Allí conocerá de cerca, entre otros personajes, a la severa Dra. Miranda Bailey, apodada «La Nazi» y al Dr. Derek Shepherd, con quien llega a relacionarse sentimentalmente. En los primeros tiempos, Meredith hará lo imposible por mantener en secreto que su madre padece de Alzheimer, a la par de adaptarse a la dinámica de un oficio que le consume todos los minutos y de llevar su compulsiva promiscuidad sexual a límites soportables.

 

Muy premiada también en Estados Unidos, Anatomía de Grey obtuvo igualmente el Globo de Oro en 2007 al mejor drama seriado. Cada capítulo lleva el nombre de una canción, algo que conllevó a utilizar temas de los más diversos estilos y cantantes y funcionó, de paso, a modo de publicidad. Aunque no se detiene demasiado en los casos propiamente médicos, ni escruta con morbosidad, sino más bien con desenfado, entre salones de operaciones y consultas especializadas, todo parece indicar que la serie supo transmitir a la perfección mucho de ese universo pletórico de tensiones, donde se lucha a diario contra la muerte y otros males con peores consecuencias como puede ser la competencia profesional.

 

No sé hasta qué punto ese feminismo que señalan los especialistas —solo tres de sus diez guionistas son hombres— podría ser un lastre para este tipo de obra coral, poblada de caracteres y conflictos tan disímiles; pero a juzgar por su vasta reputación internacional y al hecho de que conocemos de antemano la estimulante experiencia que resultó ser Mujeres de blanco, donde ni por asomo el enfoque de la mujer eclipsó al de los hombres, bien vale un voto de confianza.

 

Con ambas propuestas, la Televisión Cubana da muestras fehacientes de receptividad para con sus espectadores habituales, quienes exigían que las series de estreno pasaran a una hora más adecuada: ni muy temprano, ni muy tarde. De igual forma, vuelve a demostrar un probado rigor en lo que concierne a la selección de dramatizados de probada calidad estética y alto poder comunicacional.

 

Ahora solo nos queda disfrutar. Ya vendrán luego los comentarios.

 

Fuente:  Por: Randol Peresalas

 

Correo: randol13@jrebelde.cip.cu

 

Tomado de Juventud Rebelde digital.