Blogia

Tele y Radio

Reconocen labor informativa de emisora Radio Reloj

Reconocen labor informativa de emisora Radio Reloj

El colectivo de la emisora Radio Reloj recibió este 13 de agosto en La Habana la bandera que lo acredita vanguardia nacional del Sindicato  de la Cultura por 22 años consecutivos.
 En presencia de sus trabajadores Ernesto López, presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), entregó el estímulo a Omaida Alonso y Lázaro Suárez, directora y secretario general del sindicato en el centro, respectivamente.
   Mantener al pueblo informado las 24 horas del día exige mucho de nuestros reporteros, corresponsales y personal vinculado con esta labor, por lo que el reconocimiento nos compromete a mejorar la calidad en cada una de las informaciones emitidas, dijo Alonso a la AIN.
   Destacó el protagonismo del colectivo en la cobertura periodística del paso de los huracanes Gustav, Ike y Paloma por el territorio nacional, con orientaciones, previsiones y detalles de su trayectoria, peligrosidad y medidas para minimizar su efecto entre la población y la economía.
   El centenar de trabajadores de este medio de prensa mantuvo resultados favorables en el cumplimiento de los indicadores económicos, la guardia obrera y la vinculación con el programa agroalimentario en la localidad, expresó a la AIN Lázaro Suárez, secretario general del sindicato  en la emisora.
   Ernesto López los felicitó y exhortó a perfeccionar el desempeño de sus periodistas en la divulgación de los éxitos del pueblo, sus esfuerzos y victorias bajo las orientaciones de Fidel y Raúl.
   Radio Reloj es una emisora sui géneris en el mundo, que por más de 60 años ininterrumpidamente transmite noticias, en vivo, las 24 horas del día.

Fuente:  AIN.

Actriz María de los Ángeles Santana cumple 95 años

Actriz María de los Ángeles Santana cumple 95 años

Muchos aún la recuerdan como Remigia, la alcaldesa de San Nicolás del Peladero, o como la Aurora de Una casa colonial. Aquellos más jóvenes, también pudieron disfrutarla en Vivir con mamá, obra de teatro que se presentó en el teatro Mella la pasada década, y en la que María de los Ángeles Santana, ya con 85 años, volvió a brillar como en sus tiempos de lozanía. La artista acaba de cumplir 95 años, y algunos de sus mejores amigos quisieron celebrarlo. La Casa de Cultura del municipio de Plaza fue el lugar donde se reunieron para homenajear a la mujer que, según Rosita Fornés, tiene el nombre más lindo que puede desear alguien.

 «La he admirado desde que la conocí —dijo Rosa—, porque ha sido una de las mujeres más lindas que ha dado Cuba. Ha habido dos mujeres que me han impresionado cuando las conocí: una fue ella y la otra, María Félix.

 «Tuve la suerte de hacer una amistad muy profunda con ella y con su esposo. Y tuve la satisfacción de verla en España, donde ella estaba triunfando y era la artista máxima. Se ganó aquel público por su belleza, por su arte, porque es una primerísima actriz y una magnífica cantante».

 

Nelson Dorr, dramaturgo y director de teatro que la dirigiera en varias de sus puestas, expresó que entre ambos existe una historia de tesón y disciplina.

 

«Has dado tu arte para todos, y con tu natural sencillez y talento excepcional te has ganado lo raro en este mundo: la admiración sin peros, sin labios fruncidos, no solo de tus amigos, sino de todos los artistas».

 

La velada, a la que también asistieron, entre otros, la declamadora Olga Navarro, las actrices Diana Rosa Suárez y Georgina Almanza, y los pianistas Huberal Herrera y Juan Espinosa, culminó con la interpretación de María de los Ángeles del tema Mariposa, de Ernesto Lecuona, donde demostró mantener sus cualidades vocales.

 

«Magistralmente estoy aquí —comentó emocionada—, creyéndome una reina. Gracias por todo».

 

Así continuó el resto de la tarde conversando, bromeando, recordando, en un homenaje en el que colegas y amigos fueron representantes de todo lo que el pueblo cubano quiere decirle: Gracias a usted, María.

 

Tres interesantes revelaciones en una misteriosa madriguera

Tres interesantes revelaciones en una misteriosa madriguera

Bajo la sugestiva denominación de La madriguera del conejo blanco, este martes 11 de agosto, tuvo lugar la premiere de este teledrama de la Televisión Cubana, con guión y dirección de Elena Palacios, en la Sala Adolfo Llauradó, en la calle Línea, en el Vedado, que encierra muchos atractivos y tres revelaciones.

Entre los atractivos destacan un elenco artístico, digno de amplios reportajes periodísticos; la urdimbre de una obra del género fantástico donde de seguro el «fantasma» más apasionante es la propia historia que se cuenta; y entre las tres revelaciones se cuenta la presencia y actuación de igual número de muchachas jóvenes que se parecen en sus diferencias y son distintas en sus semejanzas, tanto en el físico como en sus espiritualidades.

Ellas encarnan los personajes de Lissette (Indira Mora), Marina (Mónica Digat), y Lilia (Linnet Vidal), quienes, según confesara a este portal la creadora del telefilme de una hora de duración, la joven Elena Palacios, «hacen en esta obra fílmica de la pequeña pantalla, un debut profesional al duro y sin guante».

La también asesora de estos materiales televisivos de la División de Programas Dramatizados, puso énfasis en declarar que «los tres personajes femeninos principales -adolescentes- son lindas, alumnas de onceno grado de preuniversitario, pero asediadas por conflictos diferentes».

Explicó también Elena que es la primera vez que el citado trío de actrices encarnan en una obra con personajes grandes y de fuerte protagonismo. Y recalcó que mientras Indira Mora (Lissette) y Linnet Vidal (Lilia) en anteriores momentos hicieron algún pinino televisivo muy modesto, una de ellas, Mónica Digat, venció ahora en Marina, con un éxito rotundo, en un debut absoluto, puesto que jamás se había enfrentado a una cámara.

«Ellas -comenta la autora, guionista y directora- son bellezas individuales distintas, y con esta premiere del día 11 perseguimos el objetivo de presentarlas, darlas a conocer, mostrar tres nuevas caras de la Televisión Cubana, y evidenciar que son, no obstante su juventud, tres buenas actrices en potencia, en fin, tres revelaciones».

Confiesa, igualmente Elena, que la premiere servirá «para hacer un reconocimiento a todo el equipo de trabajo y al elenco artístico que han hecho posible esta pequeña película para la televisión, que no es otra cosa que el mal llamado «teleplay», que significa en inglés guión televisivo y que debe ser denominado mejor «teledrama o telefilme».

Según las propias palabras de la directora de La madriguera del conejo blanco, su telefilme cuenta una historia fantástica (cargada de realidades de la vida) de tres adolescentes que enfrentan, sienten y sufren determinados conflictos existenciales, a partir de una casa misteriosa de la playa que el arquitecto - padre de una de ellas - ha de convertir en un moderno restaurante.

El teledrama, que saldrá al aire el próximo 22 de agosto, a las cinco de la tarde, por el Canal Educativo, como parte del espacio «Una calle, mil caminos», de la División de Programas para Niños y Jóvenes de la Televisión Cubana, exhibe entre sus grandes atractivos el hecho de que en la misteriosa casa a la que las tres adolescentes entran por distintos motivos, se suceden tiempos paralelos de presente, pasado y futuro que se mezclan audazmente.

 La madriguera... tiene un elenco artístico, que además de las tres actrices debutantes, suponen una calidad profesional que promete gustar al más riguroso de los televidentes. Lo integran Héctor Echemendía en el papel de Juan Lima, viejo de la zona, enamorado toda la vida de la dueña de la casa misteriosa; Miriam Socarrás, en Berta Elena, la propietaria del inmueble encantado; Yerlín Pérez, madre de la adolescente Lilia; Deysi Quintana, madre de la otra estudiante, Marina; Armando Tomey, el padre; Carlos Luis González, un muchacho al que conocen en la playa.

Además Sandy Marquetti, como Pablo, novio de Lilia; Rafael Ernesto Hernández, nieto de Juan Lima y enamorado de Lissette; Abelardo López, Freddy, padrastro de Lissette; Carla Teuteló, en el papel de Lissette cuando era niña; Daliana Mckennes, madre de Lissette; y Noika Armas como Ángeles, la tía de Marina.

Parte de la calidad, interés, curiosidad, amenidad, valor artístico y audacia de este teledrama, obedece a la ayuda y aportes que brindaron a Elena Palacios en el trabajo de mesa, los ensayos y las filmaciones de numerosas escenas y locaciones, jóvenes muy profesionales que ella considera como «mi mano derecha».

Nos referimos a Johanys Labrado (productora general), Oyaine Blanco (asistente de dirección), Heiking Hernández (directora asistente), Llasmín de Armas (también asistente de dirección), y Yanay Araúz (la directora de fotografía).

«Algo para mí muy importante que no debe soslayarse es que me preocupo mucho por defender al género femenino, aunque me tilden de "feminista" y que siempre defiendo también la "multiracialidad" en la televisión y en el cine. Por eso, precisamente cinco de los actores son mestizos e Indira Mora, la Lissette, protagonista principal de La madriguera del conejo, es una vistosa, alegre y autóctona mulata cubana», dijo Elena Palacios al concluir nuestra entrevista.

Fuente:  Luis Hernández Serrano / Fotos: Mónica Digat
En la foto que acompaña este trabajo, los jóvenes actores, de izquierda a derecha, Rafael Ernesto Hernández, Linnet Vidal, Indira Mora, y Carlos Luis González.

Pedro de la Hoz: "La visualidad de Diana amenaza con ser tan retórica como aquella de la cual se distancia"

Pedro de la Hoz:  "La visualidad de Diana amenaza con ser tan retórica como aquella de la cual se distancia"

Veinticuatro horas después del comentario de Pepe Alejandro Rodríguez, en Juventud Rebelde, el conocido crítico Pedro de la Hoz, de Granma, se sumó a la polémica sobre la teleserie Diana, que trasmite Cubavisión en el horario de la telenovela cubana.  El artículo se titula:  Mensajes sobre Diana

pedro.hg@granma.cip.cu

Diana, la teleserie que se transmite actualmente en el espacio destinado por Cubavisión a la novela cubana, está en boca de muchos y no precisamente para ponderar virtudes. Cartas y mensajes llegan a nuestra redacción plagados de insatisfacciones. Las colas, las paradas de ómnibus y las barberías son testigos de tertulias encrespadas.

Por respeto profesional no soy de los que aventuran un criterio antes de ver la totalidad de una producción seriada. Se corre el riesgo, para bien o para mal, de anticipar juicios no definitivos que pudieran variar con el desenlace.

Pero en esta ocasión vale la pena, al menos, poner sobre la mesa de discusión dos aspectos recurrentes en la avalancha crítica: el reflejo de situaciones cotidianas de la contemporaneidad cubana y la estética de los realizadores.

Hay quienes se cuestionan la crudeza con que se exponen los conflictos principales en la obra. No es que nieguen su existencia real, sino sacan cuentas acerca de si es admisible que un espacio de ficción, privilegiado como opción de entretenimiento, muestre un rosario de problemas agobiantes, los mismos que padecen.

De otro lado están los que se desconciertan y marean ante el vertiginoso uso de la cámara, los planos interrumpidos por el paso de transeúntes y la edición crispada.

El primer problema nos coloca frente a uno de las más añejas disyuntivas de la creación artística y literaria: hasta qué punto la realidad tiene derecho a inmiscuirse en la ficción y en qué medida esta última refleja los contornos y las esencias de aquella.

No existe, lo sabemos, ni siquiera en documentales y testimonios, una correspondencia total. Siempre el creador elige, sesga, reacomoda datos y los reelabora a partir de sus premisas conceptuales y la pericia con que maneje sus herramientas expresivas. Diana es una apuesta realista, en tanto intenta captar y transmitir situaciones y conflictos, valga la redundancia, reales, pero al mismo tiempo, por voluntad expresa de Rudy Mora, el tratamiento de la imagen dista de responder a las convenciones televisuales. De modo tal que todo pasa por el filtro de la subjetividad del guionista y director. Una subjetividad que, a todas luces, pretende evadir el relato sociológico, la previsibilidad psicológica, la metafísica entre causas y efectos y la pedagogía sentimental. Si lo logra o no es otra cosa; habrá que ver si al final consigue que trascienda su pensamiento artístico hasta conquistar a un espectador que se siente por ahora confrontado y esquivo, o si la serie queda varada en lo que George Eliot afirmó siglo y medio atrás, "dar una fiel representación de las cosas vulgares".

Por supuesto que el lenguaje tendrá que ver con la ganancia o no de ese espectador. Mora también fue explícito en una entrevista concedida a la colega Paquita de Armas: "Mi reto ha sido tratar de aprehender diversidad de recursos expresivos, y recomponer ciertos conceptos clásicos porque creo que siguen siendo útiles. (¼ ) No comparto la diferenciación entre el llamado 'lenguaje del clip' y otros lenguajes porque, como en casi todas las artes, la fusión eliminó las líneas divisorias entre los géneros puros. Es cierto que el clip aportó formas de expresión, pero estas engrosaron definitivamente al lenguaje audiovisual y hay muestras de ello en obras maestras. Mi manera de filmar y la de otros realizadores de mi generación, tiene del clip internacional pero también, por ejemplo, del estilo fotográfico del cubano Jorge Herrera y de mucho más".

Lo preocupante no es esta profesión de arte poética sino su exacerbación. Por lo visto hasta el momento la visualidad de Diana amenaza con ser tan retórica como aquella de la cual se distancia. Y eso pudiera arruinar la serie.

Fuente:  Pedro de la Hoz, en Granma

Sigue la polémica: Pepe Alejandro sale en defensa de "Diana", en Juventud Rebelde

Sigue la polémica: Pepe Alejandro sale en defensa de "Diana", en Juventud Rebelde

El conocido periodista José Alejandro Rodríguez (Acuse de Recibo, Juventud Rebelde) se suma a la polémica en torno a la teleserie Diana, dirigida por Rudy Mora y nos entrega su comentario, en el que afirma:  "mis respetos discordantes para quienes, adaptados a las fórmulas preconcebidas de la telenovela estándar, se sienten molestos con la factura de esta serie".  Aquí les entrego su trabajo titulado: En la diana

Más de un cubano ya está recreando sus propios conflictos familiares y sociales ante la serie Diana que, dirigida por el agudo buceador de realidades Rudy Mora, transmite Cubavisión los lunes, miércoles y viernes.

Frente a tanto narcótico audiovisual que se ofrece como pan caliente, Rudy y su equipo ya han obrado el milagro de inquietar y estremecer a ciertos sensibles cubanos, sin los falsos maquillajes ni los tramposos señuelos de quienes moldean «hamburguesas» televisivas, fácilmente digeribles para adocenados «hambrientos» de sorpresas y asombros.

Claro que para gustos se han hecho los arcoíris: ante todo, mis respetos discordantes para quienes, adaptados a las fórmulas preconcebidas de la telenovela estándar, se sienten molestos con la factura de esta serie, que aboga por lecturas más hondas y ciertos desasosiegos visuales, de ediciones, montajes y atmósferas alejados del trillo audiovisual.

Este opinante al paso no pretende lidiar con los autorizados diagnósticos de los críticos de arte. Solo como cubano que siente y palpita, subraya la audacia mayor de la serie: espejear zonas conflictivas de nuestro tejido psicosocial, retratarnos en algunos de nuestros fracasos, tristezas y obstáculos; también —por qué no— en los sueños y blindajes sentimentales de este pueblo increíble, que siempre emerge de sus dramas.

Entrampados como muchas veces estamos entre el paradigma social —tan justo y humanista— y aquello que alguien llama la «verdad verdadera», la trama de la vida y de la calle tal cual es y no como quisiéramos, los cubanos necesitamos, precisamente para acercarnos a aquel ideal, ejercicios artísticos de tanta honestidad y transparencia como el de Diana.

Solo mirando hacia las conexiones que establecemos en nuestras intimidades, puertas adentro del hogar, la familia, el barrio y los amigos, podemos armar el rompecabezas de nuestra complicada interrelación sociedad-familia-individuo, que no es armónica ni lineal y presenta retrocesos y reflujos, como nunca lo sopesó aquel realismo socialista que nos encerraba en una virtual burbuja ideológica.

Diana nos ilustra con realismo crispante las mezquindades y los turbios pasadizos adonde pueden conducirnos las carencias y límites de la sociedad; y al propio tiempo, las grandezas y virtudes que pueden prevalecer en esos mismos seres, a ultranza de los agobiantes imponderables.

Pero en su crudo registro, y con una belleza que se valida no precisamente en el edulcoramiento y la asepsia, la serie, con sus casas desaliñadas y rincones hacinados de tanta inquietud, nos susurra sin moralinas que la salvación siempre estará en el amor y la sinceridad. En esa amistad a prueba de todo entre un anciano que, como viejo roble, renquea de pesares en sus ramas genealógicas, y el joven que tartamudea ante los sinsabores, pero lucha y no se desploma, con pocos vientos a favor.

«Esta es la vida», reza el estribillo de la canción tema. Así únicamente, mirándola de frente y sin lentes acomodaticios, podremos asumirla y mejorarla. Aferrados solo a lo que debiera ser; ciegos y sordos, no podremos dar en la diana de Cuba.

Fuente:  José Alejandro Rodríguez, en Juventud Rebelde digital.

TELERADIOLANDIA

TELERADIOLANDIA

Teleradiolandia:  Con este nombre, tomado de una añeja sección de la revista Bohemia, inicio hoy mis comentarios breves, algunos muy breves, sobre temas de la Radio y la TV.  Complazco así a aquellos “expertos” locales y de la capital que afirman que los blogs no son para compilar, sino para opinar.  Da igual, es mi blog y hago lo que entienda.  Por supuesto, seguiré compilando, pues no me molesta, ni tampoco a los que leen Tele y Radio.    Y en mi primer Teleradiolandia:  DE TODO UN POCO, quiero comentar la agradable exhibición en el horario de las 6 de la tarde por Cubavisión de la saga de Harry Potter.  Es un buen horario y una propuesta que responde al público de esa hora, jóvenes y niños… Otra buena propuesta (refrescante, quiero decir) es Mi nombre es Earl, por Multivisión.  Todo no pueden ser animalitos, momias y superestructuras.  El humor también es necesario en estos tiempos…Y una última pincelada:  Excelente labor la de Marino Luzardo, el locutor de Mediodía en TV.  Comunicativo, culto, sin carcajada.  Lo mismo sabe entrevistar a Rosita Fornés  y Zenia Marabal que hacerle una pregunta inteligente a Amaury Pérez Vidal.  Loable desempeño el de Marino también como compañero de la Mayedo en De tarde en casa.  En fin, buena adquisición que la TV ha hecho de la radio, y Marino ha demostrado que no solo sabe ser un magnífico locutor en off de Sitio del Arte, sino que delante de las cámaras hay que contar con él.  Espero sus comentarios. 

Rudy Mora: “Lo diferente siempre implica riesgos”

Rudy Mora:  “Lo diferente siempre implica riesgos”

El polémico asunto de cómo representar la realidad y sus contradicciones, vuelve a la TV cubana. Diana, teleserie de 35 capítulos del destacado guionista y realizador Rudy Mora(Escapar, La otra cara, Doble juego).

 En obras anteriores este creador asumió el desafío de trabajar para el público adolescente. “Es un público irreverente marcado por patrones estéticos y sus mutantes gustos te hacen pensar detenidamente en cómo contar la historia. Desde los primeros minutos hay que acaparar la atención, de lo contrario es obra perdida. La constante actualización de códigos resulta arma esencial para interesar y poder entregar un mensaje.

“Determinados temas no tratados de manera tradicional en un espacio provocan interrogantes, pero confío en la verosimilitud y la humanidad del conflicto como las principales herramientas para enfrentar al no entendimiento, aunque todo el proceso  se envuelva de polémica. Así creo sucedió con Doble juego, comenzó con muy poca audiencia, incluso cierto rechazo, pero paulatinamente fue ganando aceptación. Lo diferente siempre implica riesgos.

“En este sentido puede que exista relación con Diana,proyecto en el cual abordo el tema de la familia en Cuba, familia no como concepto dado solo por la conexión de sangre, sino, además, por las relaciones humanas. Pretende convertirse en espejo nítido, apuesta por el autorreconocimiento y no por una explícita tesis pedagógica y desde el capítulo; inevitablemente, por pretender otros caminos, está enfrentando los mismos retos.

“Está dirigida a los cubanos y a las cubanas, a los que han olvidado o pueden olvidar el valor del diálogo, y revaloriza la importancia de comunicarnos.

“El nombre de Diana es una metáfora, un símbolo y también un personaje, pero es más un conjunto significante del conflicto. Surgió de la observación y la acumulación, agrupa vivencias personales, de amigos, conocidos y de la imaginación, algunos personajes parten de la realidad, otros de la integración de varios sumando los necesarios dramatúrgicamente.

“Partí de una premisa al narrar, imaginé que poseía poco tiempo y espacio, para que así cada personaje y suceso que surgiera me fuera estrictamente necesario.”

-Ficción en imágenes

“No utilizo los recursos expresivos del lenguaje audiovisual solo para acompañar, todos son canales individuales en función del propósito.

“Me sirvo de tendencias reconocibles, trato de componer la manera de expresarme, sin limitarme a lo establecido como teoría o características de este tipo de producto u otro. Aunque los seriados son géneros puros de la TV, las estéticas en su realización ya no se limitan a una manera rígida de hacer y esa ha sido otra premisa en Diana y en proyecto anteriores.”

Además de los relatos, personajes, sueños, angustias e inquietudes que respira a diario, a Rudy Mora lo inquietan algunos presupuestos que impiden el dinamismo que requiere la pantalla.

“El factor económico tiene mucho peso en la involución artística que padecemos, pero no es la única causa ni la que determina. Seguimos generalizando, pensando conscientemente en dramatizar o representar, a pesar de que la TV y sus espectadores no son los mismos de hace 20 años, ni en Cuba, ni en el mundo. Aún no se valora la necesidad de la preparación, de la actualización, de la búsqueda y mucho menos del riesgo aunque sea bien pensado.

“Estoy en desacuerdo con la forma en que se utiliza el término ‘dramatizado’. Es aglutinador, en ello se esconde una mirada de mediocridad, de ‘género menor’, y no lo es. Puede comprobarse si se conoce lo que sucede, por ejemplo, con los seriados en el mundo.

Algunos ‘creadores’ en la TV no tienen conciencia del asunto e ingenuamente se autodefinen como ‘directores de dramatizados’ —en realidad solo organizan las ‘dramatizaciones’—, sumándoles la nota para el mal desde la raíz.

“He tratado y trato de hacer ficción, de ir hacia otro lugar, intención nada fácil en un medio contaminado, me interesa la recepción sincera, no la del espacio telenovela, que por razones objetivas y subjetivas está garantizada aunque el proyecto no funcione. Busco un interés, repercusión y gusto real ganado en buena lid, imaginando que alternaré con productos bien facturados por lo que es imprescindible buscar un resultado como única razón para la permanencia.”

-El afán imprescindible

Rudy Mora estima que en la TV el traspaso de experiencias entre generaciones no está instrumentado.

“Para los recién llegados, no importa la edad, ni la especialidad, ensayar con recursos caros sin consecuencias ni reprimendas es la manera habitual de aprender y eso no está bien ni nunca ha sido así en ningún lugar, como nunca sería lógico que un diseñador haga un trasplante solo porque le guste la cirugía.

“No son ni serán posibles estándares sostenidos de calidad para la TV inteligente que todos pedimos y que es necesaria —esta es una gran contradicción—, si en la misma medida descienden aceleradamente los niveles de exigencia.

“La atención no debe estar solamente en llenar espacios y cumplir con demandas en términos de temas y objetivos, aspecto también esencial por la razón social de la televisión cubana, resulta imprescindible la definición exacta de ‘cómo es’ y ‘cómo será’ la composición de cada unidad artística, es decir, una parte por un todo, qué representa esa demanda, además de las expectativas mediatas en su funcionalidad. Es preciso consolidar un medidor o catalizador real que desenmascare mitos y nos dicte reglas que digan cómo conseguir regularidad en la calidad de las ofertas. En otras televisoras opuestas en sus funciones a la nuestra, están claramente definidas y consiguen certeramente lo que buscan.

“Por razones conocidas son tiempos de contracción para el audiovisual y se hace necesario una reformulación productiva totalmente inclusiva, antiburocrática y actualizada según las nuevas tecnologías, una institución productiva con fórmulas de nuevo tipo que dinamice la ejecución, haga crecer la producción y disminuya los costos acercándolos objetivamente al creador-productor. Considero imprescindible la valoración de resultados para la mayor o menor remuneración, porque sigue sin tener ningún sentido, y dicho como en el béisbol, que ‘un lanzador de más de 90 millas sostenidas y uno de 35 tengan el mismo valor dentro del equipo’.”

Fuente:  SAHILY TABARES (cultura@bohemia.co.cu)
Fotos tomadas del sitio oficial de la TV cubana

Rudy Mora, el francotirador. Apreciaciones sobre la serie Diana

Rudy Mora, el francotirador.  Apreciaciones sobre la serie Diana

Mucho se habla por estos días en Cuba, a favor y en contra de la teleserie Diana, que trasmite Cubavisión en el horario estelar de la telenovela cubana.  Luego de meses de  "sufrimiento" con la reposición de Las huérfanas de la Obrapía, llega esta propuesta dirigida por Rudy Mora, que gusta a algunos más jóvenes y es prácticamente incomprensible por las abuelitas, el público más fiel de ese espacio.  Un elenco de lujo, pero un lenguaje televisivo difícil de comprender (a pesar de las continuas entrevistas a Mora, en las que tiene que explicar el propósito de la realización y sus esperanzas de que mejore el nivel de audiencia).  Muchos entendemos los diálogos solo gracias al sistema Close Caption para sordos e hipoacúsicos.  Por la polémica que ha generado la teleserie Diana, Tele y Radio reproduce el artículo "Rudy Mora, el francotirador", publicado por el joven periodista Yandrei Lay Fabregat, en el periódico Vanguardia, de Villa Clara.

Rudy Mora, el francotirador
 
   
La novela cubana tiene un nuevo inquilino. El huésped ha producido asombro, incluso rabia, entre los asiduos al espacio. A muchos incomoda los saltos del encuadre, el ruido ambiente, la oscuridad de las imágenes.

De Rudy Mora se puede esperar cualquier cosa. Escandalizó al público con sus dos anteriores propuestas: La otra cara y Doble juego. Detesta las telenovelas y prefiere las series cercanas a lo cinematográfico. Aprecia, en lo personal, la obra de Quentin Tarantino. Quizás por eso no debiera sorprender el vertiginoso ritmo de Diana, la serie de 35 capítulos que ahora estrena la televisión nacional.

Sin embargo, nadie esperaba la notable cercanía de Diana a los presupuestos estéticos de Dogma 95, el movimiento fundado por Thomas Vinterberg y Lars Von Trier. Estos dos cineastas daneses afirmaron que resucitaban el cine al fundar Dogma, el 13 marzo del 1995.

Dogma se convirtió en una suerte de sabotaje a la industria de Hollywood. Sus creadores cargaron sobre sí la herencia del «cinema verité» y la «Nueva Ola» de Jean Luc Godard. Los «dogmáticos» se obligaron a prescindir de la cámara fija, a utilizar la iluminación natural. Todas sus películas se encuentran situadas en un contexto específico y tratan problemas puntuales.

Los filmes provenientes de esa escuela cumplen al pie de la letra los diez mandamientos dictados por Viterberg y Von Trier. Un jurado internacional les ha otorgado la distinción a unas treintas y tantas películas. No obstante, la rigurosidad de los presupuestos éticos y estéticos de Dogma 95 ocasionaron que el movimiento se disolviera en el 2005.

La cámara de dogma, como muestra Diana, se convierte en un actor que hurga en la vida de los otros personajes. A veces desmiente lo que estos dicen y así mantiene al espectador en constante suspenso.

Capítulo II: Fernando está en el hospital. Acaba de morir su padre. La cámara indica que alguien lo sigue. De inmediato usted piensa en Juan Carlos, arrepentido por haber causado la muerte del viejo. Cambia el encuadre y muestra un arete de mujer. Usted sospecha de la vecina (Aurora Basnuevo). Otro salto de la imagen expone un pullover rosado y un cuello. Usted identifica al personaje con la muchacha que le había ofrecido té a Fernando unos momentos antes.

Las telenovelas, de manera tradicional, se construyen en base a planos medios y la cámara fija. Los personajes conversan y el encuadre se mantiene. Ante un diálogo que se extiende demasiado usted piensa: «En la novela no pasa nada» y cambia la vista.

Ese cartel no va con Diana. Ella emplea algunos de los mecanismos que caracterizan al vídeo clip. Además la escena cambia de forma continua debido a la ausencia de cámara fija. A lo mejor algún televidente se marea con tanto movimiento. La mayoría opta por mantener la atención fija y acomodar la pupila a cada segundo. Muchos desesperan, pero ninguno se aburre.

Capítulo XI (miércoles 29 de julio): Fernando conversa con la sobrina de Aurora Basnuevo. La muchacha evalúa el estado de la casa. «Te apuras demasiado», dice Lupe en el gimnasio. Se establece un contrapunteo entre ambas escenas.

El montaje paralelo, la construcción conjunta y los diálogos telescópicos son otras de las técnicas que Rudy Mora utiliza para dinamizar su historia. Un personaje dice algo y la respuesta llega desde otro lado de la trama. La narración se construye desde una voz múltiple, colectiva. Así cansa menos y alimenta más.

La serie otorga valor a los espacios marginados de la sociedad: el ingenuo, el discapacitado, el feo. Fernando Hechevarría, en una actuación de lujo, representa el primer galán tartamudo de las telenovelas cubanas.

Mucha atención merece la historia del mudo en el capítulo XI o la mamá del personaje que interpreta Blanca Rosa Blanco. A veces los que menos dicen son los que más tienen que contar. Algo que Dogma 95 había aplicado hasta la saciedad en Los Idiotas o Bailarina en la oscuridad.

Una compañera del trabajo manifestó hace unos días: «Quiero una novela que me haga soñar, para ver problemas mejor miro la calle y ya». Pero Diana es un llamado de alerta, una intervención pública. Muestra la realidad sin cosméticos. Nadie debe cerrar los oídos ante ese mensaje.

Son potentes los mecanismos que mueven la historia: el dilema de la vivienda en primer plano, aparejado a los dramas de la convivencia. No por gusto Cuba presenta una de las tasas de divorcio más alta de América Latina. Diana toca, asimismo, los conflictos intergeneracionales, la violencia. Cada capítulo lleva un muestrario de los problemas reales del país.

Muy bueno el trabajo de la dirección de arte y la ambientación. La precariedad y las condiciones de la vida en los repartos se representaba de manera superficial en otras producciones. Diana no se preocupa por las mansiones del Vedado o las casas de Santo Suárez. Dos espacios habituales en los culebrones de producción nacional. Las palmas para director de fotografía, sonidista y editor. Y más si se toma en cuenta que se estrenan en el oficio.

La serie tiene cosas criticables. En ocasiones el sonido ambiente no deja escuchar los parlamentos. Este problema, que pudiera ser un efecto dirigido, atenta contra la percepción del televidente. Lo mismo sucede con la banda sonora. A propósito, un excelente trabajo de Juan Carlos Rivero.

El título de la serie remite a la idea de que la imagen va dirigida hacia un blanco. ¿Dónde se encuentra la verdadera «diana»? Nadie lo sabe. Quizás fuera, quizás dentro de todos nosotros. Lo que sí es seguro para todos es que Rudy Mora cogió bien la puntería. Y al parecer va ganando el combate.

Fuente:  Yandrey Lay Fabregat, del periódico Vanguardia, de Villa Clara.